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Escribo estas líneas a pocos minutos de que, en el célebre estudio 8-H del Rockefeller Center de Nueva York, Donald Trump presente Saturday Night Live (SNL), el decano de los programas cómicos norteamericanos. Esto no sería noticia si no fuera por las bien sabidas declaraciones del millonario, candidato presidencial y celebridad mediática contra los latinoamericanos, que han llevado a organizaciones sociales, activistas y celebridades como John Leguízamo a apoyar un boicot contra el veterano e influyente programa cómico. Mientras tanto, en Colombia la presión de grupos contra el racismo llevó al actor Roberto Lozano a “jubilar” el personaje que lo hizo popular en Sábados felices, el Soldado Micolta, un recluta afrodescendiente un poco tonto, representado por Lozano (quien es blanco) pintándose la cara y los brazos. No es mi intención, ni mucho menos, defender aquí a Trump o a Lozano. Pienso que Trump ha hecho una campaña vacía, fundamentada en la rabia de parte de los norteamericanos hacia los inmigrantes (y fomentada por buena parte de los políticos republicanos) y en la poca seriedad que tiene, en los momentos iniciales, la campaña electoral norteamericana. Por otro lado, las rutinas de Lozano me parecen vacías, pueriles y anacrónicas, y claramente racistas (de hecho, las denuncié en este blog hace un tiempo). Tampoco quiero quitarle razón a los protestantes sobre las claras muestras de racismo del señor Trump (he aquí un compilado) o del “soldado Micolta”: cualquier persona que conozca de historia del cine o de televisión recordará el horrible fenómeno del blackface, en el que los actores blancos, debido a la censura, debían pintarse de negro para escenificar personajes afrodescendientes; o la mammy, la gruñona pero maternal y buena criada de la familia blanca, que permanece en nuestro imaginario con el personaje de Blanquita en el comercial de un detergente; fenómenos bien detallados por el cineasta Spike Lee en su maravillosa y desconocida en estos lares Bamboozled.

Creo, no obstante, que con el caso particular de Micolta, perdimos una oportunidad de oro para debatir sobre dos temas determinantes para nuestro país: el racismo inherente en buena parte de nuestros discursos y la calidad y el alcance del humor que se hace en Colombia. Uno esperaría que planteara una discusión de verdad sobre lo que vemos y sobre el humor que consumimos, con humoristas, críticos y televidentes de por medio. En vez de eso, al hacer énfasis en que Lozano salga de Sábados felices, muchas personas han pretendido defender a Micolta sacando a relucir argumentos de una sociedad racista como la colombiana. Me permito reproducir uno de ellos, publicado en el grupo de oyentes de un reconocido programa nocturno de radio en Facebook (por parte de un oyente, la emisora y el programa no tienen que ver allí): “Mucha atención; La comunidad afro de Colombia va a demandar a chocoramo, a galleras oreo, a las señoras q venden morcilla, a la fabrica de chocolatinas etc, por q muchos de sus productos son de color negro…” (me he cuidado de reproducirlo exactamente, incluyendo los crasos errores de redacción). En vez de problematizar nuestra comedia, anquilosada durante los últimos años gracias a factores como la muerte de Jaime Garzón, el monopolio de un programa anquilosado como Sábados felices, la presencia dominante de La luciérnaga (que ha obligado a sus competidores a copiar la receta, con sus ventajas y sus falencias) y el nefasto éxito de La pelota de letras, exigimos sólo que salga el personaje, llegando a extremos como encadenar la entrada del teatro donde Lozano iba a presentar un show en Cali.

