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Ingresó al estadio de madrugada, el estadio que le había visto triunfar y que comenzaba a ser testigo de su declive. La directiva entendía que su rendimiento había disminuido en las últimas fechas y habían aupado a Alfredo Zibechi a su posición, marcándole sutilmente el ocaso de su carrera en el club de sus amores. Un mes después se debería estar casando con su otro gran amor, su novia. Pese a la supuesta armonía sentimental, al guarda del estadio le contaría que le habían echado de casa y que pasaría ahí la noche. Él no puso mayor objeción y le abrió el portón mientras su perro olisqueaba tranquilo una presencia familiar. Caminó sin prisas a través del rectángulo de juego, se detuvo en el círculo central, extrajo el arma que ocultaba, se apuntó directamente al corazón y descerrajó el disparo que acabaría con su vida. Era el 5 de Marzo de 1918, el día que murió Abdón Porte para dar vida a la leyenda.

El guarda sintió el disparo y acudió raudo con su perro hasta encontrar el cuerpo tendido junto a un gran charco de sangre y dos cartas. Una para el Presidente de Nacional de Montevideo y otra para un familiar. En la primera, le pedía al doctor José María Delgado que cuidaran de su familia y se despedía dejando constancia de lo mucho que había querido a aquella institución y recordando a los hermanos Céspedes, leyendas del club que habían fallecido trece años antes víctimas de la viruela: “en el Cementerio de la Teja, junto a Bolívar y Carlitos”. Unos días después vería cumplido su deseo y sería enterrado junto a ellos, para recuerdo de una hinchada, la de Nacional, que sigue elevando a este jugador a los altares y defendiendo que su acción fue la expresión máxima de amor y fidelidad a unos colores…

AbdonPorte

No elegí un buen día para visitar las oficinas del club Nacional de Montevideo. Por allí sólo encontré unas pocos empleados con caras largas y pocas ganas de hablar, y tan sólo un hincha, al que seguramente deberían elevar a la categoría de Abdón Porte, por acercarse hasta las instalaciones del club y deambular por la sala de trofeos y la tienda oficial, pese a la histórica goleada por cinco a cero encajada el día anterior contra su eterno rival: el Peñarol de Montevideo…

Al que también deberían conceder la insignia de oro y brillantes del club es a Flavio Velazco, un descendiente de gaditanos que hace las veces de historiador del Nacional de Montevideo y que a lo largo de un par de horas me hizo un recorrido por la historia de este centenario equipo uruguayo que, junto a Peñarol, han escrito la historia de una de las rivalidades futbolísticas más enconadas del planeta. Rivalidad que impide se pongan de acuerdo para determinar cuestiones que podrían parecer livianas en otras latitudes, como por ejemplo quién es el club más antiguo del Uruguay y, dependiendo del hecho fundacional, quién de ellos tiene más trofeos. “Mi obligación es contarte la verdad” – me confesó Flavio con una sonrisa de oreja a oreja. “Pero si vas a las oficinas de Peñarol te contarán una historia diferente. Es parte del folclore, qué le vamos a hacer” – concluyó, dando por sentado que admitir que el contrario es poseedor de la verdad sería algo inasumible, peor que derrotas como la del día anterior, tanto para Peñarol como para Nacional.

decano

Caminando a través de la sala de trofeos, Flavio me contó brevemente la historia detrás de cada conquista y a continuación nos detuvimos en algunos de los rostros más representativos que han jugado en algún momento a lo largo de los años por Nacional. No pude evitar detenerme en la fotografía de Rubén Sosa, el mítico delantero uruguayo de mi equipo, el Real Zaragoza, que con un zapatazo de libre directo desde más de treinta metros y ayudado por un jugador de la barrera, nos dio la Copa del Rey que le ganamos al Barça en el año 86.

Tras el detallado paseo Flavio me invitó a que accediéramos al estadio de Nacional, conocido como Gran Parque Central, o popularmente como el Parque. En la recepción, y para mi sorpresa, había un inodoro. Desconozco si se trataba de una broma macabra de sus rivales de Peñarol, un regalo a sus jugadores de la Banda del Parque, como así se conoce a la Barra del equipo de los Bolsos, en agradecimiento a la cagada perpetrada el día anterior durante el Clásico, o si el motivo era cualquier otro. Y a decir verdad tampoco me pareció oportuno preguntarlo para salir de dudas.

inodoro

Flavio, aparte de recalcarme que la cancha de Nacional es propia, me estuvo contando todos los hechos históricos que rodean a este estadio y que resumió en tres fundamentalmente:

– En el emplazamiento que hoy ocupa el estadio se encontraba la Quinta de la Paraguaya, lugar de gran simbolismo patriótico para los uruguayos, ya que fue ahí donde el libertador Artigas fue nombrado Jefe de los Orientales en 1811.

– El Parque Central fue una de las sedes en el primer Mundial de Fútbol en 1930 y el estadio donde se jugó el primer partido en la historia de los Mundiales, un Estados Unidos – Bélgica con victoria para los norteamericanos.

– Cuenta la historia, al menos la que cuentan los de Nacional, que el Parque Central es el hogar del primer hincha de la historia del fútbol mundial. Un utillero del club, Prudencio Miguel Reyes, quien se encargaba, entre otros cometidos de hinchar los balones, era tan famoso por su continúo aliento al cuadro tricolor que el resto de los aficionados comenzaron a llamarle “el hincha”…

Por si todos estos hechos no fueran suficiente para azuzar el debate histórico y la controversia con sus vecinos de Peñarol, Flavio me mostró, para concluir, la localidad que ocupa Gardel en la tribuna central del estadio. Aún persisten las dudas del lugar de nacimiento de Gardel. Se sabe que murió en la ciudad de Medellín en un accidente aéreo, pero no hay acuerdo en el lugar de nacimiento, siendo Francia para unos o el Uruguay para otros. Lo que sí que parece un hecho constatado, al menos para Flavio y los hinchas de Nacional, es que Gardel, pese a nacionalizarse argentino en 1923, fue uno de ellos. No hace falta ser un lince para concluir que los hinchas de Peñarol tendrán a buen seguro una opinión distinta y defenderán que el Rey del Tango fue siempre carbonero. Pero como me ilustró Flavio al principio de la entrevista, todo esto forma parte del folclore futbolístico uruguayo…

gardel

 

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PERFIL
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Tras diez años ocupándome de otros menesteres, decidí dar un giro a mi vida y dedicar mi tiempo a viajar y escribir, las dos cosas que más disfruto. Que pueda hacer de esto un modo de vida está por ver, pero en el trayecto, que me quiten lo bailao, que decimos en España. Tras recorrer el Camino de Santiago a pie desde mi tierra, Aragón, me embarqué en una aventura que me llevó a descubrir Asia durante medio año, y ahora estoy haciendo lo propio en Suramérica. Con la excusa de la pelota como hilo argumental, intento hablar de personas y realidades en los países que visito. Confío en que quienes lean estas crónicas disfruten tanto como yo estoy haciendo protagonizándolas. Se me puede contactar a través de correo electrónico: letamendiontour@googlemail.com o, aquellos que lo usen, seguirme a través de Twitter: @letamendiontour

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