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Por: @karalarcn

Si usted tiene la intención de viajar a otro país, existen 3 cosas primordiales que le recomiendo hacer. Abrir una cuenta en un banco, comprar comida y conseguir trabajo. La última es más que primordial si usted viaja al igual que yo, como estudiante y sin muchos recursos.

Se cometen errores y se aprenden cosas y quiero compartir con ustedes lo que viví en cada una de las tres. Espero que mi experiencia a alguno de los que me lee le sirva.

Abrir una cuenta de banco.

Sin vida crediticia no se es nadie, mucho menos en el primer mundo. En Colombia, aparte de conseguir el préstamo con el que me vine a estudiar, no tenía vida crediticia ni me importaba realmente. En mi caso, como el de muchos otros, solo contaba con una tarjeta débito y una cuenta de ahorros que alguna empresa me pidió para consignar el sueldo, nada más. En Francia – y lo mismo para todos los países donde he vivido – es necesario abrir una cuenta para tener vida crediticia. Los bancos quieren saber si puedo endeudarme y hasta cuánto.

Para no cometer errores en el proceso de abrir la cuenta hago la fácil: escojo el banco más grande y en un papelito escribo en francés que quiero que me abran una cuenta.

Dos días después de mi llegada salgo con un mapa a buscar el banco con unos billetes en un canguro y el papel con lo que necesito. El problema es que, y los que conocen el francés lo saben, es un idioma que se escribe de una forma y se habla de otra. La mujer del servicio al cliente me saluda, me pregunta cómo me puede ayudar con un francés que le suena a poesía y yo le esputo cuatro frases de las cuales ella no entendió ninguna, me mira como rogándome que no maltrate su idioma y me pide que le entregue el papelito. Empezaba a comprender el error que cometí al no estudiar algo más del idioma del país que elegí.

Si usted algún día piensa salir del país tenga claro que sin bases fuertes del idioma tendrá un camino que será difícil y tortuoso. Mucha gente piensa como yo lo pensé, que si se aprende lo básico y se pasa la entrevista de una embajada o de un trabajo ya el resto no importa, solo es una VIL automentira. Podría decir que del manejo del idioma depende el 85 % del éxito de una persona viviendo en otro país con una lengua diferente. Conozco muchísimos casos de gente devolviéndose a su país con el rabo entre las piernas por este motivo. Ya se los contaré.

Como no me entendió lo que le dije, empecé a hablar en inglés. Otro error. Ella me dijo que no sabía inglés. A decir verdad, así lo sepa o no, un francés mira con malos ojos que alguien le hable en inglés sin intentar primero expresarse en su lengua.

Pero si el hablarlo fue un complique, el escribirlo sería aún peor. La hermosa francesa me entregó dos hojas tamaño oficio para que las llenara con mis datos. ¡DOS HOJAS!

Me tardé 30 minutos mientras buscaba en el diccionario, conjugaba verbos y lanzaba madrasos.

A señas me pidieron el pasaporte, el dinero y el formulario y por un momento logré entender por lo que pasa una persona que no tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir… me sentía como un analfabeto completo del francés. ¡Qué gran error cometí al no tener bases sólidas de francés antes de salir de Colombia pero por ahí dicen, la letra con sangre entra!

Después de hora y media en el proceso, salí de allí como si hubiera terminado una tortura, con mis pocos euros en un banco y listo para el siguiente paso.

 

Conseguir comida.

Después de hacer mi primera “vuelta” salí a la segunda. Como no tenía ni idea dónde comprar comida, busqué el primer supermercado que encontré. Sin darme cuenta esa vez, entré al que sería Pomona en Francia, un supermercado costoso para una persona que viene por ahora a estudiar sin mucho dinero en el bolsillo.

Otro error. Entré al supermercado y pensé en comprar cosas frescas, pero me di cuenta de que son carísimas. Llevaba una lista, veía un precio e inmediatamente lo cambiaba a pesos colombianos. ¡ERROR! Un consejo que doy es que después que usted se monte al avión olvídese de convertir monedas. Primero no tiene sentido comparar con los precios de Colombia y segundo se evita un dolor de cabeza.

