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Debo confesar que hay escritores que me vuelven loca, uno los lee y los relee y entre cada línea, respiro o suspiro logra encontrar algo nuevo, es algo visceral, que al menos le da a uno la satisfacción de saber que no está solo. Siempre he considerado que los orgasmos intelectuales son de igual importancia que los corporales y que no hay nada más sexy que unas buenas…neuronas.  Autores como Héctor Abad Faciolince, Eduardo Galeano, Jorge Luis Borges y Kundera, aparecen en mi lista de hombres atractivos.  Eso sí, todos muy diferentes porque en la variedad está el placer. Se han convertido en los cómplices de mis desvelos. Literalmente estos hombres son los que me roban el sueño. Es increíble cuando alguien logra  tocar sólo con letras. 
Escriben de lo que a mí me gusta hablar, porque uno habla acerca  de lo que vive: del amor, las pasiones, los deseos, el ego que es la comida favorita del miedo y otros demonios. Uno los lee y siente que comprende mejor la condición del ser humano. Sus palabras son tan democráticas como el sol,  brillan y  dan luz a todo el mundo. Sin importar dónde o en que situación estén. Por ejemplo, Kundera sabe que con las metáforas no se juega porque el amor puede surgir de una sola metáfora.  Y tiene claro que no es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos. 
Así pues, si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento. Pues allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga.
La broma y La insoportable levedad del ser, de Kundera, me han enseñado a desaprender, a no tomarme la vida tan en serio, quizás porque siempre oigo con más atención a  una risa auténtica y  traviesa y a un humor sabio y sagaz como es el que tiene este autor. Y sí, sus libros me han marcado, me han hecho replantear lo que soy y quiero ser. Porque estudiar a Kundera no es un acto de consumir ideas sino de crearlas y recrearlas. 
El amor según Kundera y Borges
– “La segunda vez que Tomás ve a Teresa (y hacen el amor) él siente un desproporcionado sentimiento de amor, y el autor se pregunta: “¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas, sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien“. (Milan Kundera, La insoportable levedad del ser)
 
– “Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir. La primera mirada anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, la mirada del público […] La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos… […] Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad […] Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes (Milan Kundera, La insoportable levedad del ser).
 
– “Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad, y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existente entre ellos y nosotros. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia”. (Milan Kundera, La insoportable levedad del ser).
– “- Y los santos -continuó Olga- no hacían más que renunciar a la vida. En lugar de hacer el amor, se daban latigazos, en lugar de luchar como nosotros, se iban a las ermitas y, en lugar de encargar la cena por teléfono, mascaban raíces.
 
– No entiende usted en absoluto a los santos, señorita. Era gente que tenía un enorme apego a las satisfacciones de la vida, sólo que las alcanzaban de otro modo. ¿Cuál es, a su juicio, el mayor placer para el hombre? Puede adivinar, pero no acertará porque no es suficiente sincera. No es un reproche, porque para ser sincero es necesario conocerse a sí mismo y para conocerse a sí mismo hacen falta años. Y ¿cómo podría ser sincera una chica que irradia tanta juventud como usted? No puede ser sincera, porque ni siquiera sabe lo que lleva dentro. Pero, si lo supiese, debería coincidir conmigo en que el mayor placer es el de ser admirado.” (Milan Kundera, La despedida).
Y sí, sí señores, aquella también es mi insoportable levedad de ser. Lo bueno es que al pasar el tiempo como diría Jorge Luis Borges: “Sólo viviendo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma; y uno aprende que el amor no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad“.
– “Y uno empieza a aprender,  que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad”. (Jorge Luis Borges, Aprendiendo)
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PERFIL
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No soy un perfume, aunque tenga mi propio perfume, ni una marca de ropa. Soy Carolina Herrera la hija de Alberto Herrera y Sara Irurita. La hermana gemela de Mónica Herrera lo que me da el lujo de no poder repetir, afortunadamente el viejo dicho de “Uno muere solo y nace solo” porque yo nací muy bien acompañada. Comunicadora de la universidad Javeriana Cali. Caleña. Creyente de la libertad pero no sólo de esa libertad física a la que privan a muchos colombianos sino de una verdadera libertad mental y emocional.

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5 Comentarios
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  1. El tema del blog esta semana, me recuerda cuando leí a Kundera por primera vez, aún era soltero y tenía los interrogantes que a veces se convertían en sufrimientos inenecesarios. Hoy cuando han pasado más de 20 años de haberlo leído he podido comprobar que los planteamientos de Kundera frente a las angustias y sinsabores de las relaciones de pareja, si bien evolucionan con el paso de los años, nos siguen atormentando desde lo más profundo del alma y confirman que nuestra esencia frente al amor es la misma

  2. El poema “aprendiendo” que cita no lo escribió Borges (no sé a quién se le habrá ocurrido decir que es de él). Si está tan interesada en la obra de ese escritor le recomiendo que vaya a los libros y no se quede en las presentaciones de power point que le llegan al correo (que muchas veces contienen datos falsos). Por otra parte cuando habla de Kundera me hace acordar de una conocida a quien también le “fascinaba” ese escritor y decía que sus libros eran “divinos” y que la “hacían pensar” mucho. Ahora, de todos modos le reconozco que sus últimas entradas muestran una gran mejoría comparadas con las primeras, se ve que se ha esforzado más en la escritura de sus textos (aunque sigo creyendo que este blog es interesante ante todo por lo que representa más que por el contenido en sí).

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