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Por: Miguel Ángel Díaz. 

La selección de Holanda siempre es considerada una de las favoritas a pesar de nunca haberse coronado campeona, y en Brasil 2014 no es excepción. Tal vez en la cabeza de los neerlandeses aún esté la final perdida en 2010, o las otras dos finales perdidas en 1974 y 1978. Tal vez, sientan que tienen una deuda con el fútbol, pero el fútbol tiene una deuda más grande con los holandeses.

 

El Ajax del flaco.

Hubo una época en la que Holanda era una del montón en el ámbito futbolístico, al igual que los equipos de su liga. La Eredivisie no tenía representantes que se destacaran a nivel europeo, y cualquier conjunto tulipán que lograba asomarse en el panorama no lograba sobreponerse a los equipos grandes. Sin embargo, a mediados de los sesenta llegaría alguien que lo cambiaría todo, un flacuchento y larguirucho de 17 años, que después sería considerado como uno de los cuatro más grandes del fútbol: un tal Johan Cruyff.

El 15 de noviembre de 1964 debutaba Cruyff con el Ajax de Ámsterdam, equipo con el que eventualmente, dominaría Europa. Él, junto a otro canterano, Piet Keiser, serían la base para el Ajax de los setenta, el cual crearía un nuevo estilo, llamado ‘Fútbol Total’. Esta nueva técnica consistía en 3 fases: en primer lugar practicar el fuera de juego, es decir, defender adelantando las líneas para dejar a los rivales en fuera de lugar. En segundo lugar, pressing ofensivo, lo cual indicaba que los delanteros presionaran a los defensores, de este modo todos los jugadores defendían. Y finalmente el eje de todo, la posesión del balón, ya que como Cruyff lo dijo: “si ellos no tienen el balón, no pueden marcar.

Con este estilo el Ajax rozó la perfección, ganándolo todo a nivel local, coronándose 3 años seguidos como reyes de Europa y sobretodo, mostrando un juego que asombraba por su exquisitez, por su precisión, por lo bien engranada que parecía cada pieza, ya que todos los jugadores defendían, todos atacaban, todos sabían mantener el balón, y con el plus de tener un crack, Cruyff.

 

La Naranja Mecánica.

El fútbol total floreció con el Ajax, sorprendió al mundo y se convirtió en la insignia del fútbol holandés, y por supuesto, de su selección. En el Mundial de 1974, en Alemania, el juego de los tulipanes fue impecable, incluso se ganaron el apodo de la “naranja mecánica” –aprovechando el color de la camiseta de la selección y el éxito de la película del mismo nombre– por su impresionante rendimiento colectivo, y especialmente, el de su capitán, mejor jugador del torneo, 3 veces condecorado como mejor del mundo, el mismo flacuchento Cruyff.

Sin embargo, a pesar de ser reconocidas como una de las mejores selecciones de todos los tiempos, los neerlandeses no lograron ganarle en la final a la Alemania del tanque Gerd Müller y Franz Beckenbauer.“Perdimos la final, pero dejaremos un mejor recuerdo que el campeón”. Esta frase de Cruyff después del partido fue verdad pura, pues si bien Alemania tenía un muy buen equipo, no se podía comparar con la naranja mecánica, que deslumbró al mundo.

Cuatro años después, en Argentina, se esperaba que la oranje tuviera su revancha y alzara finalmente la copa. Sin embargo, su capitán y estrella, Cruyff, se rehusó a asistir a la cita mundialista. El flaco renunció a la selección por un secuestro que había sufrido el año anterior. “Todo esto hace cambiar tu punto de vista sobre muchas cosas. Hay momentos en la vida en los que hay otros valores. Queríamos parar y ser un poco más sensatos. Era el momento de poner el fútbol a un costado. No podía jugar un Mundial después de eso“, esta fue su explicación, dejando a la naranja mecánica sin su engranaje principal.

A pesar de la ausencia del mítico numero 14 holandés, la naranja mecánica consiguió llegar a la final, pero nuevamente fueron frustrados por el anfitrión, que se hizo con la copa de la mano de su gran figura, el matador Mario Kempes.

 

Los tulipanes rojinegros.

Poco tiempo después de la decepción de los tulipanes –a finales de los 80 y principios de los 90– se gestaba en Italia otro gran equipo, bajo las órdenes de Arrigo Sacchi, un entrenador obsesionado con los detalles. Después de destacarse con el Parma, Sacchi llegaba al Milan para hacer encajar todas las piezas, a Ancelotti de la Roma, Donadoni de la Cremonese y los jugadores de la casa como Maldini, Baresi y Costacurta. Sin embargo, faltaban tres incorporaciones que marcarían, por encima de las demás, el exitoso destino de este Milan. Un trío de holandeses serían los elegidos para darle un salto de calidad a los rossoneri: Ruud Gullit, llegado del PSV; Frank Rijkaard, y la gran figura, Marco Van Basten, ambos jugadores del Ajax, que brillaron bajo las órdenes de Johan Cruyff, quien prometía ser un deslumbrante entrenador.

A pesar de que el aspecto vital de la táctica del Milan era la defensiva, aprovechando al máximo el fuera de juego, los causantes del éxito milanista fueron los holandeses. En el mediocampo Rijkaard se encargaba de darle cordura al juego, con ayuda táctica en la defensa, pases inteligentes y sobretodo, elegancia. La conexión arriba la manejaba Gullit, con una cantidad de recursos sorprendentes y un enorme despliegue físico que se encargaban de acompañar al crack; al mejor de los 11, Marco Van Basten. El ariete se consolidaría como uno de los mejores delanteros de todos los tiempos, principalmente por la infinidad de alternativas que tenía al momento de definir, haciéndolo impredecible.

