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Rafael terminó de leer el relato de mi blog ‘Tank you… Denank you‘, sonrió recordando una situación similar en un viaje a Europa, acompañado de su hija pequeña, a inicios del 2008; a propósito, el idioma inglés no era su fuerte.

Gran parte del trayecto era en tren, la primera vez que lo tomaron fue en la ruta Ámsterdam – Bruselas.  Llegaron a tiempo a la estación, les impactó la exactitud en la hora de partida: en el boleto decía 5:13 p.m., a esa hora arrancó el tren, a las 5:13 p.m. ¡en punto! Ni un minuto más, ni un minuto menos. ¡Qué precisión!

Tren Ámsterdam - Brúselas
Imagen 1. Tren, tomada pixabay

Llegaron a Bruselas y se trasladaron en taxi al hotel, ubicado en las afueras de la ciudad, al pie de una de las estaciones del Metro. Era un hotel confortable y acogedor, este sería su “centro de operaciones”, pues desde Bruselas se podía viajar a otras ciudades y regresar el mismo día.

La cena

Dejaron las maletas en la habitación y fueron al restaurante del hotel a cenar, miraron la carta, una de las empleadas les recomendó el “steak pimienta”, una de las especialidades del chef.  ¡Sorpresa! la carne era una delicia, suave, jugosa y en el término adecuado. Sofía y Rafael terminaron compartiendo el plato, se deleitaban cenando, quizás tendrían mucha hambre o simplemente ¡estaba exquisito!

Una sorpresa por la ventana

De nuevo en la habitación, Rafa le pidió a su hija que cerrara bien la ventana, mientras revisaba los pasajes del tren y organizaba la mochila que llevarían a Paris, sí a Paris, estaban emocionados.

—Pa, mira, no vas a creer esto, ven rápido —dijo ella.

—Sí, dame un segundo —le contestó mientras seguía con sus tareas.

—Paaaa, porfa, paaaa.

Sobresaltado la miró y observó que tenía una mota blanca en su guante negro. Se aproximó, miró detenidamente, ahora estaba un poco más pequeña.

—Muñeca, de dónde sacaste eso. ¿Qué es?

—Ven, acércate más. No lo vas a creer.

Se aproximó asombrado a la ventana, después contempló a su hija.

¡Está nevando! —dijo Sofía eufórica.

Les brillaban los ojos, se reían, la felicidad los embargaba. Increíble, nunca habían visto nevar y preciso les tocó allí, en aquella noche, bajo la luna de Bruselas.

Nieve
Imagen 2. Nieve, tomada pixabay.

A madrugar

Se preparaban para dormir, debían levantarse a las 5:30 a.m., ya sabían la puntualidad en los horarios del tren y no querían perderlo. Rafa programó la alarma en su celular Nokia 6220.

Era la primera vez que estarían en Paris y quería llegar puntualmente a la estación. Realmente la ansiedad lo mataba, tanto, que lo llevó a imaginarse una “catástrofe” que lo condujo a la paranoia.

—¿Qué tal que la alarma del celular no funcione? — pensó, mirando a su alrededor—Calma, calma, necesito un plan B, … uy, un radio despertador.

Fue hasta la mesa de noche donde estaba el radio, también lo programó, entonces se relajó.

A lo McGyver, el plan C

Buscó su pijama para dormir y de pronto especuló —Upa… ¿y si se va la luz en la madrugada o se funde el radio? Claro, tampoco sonaría la alarma del radio despertador.

—¡Noo! ¿qué tal?  Debo ser prevenido, todo puede ocurrir —tenía que pensar rápidamente —la recepción, sí, la recepción, que ellos también nos llamen. Voy hasta el lobby para hacerme entender mejor.

—Muñeca, quédate porfa en la habitación y no le abras a nadie, no tardo. Voy a la recepción a preguntar algo —dijo, ella estuvo de acuerdo.

En el lobby

Se dirigió al lobby.  Por fortuna, en el restaurante le indicaron que el turno de la noche lo atendía una chica que hablaba español, allí estaba.

Hola —dijo.

—¡Hola! —contestó la recepcionista con una inmensa sonrisa. Él se tranquilizó.

—Por favor ¿me pueden llamar mañana a las 5:30 a.m.? —pronunció lentamente.

