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Es la droga más popular de los EE. UU. Su cultivo es legal y el 52% de los estadounidenses mayores de 18 años se bebe por lo menos 3 tazas de café al día, 400 millones de tazas diarias, 146.000 millones al año. En sólo 12 años el consumo de café en los EE. UU. casi se ha triplicado. Hace 27 años el número de cafés que había en todo el país apenas rebasaba un centenar. Hoy en día hay unos 12 mil y se calcula que para el año 2010 habrá unos 50 mil. Después del petróleo, es el bien de cambio más buscado del planeta. Los EE. UU. importa anualmente 4 mil millones de dólares en café. El precio promedio de una taza de café espresso es de $2.45 y el de una taza del regular es de $1.38. El precio promedio actual que se paga por una libra de café regular es de $3.24, mientras que el precio de 153 gramos de la marca “Juan Valdez Pods” puede costar entre $4.99 y $9.99. Como quien dice, ¡una libra costaría entre $16.30 y $49.95! Mientras tanto, el precio que se le paga a Colombia por una libra de café escasamente llega a un dólar. Alguien se está haciendo millonario en este negocio y ese alguien no son exactamente los caficultores colombianos.

Hace un poco más de una década, a pesar de que los estadounidenses importaban el mejor grano del planeta, se tomaban el peor café del mundo: no lo sabían preparar. Sin embargo en esta última década la situación ha cambiado. El café se volvió “chic” y saborearlo un asunto gourmet. Máquinas de capuchino, espresso y  latte aparecen por doquier en cafés similares a los que tradicionalmente habían existido en las cunas de la bohemia estadounidense: Nueva York y San Francisco. En estas ciudades, el café había sido algo más que una bebida. La conversación y la cafeína parecen ser compañeras inseparables, y bajo el aroma del café, en los celebérrimos Café Fígaro de Nueva York y el Café Trieste de San Francisco, conspiraban los disidentes políticos y culturales. Anteriormente, los cafés con mesas en la calle, aroma exótico y conversación “subversiva”, eran propiedad de pequeños negociantes, tanto así que un 80% de dichas empresas estaba en sus manos.

Todo esto cambió cuando las grandes empresas descubrieron la hasta entonces “oculta” gallina de los huevos de oro. Una sola cadena, por ejemplo, Starbucks, cuenta hoy en día con más de 10 mil cafés en todo el mundo y monopoliza prácticamente este tipo de mercado en los EE. UU. con un 73% de las ventas. ¿El precio de una taza de café en Starbucks? Casi el doble de lo que se le paga a Colombia por una libra del producto: $1.80. ¿La clientela? Gente joven con ganas de beberse un buen café y con deseos de estar “in”. Y si vemos que por un capuchino, una cadena de éstas puede cobrar hasta 3 dólares por algo que les cuesta 7 centavos, podemos entender el porqué de las grandes ganancias: para el año 2005, Starbucks tuvo ingresos por más de seis mil millones de dólares y más de 500 millones de dólares en ganancias.

El café, históricamente ha sido una bebida cargada de consecuencia políticas y sociales. Su poder seductivo  despertó el expansionismo colonial holandés, francés y británico. El aroma del café ayudó a crear la vida social nocturna  del siglo XVIII, y alrededor de una cafetera humeante, los disidentes de la época discutían los sucesos del día. En este mismo siglo, el filósofo escocés, Sir James MacKintosh, escribía: “El poder mental de un individuo está proporcionalmente relacionado con la cantidad de café que ha bebido”. Sus panfletos se repartían por los cafés de Londres, donde el tema de discusión era precisamente aquella bebida y su poder para estimular a aquellos seres sedentarios y adormilados, producto de la naciente revolución industrial. Desde el mismo siglo XVIII el café probaba ser la bebida que democratizaba la vida social. Por primera vez todas las clases sociales se cruzaban en los cafés, donde todo aquél que podía pagar lo que consumía, entraba. La gentileza y los comerciantes se reunía así, para deleitarse con una exótica poción. Esta tradición continuó en los Estado Unidos. Los colonizadores que arrojaron el té a las aguas del puerto de Boston como desafío a los británicos, utilizaron el café como su símbolo de rebeldía. Cuando los británicos se rindieron ante los estadounidenses en su guerra de independencia, los términos de su rendición fueron firmados en un café/taberna en Nueva York, por George Washington. Nadie sabría en ese entonces que el café sería la gasolina mental que impulsaría el capitalismo. Según Irene Fizer, una profesora que solía enseñar en Nueva York un curso sobre la “Cultura de la cafeína”, “un día de trabajo en la economía urbana sería impensable sin una taza de café”.

