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Alfredo Iriarte

Lo que la lengua mortal decir no pudo

Random House

 

Lo primero que tiene de laudable este magnífico compendio de crónicas del más distinguible jaez es que el lenguaje con que están escritas está en las antípodas de la incorrección, ramplonería y pobreza del que hoy día circula en el ámbito de la escritura. Y si a eso agregamos el talante investigativo y enriquecedor de su contenido, la lectura es doblemente agradable y provechosa. Las siete partes que componen el libro (Colombia, México, Nicaragua; Bolivia y Paraguay, Venezuela, el Salvador y República Dominicana) son, cada una y en conjunto, un curso acelerado, no de Historia oficial de la que se enseña en los sedicentes mejores colegios, sino de verdadera Historia, la que sacude imaginarios reaccionarios. Su cometido está expresado, como al desgaire en una de sus páginas:

“Se trata, en suma, de ejercitar mi inveterada y muy grata manía de aguarles la fiesta a los prestidigitadores y cubileteros de la historia oficial denunciando a gritos sus argucias y sus trucos, que en el fondo no son más que maniobras antipopulares y antinacionales.”

Desde el retrato apócrifo que hace de Isabel de Castilla, del belfo Carlos V y del avivato Colón, hasta la increíble etopeya del luciferino y desaforado dictador Trujillo, todo lo referido y esclarecido por Iriarte puede dejarle entablada la cara a muchísimos lectores (doy fe respecto a no pocos personajes, a pesar de que, por mor de muchas lecturas, ya estaba avisado). Y vale el ejemplo a propósito de dictaduras, pues a quienes más zahiere por su esclerosis crítica es a los tantos pseudo académicos que en Colombia no entendieron y no justipreciaron El otoño del patriarca de Gabo, habiendo sido esta novela considerada por Iriarte como “una de las más perfectas y asombrosas construcciones poéticas y narrativas de la lengua castellana”. ¡Qué bien le haría este libro, que ya ajusta 20 años de publicado y por fortuna regurgitado en esta nueva edición, a una clase de Historia en nuestras aulas!

 

Fernando Vallejo portada La conjura contra Porky

La conjura contra porky

Alfaguara

 

Según la susceptibilidad o la disposición del lector, este libro puede ser tanto un veneno como un divertimento. Si es feminista, cristiano, político, gobernante, médico, físico devoto de Einstein; cura o pobre, y se inclina a tomarse a pecho las lancinantes diatribas del autor, lo mejor es que no lo lea.

Si es crítico y autocrítico, si no le da la espalda a la realidad, si reconoce el género híbrido al que pertenece el libro (cercano al teatro blasfemo valleinclanesco y a la sátira política inventada por Swift y reinventada por Philip Roth) y, si acaso se aviene con los cínicos, los escépticos, los cirenaicos y así mismo con Schopenhauer y Nietzsche, pues léalo. Pero aún tendrá que sortear andanadas de vocabulario de grueso calibre que termina fatigando.

El libro se sostiene porque sintácticamente no tiene reparo y porque alienta la curiosidad sobre a qué le va a tirar o a quién va a despellejar a la vuelta de cada página. Lo mejor es ofrecer algunas citas y que cada uno mire para dónde agarra:

“La Biblia calla sobre el incesto universal que aquí dejo en claro, pero ese libraco es una sarta de invenciones inmorales y estúpidas, obra de un pueblo necio que se empeña en ser el elegido de Yahvé así lo exterminen en castigo por su codicia insaciable del becerro de oro, el vil metal, al que le rezan, y escritas con un léxico paupérrimo y una sintaxis que no conoce la subordinación, de dar vergüenza ajena.” P.35

“Dios es la imagen misma de la Desocupación Cósmica, del Vacío Esencial, del Sinsentido Rabioso, del Ocio Eterno que lleva a la Perversidad Infinita.” P.62

“La espada que se robaron los pandilleros del M-19 de un museo nunca la usó en vida su dueño, que no mató ni un solo español con ella ni la cruzó con nadie en su ambiciosa vida. Veía batallas desde un altico, desde un cerrito, desde un montecito.” P.106

“Imposturólogo de nacimiento, conmigo nació la ciencia de la imposturología. Debuté con un manualito restringido al estrecho campo de la física (Galileo, Newton, Einstein, tramposos de esos). P.137

 

