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Por más que al oírla se sonrojen (hipócritas) reporteros, editores y directores de medios, una de las reglas de oro del periodismo es que «no hay mejor noticia que una mala noticia». Así es como se alimentan los medios de comunicación, en especial en un país como el nuestro, en el que a veces los medios de comunicacióin parecieran más cercanos a los buitres, a las hienas o a los administradores de un circo.

Pero no es su culpa del todo. Es que Colombia es como una montaña rusa interminable. Y hay tanta noticia que los medios se desbordan y se enloquecen y acaban como juguetes estúpidos de una u otra fuente de información. Recuerdo la frase que soltó un editor amigo (frotándose las manos emocionado), hace unos años, luego de conocerse la noticia de la reelección de Uribe: «¡uy, por lo menos ahora sí vamos a tener noticias para raaato!».

Y valga la aclaración, el profesional de la información en cuestión no es uribista ni antiuribista ni nada de esas etiquetas pendejas que les da a los políticos y a los académicos por inventar, eso es lo de menos. El hombre, simple y llanamente, es un ‘animal periodístico’, un ser cuyos latidos del corazón van al ritmo endiablado de una sala de redacción y que goza con el olor a pólvora y tinta de las rotativas. Uno de esos al que se le paran los pelos de la nuca con solo oír el ‘tarara tarara tarara’ de la música de primicia informativa del Canal RCN.

Y bueno, admito que yo también llegué a moverme al mismo ritmo y estuve como perro de presa, más de una vez, tras el testimono, la foto, el dato que nadie tiene, la pista que otros ignoraron, el llanto de la viuda, el sentimiento de la víctima y todo aquello que hacen detestable pero perturbadoramente admirable a un periodista de orden público. Confieso, no sin cierta vergüenza, que cubrí masacres, tomas guerrilleras, tiroteos en busetas, incendios, inundaciones y hasta pedreas en la Nacional, la Distrital y la Pedagógica, y a veces las tres al tiempo (casos se han visto).

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Pero la adrenalina, como todos sabemos, minutos después de usarla, produce naúseas, y muchas veces me sentí asqueado y con ganas de mandarlo todo al carajo, como aquella tarde en la que me vi incapaz de meterle la grabadora entre los dientes a un humilde jardinero cuyos tres hijos acababan de volar en pedazos mientras jugaban con una grandada encontrada en un potrero. Claro que también conocí colegas que, con la mayor naturalidad, acribillaban a grabadora y a cámara limpias a familiares de víctimas con la facilidad de quien etiqueta cajas de cereales en un supermercado. Claro, en este oficio, en ciertas ocasiones no hay tiempo para los sentimentalismos y el que tiene la primicia y la bendición del editor es el que posee un estómago más fuerte o el que no tiene tripas del todo (ni sangre en las venas o solo ‘tinta roja’, como dice Alberto Fuguet).

Y uno se pregunta en el momento ¿será que con el paso del tiempo desarrollo la costra emocional necesaria para que nada me importe? Y la respuesta es que depende del periodista. Yo, nunca lo logré. Por eso, y como otros colegas que conozco, cuando salí de Colombia juré que nunca volvería a mirar un noticiero de televisión o a leer periódicos o revistas de mi país.

 

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Y créanme que por un tiempo funcionó para mi salud emocional y mental. Sin noticias de Colombia, cero estrés. Mejor dicho, ojos que no ven, corazón que no siente, como dicen las mamás. Pero, llámenlo morbo, llámenlo enfermedad, llámenlo necesidad, vicio o soledad, heme aquí otra vez pendiente de con qué abrió tal o cual diario o revista o noticiero o de quién ‘chivió’ a quién.

Solo que ahora me toca a distancia. Ahora, desde la más lejana de las barreras, admiro el palpitar del toro frenético e hipnótico de mi país. No obstante y para justificarme, descubro un ingrediente adicional, para esta ‘recaída informativa’: el otro extremo de la dinámica, ‘la dimensión desconocida’, el otro lado del espejo, la ‘frontera final’, el imposible, lo impensable: vivir en un país sin noticias.

