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Se empieza acabar el año, y como es costumbre a uno le da por hacer balance con uno mismo de eso que logró y que no, y  de lo que quiere seguir siendo y haciendo. Sin duda alguna desearía ser una mujer más pausada y menos acelerada.Desearía tener la capacidad de gozarme más los procesos y pensar menos en la meta que finalmente es solo eso,  un fin.  
¿Por qué siempre tenemos prisa? 
¿Para qué hacer todo a contrarreloj?
¿Para llegar antes… dónde?
¿Al final?
¿Al final de qué?
Como dice la escritora Isabel Allende, en “Afrodita”: “Vivimos corriendo para llegar primero a la muerte”.De esta manera , las relaciones amorosas, el trabajo y en si la vida misma a veces la vivimos a toda prisa como si en realidad deseáramos el fin y la muerte de estas. Es como si quisiéramos hacer y deshacer al mismo tiempo.
 
Milan Kundera, en su libro ” La Lentitud”, explica que nuestra época se abandona al demonio de la velocidad y, por este motivo, se olvida tan fácilmente de sí misma. Pero yo prefiero darle la vuelta a esta afirmación: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar, y para realizar tal deseo se abandona al demonio de la velocidad; “si acelera el paso es porque quiere hacernos entender que ahora ya no aspira a ser recordada, que está cansada de sí misma, disgustada consigo misma; que quiere apagar la trémula llama de la memoria”.
Y yo al igual que Kundera  en este momento de mi vida me cuestiono, ¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud? Ay, ¿ dónde estarán los paseantes de antaño? ¿Dónde estarán los héroes holgazanes de las canciones populares, esos vagabundos que vagan de molino en molino y duermen a raso? ¿ Habrán desaparecido con los caminos rurales, los prados, y los claros, junto con la naturaleza?
” Miro por el retrovisor: siempre el mismo coche, que no consigue adelantarme por culpa del tráfico en sentido contrario. Al lado del conductor va una mujer; ¿ por qué el hombre no le cuenta algo gracioso? ¿ por qué no descansa una mano en su rodilla? ¿por qué no la toca?. En lugar de eso, maldice al automovilista que, delante de él, no avanza lo bastante rápido; tampoco la mujer piensa en tocar al conductor con la mano, conduce mentalmente con él y ella también me maldice”. 
Ya ni siquiera hay tiempo para el deseo , anhelamos volver a tener  sexo sin reloj. La ansiedad conspira contra el deseo y afecta sobre todo a las mujeres.En este campo también hay que desacelerar y privilegiar la lentitud sobre todas las cosas. Música, velas, una comida romántica. Hay que reeducar la paciencia y encarar con todo el tiempo del mundo la conexión con el otro,  porque esta también se ha perdido .  Afortunadamente la vida es aire, y si usted no nota el aire, no notará la vida. 
Como escribió  Kundera en “La lentitud”  “Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo”. Y mucho menos del otro.
Así pues, explica que hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial. Un hombre camina por la calle. De pronto quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle, acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él. 
En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales:  “El grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido”. 
Queremos vivir a toda velocidad y queremos olvidar de la misma manera.   Así pues, cierro este texto con un párrafo de la escritora con que arranqué:  Isabel Allende. En Afrodita menciona que: “Me arrepiento de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana”,ya que “la sexualidad es un componente de la buena salud, inspira la creacion y es parte del camino del alma…Por desgracia, me demoré treinta años en descubrirlo“. 
Quizás la escritora no se ha dado  cuenta que esos treinta años no fueron una desgracia sino tal vez un proceso lleno de lentitud que  la llevó a descubrir un gran placer, porque definitivamente las mejores cosas de la vida  necesitan de tiempo incluyendo el sexo. 
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PERFIL
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No soy un perfume, aunque tenga mi propio perfume, ni una marca de ropa. Soy Carolina Herrera la hija de Alberto Herrera y Sara Irurita. La hermana gemela de Mónica Herrera lo que me da el lujo de no poder repetir, afortunadamente el viejo dicho de “Uno muere solo y nace solo” porque yo nací muy bien acompañada. Comunicadora de la universidad Javeriana Cali. Caleña. Creyente de la libertad pero no sólo de esa libertad física a la que privan a muchos colombianos sino de una verdadera libertad mental y emocional.

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