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Por: Juan Pablo Vélez Peña
Director del Programa Pereira Cómo Vamos
@PeiComoVamos 

En los sistemas democráticos a nivel mundial, la participación ciudadana suele concebirse como un elemento inseparable del Estado de derecho, con el cual los ciudadanos reconocen que no son únicamente individuos titulares de derechos, sino también de deberes.

En Colombia, la Constitución Política de 1991, en el artículo 270, faculta a los ciudadanos para que intervengan activamente en las decisiones públicas. Este tipo de participación ciudadana también puede verse como un control social que ejercen los ciudadanos a la gestión del Estado. No obstante, la participación trasciende el ámbito del control social, para convertirse en una forma de reconocimiento del papel ciudadano en el devenir de la democracia participativa.

La construcción constante de comunidades, ciudades y países es una labor colectiva que le compete a todos los actores que allí habitan. No es una tarea que recae de forma exclusiva sobre el Estado o sobre una serie de actores o élites con poder económico. El ciudadano, figura con un importante significado y simbolismo dentro de un Estado moderno, tiene una serie de responsabilidades y obligaciones que debe cumplir.

En nuestro país, la participación ciudadana se limita, en muchos escenarios y territorios, a los mecanismos legales que establece la Constitución como lo son el referendo, el plebiscito, la consulta popular, el derecho de petición, las veedurías, la rendición de cuentas, el cabildo abierto, entre otros. Sin embargo, la participación ciudadana es un concepto mucho más amplio que, en su significado más activo, presupone la movilización y la acción directa del ciudadano para resolver problemas de índole pública.

De acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2016, elaborada por la Red Colombiana de Ciudades Cómo Vamos con resultados de los programas asociados, el 70% de los colombianos no se involucra ni realiza ningún tipo de acción para resolver problemas públicos, y el 56% no participa en ninguna organización, espacio o red.

Las organizaciones en las que más se involucran los ciudadanos colombianos son las juntas de acción comunal (18%), las organizaciones religiosas (11%), los grupos deportivos o de recreación (11%), y las asociaciones de padres de familia (10%). Y las acciones a las que se acude para resolver problemas son presentar quejas o pedir apoyo a las autoridades (15%), y, en menor medida, participar como voluntarios en organizaciones ciudadanas (3%).

Bogotá (57%), Santa Marta (53%) y Cartagena (50%) son las ciudades con los mayores niveles de participación en el país, y Barranquilla (28%), Pereira (37%) y Bucaramanga (38%) son las ciudades con los menores niveles de participación.

Por otro lado, en algunas ciudades ocurre un fenómeno particular: los niveles de orgullo y optimismo de los ciudadanos son altos, pero los niveles de participación se mantienen en niveles bajos.

Manizales, Barranquilla, Medellín, Bucaramanga y Pereira, las cinco ciudades consideradas por sus habitantes como los mejores lugares para vivir en Colombia, resaltan por tener altos niveles de orgullo y optimismo por parte de sus habitantes, pero también sobresalen en los últimos lugares de la Red de Ciudades Cómo Vamos, con bajos niveles de participación ciudadana.

Este panorama se convierte en un reto y en una oportunidad para las ciudades colombianas. Es importante que se generen y promuevan iniciativas de empoderamiento ciudadano, que en el largo plazo traduzca los altos niveles de orgullo y optimismo, en participación y acción colectiva.

Un ejemplo nacional que se ha implementado en diferentes territorios del país es “Yo Creo en Colombia”. Esta organización, impulsada por el empresariado colombiano, parte de la premisa que “creer crea realidades”. En el caso de las ciudades con altos niveles de optimismo y orgullo, la tarea debe ser canalizar ese valor agregado en acciones multiplicadoras que transformen realidades.

Finalmente, esta tarea debe entenderse como una misión colectiva que involucre al Estado, las empresas, los gremios, las instituciones educativas, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación, y, sobre todo, a los colectivos ciudadanos que aterrizan y materializan la participación ciudadana. La construcción de país no puede pensarse sin la inclusión y trabajo colectivo de la ciudadanía, y el llamado a la acción, por medio del ejemplo e iniciativas incluyentes, debe convertirse en una prioridad de la agenda pública y privada de las ciudades colombianas. No dudemos en que es posible.