Y es que a diario me veo acosado por titulares de la prensa de estos lares, del calibre de ‘Cómo cambió su vida Lady GaGa’ o ‘Sociedad de oftanmólogos de Canadá advierten sobre los peligros de los ojos de Lady GaGa’, ‘Amy Whinehouse de nuevo a la cárcel’ o ‘Prepárese contra el polén primaveral’ o ‘Por qué los ancianos evitan el retiro y vuelven al trabajo’. Y la explicación es sencilla, porque los medios de aquí van al ritmo del país, reposado, perezoso, suspendido entre las bolas del alcanfor de una inercia histórica, sin altibajos ni mayores sobresaltos.

 

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Eso explica, entre otras cosas, que aquí el Che Guevara tenga estatus de mártir; que Ingrid Betancourt sea considerada Santa Juana de Arco, y que grupos armados como las Farc sean vistos como genuinos defensores de los pobres y los desamparados. Pero es que aquí no se conoce la violencia ni la miseria. ¡Si los mendigos lo son porque quieren serlo! Son mendigos se visten mejor que uno y viven del gobierno, felices borrachos y drogados. No como en Colombia, que solo basta con parar en un semáforo para echarle un vistazo al infierno.

Y debido a esa miopía política y social, Canadá es una de las capitales mundiales de los refugiados políticos (aclaro que no soy uno de ellos). Porque para venir a dar aquí, solo hay que pasarse por amenazado y ya. He conocido gente que por el solo hecho de ser gays y asegurar que en sus países su vida corría peligro por sus inclinaciones sexuales, les dan el asilo sin más ni más. Por eso, desde hace un año les piden visa a los mexicanos, porque llegaban por miles, como turistas, y se quedaban para siempre, porque supuestamente sus vidas corrían peligro en su país por culpa del Narco (como ellos lo llaman), de la corrupción, del Santo, de las Momias de Guanajuato o vaya a saber qué más se inventarían.

Y aquí, cómo no, se refugian guerrilleros, paras y víctimas de la violencia de nuestra patria, reales y de mentiras, que hasta conviven a veces en el mismo barrio, en la misma cuadra, sin pisarse las mangueras, sin mirarse mal, como sanos y honestos ciudadanos del mundo.

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Claro, aquí también hay de vez en cuando episodios de violencia, alguna válvula de escape debe tener cualquier sociedad. Pero cuando pasa, todo es registrado a medias por los medios (nada de seguimiento, nada de despliegue mediático, nada de investigación ni denuncia, todo muy de bajo perfil). Así que las noticias y el ritmo del país en general, aquí son marcados por la brutalidad del clima, más o menos frío en invierno, más o menos calor en verano y ya esta’ y por las estupideces de las estrellas de la música o del cine.

Eso explica, de paso, que Quebéc el año pasado, fuera ubicada en el tercer puesto mundial de las regiones con más alta tasa de suicidios, especialmente en invierno. Aburrimiento + anochecer todos los días a las 4 de la tarde y amanecer a las 8 a.m., durante tres meses = salto al paso del metro.

 

¿Cómo sería uno de mis viejos editores que se excitaban con el color de la sangre y el olor de la pólvora, en un país como este, en una ciudad como esta, en donde el curling es considerado un deporte y se realizan campeonatos mundiales de guerras de almohadas y clavados piscineros en ‘bomba’? Sí, ya habrían engrosado las estadísticas de suicidios.

 Por eso, en Colombia, sea como sea, de lo único que uno jamás se va a morir es de aburrimiento. Mejor dicho, para entender mejor un cuadro, es mejor hacerse de lejos, y nuestro país no será perfecto, pero se vive y se muere a mil por hora y eso es preferible a mil años planos y anodinos. Y, a propósito, con la reciente elección de Santos como presidente, seguro tendremos muchas noticias y para raaaato. Mi amigo se frota las manos enérgico y se relame los dientes de hiena. Yo también.