Sin embargo, el negocio del café sería prácticamente secuestrado por compañías como Starbucks, contribuyendo a la homogenización de la cultura del café. A través de sucias prácticas comerciales, desplazarían a los cafés tradicionales, para implantar su negocio por todos los EE. UU. y a través del planeta. En el 2004 operaban en 30 países, fuera de los EE. UU. y su meta era llegar a tener 25 mil cafés en los EE. UU. y en los mercados internacionales. Una de sus tácticas es buscar un lugar donde haya un café independiente exitoso y rodearlo con los suyos, hasta hacerlo desaparecer. En Ocean Beach, California, el público empezó a protestar cuando supo que Starbucks pensaba en expandir sus operaciones en dicha Ciudad. Los cafés locales, operados por décadas por sus propietarios, donde la gente se reunía a charlar y a compartir sus recuerdos, ahora serían reemplazados por negocios despersonalizados y operados por un monopolio cuya única meta son las ganancias y que no aporta nada a las comunidades donde se instala.

Sin embargo, Starbucks no es un caso aislado en los EE. UU. Las grandes cadenas crean monopolios y desplazan a los negocios pequeños. Esto ya ha sucedido con restaurantes, librerías, etc., donde los negocios locales son reemplazados por un McDonalds o por un Burger King. Pero como estos negocios no reconocen fronteras, su meta es apoderarse del mercado a nivel mundial, así arruinen a los negocios locales, exportando a la vez más y más capital a la metrópolis, desplazando simultáneamente la cultura local por una forma de ver el mundo “Made in USA” o en el caso del café, de saborearlo.

En el artículo “Starbucks, monocultura e imperialismo”, su autor Phluld, afirma que según el American Heritage Dictionary: “El imperialismo es una política de extender la autoridad de una nación por medio de la adquisición territorial o por el establecimiento de una hegemonía económica y política sobre otras naciones”. Y continúa: “Al exportar las prácticas culturales y económicas de los EE. UU., Starbucks está usurpando la cultura, la economía y el territorio de culturas extranjeras con el único propósito de generar ganancias para el beneficio de una corporación que opera en los EE. UU. La economía de mercado libre de los EE. UU. apoya dicha usurpación, ya que la motivación de obtener ganancias es algo inherente al “American way of life”. Sin embargo, esta forma de vida puede ser incompatible con culturas foráneas, las cuales, por ejemplo, puede que valoren más la comunidad que el capital, o la cultura local en vez de una "cultura de fórmula",  inventada en la reunión de una junta directiva de Starbucks.  A medida que las corporaciones estadounidenses se establecen en mercados extranjeros, estos mercados se vuelven dependientes económica y políticamente de las acciones de esas corporaciones y de la política exterior de los EE. UU. Starbucks y el mercado libre están reduciendo la autonomía de los países extranjeros al reemplazar los negocios locales con negocios extranjeros o corporaciones globales”.

Y los cambios han sido radicales. Hasta los años setenta, en países como Colombia, los cultivos de café coexistían con los cultivos de productos agrícolas, ya que el café necesitaba sombra y no causaba los daños ambientales que causaban las cosechas industriales, tales como las de los bananos y las de caña de azúcar, dependientes de productos químicos para su cultivo. Sin embargo, las corporaciones estadounidenses desarrollaron en esos años setenta un tipo de café que podía ser cultivado a pleno sol, y que además requería de fertilizantes, pesticidas y fungicidas para sobrevivir. Esta nueva especie se difundió de inmediato, no sólo por Colombia, sino por Guatemala, México, Brasil y Costa Rica, donde grandes terrenos de bosque fueron arrasados para darle paso a las nuevas variedades de café.  Fue precisamente durante aquella época en que la Federación Nacional de Cafeteros impulsó más su campaña por medio del mítico Juan Valdez, un inexistente campesino, con un apellido falso (“Valdez”, en vez de “Valdés, para que los gringos lo pudieran pronunciar mejor), el cual supuestamente representaba al pequeño caficultor, responsable por la gran calidad del café colombiano. Según Angus Wright, quien enseñaba estudios ambientales en la Universidad del estado de California en Sacramento, la campaña era un chiste, ya que “la imagen de Juan Valdez fue creada por las mismas personas, los grandes exportadores, quienes estaban arruinado el negocio del verdadero "Juan Valdés", al reemplazarlo por grandes plantaciones de café”.