Por otro lado, me preocupa, y mucho, lo que dice Ray Charrupi, líder del grupo Chao Racismo que encabezó la cruzada para sacar a Lozano del aire: “la ofensa la califica el ofendido”. Bajo ese lente, la fatwa del ayatollah Jomeini contra Salman Rushdie, que lo llevó a vivir diez años en el exilio por las amenazas de grupos extremistas musulmanes, está perfectamente justificada. Igual que la masacre del 7 de enero de este año contra los caricaturistas de Charlie Hebdo en París, los frecuentes llamados de los extremistas religiosos cristianos para sacar del aire programas como South Park o la quema de libros por parte del nazismo. La sociedad aséptica contemporánea ve en todo una ofensa, y esa situación es una de las más peligrosas en las que podemos vivir. Hoy en día los comediantes norteamericanos, para citar un ejemplo, se ven asediados por un proceso peor que la censura: la autocensura. Al ir a bares universitarios con un público progresivamente contagiado por esa mentalidad de lo “políticamente correcto”, se ven obligados a callar. A tal extremo han llegado, que dos de los comediantes más respetados de Norteamérica, Chris Rock y Jerry Seinfeld, se han visto obligados a evitar las áreas universitarias para no ser víctimas de la censura y los abucheos. La comedia, desde Aristófanes y los goliardos hasta South Park y Dave Chappelle, ofende. Y en su ofensa golpea buena parte de nuestras creencias y nos obliga a pensar en ellas. ¿Acaso hemos olvidado tanto lo que hizo Jaime Garzón en su carrera cómica, o la lección permanente de humor político que recibimos desde hace más de dos décadas en La luciérnaga? ¿O cómo la ridiculización de Sarah Palin en SNL contribuyó, y mucho, a la victoria de Barack Obama en 2008? ¿Lo que hicieron Los Simpsons en sus primeras diez temporadas, el efecto del stand-up comedy de Richard Pryor en dar voz a los afroamericanos o la reflexión de la historia argentina que ha hecho Peter Capusotto y sus videos con personajes como Bombita Rodríguez y Micky Vainilla? Antes de que ocurriera lo de Charlie Hebdo, escribí en este blog una entrada sobre la comedia y cómo nos hemos vuelto una sociedad más mojigata por perder el miedo a la ofensa. Un año después, me duele tener que escribir algo similar.

En mi opinión, la censura equivale al terrorismo. Cuando, hace diez años, los grupos islamistas amenazaron al caricaturista danés Kurt Westergaard por publicar caricaturas del profeta Mahoma, le demostraron a la sociedad que la mejor manera de acallar voces no es con bombas o con ataques suicidas, o como lo dijo South Park hace un par de años: «Lo único que necesitan es inculcar miedo y ser capaces de dañar al otro y así tendrán todo lo que deseen». Y ellos llevaban dentro de sí el mismo razonamiento peligroso que hoy expone Charrupi y otros grupos activistas: la ofensa la califica el ofendido. Ya salió Lozano, ¿quién sigue? ¿Los boyacenses ofendidos porque Pedro González los presenta como groseros con su célebre personaje de Don Jediondo? ¿Los políticos, cansados de que los imiten en La luciérnaga y los presenten como tontos, intolerantes, recalcitrantes y corruptos? ¿O tal vez algún erudito políticamente correcto que ve en cualquier tipo de representación una potencial ofensa? Estoy seguro de que, si Jaime Garzón estuviera vivo e hiciese Quac junto a Diego León Hoyos, las feminazis de turno estarían pidiendo la cabeza de Garzón y Hoyos por personajes como María Leona Santodomingo e Inti de la Hoz: ¿cómo es posible que un hombre haga de mujer, acaso no hay talentosas comediantes en Colombia? Si hoy Santiago Moure y Martín de Francisco hiciesen La tele o El siguiente programa, serían censurados por la representación de Cerdo y del iguazo; lo mismo podríamos decir de Don Chinche, culpado por nuestros correctopensadores de turno de representaciones erróneas de las regiones. El cáncer de nuestra sociedad no está en la ofensa, está en esa búsqueda de lo políticamente correcto, de no ofender a nadie, de llegar a extremos estúpidos como borrar con CGI los cigarrillos para que los niños no fumen o cambiar el o/a del género en el español por x o @ (incluso, y eso resulta preocupante a más no poder, en instituciones educativas que deberían ser responsables de cuidar el aporreado idioma español) en aras de una falsa superioridad moral.

Creo, para finalizar, que la censura además tiene un efecto contrario al que busca. Lozano saldrá como Micolta en una película de Dago García: les aseguro que, por la presencia de ese personaje, será la más vista en la historia mediocre de películas del creador de El paseo, El carro y demás comedias del 25 de diciembre. En dos horas, a pesar de las opiniones de muchos, el episodio de Trump en SNL tendrá uno de los ratings más altos de la historia reciente del programa. Los versos satánicos vendió muchas más copias después de que Jomeini expidió su fatwa y Charlie Hebdo volvió a ofender con sus caricaturas. ¿Y dónde quedó el debate? Donde tiende a quedar en nuestro país: en el último lugar de las prioridades.

