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¿Cómo se le enseña a un hijo pequeño en este país que es mejor ser honesto, actuar apegado a la ley, no robarle a nadie, porque en caso contrario, además del asunto moral, la culpa, el señalamiento social, el no poder dormir tranquilo, la violación al séptimo mandamiento (para los que siguen creyendo en aquello), además de todo eso se viene inevitable el drama horrible de ir a la cárcel, ese sitio húmedo, oscuro, peligroso, solitario, con ratas a veces, alejado de sus cosas, de los suyos, sin televisión, videojuegos y con malas comidas?

Decirle a un niño colombiano, uno que ve noticieros, está conectado a la red y se las sabe todas, decirle aquello de que ser honrado paga, como me decían mis padres a mí, es exponerse a que lo miren a uno con una cara de “pobre viejo huevón, siga creyendo inocencias”. Es obvio, si vio las noticias hace dos días y supo que el exalcalde Samuel Moreno, el pícaro más grande que haya dado Bogotá, junto con su hermano, llegó sin abogado a la audiencia en la que deben juzgarlo por el famoso carrusel de la contratación, con el que la ciudad perdió un billón de pesos. También, que esta es la vez número 18 (¡sí, 18!) que consigue aplazar su juicio, con lo cual es probable que quede libre el próximo año por vencimiento de términos.

De pronto este hijo mío no vio las noticias de hace dos días, pero sí las vio hace ocho, el 15 de septiembre, cuando supimos del tremendo asado con whisky que estaban teniendo varios de esos ladrones del carrusel de la contratación, junto a los ladrones de Interbolsa y algunos asesinos de la parapolítica. Y se enteró de que esa rumbita era la despedida para el exconcejal Juan José Rodríguez, otro de los del carrusel, quien salía libre no porque fuera inocente sino por vencimiento de términos.

Luego de la fiesta, el Inpec solicitó una investigación exhaustiva, cuyos resultados deben conocerse en los próximos días. Y ahora agradezco que de pronto el niño no recuerde que en octubre del 2014 nos enteramos por las noticias, también, que Emilio Tapia, otro de los grandes cerebros de ese carrusel, tuvo una espectacular parranda vallenata con “whisky ventiao” y hasta lindas modelos en esa misma prisión. Esa vez supimos además de los mariscos y carnes finas con las que Tapia pasa mal sus días de cárcel, y de su exigencia para que en su pabellón no haya los 104 reclusos que caben sino 32 máximo. Emilio sufre por el hacinamiento carcelario.

Si el niño es aventajado y sagaz, como son los niños de hoy y lo es el mío, es probable que haya hecho cuentas en su cabeza a propósito del tal carrusel de la contratación. Resulta que Hipólito Moreno, el exconcejal, recibió “propinas” que deben sumar unos mil doscientos millones de pesos (pueden ser más) para incidir en el contrato de las ambulancias y antes de eso en el de la reparación de la malla vial. Hipólito fue condenado el año pasado a seis años y medio de cárcel y a pagar 60 millones de pesos de multa. Pero, como está enfermo, lo mandaron derechito a la casa. Así las cosas, Hipólito se tumbó unos 1.200 millones, devolvió 60 y está en su casa recibiendo visitas, viendo la tele, comiendo rico y hasta de pronto escribiendo sus memorias. Más de un escritor amigo mío, daría un brazo; no, un brazo no, una pierna, por esos 1.140 millones y la posibilidad de seis años encerrado en la casa escribiendo obras maestras. Hipólito es todo un negociante.

Y este niño inteligente, hijo mío, dirá: “no se la montes a Hipólito; por ahí vi que hay un señor de apellido como Hule, al que también pasaron de la cárcel a la casa. Estaba malito de una rodilla”. Claro, me está hablando de Guido Nule, otro de los saqueadores de Bogotá con sus primos, quien hace un mes consiguió la casa por cárcel por una lesión en la rodilla derecha. Como la justicia colombiana está llena de bondad y de garantías consideró que con ese problema no podía jugar los partidos de fútbol del penal, y era mejor que estuviera en su apartamento lujoso en Barranquilla.

Menos mal este niño mío no recuerda o no sabe que el clan Nule se quedó con la concesión de la doble calzada a Girardot. Menos mal no lo sabe porque yo no sabría cómo explicarle que el Gobierno pasado les entregó la concesión para construirla, y que eso quiere decir que ellos ponían el dinero; pero ese mismo gobierno decidió prestarles una platica del Departamento Nacional de Estupefacientes para que no les quedara tan duro. Ahora bien, ellos están en la cárcel (los otros dos, porque Guido ya no) no por eso sino también por el carrusel de la contratación, que dejó a Bogotá sin Transmilenio por la Boyacá.

Por fortuna tampoco sabe, ni lee El Heraldo, de lo que ha pasado con “La Gata” y la Gette en Barranquilla. La primera, la tenebrosa Enilsita López, condenada a 37 años de cárcel por su turbio imperio de paramilitarismo y juegos de azar, con asesinatos incluidos, ya ha pagado tres años, pero nunca ha sido trasladada a la cárcel porque está enfermita y la mantienen en el Hospital ESE Cari de Curramba la bella, güepajé. Allí, según El Heraldo, mandó poner una puerta blindada en su habitación, que solo puede abrirse desde adentro y ella autoriza quién entra y quién no. Ah, y su alimentación no la decide el Inpec sino ella.