Las nuevas variedades transformaron el café en un agente causante de destrucción ambiental debido a la gran cantidad de fertilizantes y pesticidas que necesitaban para compensar por su falta de resistencia a las plagas y enfermedades. Tenemos entonces que la variedad de “café bajo sol”, producida con el único objetivo de satisfacer el apetito de ganancias de las corporaciones estadounidenses y la ilusión de los consumidores de que están en un sitio “in” bebiendo café, ha traído resultados nefastos  para la cultura, la economía y la ecología. En este último caso ha dado como resultado la deforestación, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación agroquímica y la erosión del suelo. Hasta las aves migratorias se han visto afectadas pues necesitan la sombra para descansar en sus trayectos de viaje y con la destrucción ambiental, su hábitat desaparece. Sin embargo, los efectos nocivos de esta forma de producción también han llegado a los seres humanos y los trabajadores del café se han visto afectados por el uso de todos estos productos químicos usados para su producción. Por ejemplo, en Brasil se usa un pesticida de la Bayer llamado Baysiton, el cual es altamente tóxico y que hace 20 años está prohibido en Alemania. Dicho producto es empleado por trabajadores agrícolas, muchas veces analfabetos, que no cuentan con adecuada protección para su uso y se han presentado muchos casos de intoxicaciones, con consecuencias fatales.

Aunque compañías como Starbucks tratan de presentar una cara al público de que están preocupadas por el bienestar de los trabajadores de los que obtienen el producto con que se están haciendo millonarios, sus acciones hablan más que sus palabras. El caso más reciente ha sido el de su lucha para que un país empobrecido como es Etiopía no pueda registrar las marcas del café que produce, lo cual le generaría un ingreso anual extra de 88 millones de dólares, el cual ayudaría a sus caficultores a tener un mejor nivel de vida. Según Starbucks, “eso afectaría sus ganancias”, lo cual es una buena metáfora del verdadero aroma del café y del capitalismo salvaje: el exótico café etíope o el colombiano es vendido en EE. UU. a precio de oro, mientras que los pequeños productores se sumen cada día más en la pobreza y el medio ambiente es destruido, todo para que el “American Way of Life” siga su curso y alguien pueda empezar su mañana o terminar su tarde con una taza de café, donde va enterrada la vida de un caficultor a miles de kilómetros de distancia.

mario.lamo@gmail.com

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Mario Lamo es un antropólogo y escritor colombiano, residente en los EE. UU.

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13 Comentarios
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  1. El cafe que venden en Starbucks regular,regular,ojala dieran franquicias para la region de New England o sea Connecticut,Rode Island y Massachusets,aqui en la ciudad universitaria de New Haven(lease Universidad de Yale)hay 3 Starbucks,recuerden que vienen personas de todo el mundo a estudiar y esta es la semilla para promocionar la marca Juan Valdez.
    ——–

  2. Interesante articulo (perdon por la falta de tildes pero el teclado no me da esa opcion). Creo que hay otra variable que favorece semejante escenario monopolistico y perverso: la cultura mafiosa colombiana. Desde el esquema e produccion-especulacion de las exportaciones colombianas del siglo XIX ya se veia venir esa fiebre por hacer dinero rapido, facil y sin incurrir en mayores procesos productivos como con el tabaco o la quina. En pleno siglo XX y luego en el XXI no ha habido una sola politica industrial y exportadora que saque la lucir las ventajas de Colombia en la produccion de cafe…en lugar de crear cadenas productivas y toda una industria alrededor la cultura del cafe (via, p. ej. manufactura de tostadoras, cafeteras, filtros para hacer cafe, incursion en la distribucion y la venta tipo starbucks y hasta ciertos derivados como los que primigeniamente encuentra uno en Armenia) seguimos exportando los granos sin mas ni mas… y son otros los que hacen la cadena y hacen el dinero. Si se legalizara la droga, de seguro, Colombia exportaria las hojas de coca y otros harian las grandes ganancias derivadas de la venta para los adictos. Es triste

  3. buen articulo, quiero anotar que parte del exito de starbucks aparte del buen mercadeo es que el espresso es aceptable para ser norteamericano, ya que las maquinas son automaticas y vienen calibradas de fabrica, con lo cual la calidad es siempre la misma. lamentablemente en colombia teniendo uno de los mejores cafes del mundo, no son muchos los sitios donde uno puede tomarse un espresso bien preparado, los duenos de los locales no capacitan a los empleados en la correcta preparacion. y muchos confunden un cafe amargo cargado y sin crema con un un espresso.