Voyeur # 1: ¿El Polo Democrático y, en general, la izquierda colombiana, serán capaces de aprender la lección del 25 de octubre y emprender un profundo y necesario proceso de autocrítica para convertirse en una opción de poder? Lo dudo. Para eso tiene que desvincularse de las mafias sindicales, de personajes como Jorge Robledo, Clara López, Iván Cepeda, los zánganos de la MANE y Gustavo Petro. Podemos sentarnos a esperar una izquierda manejando Colombia: nunca va a pasar porque la izquierda en Colombia es su propia peor enemiga. Parece que trabajara a favor de la derecha.

Voyeur # 2: No acostumbro mostrar iniciativas en este espacio, pero siento la obligación moral de apoyar e invitar a todos mis lectores a que aporten a una causa. Profesores pertenecientes a Enseña por Colombia han iniciado una campaña preciosa para que 35 jóvenes de Urabá recorran 1200 kilómetros y viajen al Cocuy, al otro lado del país, a conocer la nieve y vivir experiencias que los harán mejores personas para su futuro y el de sus comunidades. Al escribir este post llevan 420 kilómetros financiados de los 1200 que necesitan para cumplir este sueño. Si visitan delurabaalcocuy.org o @delUrabaalCocuy verán las distintas opciones para contribuir. Ellos lo merecen, Urabá lo merece.

En los oídos: Rock el Casbah (orig. The Clash; versión a cargo de Rachid Taha ft. Mick Jones y Brian Eno)

@tropicalia115

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PERFIL
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Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana. Profesor universitario, escritor y poeta. Coautor de Casas de La Merced (Bogotá, 2015) y autor de artículos sobre educación y literatura publicados en Colombia y España. Cuando no escribe dedica su tiempo a observar, escuchar, leer, cocinar y caminar. El autor cree firmemente que el mundo es un montón de retazos unidos por el pensamiento, el cual los seres humanos no han comprendido en su cabalidad. Las opiniones del autor en este blog no comprometen a las instituciones donde trabaja, estudia y publica.

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7 Comentarios
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  1. camilotorres0729

    Señor ilustre, Andres Sanchez; segun usted donde queda el comediante Charles Chaplin, que se disfrazaba de pordiosero y se burlaba de la clase alta, segun uste d donde queda el comedianta Jaime Garzon, que se disfrazaba de cocinera Dioselina Tibana, de Heriberto de la Calle, de Godofredo Cinico Caspa, del portero del edificio colombia, Nestor Eli, de general de la republica con el quemando central y tantos otros personajes de pueblo, o sea marica, ese man se burlaba y nos despreciaba a todos. Que falta de objetividad que tiene usted señor Sanchez.

  2. Hay que aprender a reirse de uno mismo. En vez de hacer una feroz defensa un buen humorista identifica los puntos debiles del contricante para hacerle burla. Hay muchos humoristas gringos que ya han aprovechado las tonterias que ha dicho Trump para darles vuelta y hacerlo quedar en ridículo con humor fino e inteligente. Los mexicanos en vez de disertar sobre dignidad y otras virtudes debieron hacer lo mismo. En cuanto al soldado Micolta quien era tan divertido por ser justamente un personaje que representa la excepción de la regla, y que por eso justamente era divertido,lo vamos a extrañar

  3. según lo que entiendo de su artículo, el solado Micolta es bruto e idiota y por ende el señor Lozano lo riduculiza, pero eso no es así, puesto que usted señor vive en estrato alto, no paga servicio militar, tiene acceso a una educación top 10 y a los tres golpes de comida al día, no tiene que vivir del rebusque. ese soldado es la representación de los hombres y mujeres que habitan barrios marginales de la ciudad al borde de la miseria del país, que sufre los golpes de no contar con seguridad social, no tienen futuro y que son reclutados a la fuerza. Recuerde señor lo que dice Jorge Veloza que es blanco leche «soy soldado de la patria eso dijo…», ese soldado que para usted es intrascendente es la viva imagen de los que combaten en el monte por nuestra nación.

  4. orlandoquinon1031

    Muy lamentable que hoy en día haya tanta intolerancia en nuestra sociedad colombiana, Micolta vetado por los afro-fastidiosos activistas. Mañana Piroberta será vetada por los LGTBI, Luego Soldado Rosero por denigrar de los pastusos, y así nadie podrá decir ni imitar, porque en este País les dan muchas alas y mucha importancia a estas futilezas.

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