La recepcionista lo miraba con incredulidad, al parecer no le captaba, le sonrió amablemente. Rafa trató de vocalizar mejor, repitió la frase muy despacio, pero, ella seguía sin comprender y se puso nerviosa. Intentó nuevamente, ella quiso contestarle, pero no le salían las palabras, ambos se sonrojaron. Habló en flamenco o francés, ahora era Rafa el que no entendía.

Rafael hizo una pausa e intentó hablar en inglés, pero se bloqueó. Pensó —Cómo le digo “Me llama por favor a las 5:30 a.m. a la habitación 312. O, ¿me puede despertar a las 5:30 a.m.?” No, ni idea —su mente seguía en blanco.

En el lobby no había nadie más. Ella seguía esbozando una sonrisa y lo miraba como tratando de leer sus pensamientos —Yo, de alguna manera me tengo que hacer entender —se dijo Rafa.

Lobby vacío en hotel
Imagen 3.  Lobby vacío, tomada pixabay.

Entiéndame por favor

Dio unos pasos hacia atrás, tomó un poco de aire y se acercó al mostrador, le dijo:

—One moment please —de eso sí se acordaba.

In my room —le mostró el número de habitación que estaba en la llave —I’am… —se señaló, llevándose el dedo al pecho.

—Dormir… ¿Cómo le digo dormir? se me olvidó —no sabía cómo decírselo, su mente se blanqueó, bajó la cabeza —¿Qué hago? carajo, ¿qué hago?  No hay de otra…

La miró de frente, con la palma de su mano le hizo una señal de espera. Al mejor estilo de Benny Hill o de Mr Bean, movió graciosamente la cabeza de lado a lado, juntó las manos en posición de oración, se las llevó a la mejilla derecha, inclinó la cabeza hacia ese costado, cerró los ojos, se hizo el dormido, esa era su posición de dormido.

Luego, abrió un ojo, ella lo contemplaba desconcertada, Rafa siguió con su representación, ya había empezado, le tocaba terminar.

—Call me, please —expresó señalando el teléfono y se volvió a llevar el dedo al pecho.

A continuación, cerrando los ojos se puso nuevamente en posición de dormido y dijo fuertemente “Rin, Rin”, entonces, abrió los ojos desmesuradamente, separó las manos en señal de desconcierto, movió la cabeza de un lado al otro como acabado de levantar, entreabrió la boca asustado, luego, sonrió como Mr Bean, —“Qué actor, ¡qué actorazo soy!”—pensó.

Miró a la chica, quien seguía asombrada. De repente, soltó una estruendosa carcajada, no paraba de reír, estaba roja, pero de la risa; trataba de parar, pero no podía. Balbuceaba “Excuse me… excuse me”, mientras reía. Rafa logró escuchar algo como “Wake up, Wake up” … Eso era, claro, “despierta, despierta” en inglés. Estaba sonrojado, pero de la vergüenza, ahora lo invadía una risita nerviosa.

La recepcionista tomó un poco de aire y logró decir: —Querer despertar mañana… —no se aguantó, volvió a reír. —¡Oohh, habló en español! —dijo sorprendido Rafa. Escribió en un papel la hora y el número de la habitación, sin parar de reír, dio las gracias, se despidió — Buenas noches — a lo que ella contestó con su marcado acento —¡Buenas noches! —Avanzó hacia el ascensor, en aquel momento se dio cuenta que la chica había dejado la tensión y hablaba un poquito más de español.

Llegó a la habitación con una sonrisita maliciosa, su hija lo notó y le preguntó qué pasaba, él le contó. Sofi no lo podía creer, entonces se tapó la cara con la almohada, estaba ruborizada, pero terminó riéndose de la situación.Mr. Bean

Imagen 4.  Mr. Bean, graffiti, tomada pixabay

La levantada

¿Y qué pasó con los despertadores a la mañana siguiente? Pues todos sonaron a la hora indicada: primero el radio despertador, luego el celular y por último la llamada en inglés de la recepción.  Aunque Rafa ya estaba despierto desde hacía más de media hora, quizás por su “despertador biológico” o por la ansiedad. O tal vez, por estar pensando en el “oso” de la noche anterior.

Relato anterior.

Madam Betsabé la clarividente del barrio

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Me gusta disfrutar en familia y con amigos. Escribo relatos de amenas anécdotas . Profesional en Ingeniería de Sistemas, experto en e-commerce.

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