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– Hola Juan. Le quería comentar, antes que nada, que me llegó sobre la brisa un susurro del bullicioso mundo allá abajo sobre nuestras charlas.

– ¿De verdad, don Bruno? Pues qué bueno que nuestras charlas estén teniendo efecto, ¿cierto?

– De verdad que sí, Juan, porque la idea de nuestras charlas es que los Colombianos abiertamente debatan entre sí las realidades actuales de Colombia para así encontrar pacíficamente el camino que mejor favorezca a Colombia y a la gran mayoría de Colombianos en este momento de tan gran descontento Colombiano.

– ¿Y qué decía ese susurro que le llegó, don Bruno?

– Quién sabe si salió del gobierno o del alto sector económico privado, pero decía esto…

“En Colombia el proteccionismo ha bajado considerablemente y actualmente el promedio ponderado arancelario Colombiano es del 6%. Y que además hay tratados de libre comercio con muchos países a través del mundo.

Y eso es cierto, Juan. Y es muy bueno que se haya venido liberando a Colombia para buscar un mejor nivel de vida.

– Pero que hay alto proteccionismo, lo hay, ¿cierto, don Bruno?

– Sí señor. Lo hay porque la verdad sigue siendo que los grandes sectores industriales y manufactureros colombianos como alimentos procesados, textiles y confecciones, papel, metal-mecánica, electrodomésticos, vehículos, y así… siguen contando con productos que tienen aranceles del 15% para lo que más necesitan proteger, y mayores cuando más protección necesitan como vehículos que llega más por el lado del 30%.

– Y el 15%, don Bruno, es un margen grandísimo para prevenir que los demás Colombianos entren a participar en esos negocios y bajar los precios de esos productos, que sería muy bueno para los Colombianos.

– Esa es la cosa, Juan.

– Es que, Juan, el 6% ya es un margen difícil de superar para importar productos, pagando además todos los gastos de traerlos como fletes, seguros, bodegajes, gastos bancarios, etc., y ya el 15% es prácticamente insuperable. Pero también el mundo de los negocios está bastante loco con los precios inalcanzables de los Chinos, y ante eso sí se debe proteger a Colombia, porque esos precios Chinos quiebran a cualquier país. Y en los tratados de libre comercio que Colombia tiene con otros países, corremos el riesgo que lleguen esos productos de precios desiguales.

– Es cierto, don Bruno, y la calidad de lo Chino también muchas veces es muy malo y uno acaba pagando doble por pagar barato.

– Y oiga esto, Juan… Muchas veces uno paga con plata de los mismos chinos.

– ¿Cómo así, don Bruno?

– Es que, Juan, hay demasiada plata suelta en el mundo, y esa plata esta suelta porque hay millones de millones de personas en China que no están ganando lo que deberían ganar.

– Pues muy mal hecho, don Bruno.

– Así es, Juan. Pero a eso le están apostando los Chinos para salir encima de todos. Osea, los Chinos pagándole a sus asalariados menos de lo que deberían ganar hace que los productos Chinos sean tan baratos que nadie les pueda competir, y como hay tanta plata suelta en el mundo que debería estar en la China, todos compramos productos Chinos con esa plata.

– Demasiado vivos, don Bruno.

– Si, Juan, pero les puede salir la jugada, que sería muy bueno para los Chinos a largo plazo.

– Pues, si no acaban con el planeta antes, don Bruno

– Si, Juan. Eso es lo grave.

Le resumo el asunto así: El mismo alto sector económico privado Colombiano debería encontrar la manera en que los Colombianos tengan los mejores productos a los menores precios. Ese sector tiene la plata para hacer lo mejor en ese sentido. La plata para importar o producir y a la vez proteger el empleo Colombiano y el libre comercio. Y que logre simultáneamente el alto sector económico privado Colombiano que los Colombianos paguen los menores impuestos posibles por tarifas arancelarias.

Es que el alto sector económico privado se ha olvidado que los consumidores, o sea el pueblo Colombiano, cubre todos los costos y ganancias de los productos que compran, y que los impuestos que pagan dentro del costo de esos productos sostiene y deja crecer un estado demasiado grande, ineficiente e inefectivo.

Eso es lo que más le conviene al alto sector económico privado Colombiano, porque…

 … entre mejor esta Colombia mejor esta su alto sector económico privado en todo sentido.

Juan, le hago una breve parábola sobre el alto sector económico privado Colombiano…

… El alto sector económico privado Colombiano es como un granjero que tiene un campo de abundancia que cultiva y cultiva y nunca le hecha bono sino que cada vez está mas por sacarle todos los centavos que puede sin abonar, y como no abona le dice al gobierno que no le puede sacar suficientes centavos y que el país lo tiene que proteger, osea, subsidiar, o se acabará la comida y el trabajo.