La Gette está acusada de mandar matar a Fernando Cepeda, yerno de su anciano marido, de quien heredó universidad y mucho dinero, y ya fue condenada pero no por eso sino porque se comprobó que sobornó a un paramilitar para que cambiara su versión sobre la muerte de Cepeda. Hace un mes, a la pobre Silvia le aprobaron casa por cárcel también.

De todas maneras, yo sigo insistiendo en que ser honrado paga. Hacer las cosas correctamente es lo mejor. Doy gracias a Dios que él no sabe (¿o se está haciendo el bobo?) que esa Natalia Lizarazo de la que vienen hablando desde hace dos semanas por sus contratos de 4 mil millones con el Estado (¡sí, 4 mil millones, carajo!), es la misma que yo le dije que admiraba por valiente, por independiente, por crítica, porque no se vendía. Hasta leíamos juntos las columnas en las que hablaba en contra del doctor Uribe y del Procurador, y yo se la ponía de ejemplo.

¿Y ahora cómo le insisto en que en este país sí paga ser honorable?

Sergio Ocampo Madrid.

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PERFIL
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Sergio Ocampo Madrid es un escritor y periodista nacido en Medellín. Desde 2005 decidió apostar por la literatura y en ese tiempo ha publicado las novelas “El hombre que murió la víspera”, y “Limpieza de oficio”, y los libros de cuentos “A Larissa no le gustaban los escargots” y “El amante fiel de medianoche”. Antes de eso trabajó 20 años en periodismo en prensa escrita en El Tiempo, de Bogotá, El Colombiano, de Medellín, El Heraldo, de Barranquilla, y otros.

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14 Comentarios
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  1. Claro que paga ser honesto! Pero lastimosamente no en este país, donde el hombre que fornica con más mujeres es un semidios, y el que dice “por favor” y “gracias” es un idiota. Como muy bien escribió Juan Gossain recientemente en este medio, nunca ha habido una cultura ciudadana de velar por los otros, aquí solo pensamos en el “yo voy primero” sin importar si tengo que pasar por encima de los demás porque “voy tarde”, “soy más avispado y vivo que los demás”, o “soy más fuerte”. Aquí no pensamos en las consecuencias de nuestros actos, siempre y cuando salgamos beneficiados: el parasitismo en plena acción.
    Sólo espero que la generación venidera sea educada con los valores de antaño que, por lo menos, a mí si me enseñaron a poner en práctica y respetar.
    Excelente columna de opinión para poner a pensar.

  2. Lo que estamos viviendo es consecuencia de un modelo económico que no funciona: el neoliberalismo o capitalismo nos lleva a esto. Lo que aconsejo es que no tengan muchos hijos porque la van a pasar mal. mientras no haya un cambio en el sistema de valores de la sociedad los problemas van a continuar. Lo que podemos hacer es estudiar, hasta donde sea posible, cómo funciona el sistema realmente, a todo nivel, econímico, politico, social,etc y manejarnos dentro de tanta porqueria.

  3. Que duro ha sido vivir en muestro mundo bajo las enseñanzas de la rectitud, buenos modales y honradez, más duro será enseñarselos a las nuevas generaciones ante tanta contaminación corrupta pero hay que intentarlo sin descanso.

  4. La justicia de Dios es la que cuenta, la nuestra una burla. Acaso por millones de pesos que robaron, podran limpiar su nombre?. Ese es Moreno que le robo a Bogota millones. Si compramos esa idea donde quedara La imagen de nuesteo País que bastante està en entredicho. Vamos reaccionemos Nunca llames a lo malo Bueno. Porque todos seremos juzgados. O acaso conciencia no existe. Nadie podra uir de ella, Ni podran tapar el sol con un dedo. No disfrutaran su dinero Maldito.

  5. Señor Ocampo, gracias por esta columna, yo como Ud. me hago esta pregunta todos los días. En mi caso, mis hijos ya son adultos y les inculcamos estos valores los cuales han sido el norte de sus vidas. Pero siento un gran dolor de patria, cada vez que leo este tipo de noticias y me pregunto hasta donde iremos,esa misma pregunta se la hacían mis padres… creo que vamos perdiendo. Cordial saludo.

  6. Me encanta su escrito , tiene toda la razón mi familia y yo experimentamos siempre esa misma sensación , y nos hacemos la misma pregunta :vale la pena ser honrado en Colombia? y la respuesta es siempre siiiii. No importa lo que los otros hagan, lo importante es no incurrir en esas mismas conductas y poder tener una vida tranquila, llena de satisfacciones y logros sin deberle nada a nadie. He ocupado diversos cargos públicos , he sido Auditora General de la República , Vice- Ministra de Justicia , cargos , ejercidos con sentido de lo público que creo que es lo que hace falta a algunos funcionarios públicos en este país.Ahora como profesora universitaria, en lo primero que hago énfasis es en abandonar ese criterio del dinero fácil a cualquier costo.

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