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La leyenda de la coca

Por: cosongo

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Para Sigmund Freud era un estimulante que servía para “la cura del alcoholismo y del morfinismo”. Los aymaras la utilizaban como anestésico para hacer trepanaciones de cráneos ya fuera por motivos mágicos o médicos. Para millones de “coqueros o acullicadores” en Perú y Bolivia, la coca no solo tiene aplicaciones medicinales (curar heridas, indigestión, etc.) sino que es la mediadora entre el mundo real y el sobrenatural.

Mientras que el coqueo (masticación de la coca) tiene efectos estimulantes similares a los del café, el cocainismo (uso de cocaína) tiene efectos negativos y de adicción. Ambos usos son a veces confundidos ya sea por ignorancia o desinformación, equiparando el uno con el otro.

La leyenda de la coca de acuerdo a la mitología indígena, según la transcribe el médico boliviano César A. Fabiani en su artículo “Coca y cocaína”, es la siguiente:

“Era por el tiempo en que habían llegado a estas tierras los conquistadores blancos. Las jornadas siguientes a la hecatombe de Cajamarca fueron crueles y sangrientas. Un viejo adivino “Yatiri”, llamado Kjana Chuyma, que estaba por orden del Inca al servicio del templo en la isla del Sol, había logrado huir antes de la llegada de los blancos a las inmediaciones del lago, llevándose los tesoros sagrados del templo, resuelto a impedir a todo trance que las riquezas llegaran a poder de los ambiciosos conquistadores…

Un día los vio llegar, rápidamente resolvió lo que debía hacer y sin perder un instante de tiempo, arrojó todas las riquezas en el lugar más profundo del lago… Apresado Kjana Chuyma, negó desde un principio todo conocimiento sobre lo que los blancos   preguntaban…  Los verdugos, cansados de atormentarlo lo abandonaron en un estado agónico… Esa noche, el desdichado Khana Chuyma, entre la fiebre de su dolorosa agonía soñó que el Sol Dios, resplandeciente, aparecía por detrás de la montaña y decía:

– Hijo mío, tu abnegación en el sagrado deber que te has impuesto voluntariamente de resguardar mis objetos sagrados, merece una recompensa. Si quieres dejar a tus hermanos algo que apacigüe sus dolores y que los reconforte de las terribles fatigas que les aguardan, ve donde tus hermanos y háblales así…

– Hijos míos, voy a morir, pero antes quiero anunciarles lo que el Sol, nuestro señor ha querido concederles por intermedio mío. Suban al cerro próximo donde   encontrarán  unas plantitas de hojas ovaladas, cuídenlas y cultívenlas con esmero. Con ellas tendrán alimento y consuelo. En las duras fatigas que les impongan el despotismo de los amos, masquen estas hojas y tendrán nueva fuerza para el trabajo. En el fondo de las minas donde los entierre la inhumana ambición de los que vienen a robar el tesoro de nuestras montañas, el jugo de esas hojas los ayudará a soportar esa vida de oscuridad y terror.

En los momentos en que su espíritu melancólico quiera sentir un poco de alegría, esas hojas adormecerán su pena y les darán la ilusión de creerse felices. Cuando quieran escudriñar algo de su destino, un puñado de estas hojas lanzadas al viento les dirá el secreto que anhelan conocer. Y cuando el blanco quiera hacer lo mismo y se atreva a utilizar como ustedes esas hojas, le sucederá todo lo contrario”.

Publicado en: El Tiempo

1 comentarios

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  1. 1

    angelrey85 16 abril, 2012 a las 11:46

    excelente articulo !