 ¡Que el alto sector económico privado Colombiano abone el campo tan privilegiado que tiene para cultivar y gane millones en vez de centavos!

 En todo caso, Juan, podemos estar muy contentos que nuestras charlas están estimulando al debate en Colombia

– Que sí que, don Bruno.

– Vamos entonces, Juan, con la charla de hoy sobre Corrupción.

Friíto hoy,  pero vigorizante, y el viento nos arroja nubes oscuras pero amistosas que nos traen cuentos de otros lares…

– Eh, don Bruno, qué buena es la vida y que bueno es vivirla acá tan cerca de Dios.

– Juan, quedémonos un rato viendo las nubes que navegan encima de nosotros como buques en alta mar.

– Eso sí, don Bruno, yo sé cuál es la peor desgracia Colombiana.

– Le apuesto, Juan, que en eso estamos de acuerdo. Dígame cuál es.

– La corrupción, don Bruno.

– ¡Si – La Corrupción, Juan!¡Está Podrida la Patria Juan!

– La corrupción ya está en todo, don Bruno, y se lleva todo lo que debería ser de todos, todo lo que todos producen pensando que se están esforzando para sus hijos y sus seres queridos.

 – ¡Que desgracias tan infames, Juan!

– Don Bruno, lo que yo digo es que hay cosas malas pero que dejan cosas buenas también… como la droga. Es que la droga es una cosa muy sucia y dañina y nadie quisiera vivir metido en eso, pero deja platica.

– Sí señor. Así es, Juan. Mientras que la corrupción no da sino pobreza, atraso y miseria para que unos asquerosos gatos gordos se lleven todo lo de los demás, porque lo que todos le pagamos al estado en impuestos es para que haga cosas para todos, y, francamente, lo que menos hace es eso, y lo poco que hace es casi nada relativo a la cantidad de empleados que tiene y el montón de plata que se le da.

– Y lo peor de eso, don Bruno, es que todo lo que hace lo cobra con impuestos nuevos.

– Que sí que, Juan. El ejemplo más evidente de lo cual son los peajes para usar las carreteras y obras de tránsito del país, cuando ya hemos pagado los impuestos precisamente para que el estado las haga y las mantenga.

– Y, don Bruno, mucha de la plata de nuestros impuestos la están malgastando y robando.

– ¡Eso ya no más, Juan!

 –Y otra cosa, don Bruno, eso de que, “la mermelada es pa’ los amigos,” eso a lo que ha llevado es al acabose, porque yo digo que si es pa’ los amigos, pues será pa’ los amigos de los amigos de los amigos hasta ser pa’ todos los corruptos, que es preciso lo que ya ha pasado, y como los corruptos ya no creen que eso es corrupción, porque les dijeron que no lo es, pues más y más corrupción hay, si es que es posible que haya más corrupción de lo que hay ahora…

– Juan, estás demasiado sabio, hombre. La sabiduría es natural y no se empaña. Mire no más la burbuja del establecimiento lo empañado que esta. No ven un carajo de nada. Lo has dicho todo, Juan. Otra clase de ejemplo que el de “la mermelada para los amigos,” necesita Colombia ¡y desesperadamente!

¡Patriotismo, Juan! Patriotismo es lo que más necesita Colombia.

– No lo hay, don Bruno. Y todos los días lo hay menos. Un corrupto es un anti-patriota, y cualquier persona que le hace daño al país es un anti-patriota… Le está haciendo daño a sus propios hijos y sus propios nietos y a los hijos y nietos de todos los Colombianos.

¡Eso no más, Juan!

– Don Bruno, sin patriotismo no hay salvación como habla la canción sobre el amor, y el amor es lo mismo que el patriotismo… Amor por la patria, o sea, por los demás Colombianos, por la paz, por la tierra y las aguas y el aire, por el bienestar de los suyos y de todos para siempre.

¡Eso mas, Juan!

– Bueno, es una mañana pa’ manos a la obra de la finca. ¿Pa’ dónde vas, Juan?

– Voy a revisar las aguas, don Bruno. Voy a los nacimientos y a los bosques que nos dan el agua bendita.

– Qué orgullo lo es para mí, Juan, que, con el correr del tiempo y con la platica que nos ha dado la tierra, hemos podido cercar todos los nacimientos y los bosques nativos. Hay que cuidar lo de Dios para que Dios cuide de nosotros Juan.

– Así es, don Bruno… Hasta mañana.

– Hasta mañana, amigo mío, cuando hablaremos sobre Patriotismo.

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Charlas entre dos Colombianos de polos opuestos, pero con una atracción de imán entre ellos; Don Bruno, finquero, cursando su sexta década de vida, estudioso y erudito, y Juan, su mayordomo, cursando su cuarta década de vida, capaz, consciente e inteligente.

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