Julia Navarro 

Una historia compartida

Con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos

Plaza y Janés

Una manera reduccionista de ver este interesante libro, sería decir que es un alegato feminista, tiene de dónde, pero es muchísimo más, es todo un libro de Historia y de pequeñas biografías, todas de extraordinarias mujeres que han brillado en los campos en los que se han desempeñado, jugando un laudable papel histórico, a lo mejor desconocido para montones de personas. Como buena escritora y novelista que es, la célebre autora de Dispara, yo ya estoy muerto, nos emociona con su ingente pesquisa sobre mujeres de fuste, algunas de ellas provenientes de la ficción literaria (caso de las del primer capítulo, “Entre el mito y la realidad”) verdaderamente fascinantes. El desfile de celebres mujeres de tenor épico – mítico incluye, por ejemplo a: Casandra, Nefertiti, Hipatia, Marie Curie, Simone de Bouvoir, Simone Weil (se le quedó por fuera otra Simone ¡adivinen cuál!); Hannah Arendt (¿Cómo iba a faltar?), Susan Sontag; Santa Teresa y Sor Juana; Juana de Ibarbouru (por lo cual tendría que haber incluido a Alfonsina Storni, pero no pidamos tanto); Anna Ajmátova ( no se le hubiera perdonado no incluirla) y Marina Tsvetáieva; Murasaki Shikibu (acierta al decir que es la primera novelista, porque mucha gente lo ignora y mucha gente, inclusive del mundo académico, no lo creería); Mary Shelley y otras tantas que incluyen a las del Nobel de literatura.

Libro importantísimo para clases de Historia, de cultura y de Estudios de género, que debería ser incluido en los programas y/o planes de lectura de bachillerato.

 

Orlando Figes 

La Historia de Rusia

Taurus

De este historiador británico, aunque nacionalizado alemán, que ha ganado los premios más codiciados por sus producciones sobre La Revolución rusa y sobre temas europeos, nos llega una completa, pero ni extensa ni densa historia de la nación que originalmente se llamó la Rus de Kiev. Según el primer documento histórico (por su carácter literario, equivalente a las obras fundacionales de las grandes naciones europeas), a saber, Primera crónica eslava o  Crónica de Néstor, escrita por un monje hacia 1110, los rus serían descendientes de alguna rama de los eslavos que de hecho eran (como los vikingos) diestros en el uso del hacha y supremamente hábiles para construir barcos, esto último apuntalado desde lo lingüístico, en el hecho de que el nombre “rus” se deriva de “róa”, que en nórdico antiguo, significa remar. Después la historia comenzó a adquirir complejidad, por mor de lo que Figes llama “el impacto mongol”, que es lo que convierte la identidad rusa en algo difícil de elucidar.

La mencionada Rus de Kiev es históricamente el primer Estado ruso, fundado por Vladímir (o Volodímir, como lo llaman los ucranianos), príncipe de Kiev, quién vendría a ser el responsable o artífice de que su pueblo se pusiera bajo el cobijo de la Iglesia ortodoxa oriental. El lector ya habrá advertido que las razones para las diferencias sociopolíticas entre los rusos de hoy y los ucranianos son muy antiguas y, por tanto, los motivos para la guerra actual no son invento reciente. De tales motivos nos podemos percatar en profundidad en las primeras cincuenta páginas del libro.

Son diez los capítulos que comportan la investigación del historiador británico – alemán nacido en 1959. En ellos se nos da cuenta, por ejemplo, de la divina figura del Zar, del episodio napoleónico y del hito revolucionario. El libro trae además un valioso soporte fotográfico y cartográfico.

 

la vida toda-alma guillermoprieto-9788417636203Alma Guillermoprieto

La vida toda

Nueva crónica estadounidense

Debate

 

De esta reconocida reportera y escritora mexicana, acreditada por sus trabajos sobre la Revolución cubana y sus reportajes de tenor geopolítico, nos llega un volumen antológico, cuyo contenido no son sus propias crónicas, sino las de otros reporteros, hombres y mujeres, a quienes toma como ejemplo de escritores de no ficción que hacen bien su tarea. La antología consta de quince reportajes (el género que su amigo García Márquez siempre defendió como género literario), entre los cuales cabe destacar por el interés que suscitan: “Los secretos de los archivos de Lyndon Johnson” de Robert A. Caro; “Los mellizos revueltos de Bogotá” de Susan Dominus; “Anatomía de una masacre” de Ginger Thompson; “¿Quiénes son todos esos simpatizantes de Trump?”; “Un terrorista muy americano” de Rachel Kaadzi Ghansah y “El fin. ¿Qué pasa después de la muerte?” de Ben Ehrenreich.

Un fuerte y muy útil componente del libro es su introducción, que puede ser aprovechada por estudiantes de periodismo, por cuanto es un breve curso sobre qué es una crónica y cómo se hace, modalidad que, por las menciones que hace, es tan norteamericana como el pastel de manzana. A continuación, algunas de sus premisas:

“la crónica de largo aliento es un remedio, un oasis en medio del desierto, un silencio en medio del caos”.

