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Espero que usted no sea uno de esos que no leyó la primera parte del
cuento, porque entonces no le va encontrar gracia al desenlace. Ahí va:

Los tres muchachos cambiaron sus cartas al niño Dios: José le pidió el acordeón, Miguelito, la caja y Aníbal, la guacharaca.
Los muchachos contaban los minutos, las horas y los días, hasta que llegó el veinticuatro.

-Estoy tan emocionado – dijo Miguelito, el más incrédulo de todos -. ¿Será que el niño Dios nos trae lo que le pedimos?
Miguelito
pasó casi toda lo noche en vela, tratando de descubrir quién traía los
regalos; se vino a quedar dormido casi a los cinco de la mañana y como
a las seis se despertó un poco aturdido.

Desesperado
buscó debajo de la cama y efectivamente ahí estaba una caja para tocar
vallenato, como las que él veía para el festival; la cogió y salió
corriendo para la casa de Aníbal, tocó la puerta fuerte y gritó:
Aníbal, si me trajo la caja, el niño Dios me trajo la caja, y Aníbal se
despertó azorado, también buscó debajo de la almohada y efectivamente
allí envuelta en un papel rojo estaba la guacharaca de lata con un
pantalón y una camisa. Aníbal estalló en júbilo y dijo:

-Sí, me trajo ropa y la guacharaca; corre, vamos a la casa de Jose, parece que sí vamos a hacer el conjunto.

Cuando
llegaron a la casa de Jose lo encontraron en el pretil, con la cabeza
metida en las piernas llorando inconsolablemente y casi en coro le
preguntaron: ¿Qué pasó? ¿No te trajo el acordeón?

Jose,
entre sollozos, les contó que debajo de la cama había encontrado un
carro de plástico y una carta que decía: Soy el niño Dios, pero no pude
comprarte el acordeón que querías, ya que costaba mucho y te cuento que
por acá la situación está muy difícil al igual que en tu casa.

Los
niños se abrazaron, consolaron a Jose y le dijeron que sacara la
violina para tocar con la caja y la guacharaca que les había traído el
niño Dios y se fueron para el lugar de siempre, el cañahuate.

Estaban
en el cañahuate cuando a eso de las diez de la mañana se escuchó un
locutor en un carro de perifoneo que decía: Hoy, la fundación Festival
Vallenato ha querido vincularse socialmente con la comunidad entregando
tres acordeones Hohner tres coronas, en los tres barrios más pobres de
la ciudad y haremos un concurso a las doce del día debajo del gran
cañahuate; invitamos a todo el barrio para entregar un acordeón
nuevecito, como una manera de retornar a la comunidad parte de las
utilidades del festival.

-Los niños gritaron de emoción y se quedaron en el cañahuate esperando el concurso.

Se
fue aglomerando la gente alrededor del gran cañahuate, mientras el
carro de perifoneo continuaba por todo el barrio invitando a la rifa
del acordeón.

A las doce llegó el presidente del
festival, quien tomó el micrófono y dijo: -Bueno, en nombre de la
Fundación Festival Vallenato vamos a entregar un acordeón marca Hohner,
como una manera de compartir con la comunidad parte de las utilidades
que deja la organización de los Festivales. De inmediato los asistentes
irrumpieron en aplausos.

-Las reglas para el concurso
serán las siguientes- continuó diciendo el presidente -: solo podrán
participar los mayores de ocho años y menores de dieciocho.

El
presidente, con micrófono en mano dijo: hagan una fila en orden de
estatura todos aquellos que llenen el requisito de la edad. Jose, que
era el menor y más pequeño de los concursantes quedó lógicamente de
primero, entonces el presidente sacó un hermoso acordeón de su estuche
y dijo: Bueno, el acordeón se lo gana el que primero toque un pedacito
de alguna canción vallenata y le entregó el aparato a Jose, que nunca
había tenido en sus manos algo parecido, miró al cielo y mentalmente le
pidió a Dios: Todavía puedes.

Inmediatamente puso las
manos en el teclado y el acordeón se abría y cerraba como guiado por la
brisa decembrina que bajaba de la nevada y una melodía casi perfecta en
la que se escuchaba la piña madura; de inmediato sus amigos Aníbal y
Miguelito le siguieron con la caja y la guacharaca y el público, con un
estruendoso aplauso.

-El presidente del Festival tomó
el micrófono y manifestó: Ustedes lo han visto y lo han escuchado: él
es el ganador; no hay más nada que hacer.

Le hizo
entrega del acordeón a Jose, quien emocionado tomó el micrófono, miró
al cielo y dijo: Gracias, hoy he entendido que el niño Dios se nos
manifiesta de muchas maneras, mostrando su brillante Hohner nuevecito.
-Esta es la más hermosa de ellas – y, dirigiéndose a los asistentes:
les informo que el conjunto se llamará «Cañahuate» – y arrancaron los
tres niños a tocar hasta bien entrada la noche del veinticinco de
diciembre.
jorgenainruiz@gmail.com
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Abogado. Especializado en Derecho Administrativo, enamorado del folclor Vallenato, cantautor del mismo, docente y candidato a magister en docencia.

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