 

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PERFIL
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Jimmy Arias, máquina de tragar películas, CDs y libros, es colaborador ahora esporádico de este diario, y durante 11 años reportero de planta de esta Casa Editorial, siete de los cuales dedicó al cine y a la cultura en general. Actualmente reside en Montréal.

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  • Cultura y ocio

    The Sky is Crying, luto en las seis cuerdas. Recordando al gran Gary Moore

    Gary_Moore-Walkways-Frontal.jpg

    Sería a mediados de los 90 cuando por primera vez me taladró el pecho la guitarra de Gary Moore. Fue durante una emisión de El expreso del rock. Era un conteo de los mejores guitarristas del año o algo así. En él figuraba Joe Satriani, con Flying in a Blue Dream; Steve Vai, con For the Love of God y Gary Moore, con Still got the blues. De entrada me sorprendió el fraseo de Moore, limpio, directo, apasionado, arrebatador, desprovisto de efectos o maniobras psicodélicas o 'descresta-principiantes', puros cojones.

    Y desde entonces comencé a seguirle la pista al hijo predilecto del blues irlandés contemporáneo, que pasó por los toldos de Thin Lizzy y tocó la guitarra al lado de leyendas como B.B. King (ver video abajo), Albert King, George Harrison y hasta Ozzy Osbourne. Nacido en Belfast, en 1952, Moore nunca fue hombre de agrupaciones o de la etiqueta 'miembro' de tal o cual banda, por eso, su carrera en solitario fue muy prolífica, con más de 30 álbumes en su discografía.

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    Su relación con la guitarra comenzó a los 16, cuando se compró su primer instrumento, luego de ver en escena a John Mayall and the Bluesbreakers. Para entonces, ya llevaba cinco años practicando, pero fue allí cuando decidió lo que quería que hacer el resto de su vida. Moore siempre tocó de forma convencional, a pesar de haber sido zurdo.

    Moore es citado por varios famosos como inspiración en influencia, entre ellos, Adrian Smith (Iron Maiden), Zakk Wylde (Ozzy y Black Label Society), Rhandy Rhoads (Ozyy) y Kirk Hammet (Metallica). Fueron legendarios conciertos suyos como el Monsters of rock en el 2003 o el Montreux Jazz Festival, en 1990.

    Son joyas imperdibles del gran Gary, Parisienne Walkways, Dont Believe a Word, Empty Rooms, King of the Blues o The Prophet. Para resumir lo que transmitía con su instrumento, alguna vez dijo: "yo no pienso en técnica ni en perfección musical, solo toco con el corazón. Ese es el único consejo que les doy a los jóvenes guitarristas, tocar, tocar muchísimo, sin descanso".

     Sin embargo, la muerte no lo sorprendió como al monstruoso Dimebag Darrell (Pantera), con las seis cuerdas en la mano, sino dormido en su hotel, en Estepona, España, por donde pasaba de vacaciones, tras una serie de conciertos. Bienaventurados los que estén en el cielo o en el infierno de los guitarristas, porque podrán tener su música por toda la eternidad.

     

  • Cultura y ocio

    Ben Affleck, de 'tonto hermoso' a director respetable

    El tipo es muy 'pinta', le duela al que le duela. Y además talentoso. Sí, a veces Dios se ensaña con algunas personas. Ese es el caso de Ben Affleck. Y es que resulta que el ex novio de Jennifer López sabe de cine. Y no solo de deslumbrar con una sonrisa frente a la cámara o de poner ojos de ternero a medio degollar para besar a su compañera de escena o para hacer delirar a sus seguidoras. Lo sorprendente, es que Affleck ahora deslumbra también detrás de las cámaras.

