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‘Batalla naval’

Si en las calles reina el coronavirus, en muchos hogares, sin duda, el rey del entretenimiento y más en esta época de cuarentena, ha sido Netflix. Muy por encima con dolor hay que decirlo, de indestronables como el Ajedrez, el parqués, el dominó, “Línea 4”, “Batalla naval”, “Monopolio” o “Sabelotodo”.

Producciones magníficas como ‘Milagro en la celda 7’ y ‘El Hoyo’ atraparon la atención de millones. De ellas ya se ha dicho de todo, empezando por la primera, una película con sello turco que desde el principio enamora hondamente. Todo, la trama y la bella actuación de sus protagonistas, definitivamente hacen de la cinta un apasionante espiral emocional de 122 minutos de conexión absoluta entre el fantástico Memo, su mágica y hermosa hija Ova y el conmovido público.

De ‘El Hoyo’ tampoco hay mucho que decir, más allá de todo lo que ya se ha dicho. Una cinta española, “asquerosamente buena”. Horriblemente interesante; así definiría yo ese auténtico y muy fuerte proyecto de sus creadores. Impactante y soberbio el trabajo detrás de esa producción. “Horrendas” escenas de un “canibalismo puro”, pero detrás de ellas un contundente mensaje que entra a través de todos nuestros sentidos rozando sensibles fibras incluso para aquellos a quienes el hambre, y las abismales y cruentas diferencias sociales, resultan indiferentes. Gran propuesta para quienes no se asqueen demasiado y, quieran, a pesar de ello, disfrutar de una producción… limpia. Esmerada. El reflexionar no solamente sobre los contrastes de las densas capas sociales sino sobre las divergencias del pensamiento y las incompatibilidades de la razón, me parece extraordinario. Y aún más interesante, tomar posesión a conciencia  del que seguramente es el mensaje medular de la película: “infiltrarse” en una ruleta del destino en donde hoy se está en la gloria y mañana en la más exasperante y desquiciante tribulación, además de ser capaz de en un momento existencial crucial, definir prioridades en la vida y tener la gallardía de tomar la mejor decisión y actuar, y también por supuesto, el lograr resistir a la eterna encrucijada de entender y descifrar de la mejor manera aquella máxima de “justo y virtuoso no solo es aquél que aplica en su vida todos los principios de justicia y rectitud, sino aquél que pudiendo ser injusto o defectuoso, no quiere serlo”, me pareció verdaderamente estupendo.

Pero hasta ahora, del abundante abanico Netflix nada me ha impactado más que un documental en serie sobre la segunda guerra mundial. Con imágenes reales y material fílmico original editado a todo color para dar vida a una superproducción de lujo. Tan fascinante como escalofriante.

No dejará de sorprenderme esa poderosa y disciplinada máquina de guerra aceitada por la industria y el arranque ensordecedor de un desbocado nacismo. La demoledora milicia de la bandera roja con la cruz gamada negra girando en sentido dextrógiro (o dextrorso) de Hitler, le demostró al mundo que era capaz de dos cosas esencialmente: la primera, que sus incontenibles huestes con su aplanadora mecanizada y el orgullo de sus cielos (la infalible “ Luftwaffe”) en menos de 6 años extenderían su imperio sobre prácticamente toda Europa en una demostración extraordinaria de ambiciosas tácticas de guerra y la puesta en marcha de una de las estrategias militares más efectiva y fulminante de todos los tiempos. Y la segunda, que, con suficientes créditos, desplegarían la campaña más oscura y despiadada impulsada jamás por mente humana. Una empresa militar de acción genocida instigada por una enferma “mente brillante” pero a su vez exterminadora y demoníaca.

Los hallazgos en los campos de concentración nazi y las consecuencias que para el mundo facturó tamaña barbarie es algo de lo que la humanidad y su historia deberían retroalimentarse diariamente, para no volver a repetir tan abyecta e infausta transgresión, jamás.