“En la crónica se enlazan una serie de hechos comprobables, y en esto -la obsesión por lo comprobable- se distingue de la ficción y se hermana con el periodismo noticioso, pero las diferencias son importantes.”

Y esta que me gusta mucho y comparto plenamente: “La crónica es veraz, pero también es literatura: al igual que la ficción usa recursos de contador de historias para alarmar, indignar, emocionar, cuestionar, conmover.”

 

Tilar J. Mazzeo  HERMANAS DE LA RESISTENCIA

Hermanas de la resistencia

Aguilar

Magnífico libro y buen ejemplo del género de literatura de no ficción (aunque pasaría también como crónica literaria), porque estando escrito como si fuera novela (solo le faltarían los diálogos), todo lo que cuenta es producto de la investigación y hace parte de la historia diversa de la Segunda Guerra Mundial. Es evidente la habilidad de la autora para crear suspenso y atrapar al lector. La escritora, también conocida por Los niños de Irena sabe narrar; por algo es profesora de escritura de no ficción en el Colby College.

El libro de Mazzeo expone todo lo ocurrido con los famosos diarios secretos de Galeazzo Ciano, de cómo el mismo autor pagó con su vida el haberlos escrito y ocultado a los nazis y de cómo su esposa Edda, la hija de Mussolini, logró tras todas las peripecias imaginables (o, más bien, inimaginables) ponerlos en manos de los Aliados. Eran muchos cuadernos y algunos fueron encontrados por la Gestapo y destruidos por el mismo Hitler; pero con los que Edda y las que la autora llama “hermanas de la resistencia”, con el concurso de una doble espía que se quedó con unas copias, los norteamericanos tuvieron suficiente material probatorio contra los cabecillas nazis en los juicios de Núremberg. El primero de ellos, todo un trofeo, fue Joachim von Ribbentrop, llevado a la horca el 16 de octubre de 1945. Fue la primera ejecución de posguerra.

El libro es básicamente el homenaje a un puñado de mujeres que arriesgaron su vida por una buena causa, pero que no tienen mucha visibilidad en la Historia oficial. Es también un recuento de lo que fue el fascismo en Italia y de cómo Il Duce era mantenido en el poder (que nunca fue tanto como para considerarlo un verdadero dictador), primero por el mismísimo rey italiano y después por Hitler, hasta que los partisanos lo colgaron boca abajo como un muñeco en una plaza después de ejecutarlo a tiros.

 

portada NARRATIVA

José Félix Fuenmayor

Narrativa

Cosme

Una triste aventura de catorce sabios

La muerte en la calle

Random House

 

El presente volumen contiene las tres obras que le dan al autor un sitial en la narrativa colombiana, a saber: La novela Cosme, el relato (llamémoslo así por cuanto no es novela ni cuento) Una triste aventura de catorce sabios, y la colección de once cuentos, a la que el más reconocido de ellos le da el título. Se diría que el relato de “los sabios”, a pesar de sus defectos (que no son pocos) se puede considerar pionero en un género al que la literatura colombiana ha sido siempre refractaria: la fantasía, cultivada más bien en el cono sur, en especial en Argentina. Al autor le faltó fuste para darle forma y todo queda entre el divertimento (para él) y el disparate o simple mamadera de gallo.

La novela a la que su protagonista le da el nombre ya es otro cantar. Es una novela realista que participa de la doble herencia española de picaresca y de novela ejemplar. El protagonista es un perdulario que parece sacado del siglo XVI; lleva puesto el sino trágico desde su infancia y vive siempre rodeado de caballeros de industria, que demuestran que el capitalismo salvaje es de vieja data y que de nada vale ser lo que hoy se dice emprendedor, si no hay a quién timar y dejar en la calle. Aparte de su valor social, la novela es una exhibición de buen uso del idioma.

En lo concerniente a los cuentos, lo primero que hay que decir es que en el libro faltaron dos, que en cambio sí aparecieron en la recopilación de Alfaguara de 1994, a saber, “Taumaturgia de un cochecito” y “La muerte de Juan Cruz”. Los mejores vienen siendo, el que le da el título a la colección (aunque cualquier lector sabría, no más leer la primera página, en qué va a terminar) y “Relato de don Miguel”, por su final sorprendente. Se diría, a guisa de conclusión, que lo que dejó posicionado literariamente a Fuenmayor, fue Cosme, novela urbana de gran factura.

 

Albert Camus 

La muerte feliz

Debolsillo

 

Para los lectores y estudiosos del Nobel francés de 1957, esta novedad bibliográfica tiene doble interés; primero por ser novela póstuma y segundo porque fue la primera que Camus escribió. Algunos elementos que lo harían conocer después ya están presentes en estas páginas, comenzando por los gajes de existencialismo:

“Créeme, no existen grandes padecimientos, ni grandes arrepentimientos, ni grandes recuerdos. Todo se olvida, incluso los grandes amores. Eso es lo triste y al mismo tiempo lo exaltante de la vida. Solo existe cierta forma de ver las cosas y aparece de vez en cuando. Por eso es bueno haber tenido pese a todo un gran amor o una pasión desdichada en la vida. Por lo menos sirven de coartada para esas desesperaciones que nos agobian.”