    Obvio, nadie daba un dólar por él en la industria del cine, como galán venido a menos con películas de modesto presupuesto y figuración en los últimos cinco años. Pero el tipo es inquieto, y hace tres años lo demostró Gone Baby Gone, su primer largometraje como director, un thriller muy bien realizado, filmado y relatado con el que le pateó el trasero a todos sus críticos, que además protagonizaron Casey, su hermano, Ed Harris y Morgan Freeman.

    Y ahora, quizá con más confianza tras la cámara, regresa con The Town una película completa, que a pesar de caer en los lugares comunes de todas las películas de suspenso, acción y/o robos de bancos, logra mantenerlo a uno en vilo durante casi dos horas.

     

    Y es que The Town tiene de todo, acción tipo Hollywood explosivo, romance tipo comedia romántica de Ben Affleck; suspenso y mucha, pero mucha humanidad, porque Affleck logra traducir en imágenes la emotividad de los personajes deliciosamente creados por Chuck Hogan en El príncipe de los ladrones, novela en la que está inspirado este filme. De hecho, Affleck también coescribió el guión de su película.

     

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    Esta es la historia del cabecilla de una banda de ladrones de Boston, que termina enamorando a la que días antes fue su rehén en un asalto bancario. Claro que también es la historia de una zona especial de Boston en la que todas las familias, o la gran mayoría, son por tradición eso, ladrones de bancos. Y al igual que en Gone Baby Gone (creo que se llamó en Colombia algo así como Desapareció una noche) es una disección de los bajos círculos del infierno que se pueden encontrar con tan solo dar vuelta en una esquina cualquiera.

    Por eso no será de extrañar que Affleck aparezca en enero próximo entre los candidatos a uno o más premios Oscar como ya algunos comentan. Le pese a quien le pese.

     

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    El viejo Ozzy sigue gritando más de lo mismo y 'La carretera' por la que ya vamos(...)

     "Alguna vez, todos nos volvemos locos", Norman Bates, 'Psicosis'.

     

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    Como Coca Cola, Mc Donalds o Disney, hay que decir también que el sonido y la presencia de Ozzy Osbourne, en el mundo de la música, son marca registrada y patrimonio cultural de la humanidad. Hace décadas Coca Cola intentó cambiarle el sabor a su lucrativa bebida, pero casi se van a la quiebra por el chistecito. Entonces, los gurús de la multinacional tuvieron que meter el rabo entre las patas y volver a embotellar el mismo brebaje magico de siempre.

    Por eso, y guardando las proporciones, no se podía esperar mucho cuando Ozzy anunció que cambiaba de guitarrista, mandando al diablo a Zakk Wylde (su formula de siempre y llave de rumba) por el púber y casi desconocido Gus G.

    La diferencia está en que Ozzy, a estas alturas del partido, es imposible que se vaya a la quiebra y seguro un álbum malo o de 'más de lo mismo' no le hará mucha mella a su bien eregido tótem como ícono del rock contemporáneo. No dejaría de vender camisetas con sus ojos desorbitados ni de apadrinar artistas o giras de nuevas bandas de rock o de protagonizar 'realities'. Además, la historia del metal, en buena parte, está escrita de su puño y letra.

     Por eso, luego de hincarle el diente a Scream, a uno le queda el sabor de que, en efecto, es más de lo mismo y de que Ozzy, con o sin Zakk, sigue siendo eso, Ozzy. Se le abona a Gus algunos devaneos melódicos o buenos solos como en el mismo Let me hear you scream, Let It Die o Soul Sucker, que fue el primer nombre que Ozzy pensó para este CD. Y es en esta canción en donde más se hace evidente que Scream es, más bien, una segunda entrega de Black Rain, su anterior álbum, del que quedó una buena cantidad de canciones listas y a la medida, pero a la medida de la guitarra de Zakk, co-creador de la mayoría de ellas, que, obvio, conformaron Scream.

