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Atilio estaba ansioso por ingresar a la ‘U’, no veía la hora.  En condiciones normales los admitidos empezarían sus estudios en la Facultad de Ingeniería en el mes de julio, pero el comienzo se postergó.  Para facilitar la matrícula hicieron una jornada especial: citaron a los nuevos un sábado de diciembre de 1983, allí se registrarían los estudiantes, escogerían las materias del primer semestre y les entregarían el carnet con foto incluida.

El lugar indicado era el coliseo, a la entrada les pedían los datos personales, se registraban, les entregaban el número del carnet y una lista con las materias del primer semestre.  Había emoción, entusiasmo y también pánico.  Sí pánico, el rumor era que los estudiantes nuevos debían disimular y no parecer primíparos porque, de lo contrario, ‘se las montaban’, ‘los gozaban’ y “caerían en desgracia”.  Los estudiantes siempre trataban de aparentar lo mejor que podían, pero ese nombre se llevaba tatuado en la frente “Pri-mí-pa-ro”. Además, parecía que aquella sección de matrícula fuese exclusiva para los estudiantes del primer semestre, ni modo ¡Eran primíparos!

Selección de materias

Eran ocho ingenierías y la gran mayoría de los alumnos verían las mismas materias básicas en ese primer semestre.  Al tomar la lista se podía observar que la selección de cursos era amplia debido a la cantidad de estudiantes. Luego se enteraron de que, por diversas circunstancias de la Universidad, juntaron varios semestres, así que casi que se duplicaron las ofertas.

Al ingresar al coliseo, Atilio quedó asombrado al ver tanta gente joven de aquí para allá, tan dinámica y entusiasmada. —«¡Juepucha estoy en la ‘U’!» —pensó emocionado.  Había varias mesas, cada una con el nombre de la asignatura, allí estaban los profesores entregando unas tarjetas, similares a las “tarjetas perforadas”, en estas figuraban los cursos, sus horarios y el nombre del profesor; así, se iba armando el calendario con los horarios de clase, como organizando una baraja.  Si la tarjeta no ajustaba con los horarios, se podía devolver.

Muchos estudiantes sentían euforia, emoción y nerviosismo: era el primer paso para iniciar su carrera, el primer paso concreto de bachiller a universitario, quizás sin ser muy conscientes que con ese hecho empezaban a labrar su futuro y el de otras personas.

Atilio tenía las tarjetas en sus manos, fácilmente pudo organizar su horario, pero las revisaba constantemente, les daba vueltas y vueltas para no equivocarse.  No podía creer que después de tanta espera ya era oficialmente estudiante de la Universidad. Estaba feliz.

Al final, había que entregar las tarjetas con los datos para que las ingresaran en el computador central. Le informaron que poco antes de iniciar las clases, cada alumno debía pasar por la secretaría de su departamento y reclamar la hoja de matrícula con los cursos, horarios, nombre del profesor, el bloque y salón de clases, verificar los cursos asignados, tendría una semana para realizar los ajustes si fuese necesario.

El carné

El último paso era sacar el carné, a la salida del coliseo estaban tomando la foto. Ese era el documento máximo, la prueba fehaciente de que ya se pertenecían a la ‘U’. Hasta podían chicanear, estirar el cuello y decir “¡Estoy en la U!”.  O al mejor estilo de Fonzie-Fonzarelli o Danny Zuco, con un dejo sobrador y desparpajado, blandiendo el carnet, diciendo: “Estoy en ‘U’ ¡Yeah! ¡Yeah!”.

En un pequeño cubículo que tenía como fondo la bandera de la Universidad, se hallaba el fotógrafo que impactaba por su seriedad. Lo acompañaba un grupito de “experimentados” estudiantes de ingeniería, quienes charlaban despreocupadamente a un costado. El estudiante, perdón, el primíparo, inicialmente se acicalaba, luego se sentaba en el banquito, miraba de frente seriamente a la cámara, el fotógrafo gentilmente le indicaban que pusiese una cara más amable y el estudiante esbozaba una leve sonrisa.  Así, el alumno estaba concentrado en poner su mejor rostro…

Tomando la fotografía

El fotógrafo, ¿serio?
Imagen 1. El fotógrafo, ¿serio? tomado pixabay

Y ahí, de repente, cuando menos lo esperaba empezaban las morisquetas y payasadas de los casi ingenieros que estaban al lado, logrando desconcentrar al primíparo, lo “cogían fuera de base”.  Una chica les hizo bizcos para que dejaran de molestarla y preciso ¡le tomaron la foto! Otra sacó la lengua y de una la fotografiaron.  Tan pronto te reías, flash, la foto.  A las chicas les lanzaban piropos chistosos y hasta algunos que las hacían sonrojar, y zas, la foto.  Llegó una joven con blusa y pantalón blanco, se sentó, y no dijeron nada, ella miraba seriamente igual que el fotógrafo —Sonríe un poco por favor—le dijo y ella lo hizo.  De repente él expresó eufóricamente:

—Oh por Dios, ¡es del otro mundo!  ¡Blancura radiante!

Los otros automáticamente se pararon, empezaron a cantar señalándola y meneando la cabeza:

 “Con Top el detergente, su ropa dura más 

Si con Top lava, su ropa no acaba 

Maravilloso para el hogar 

Top para la ropa y Top para lavar”

Ella no pudo contenerse y soltó una risotada mostrando sus blancos dientes, ahí le tomaron la foto.  Aquel día todos, sin excepción, quedaron registrados para la posteridad riéndose, con expresión de sorpresa o haciendo cualquier otro gesto en su carnet ¡Yeah!

Carnet Ingeniería, archivo personal
Imagen 2.  Fotos del carnet Ingeniería, archivo personal

Referencias.

Comercial de Top https://www.youtube.com/watch?v=MB3AVJ5E_6I

Relato anterior.

La emoción y la incertidumbre por pasar a la U

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