Asimismo, no podríamos soslayar los ramalazos de prosa poética, fundada principalmente en símiles y sinestesias (“cascos de barcas naranja se secaban al sol como fruta cortada en cuartos” “Lo rodeaban horas fláccidas y fofas, y el tiempo entero chapoteaba como si fuera cieno”). Por último, esa actitud indolente (como de puro desocupado) del protagonista, muy cercana a la de su casi homónimo de El extranjero. (Aclaro que lo de “casi” es porque uno se apellida Mersault y el otro, Meursault): “Mersault seguía atentamente a todos los hombres con la mirada y dejaba de mirar, cuando ya no alcanzaba a verlos, para volver los ojos hacia un nuevo transeúnte.”

¿Y el sentido del título de la novela? Fácil. Y además resuelto desde el primer capítulo y tiene que ver con la eutanasia.

 

portada MARIAJorge Isaacs

María

Penguin clásicos

¿Otra edición de María? Sí, y muy buena, pues trae una laudable introducción de Carolina Alzate y el conocido juicio crítico de J.M. Vergara y Vergara. Hablando en castellano viejo, la nueva edición de la emblemática novela de nuestro romanticismo es para leerla con actitud de estudio. La novela se publicó por primera vez en 1867 (veintitrés años después de Ingermina, que se considera la primera novela colombiana y casi medio siglo antes de La vorágine) y fue nadie menos que don Miguel Antonio Caro, quien corrigió el manuscrito de Jorge Isaacs.

El argumento de la novela es conocido, aún por quienes no la han leído, puesto que, no sólo abunda la doxografía en libros de texto, sino las versiones para cine y televisión, aparte de que existen los escenarios en los que se desarrolló su trama y de que sus protagonistas tienen representación, tanto en la pintura como en la escultura. Son un mito literario, igual que la novela.

María nos permite, en primer lugar, vislumbrar costumbres, roles sociales y pensamientos de su época y asimismo, comprender la episteme romántica, así el Romanticismo haya llegado un poco desmayado y tan tarde a Latinoamérica; en segundo lugar, advertir que semejante drama no sería ni creíble ni posible hoy día, porque su base es la incomunicación, pero, sobre todo, permite reconocer el sentido trágico de la vida, algo que, a pesar de ser tan necesario (y para qué citar a Heidegger), se suele encubrir hoy día mediante majaderos discursos de actitud positiva.

 

Fernando Vallejo 

Almas en pena chapolas negras

Debolsillo

 

Esta podría ser la investigación más exhaustiva acerca del mejor poeta de Colombia y del Modernismo. Su principal fuente son las cartas y los archivos nacionales, al igual que los periódicos de la época. La forma de escribir de Vallejo es amena y mordicante; no deja títere con cabeza y, ni el mismo Silva se salva de las saetas, pues, según su biógrafo, tenía tanto de genio poético como de mentiroso, deudor moroso, embaucador, manipulador, burletero, ambicioso y, paradójicamente, descuidado con el idioma, como lo corroboran los innumerables errores de ortografía de sus cartas.

La biografía, que cuenta ahora con esta nueva edición (la primera es de 1995), es también un pintoresco retablo de la Bogotá de finales del siglo XIX y comienzos del XX; despeja dudas y esclarece imaginarios colectivos. Tiende a demostrar todo lo que dice (como la audaz afirmación de que los diez mejores poemas de la poesía colombiana son de Silva) y a argumentar lo que supone; le carga la mano a las cuentas y a los asuntos comerciales en la vida de los Silva y se detiene más bien poco en la obra artística.

En la carrera por saber más sobre el bardo bogotano, Vallejo sobrepuja a todos los biógrafos, incluido Santos Molano con su libro asaz denso: “Santos Molano, mi hermano en Silva era el que más sabía de él hasta que llegué yo”. Y, conocidas también sus biografías sobre Barba Jacob y Rufino Cuervo, nada de exagerado tendría decir que Vallejo es mejor biógrafo que novelista.

 

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PERFIL
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Exprofesor del Gimnasio Moderno y de la Universidad Santo Tomás; profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Asesor pedagógico, conferencista e investigador académico; articulista y columnista de El Tiempo y comentarista de libros en Lecturas dominicales desde 2003. Autor de Cien remedios para la soledad y Crónica contra el olvido. Correo: parrapower2001@gmail.com

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