Son incontables los episodios de esta producción que me impactaron sobremanera, referentes en buena parte, de los que uno regularmente no tiene suficiente conocimiento. Solo por citar algunos, la alianza hipócrita, energúmena y oportunista entre el mórbido nacismo de Adolfo Hitler y el obcecado fascismo de Mussolini, quienes aprovechando la gran depresión del cuarenta emprendieron su arrogante cruzada para incendiar bestialmente todo un continente. La guerra relámpago (“blitzkrieg”) trazada por los alemanes sin lugar a dudas fue una exhalación que en un abrir y cerrar de ojos abrazó a Polonia, Gran Bretaña y Francia entre otras naciones. Sobrecoge ver a esa Inglaterra que para entonces, ad portas de caer en brazos de los nazis, resurge con gran arrojo en 1940 y bajo la soberbia égida de un brillante nacionalista, implacable y calculador Winston Churchill y un invaluable equipo que de manera extraordinaria logra descifrar el código nazi, empieza a desestimular a “la bestia”.

Con los ánimos exaltados y creyéndose invencible, la Alemania nazi incursiona en Rusia encendiendo con la fuerza de choque de los blindados soviéticos, la batalla de tanques más impresionante que haya tenido la historia. Con imágenes inéditas que hacen imposible no meterse de lleno en ese ciclópeo duelo, cada capítulo se torna más envolvente que el anterior.

Luego, vendría aquel 7 de diciembre de 1941 con el bombardeo nipón a Pearl Harbor, la producción deslumbra y estremece con unos registros audiovisuales reales y originales que dejan en bruma cualquier despliegue hollywoodense de ciencia ficción.

Una oda aparte merece esas batallas navales en el Pacífico y en los cielos del mediterráneo y el Reino Unido entre las flotas de la Alemania nazi y los aliados, entre japoneses y americanos y entre la Luftwaffe y la Unión Soviética. Verdaderamente impresionante.

La imponencia de esos navíos gigantescos y a su vez la impotencia de sus poderosas estructuras una vez impactadas por submarinos de combates, bombarderos, kamikazes o simplemente un torpedo golliat de 90 cm de envergadura lanzado desde un acorazado, un portaaviones o un buque de asalto, es algo que cualquiera necesita ver “directamente” para entender la magnitud de esas colosales batallas.

Y, para concluir, porque el material es tan infinito como finita es esta columna, el punto álgido y devastador de esta producción magnífica son las horrendas imágenes de los campos de concentración nazi. Con una narrativa elegante, la ubicación temporo-espacial muy definida, la descripción ordenada, sobria y objetiva, la prudencia de quien no quiere apasionarse inútilmente, y necesita presentar de la manera más serena unos hechos tan irrebatibles como repudiables, este material de archivo invaluable nos descubre el horror humano llevado a su máxima expresión: Auschwitz – Bierkenau y Treblinka en Polonia, Bangika en Serbia, Arbeitsdorf, Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen en Alemania, entre otros. Cualquier descripción que se haga de las crudas imágenes difundidas (ojo, sin ningún amarillismo, morbo, ni nada parecido) no va a ser suficiente para dimensionar el holocausto.

Finalmente el documental nos muestra una aplanadora soviética que empieza a diezmar el poderío de Hitler en tanto que los aliados hacen lo propio desde el flanco contrario. Cerrado el círculo empieza a asfixiarse el ejército hitleriano, el espectacular desembarco en Normandia marcaría también el último avance de los aliados para recuperar definitivamente el territorio ocupado por los nazis en lo que sería el principio del fin del Führer . Sofocado el régimen nazi, rusos, americanos e ingleses ondean la bandera de la victoria.

Los vejámenes por parte de los nuevos conquistadores no tardan en manifestarse. Los soldados del “ejército rojo” abusan sexual y despiadadamente de inocentes mujeres alemanas que van encontrando a su paso “libertador”.

En Asia, luego de una resistencia fiera, los japoneses bajan su bandera dejando al igual que en Europa millones de muertos. El fatídico momento de la historia llega a su “clímax” con otra barbarie, esta vez por cuenta de los Estados Unidos de América, quienes “forzosamente” y para doblegar definitivamente la sed de sangre y guerra por parte de Japón, dejan caer la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagazaki. 200000 nuevos cadáveres en solo una fracción de segundos.

Así que, si tiene “nervios de acero”, y quiere conocer la historia no como se la cuentan sino como fue, anímese a ver esta excelente producción y juzgue usted hasta dónde puede llegar la ambición y la estupidez humana…

(.)

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