    Es esta producción eso que los gurús de los medios llaman un 'álbum de transición'. Pero el viejo Ozzy ya no está para ninguna transición hacia ningún lado ni para demostrar nada a nadie, porque bastante hace con mantenerse vivo a pesar de tanta rumba dura a lo largo de sus más de 60 años de existencia.

     

    Sin paradas por 'La carretera' que lleva al 'desbarrancadero'

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    Así como 'terror', 'acción', 'romance' o 'comedia' debiera haber un apartado especial para las películas 'postapocalípticas'. Cualquier cantidad hay de filmes que se regodean en lo que podría pasar si una tragedia natural, pandemia, bomba atómica o invasión extraterrestre acabara con nuestro planeta o redujera la humanidad a un puñado de sobrevivientes.

    The book of Eli, Soy leyenda, Zombieland y La carretera, recientemente estrenada, son algunas de ellas. Sin demeritar las demás, la gran diferencia de esta última y su 'valor agregado' es el 'best seller' de Cormac McCarthy, en el que está inspirada. Superrecomendado además el libro, estupenda narrativa, repleta de humanidad y de eso que les falta a las demás historia de este probable 'genero', reflexión y sabiduría.

     Viggo Mortensen, como siempre, impecable en su papel de padre, y ni hablar de la breve, pero maravillosa, aparición de Robert Duvall como el viejo mendigo que el hijo quiere adoptar como a una torpe y moribunda mascota.

    Es La carretera, más que una visión postapocalíptica de la humanidad, una gris reflexión (literal y estéticamente hablando,hay que ver la paleta de colores que maneja John Hillcoat, su director) sobre aquello que nos separa de las bestias, pero también de lo que nos acerca a ellas.

     

     

     

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3 Comentarios
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  1. Me parece injusto que un señor diga lo que dice de un país en el que muchos colombianos nos moriríamos tan solo por tocar, por darle a nuestros hijos mejores oportunidades de las que no hay en Colombia, es injusto que alguien hable mal de un país solo porque no se están matando como bárbaros día y noche, es injusto que diga que solo hay que hacerse pasar por amenazados, cuando muchos se preparan duramente sólo por tener una oportunidad de comenzar un proyecto de vida. Entonces, debemos agachar la cabeza y simplemente dejarnos llevar y acostumbrarnos al acostumbrado fracaso de nuestro país (por lo menos profesionalmente)?

  2. Si una persona ha jerarquizado su subsistencia, implícitamente buscará el entorno con que mejor se acople para efecto del transcurrir de la cotidianidad; Colombia es un entorno para diversidad de personas, pero porcentualmente quienes usufructan mejor subsistencia, son los políticos, pastores, curas , pornográficos, narcos, proxenetas, contrabandistas, vagos y ahora muy de moda: el desplazado y en menor porcentualidad: Intelectuales, empresarios, artistas y científicos, o sea todo lo contrario de paises con educación objetiva y por ende alma pautable de la conducta. Por lo anterior, lo mejor es no tratar de persuadir a un caníbal a que programe su alimentación con verduras, frutas y carnes animales, porque se ofenderá y terminará por engullirse a su ocasional consejero. Los medios (en Colombia), solo venden lo que el consumidor consume con desespero y en cantidades industriales; Esto es subdesarrollo.

  3. ricardangas

    nuestro país no será perfecto, pero se vive y se muere a mil por hora y eso es preferible a mil años planos y anodinos.

    Le aseguro que aunque la vida en Canada sea asi, usted por el momento no esta pensando en devolverse a Colombia. Es lo que la mayoria de los inmigrantes dicen, mi pais es mas bonito, mi pais es mejor, mi pais esto y mi pais lo otro. Pero si les regalaran un tiquete solo de ida para que se regresaran definitivamente al pais de origen; NO RECIBIRIAN EL REGALO.

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