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La Red Colombiana de Ciudades Cómo Vamos -RCCCV- articula a 13 programas Cómo Vamos, que comprenden 22 ciudades, para evaluar los cambios en la calidad de vida y generar información confiable, imparcial y comparable. Contribuimos a desarrollar gobiernos efectivos y transparentes, además de promover ciudadanías más informadas, responsables y participativas. Hacemos parte de la Red Latinoamericana por Ciudades y Territorios Justos, Democráticos y Sustentables.

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-->Tequilera, bar tender, lavaplatos, cocinera, mesera, estos son muchos de los trabajos de primera línea a los que se puede enfrentar un inmigrante, iniciando su nueva vida en Canadá. Así lo hice yo.

¿Devolverme a Venezuela o quedarme en Canadá? Esa era la pregunta que retumbaba en mi cabeza mientras ese ángel que encontré en Migración hacia mi aplicación, la cual me permitió como estudiante de idiomas y con mi nuevo status llamado Destitute Student (‘Estudiante Indigente’) conseguir una visa de trabajo Después de pensarlo por tres días, decidí quedarme a trabajar en Canadá para poder pagar mis estudios y como decimos los venezolanos’’echarle bolas’’, porque definitivamente en esta vida no se escoge dónde se nace, pero sí dónde vivir.  Bienvenidos a la segunda parte de mi historia, donde les presento un momento fundamental de mi pasado y mi presente en este país. Debo confesarles que nunca pensé que fuese a ser tan difícil, pero ahí estaba yo, aventurándome a un mundo desconocido, con el único objetivo de reunir, en poco tiempo (4 meses), el dinero para pagar el cincuenta por ciento (15.000 CAD) de mi maestría, pero no solo eso, debía pagar también la renta y mis gastos personales y lo sé, suena descabellado, pero lo asumí con mucha planificación y meticulosidad.
’’Uno nunca sabe lo fuerte que es, hasta que en realidad tiene que ser fuerte’’
Conseguí el primer trabajo de mi vida. Este quedaba en el Viejo Puerto, una zona muy turística de Montreal. Allí aprendí lo que es ser multitask: servir diferentes tipos de cervezas, hacer pizzas, fajitas, poutine, alitas de pollo, hamburguesas, de todo. No era mi único trabajo, tenía que reunir el dinero suficiente, así que de domingo a domingo y durante esos meses mi rutina se resumía en: tomar órdenes, cargar montañas de platos y limpiar baños como a muchos inmigrantes nos toca al inicio. 
’Y es que en las adversidades es donde nacen nuevos guerreros’’
Creo que jamás en mi existencia he trabajado tanto. No tenía más vida: todas las tardes salía del Viejo Puerto, a iniciar mi siguiente turno en un restaurante italiano en el que más que salario trabajaba por comida. El dueño amablemente me brindaba lo que no se vendía y así yo podía ahorrar gastos. Ese señor se convirtió como en mi abuelo, mi abuelo italiano.
 
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Además del trabajo, yo seguía estudiando francés todas las mañanas hasta el mediodía. Al terminar el verano comencé el máster. Un año más tarde, me gradué de abogada en Derecho Internacional de Negocios, LL.M de la Universidad de Montreal, con un GPA de 3.8, demostrándome que en mi vida no habría obstáculos más grandes que mis ganas de crecer y de superarme. Inspirada en esto, apliqué a la Residencia Permanente.  Al cabo del tiempo, empecé nuevos estudios, pero esta vez, en Inmigration consulting y logré culminarlos también. La vida comenzó a sonreír un poquito más, después de tantos sacrificios, todo estaba dando los mejores frutos. En medio de esta travesía, comprendí que no estaba sola en esta situación, ni era la única con un sueño por cumplir. Somos miles de migrantes a diario dejando todo atrás y buscando una mejor vida, así que algo detonó en mi cabeza, era el momento de que Eddy Ramírez pusiera en práctica sus estudios, experiencia y todo lo que aprendí de mi mamá.  Finalmente, llegó el día de materializar y darle vida a esta Tierra de Inmigrantes.    Continuará… Con amor, Eddy.   

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