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El escritor uruguayo Eduardo Galeano, menciona que aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. “El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed”.  Deliremos, pues, por un ratico.
Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones
Así pues, declaro, al igual que Pablo Neruda, que “quiero vivir en un mundo en que los seres sean solamente humanos, sin más títulos que ése, sin darse en la cabeza con una regla, con una palabra, con una etiqueta[…]” 
Qué fácil dejarse llevar por las opiniones ajenas en lugar de estar abiertos a tener las propias. Me decía un amigo. Qué fácil resulta encasillar a alguien, colgarle una etiqueta, adjudicarle un listado de atributos sin apenas conocerlo, o sin haber cruzado  siquiera una palabra. A veces sacamos conclusiones precipitadas basadas en sólo indicios que algunos denominan intuiciones, y que no son sino prejuicios. Léase bien pre-juicios. 
¿Qué imaginas cuando oyes la palabra chica Hooters?  Yo me imagino, que imaginas muchas cosas porque siempre existirán diferentes ideas, pensamientos y opiniones, maneras de ver la vida,  siempre habrán palabras y más palabras, palabras con sentido y sin sentido y en doble sentido. 
Respeto el pensamiento de cada uno, lo que no soporto son los juicios a priori, personas que creen tener verdades absolutas sin tener ni siquiera la delicadeza de conocer a esa persona en cuestión
Detrás de ‘alitas’ de pollo, diversión y buena atención, quiero contarles que hay seres humanos, valiosos, yo en realidad no conocía a las chicas Hooters hasta que  tuve la oportunidad de entablar una conversación  con algunas de ellas  y me encantó, amé  conocerlas. Son chicas hermosas, pilas, con buena energía,  camelladoras y “echadas pa´lante”. 
Entonces descubrí  que conocer a las personas es como probar un vino, primero uno se acerca,  lo reconoce y  conoce, “toma algo de lo que es”  y al final sí lanza el juicio. Y creo que las chicas Hooter realmente son seres libres. Mujeres que han dejado de ser esclavas de sus propios prejuicios, miedos y han asumido su propia emancipación. Pues una mujer libre es aquella que deja de ser esclava de su propio silencio y su inconformidad. 
Por ejemplo, Yuliana, chica Hooters Cali, me contó que ella decidió dejar su casa porque quería estudiar, y su familia vivía muy retirada de la ciudad, entonces tomó la decisión de vivir en Cali y asumir sus propios gastos. 
Descubrió en Hooters un lugar en donde puede trabajar  tranquilamente por su flexibilidad horaria  y, al mismo tiempo, estudiar, además se divierte y aprende. En este momento Yuliana  está estudiando economía y mercadeo, ella misma se paga su universidad. Menciona  además que  tener la experiencia en este sector laboral  ha sido un factor diferenciador, pues ha aprendido acerca  de lo que realmente se trata la vida., pues muchas veces  “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie” Y ponerse en pie significa justamente eso, perseguir los sueños con dignidad, paso a paso y encontrarle el lado positivo a cada circunstancia de la vida que se presenta.
Considero que hoy en día las mujeres tienen todo el derecho de conseguir  y alcanzar sus metas como ellas lo decidan. Lo importante es asumir la vida con la entereza y conciencia  que merece. Muchas mujeres,  me incluyo, no lo haremos como de pronto  lo hacían nuestras abuelas porque quizás no queremos ser princesas. No nos da la gana de ser unas princesas,  y no nos cabe el corazón, ni mucho menos, tanta vida en ese estrecho corsé.
“El modelo de buena mujer, de mujer sana, lo popularizó la medicina en los años 50: raza blanca, heterosexual, clase media, media alta, sin afanes emancipadores ni intereses políticos. Más bien una mujer dispuesta a hipotecar su existencia al cuidado de su marido, sus hijos y su hogar”. Así pues, rechazo también esta etiqueta. Considero que el modelo de una “buena mujer” lo fundamenta  la propia  mujer en la medida que sea buena con ella misma. Y  ¿qué es ser bueno con uno mismo? es tener la capacidad de reconciliarse con el interior de cada una, de aceptar sus debilidades y amenazas  y asumir sus fortalezas y oportunidades.
Quiero enviarle un saludo muy especial a todas aquellas mujeres que ” no se han sentido cómodas en el reducido espacio de lo que ha significado ‘ser mujer’; las que no han querido ser madres, esposas o monjas; las que han querido trabajar y “descuidar” a sus familias, las que se han negado a rezar, las que se han querido divorciar, las que prefieren leer o crear en lugar de cocinar o coser, las que han pensado que su opinión es tan importante como la de un hombre, y  las que han querido votar y escoger a sus representantes” 
Y, sobre todo, a las chicas Hooters que viven a gusto con su trabajo, y lo más importante: “viven y dejar vivir a los demás”.
No todas las mujeres que utilizan shorts cortos, faldas o quizás un escote, van en busca de algo, o quizás sí, en busca de su propia comodidad y sensualidad, en busca de sus sueños. Detrás de una gran mujer hay una gran columna vertebral dispuesta a trabajar.  
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PERFIL
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No soy un perfume, aunque tenga mi propio perfume, ni una marca de ropa. Soy Carolina Herrera la hija de Alberto Herrera y Sara Irurita. La hermana gemela de Mónica Herrera lo que me da el lujo de no poder repetir, afortunadamente el viejo dicho de “Uno muere solo y nace solo” porque yo nací muy bien acompañada. Comunicadora de la universidad Javeriana Cali. Caleña. Creyente de la libertad pero no sólo de esa libertad física a la que privan a muchos colombianos sino de una verdadera libertad mental y emocional.

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