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UNA REFLEXIÓN EN EL DÍA DEL IDIOMA

Por: pepemedina

UNA REFLEXIÓN EN EL DÍA DEL IDIOMA

 

Las
más grandes hazañas

pierden
su lustre

si
no se las amoneda

en
firmes palabras.

 

Jorge Luis
Borges

 

 

A los sofistas
se les repudió en su época, y mucho tiempo después también; la razón: cobraban
por enseñar y no eran voceros de la verdad sino de simples “artimañas”
discursivas. La historia les reconoce hoy un majestuoso descubrimiento con el
que sus supuestas culpas quedan expurgadas, éste consiste en explicitar la
relación entre el pensamiento y la palabra.

 

Hoy, que
celebramos el “Día del idioma”, cuando uno de los problemas más urgentes que
hay que solucionar en la educación es el de la relación que establecen los
estudiantes entre su pensamiento y la forma de expresarlo, tendríamos que repensar
esa relación que develaron los sofistas para ver que sin una coherente relación
entre lo que se piensa y lo que se expresa no es posible una adecuada educación.

 

Me la he pasado
los últimos seis años de mi vida tratando de responder el porqué de nuestra
responsabilidad como profesores universitarios de corregir las deficiencias de
los estudiantes en lectoescritura, cuando se debieron haber resuelto desde la
primaria. Que en síntesis se traduce al uso de ese idioma que hoy celebramos. La
cuestión sería la misma que podría plantear un profesor de lengua extranjera: en
la mayoría de los casos, en nuestro país estudiamos desde la primaria, por lo
general, inglés. Se supondría que al terminar la secundaria dominaríamos la
lengua extranjera, pero hay casos en los que los mismos estudiantes de
prestigiosos colegios bilingües tienen que salir del país a estudiar el idioma
o estudiar en una institución que ofrezca cursos para la cuestión. Por eso las
universidades han tenido que asumir tal responsabilidad. Entonces, en las
materias que ofrecen los programas académicos universitarios deben proponer los
cursos de lengua extranjera. He concluido que lo mismo ocurre con la
lectoescritura de nuestro idioma. Desde los primeros años de educación formal se
enseña la lengua materna, nuestro español, la lengua que nos pertenece, ésa en
la que Neruda pronunciaba una queja y una fortuna: “se llevaron el oro pero nos
dejaron el oro”, nos dejaron las palabras, pero no hemos terminado de resolver
el problema de no saberlas usar, sin embargo, celebramos esas palabras.

 

Hablamos español
por una suerte, por una casualidad, porque pudimos hablar árabe o hebreo si los
musulmanes y los judíos no hubiesen sido expulsados de la Península Ibérica, casualmente,
en el mismo año en que Cristóbal Colón llegó a la Española y en el mismo año
que se publicó la primera gramática de la lengua castellana a manos de Don Elio
Antonio de Nebrija. 1492 fue el año de la marca del idioma del futuro, ése que
se afincó en este lado de la tierra donde se hablaban variedad de lenguas
aborígenes que hoy siguen resignándose a desaparecer. Hablamos el español por
una suerte de los barcos que atravesaron el Atlántico y se toparon con tierra
habitada por pueblos nativos vencidos desde el pretérito.

 

No me he cansado
de pensar un cuento en el que los españoles son derrotados por los árabes y
ellos son los que emprenden la travesía por el Atlántico y de repente hablamos árabe
y cinco veces al día debemos hacer la “azalá” mirando en dirección a la meca o
de repente los judíos tampoco son expulsados y ellos son los que atraviesan el
Atlántico y llegan a vivir entre los aborígenes de acá, en fin. Nuestro idioma
es una suerte de la historia.

 

Pensando hoy, en
el día de nuestro idioma, me vuelvo a preguntar qué hubiese sido de la
literatura en español en el siglo XX si aquí no se hubiese hablado español y
veo cómo los escritores españoles actuales han asumido como referente de su
literatura a Borges, Cortázar, García Máquez, Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera
Infante, Lugones, Quiroga, Lezama Lima, Neruda, Arlt, Guillén, el de Cuba, en
fin, tantos que injustamente no se pueden incluir en listas como ésta. La
literatura de América Latina salvó a la literatura en español de las cenizas.

 

Y a sabiendas
que hemos hecho del español nuestro idioma, nuestra casa, las políticas sobre
este idioma las sigue dictando España. A manera de multinacional española, el
Instituto Cervantes es el baluarte de ese idioma, es el que certifica el
aprendizaje del español en el mundo, y nosotros, como siempre, nos quedamos
regodeándonos con nuestro respeto por la Madre Patria. ¿Dónde está el Instituto
Caro y Cuervo? ¿Dónde quedó el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas
Dr. Amado Alonso? Para citar solo dos ejemplos. Y ante esto no queda más que observar
el espectáculo de los congresos y reuniones con el que las academias de la
lengua le siguen profesando el respeto a la RAE.

 

Un ejemplo de lo
anterior lo vimos en el caso del periodista uruguayo Ricardo Soca, quien fue
conminado por la multinacional Planeta a retirar de su página elcastellano.org
las actualizaciones de la nueva gramática de la lengua española, intimidándolo
con demandas por usar los enlaces de la página de la RAE. Los recursos con los
que se difunde el español son públicos pero se tranzan negocios de edición y
publicación con las editoriales que restringen el uso y la divulgación solo al
que paga. El estudio de un idioma, hoy, como todo, es un negocio… faltará ver
si el copyright llega hasta el punto en el  que los poderosos se adueñen de las palabras y
tengamos que pagar el derecho para usarlas (McDonalds ya lo hace con “Me
Encanta” y advierte de su derecho sobre esta frase).

 

Hoy, día del
idioma, que celebramos que hablamos español, pero queremos de manera
estereotipada aprender inglés y disque hasta mandarín, a veces nos olvidamos de
lo importante que es saber pensar en español y de lo significativo que puede
resultar usarlo bien, esto debería importar a aquellos que estudian, y que
estudian pensado, leyendo y escribiendo en español. 

Publicado en: El Tiempo, Vida de hoy

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