Esta combinación hizo del equipo de Sacchi una squadra legendaria, ganadora de dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa, un Scudetto, una Supercopa de Italia y dos Intercontinentales. Si bien después de la salida de Sacchi, el Milan consiguió mantenerse en la élite bajo las ordenes de Capello, los rossoneri ya no eran ese equipo legendario.

Pero, el éxito de los holandeses en el calcio no se traspasó a la selección, dado que no pudieron clasificar a los mundiales de 1982 y 1986. A pesar de tener jugadores de élite, su juego no logró consagrarse hasta la Euro de 1988, donde pudieron proclamarse campeones.

 

Del dream team al tiki taka.

En su paso como entrenador del Ajax, Johan Cruyff volvió a asombrar al mundo del fútbol, al mostrar un estilo de juego ofensivo y vistoso, lo cual le abrió las puertas del F.C Barcelona. En el club catalán revolucionó nuevamente la forma de jugar: enfocándose en la posesión de balón, consiguió sacar a los culés de una sequía de títulos. Logró proclamar por primera vez al Barcelona como campeón de Europa con un buen juego y con enormes figuras como Michael Laudrup, Hristo Stoichkov y Pep Guardiola. Debido al exitoso ciclo de el holandés en el equipo catalán, fueron catalogados como el Dream Team, gracias al prolífico juego que mostraban.

Pero la importancia del flaco iría más allá de los títulos conseguidos, ya que el mítico holandés se encargó de cambiar toda la estructura del club. Al igual que en su paso por el Ajax, Cruyff le daría vital importancia a las divisiones inferiores, debido al éxito que la cantera del club holandés había tenido con nombres tan importantes como Clarence Seedorf y Edgar Davids.

Después de la salida de Cruyff por desacuerdos con la dirigencia del club, el equipo ya no era el Dream Team y, si bien eran competitivos, al igual que el Milan y el Ajax, dejó de ser aquel club mítico de los últimos años. Después de varios altibajos, bajo la dirección de otras leyendas tulipanes, como Louis Van Gaal y Frank Rijkaard, sería necesario el arribo al club de un hijo de la casa, heredero del Dream Team, para recuperar la senda del éxito: Guardiola.

El modelo implementado por Cruyff sería vital, además de un vestigio de la era Rijkaard, la presión sin balón. Incluso Pep reconocería la importancia de los holandeses, afirmando que “ellos fueron los pioneros, los que abrieron el camino y eso no se puede igualar por más títulos que ganemos”. El “Pep team” continuaría con el proceso dándole mas importancia a jugadores de la cantera como Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Gerard Piqué y Lionel Messi.

Este sería el ciclo más exitoso del Barcelona, consiguiendo 2 ligas de Campeones, 2 supercopas de Europa, 3 ligas, 3 mundiales de clubes y varios títulos más. Guardiola consagró al club como uno de los mejores equipos de la historia, además de seguir en la línea de Cruyff, con buen trato al balón, mostrando un juego ofensivo y manteniendo la posesión -el tiki taka- como premisa principal. Sin embargo, después de la partida de Guardiola del club, el equipo catalán de nuevo sufrió un declive en su nivel.

 

La nueva Oranje.

En el 2010, la selección Holandesa se presentaba como candidata al título en el Mundial de Sudáfrica. Con varios nombres de jerarquía como Arjen Robben, Robin Van Persie y Wesley Sneijder lograron llegar a la final, en la que enfrentarían a España. La selección ibérica que tenía como base al Barcelona de Guardiola, logró imponer una identidad parecida a la naranja mecánica –aunque no igual de fantástica– e irónicamente, contra un juego casi autóctono de Holanda, la selección Oranje perdió su tercera final.

En Brasil 2014, la renovada naranja mecánica del experimentado Louis Van Gaal llegaba nuevamente con boleto de favorita. En su primer partido ante España los tulipanes tuvieron su vendetta, mostrando un juego rápido y contundente con el que lograron vencer a la roja por 5 a 1. Si bien los neerlandeses lograron pasar como primeros de su grupo, ganando también ante Australia y Chile, la oranje no brilló, ganando con lo justo, por jerarquía, pero sin buen juego. Ya en octavos, ante México, la tendencia continuaría. Holanda logró remontar un 1-0 en los últimos minutos, otra vez sin deslumbrar.

El partido de cuartos ante la sorpresa, Costa Rica, apuntaba a ser el escenario perfecto para demostrar la calidad de los neerlandeses. Sin embargo, tras una pobre actuación colectiva fue necesario resolver el partido desde el punto de penal, donde la jerarquía de la oranje la volvió a salvar de la eliminación.

Tal vez en las semifinales ante Argentina la naranja mecánica resurja. Tal vez el juego explosivo y prolijo que siempre ha sido propio de los holandeses logre romper la maldición, tal vez por fin sean campeones. Sin embargo, ya sea que los tulipanes logren el título o no, Holanda es una selección de respeto, no sólo por su juego si no por su importancia en el mundo del fútbol, porque sin importar quien se consagre en suelo brasileño, el fútbol holandés ya hace parte de la historia, y la Oranje ya llegó a la gloria.

@diariosmundial

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Estudiantes apasionados por el fútbol y las mil caras diferentes que esta moneda redonda llamada Brazuca puede aportar. Periodistas más allá de la narración y el comentario, pero más acá del mundo de los gurús del periodismo deportivo. Analíticos y críticos el 90% del tiempo, durante el otro 10% estamos viendo a la Selección.

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