Vi una caja de fresas, 8 euros de la época, es decir, 24.000 pesos colombianos.

¿Cómo carajos me iba a permitir pagar esos precios por solo una fruta? Me di media vuelta y me fui a buscar verduras. La misma historia, carísimas si se cambian a pesos y con un agravante más, la mayoría no las conozco. Lo único que me quedaba era recurrir a los enlatados.

Me fui a los enlatados y es cuando comienza un romance que todos conocemos cuando nos vamos de la casa, salimos del país o simplemente vivimos solos: el romance con la pasta y el atún. Eso fue lo primero que se fue a mi carrito con arroz, huevos, sal, azúcar, café, unas cosas de aseo, más enlatados, una bolsa de verduras y una caja de carne de 12 unidades para hamburguesa que más parecía carne de mentiras.

Llegué a la caja a pagar y viene el otro error, este típico de hombres haciendo el mercado: no llevé bolsas para cargar el mercado y si quiero bolsas debo pagarlas. Todo me lo explicaron en inglés después de que no di pie con bola para hacerme explicar. Creo que el tiempo me va a cobrar la osadía de venirme sin siquiera saber cómo conjugar los verbos. La cuenta al final fueron 200 euros, 600 mil pesos de la época y 8 bolsas para cargar a mano durante más o menos un kilómetro.

Otra recomendación, antes de abrir cuentas de banco o pensar en comida, compre una tarjeta de bus. Los taxis son caros y no paran donde usted quiera y el bus en la mayoría de países es la opción más barata y fácil de movilizarse. Yo no lo hice y casi no logro llegar con la comida a la casa.

Siempre es bueno enterarse primero de cuál es el sitio estratégico para comprar comida tipo estudiante. Cuando empecé a estudiar me enteré de que ese mercado de 200 euros fácilmente lo hubiera podido hacer por mucho menos de la mitad. 300 mil pesos más que no ahorre. Y claro, sigo con la estúpida manía de cambiar euros a pesos, pero eso tardó 2 semanas en desaparecer.

 

Buscar trabajo.

Sabía que por el problema que representaba el idioma no podría aspirar a conseguir algo ligado a mi experiencia. Mi objetivo estaba centrado en conseguir un empleo de estudiante.

Dos días después, almorcé un plato de pasta con atún y salsa de tomate, terminé y salí a inscribirme en la Universidad. Llegué a la universidad y me atendió alguien que al ver mi nombre me habló en español. Después de llenar todos los papeles le pregunté si ella conocía algún empleo de estudiante al que pudiera postularme en la universidad. Me pidió que mirara detrás de mí y ahí encuentré un cartel repleto de solicitudes. El problema era elegir el correcto.

Un consejo, si usted necesita conseguir un trabajo la mejor manera de encontrarlo es a través del lugar donde va a estudiar o haciendo networking. No hay de otra, no espere que el trabajo llegue hasta usted, no espere a tener problemas de dinero para buscar una solución. Los problemas se afrontan desde el momento que usted sabe que puede tenerlos en el futuro.

Los empleos son diversos, hay desde trabajos en la universidad no muy bien remunerados a decir verdad, trabajos en almacenes o trabajos de noche en bares. Yo tenía una estrategia desde el principio, sabía que tenía que ahorrar para sostenerme y ahorrar para pagar la deuda que tenía en Colombia. Necesitaba estudiar en las mañanas, trabajar en algo las tardes y otro trabajo para los fines de semana.

Como era estudiante podía trabajar hasta 19 horas por semana que no era mucho, pero ayudaban. Anoté un par de direcciones para buscar en esos días algo que encajara como lo había previsto y me fui.

¿La hoja de vida? no hay necesidad según lo que se quiera. Las universidades no la piden, solo con el número de registro ya tienen toda la información. Para almacenes, cafés y ese tipo de trabajos la piden pero muy básica, solo con una hoja llevando los datos de la dirección, alguna experiencia relacionada y con decir dónde se estudia basta.