  4. A pesar del café horrible de Starbucks, uno de los mejores espresso de mi vida me lo bebí en un starbucks en Filadelfia, cerca de Liberty Place. El otro en el Hotel Santa clara en Cartagena. Pero el café negro, tinto, americano o como lo llamen es bastante malito en Strbucks. Pero así les gusta a los consumidores gringos.

  5. sircharlitos

    Una aclaración: el café espantoso es el de starbucks y sirven tal cantidad que se quitan las ganas de beberlo. Y uan adición: la motivación de obtener ganancias es algo inherente al Human way of life, no solo American.

  6. sircharlitos

    Bueno yo no creo en eso de los monstruos corporativos. Primero: nadie obliga a la gente a comprar en starbucks, así que son los mismos consumidores de café los que quiebran a los pequeños (y de acuerdo con otros foristas, ese café es espantoso). Segundo: la expansión de starbucks es benéfica para nuestros cultivadores porque crece la demanda. Tercero: Los caficultores reciben lo que vale su mercancía, por buena que sea la competencia es fuerte y hay sobreproducción, cómo no van a bajar los precios?. Cuarto: La lógica de starbucks es la misma del vendedor de barrio, ganar dinero, eso de la cultura del café qué es? va a dejar la gente de hacer tertulia por cambiar de tienda? ya no se hará disidencia al calor de una taza? Lo que usted no ve es que mucha gente que no podía tomarse un tinto por costoso ahora si lo hace, es eso bueno o malo?

  7. Que interesante articulo, lastima que los del MONOPOLIO de la Federacion de C. de Colombia pongan tantas trabas para poder exportar mas cafes de origen y de diferentes tipos que se producen en Colombia, que por que dizque en USA no se pueden manejar monopolios….son realmente ajenos a la realidad de los caficultores colombianos y en contravia al mundo global. Por eso se estan debilitando tanto, siguiendo las mismas politicas obsoletas y retrogradas, con los mismos jefes mediocres detras de un escritorio por años, devengando sueldos mas altos que los ingresos de los caficultores, que son los que producen el grano. Modernicesen, por favor.

  8. Ademas , se le Olvida mencionar que Starbucks, es JUDIO, y estan MONOPOLIZANDO absolutamente Todo, sin Importar que los pobres Caficultores se mueran de Hambre, Y allli en Starbucks, el Cafe que Venden como Colombiano es Un AZCO, es una mezcla , espantosamente Refea

  9. No olvidemos que , seStarbucks, es JUDIO, Monopolio que No le interesa arruinar a nuestros pobres Caficultores, ademas el cafe que venden en Starbucks, como Colombiano, es una Mezcla EXPANTOSAMENTE , REFEA

  10. Lo felicito, extraordinario articulo. Ojala, lo colocaran en las carteleras de tods las sedes de la Federacion de Cafeteros, para que los campesinos tuvieran la oportunidad de leerlo y se sintieran orgullosos de su labor y volvieran a sembrar el cafe arabigo con arboles de guama y matas de platano como sombra.

  11. QUE EXTRAORDINARIO ARTICULO, HABLA DE ECONOMIA, ECOLOGIA, MERCADEO ETC. PERO NO SE PREOCUPE MARIO QUE LA FEDERACION YA INICIO SU CAMPAÑA DE APERTURAS DE CAFES UN POCO AGRINGADOS EN COLOMBIA Y EN EL MUNDO PARA COMPETIR CON ESA CADENA GRINGA DE CUYO NOMBRE NO QUIERO REPETIR.
    HOY EN DIA SE ESTA PRODUCIENDO CAFE ECOLOGICO DE GRAN CALIDAD EN LA SIERRA NEVADA, EN EL HUILA Y EN SAMANIEGO NARIÑO QUE HAN GANADO PREMIOS POR SU FINURA Y SU PRECIO ES DE U.S $27.
    PERO…… LA FEDERACION PONE MUCHAS TRABAS PARA DAR UNA FRANQUICIA DE LOS CAFES JUAN VALDES OJALA ABRAN UNA ALLA EN SACRAMENTO UNA TIENDA QUE DIGO UN CAFE DE ESOS

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