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Mucho se habla de comunismo, pero ¿qué es realmente? En principio, el comunismo es una doctrina en que idealmente hay igualdad absoluta entre todos y en que cada uno da según sus capacidades y recibe según sus necesidades. Suena bonito, ¿verdad? El problema está en llevar esto a la práctica.

En realidad, no todos somos iguales. No tenemos ni las mismas capacidades ni las mismas necesidades. Tampoco ponemos el mismo empeño para dar según las capacidades que tengamos. ¿Y por qué nos esforzaríamos al máximo sin obtener recompensa si fuéramos a recibir lo mismo que el que se esfuerza mucho menos? ¿Quién podría evaluar si damos todo lo que podemos y recibimos todo lo que necesitamos?

La igualdad supone tener todos lo mismo. En el punto de partida, esto no se cumple. ¿Cómo llegar a ello? La gente que tiene, sea porque ha heredado o porque ha conseguido (con trabajo, dolo o suerte), no estará de acuerdo en desprenderse de sus propiedades. Otros, siendo pobres, tienen la mentalidad de querer salir adelante por su cuenta y no aspiran a que les regalen nada. Queda una parte de la población que se deja ganar de la envidia hasta el punto de que ya no sólo quiere que le regalen, sino que está dispuesta a tomar a la fuerza. En ese camino llegan algunos a transformar esa envidia en auténtico rencor y odio que les hace creer tener derecho a obtener lo que no tienen por la violencia. Y los colombianos somos testigos de que la violencia llega a la irracionalidad de matar, destruir infraestructura y hacer terrorismo contra inocentes.

¿En dónde se sitúa el comunista? Desde que está en la fase del odio, el comunista ya es fanático, promueve la lucha de clases e incita a la rebelión. Lamentablemente, no se contenta con quitar a la fuerza (robar, expropiar). Pasa al siguiente estadio: la violencia. A su modo de ver, el odiado oligarca, el rico, el imperialista, el empresario, el explotador no solamente debe entregarle sus bienes materiales, también debe irse a otra parte o morir. Entonces toma las armasy comienza su “lucha revolucionaria”. 

Pero no todos los comunistas llegan a ese extremo. Muchos se conforman con exigir y apoyar a los “combatientes” a distancia, quedándose ellos sólo en la etapa del odio, eso sí invencible. De todas maneras, aunque no aplique la violencia por sus manos, el comunista está de acuerdo con que sus “camaradas” lo hagan.

Si el comunismo llega al poder, implanta una dictadura. Como los ricos no están dispuestos a entregar lo que tienen por las buenas, hay que quitarles sus cosas por las malas. Se comienza por estatizar (expropiar) empresas, tierras, negocios y propiedades tanto urbanas como rurales. El que protesta o critica, se va a la cárcel o es eliminado en otra forma. No hay derecho humano que valga. Se favorece el partido de gobierno y se restringe la libertad de expresión. Se interviene la educación. Con el tiempo se implanta el sistema de partido único y la información se monopoliza por un Estado opresor y mentiroso. Ya no hay elecciones o las elecciones se convierten en una farsa. La persona pierde su libertad y se le quita el derecho a tener aspiraciones. Se convierte en una ficha al servicio exclusivo de un sistema omnipresente en su vida que lo somete a limitaciones y vejámenes permanentes. La propiedad privada queda completamente abolida. Todos pasan a ser empleados estatales, ojalá con el mismo pírrico sueldo. Los ciudadanos quedan prisioneros en su país, al cual sólo pueden abandonar arriesgando su vida.

Un grupo más grande, que incluye a los comunistas, es la llamada izquierda. Hay muchos izquierdistas que no son ni se autodenominan comunistas. Muchos de ellos prefieren que les digan socialistas o simplemente individuos dotados de sensibilidad social. Los mismos comunistas suelen optar por llamarse socialistas. Pocos regímenes comunistas se apropian ese calificativo y dicen que apenas están “construyendo” el socialismo o el comunismo (por cierto, inalcanzable). Para mayor confusión, llegan a llamarse “democráticos” (recordemos la antigua República Democrática Alemana). Sin embargo, el verdadero socialismo no es dictatorial ni persigue al rico. Simplemente procura distribuir la riqueza más equitativamente en vez de inhibir su creación.

En Colombia, se llaman “mamertos” los izquierdistas que se identifican con, justifican o apoyan a los comunistas de fase 1 (envidia, odio) o de fase 2 (violencia). Entre los mamertos se distinguen, también, los llamados “idiotas útiles” del comunismo. Estos van desde gentes relativamente bienintencionadas que quisieran una vida mejor para los pobres hasta privilegiados que creen que la forma de conservar su estatus es contemporizar con los envidiosos y violentos. El idiota útil es el que, sin ser comunista, justifica en cualquier forma el odio y la violencia comunista. El idiota útil no está dispuesto a ceder ninguno de sus privilegios y, al igual que el comunista, no hace obra social, pero sí aboga por que la haga el gobierno.

En resumen, comunismo es dictadura, atraso (la producción disminuye) y pobreza generalizada (excepto los dirigentes, todo el mundo es pobre). Debemos llamar comunista al izquierdista que odia y al que es violento. El izquierdista que no odia ni es fanático no es comunista. El mamerto puede ser comunista de fase 1 (odio) o de fase 2 (violento) o idiota útil (justifica al comunista o teme perder sus privilegios a manos del comunismo). El fanatismo hace peligroso al comunista y el idiota útil es tan nocivo como el militante.

El comunismo se ensayó en la antigua Unión Soviética y sus satélites, en Cuba, en la China, en Vietnam y Corea del Norte. Ha fracasdo en todas partes. Se acabó o se transformó en todos los países, excepto en Cuba y Corea del Norte. A Venezuela, o mejor a un comunista venezolano que tras intentar dar un golpe militar logró hacerse al poder posando de demócrata, le dio por imitar el comunismo cubano. Otros gobernantes latinoamericanos hacen intentos por convertir sus países en satélites de Venezuela. El comunismo más “avanzado” de la región, con más de 50 años de implantación, es el de Cuba, donde hay una fuerte represión, escasez permanente, atraso y pobreza, amén de un culto enfermizo al “comandante”. Un cubano, sea médico o camillero, ingeniero o albañil (así no se construya nada), gana el equivalente de 25 000 pesos colombianos (14 dólares, aprox.). Algunos países comunistas son expansionistas, intentan exportar su sistema a otros y generalmente son armamentistas. Cuba está fuertemente involucrada en Venezuela, ha enviado soldados hasta al África, ha apoyado desde siempre a la guerrilla colombiana, y Venezuela no oculta su intención (ahora en veremos, por circunstancias conocidas) de hacerse al mando de la Gran Colombia y -apoyado en su riqueza petrolera- ha acumulado gran cantidad de armamento ofensivo. ¿Para qué será?

 

 

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Petúfar es Peter Ujfalussy Farkas. Soy autor de materiales para la enseñanza de la Ortografía y la corrección gramatical y lingüística. Editor y corrector de estilo, también soy ingeniero químico y matemático. Aunque nací en Hungría, me gusta el español y lo estudio todos los días. Creo que el idioma español es fácil de analizar, entender, aprender y enseñar. Yo lo aprendí y estoy dispuesto a enseñarlo desde el punto de vista de un pensador independiente.

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