Mi primera parada fue un café, necesitaban alguien que sirviera cafés. Cuando llegué ya alguien se me había adelantado. El segundo lugar era un almacén donde necesitaban alguien para la bodega, no servía porque necesitaban a alguien que hablara francés. Al escuchar esto me decidí por ir solo a los restaurantes ya que allí tendría más chances por aquello del inglés y algunas veces del español.

Al otro día volví a la cacería de un trabajo, me dediqué a una zona específica que está llena de cafés y restaurantes. No tenía experiencia previa, quería aprender sobre la marcha, pero para no cerrarme puertas puse que había sido mesero en Centro Chía. Nadie se enteraría, según yo. Llegué a un café y le pasé mi hoja de vida al encargado. Hablamos en inglés.

-¿Usted viene a estudiar francés? -me preguntó él.

-Sí, señor, por el momento ese es mi plan.

-¿Qué nos puede ofrecer?

-Tengo experiencia y aparte manejo el inglés y el español. A medida que aprenda francés podre desenvolverme mejor. -Terminé mi frase y el encargado, más francés que el pan francés se queda mirando la hoja. De repente alza la mirada y me pregunta en un claro y nítido español:

-¿Y en qué restaurante de Centro Chía trabajó?

En el momento en que finalizó la frase ya estaba con la boca abierta y sin saber que responder, abrí los ojos y le respondí.

– En Kokorico, en la plazoleta de comidas. –Le hago una pregunta obvia, -¿usted sabe español?

Recuerden lo que les conté en mi segundo escrito de mi alter-yo estúpido, ahí estaba. Obviamente el señor sabía español, también él había estado en Colombia más de 5 veces y conocía Centro Chía y muchos de los centros comerciales de Bogotá. Dicen que más rápido cae un mentiroso que un cojo, estuve a punto de caer, estuvo muy mal la mentira que dije, lo sé, pero eso fue lo que me ayudó.

-Muy bien señor, tiene el trabajo. Mi café no vende pollo asado, así que sírvase aprender muy bien cómo hacer las cosas en la inducción. Empieza mañana, es septiembre y aún es temporada alta así que por las siguientes dos semanas trabajará 8 horas continuas y tendrá una de almuerzo. Después que empiece la universidad hablaremos sobre acomodar su horario. Si pasamos de las 19 horas legales que puede trabajar no habrá problema, todo quedaría entre nosotros. –Remata con una frase más que clara:

-Si quiere aprender francés, acá tendrá que lograrlo. Olvide para siempre que hablo español y si en un mes no tiene un francés funcional podrá olvidarse de este trabajo –dijo él.

Llámeme tonto o pendejo, pero el hecho de haber conseguido ese trabajo me hacía el hombre más feliz del mundo. Me sentía totalmente feliz, sabía que empezaban a darse las cosas y que con paciencia y sobre todo con trabajo encontraría un espacio en esa sociedad donde empezaba mi nueva vida.

Lo mío fue un golpe de suerte, pero mi recomendación es simple: el que busca encuentra. No piense mucho en lo que ganará o lo que tendrá que hacer, piense en la experiencia. Si usted viaja con problemas de idioma un trabajo como estos será lo mejor que puede hacer. Gócese el trabajo de estudiante, al cabo de un tiempo sabrá lo mucho que le pudo servir. Insista, jamás se dé por vencido, seguramente alguien está buscando una persona para un trabajo y puede ser usted.

Lo que seguía era conseguir otro trabajo, estudiar en las mañanas, trabajar en la tarde, y quería un trabajo de noche y para eso sabía cuál era el que me servía: trabajar en un bar.

Caminando hacia mí casa, alegre de tener mi primer trabajo, decidí en llegar, cambiarme y hacer lo que un colombiano hace: gastarme lo que no me he ganado en mi trabajo e irme a tomarme una cerveza y mirar qué bar podría estar buscando alguien para trabajar.

Llegué a mi nueva casa, abrí el portón pesado de madera y se escuchaba música a todo volumen. Se supone que nadie había llegado aún. Fui hacia la cocina comunal y nadie me había preparado para lo que vendría, aunque viendo la cocina comunal ya me podía hacer una idea: 14 estudiantes tomando vino y cerveza… esa noche cambiaría muchas cosas, una de ellas para toda mi vida.

 

Twitter: @karlalarcn

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Emprendedor de tiempo completo. Vivo en Canadá y desde 2004 estoy dando vueltas por el mundo. Con muchos cuentos por contar e historias por compartir.

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Siempre que visito un restaurante, trato de averiguar sobre su historia y sus inicios porque me parece importante empaparme del arduo trabajo que hay detrás de lo que ahora es exitoso. Uno no puede ser irresponsable y criticar negativamente solo por una primera mala impresión, pues son muchas familias las que dependen económicamente de microempresas dedicadas a la gastronomía. Por eso, y aunque ya lo conocía, decidí volver a probar, y a escribir, sobre el ya muy conocido restaurante El Galápago, pues me molestó un comentario irresponsable de alguien que se dedica a hacer evaluaciones de comida en sitios de Bogotá y la sabana, tal vez con un poco de arribismo o de desconocimiento del tema. Adentrándonos en la carta de este restaurante ubicado en el centro de Chía (carrera 10 No 13-43), que también tienen una sede en la calle 19 No 14-08 (El Galápago Campestre ), su plato estrella es la hamburguesa al champiñón en pan blanco tipo árabe al que se le incluyen 260 gramos de carne madurada, tocineta y una salsa espectacular que, como su nombre lo indica, tiene muchos pero muchos champiñones frescos y de gran tamaño. Perfectamente se la pueden comer entre dos, y les recomiendo acompañarla con papas en casco y alguna de las muchas opciones de bebidas como limonadas, jugos de fruta natural o, tal vez, con una cerveza artesanal.  Visualmente puede que el plato no cumpla con los estándares de muchos otros, pero al probarla lo de menos es como se ve, pues el sabor de la carne y sus adiciones es delicioso.   [caption id="attachment_3503" align="aligncenter" width="1024"]Foto: Blog ¿Para dónde va? Foto: Blog ¿Para dónde va?[/caption]   Pero El Galápago tiene muchas más opciones cárnicas (pollo, res y cerdo) como, por ejemplo, las entradas de chunchullo crocante, morcillas y platos fuertes como las costillas de cerdo acompañadas de papa salada, arepa de queso y ensalada. Allí también podrán encontrar cortes de carne artesanal como churrasco, punta de anca, baby beef, asado de cadera, chuletas, pechugas a la plancha y otros que se me olvidan en este momento. Igualmente, hay opciones para veganos que no quieran ser relegados a la hora de salir a almorzar en la sabana de Bogotá.   [caption id="attachment_3504" align="aligncenter" width="1024"]Foto: Blog ¿Para dónde va? Foto: Blog ¿Para dónde va?[/caption]   Las malteadas, los postres y los helados son otro elemento destacado de este restaurante. Estos son elaborados de manera artesanal, logrando escoger el comensal entre más de 10 opciones para cerrar con un sabor dulce la visita al lugar. Finalmente, hay que resaltar que en El Galápago también son Pet friendly, un aspecto muy importante hoy en día para los que no se quieren separar de sus mascotas. Y en cuanto a los precios, los platos fuertes oscilan, en promedio, entre los treinta y los sesenta mil pesos. Pero, como lo advertí anteriormente, las porciones son generosas y, en ocasiones, con un solo pedido comen dos personas. Si van a ir el fin de semana les aconsejo que lleguen temprano ya que a veces hay fila, pero realmente los meseros son muy pilos y no hacen esperar mucho a sus visitantes. El Galápago Campestre SÍ es un buen restaurante, que tiene detrás a gente trabajadora que ha luchado mucho para lograr posicionarse, a tal nivel que ya han sido ganadores en Premios La Barra. Yo lo recomiendo ampliamente y espero que ustedes lo visiten y también le hablen del lugar a conocidos y familiares.

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2 Comentarios
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  1. Del ensayo y error se aprende. Yo lloré varias veces y eso que no tenía necesidad de trabajar pero el orgullo para no regresar me hizo entender el nuevo idioma y ahí voy…tratando de hablar ..jejeje. Nada fácil

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