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FEM

El Foro Económico Mundial (FEM) que se realizó en la ciudad de Davos-Suiza, tuvo como lema central para este año “Globalización 4.0: Formando una arquitectura global en la era de la Cuarta Revolución Industrial“, una cuestión sobre la que reflexionaron cerca de 3.000 participantes provenientes del mundo político, empresarial y cultural así como de la sociedad civil.

Además del tema central, dentro de la agenda para este 2019 también se enfocaron seis debates críticos: la geopolítica en un mundo multiconceptual; el futuro de la economía; la política tecnológica y de los sistemas industriales; la resistencia al riesgo como promotor del pensamiento sistémico; el capital humano y la sociedad; y la reforma institucional global.

En cuanto a la geopolítica en un mundo multiconceptual, en el foro se discutió la nueva realidad de las relaciones internacionales en las cuáles, los países se encuentran en la dicotomía de actuar a través de acciones multilaterales o mediante acciones individuales.

Lo anterior se observa en casos como los tratados comerciales que países como Estados Unidos han querido redefinir a su acomodo. También en la evidente disolución de organizaciones como UNASUR, en la ineficacia de las Naciones Unidas en temas del Medio Oriente y en los diferendos limítrofes de países como Chile y Bolivia o del Reino Unido con Argentina.

La realidad es que estamos en un mundo multipolar donde la hegemonía tradicional de potencias como Estados Unidos o la Unión Europea es cada vez más reducida y donde se evidencia el surgimiento de nuevos Entes de poder como Rusia, China e India. No obstante, el foro también sirvió para entender que esto no es algo malo en sí, sino que es una evolución normal de los negocios internacionales y en consecuencia, los países deberán empezar a relacionarse con los nuevos actores del mercado.

En cuanto al futuro de la economía, el foro sirvió para evidenciar que el mundo se está preocupando por cambios que se han venido presentado desde hace más de una década. Por ejemplo, es claro que China será la nueva potencia económica del mundo y que de forma paulatina, surgirán nuevas y poderosas economías emergentes.

En ese sentido, las naciones deben acoplarse a la nueva realidad y diversificar sus relaciones comerciales en vez de alinearse con una única potencia o recurrir al proteccionismo. Ello sería más conveniente ya que haría que se diversificaran los mercados y existiera un mayor crecimiento económico a nivel internacional.

Por fortuna, Colombia tiene cada vez más protagonismo al ser considerada una de las tres economías más estables y con mayor crecimiento de América Latina, pese a la difícil situación que atraviesa la región. Un ejemplo perfecto para ofrecerle al FEM nuevas perspectivas, especialmente porque la Colombia de hoy se proyecta como un país emergente con gran potencial y a la vez, con grandes desafíos internos que de uno u otro modo, tendrá que solucionar.

De hecho, el Fondo Monetario Internacional previó un repunte de la economía colombiana para el presente año y a la vez, rebajó su pronóstico preliminar (octubre del 2018) de 3,6 por ciento a 3,3 por ciento. En consecuencia, el crecimiento económico proyectado por el FMI para Colombia este año (3,3 por ciento) es el tercero más alto de los países de la región después del de Perú (3,8 por ciento) y Chile (3,4 por ciento).

En cuanto a la política tecnológica y de los sistemas industriales, es claro que las nuevas tecnologías representan un desafío global por los cambios que se pueden dar en muchas industrias. De hecho, existe una seria preocupación por los puestos de trabajo que las nuevas tecnologías eliminarán en todos los sectores económicos.

Sin embargo, el foro sirvió para comprender que, si bien por un lado las tecnologías harán desaparecer una gran cantidad de empleos que hasta ahora son considerados tradicionales, también crearán una serie de nuevas posiciones en la sociedad. Esto quiere decir que en realidad, lo que se presentará es una evolución normal en la que las empresas y los Estados que más se adapten a los cambios, tendrán el éxito asegurado.

Adicionalmente, en el FEM se discutió el tema de la ciberseguridad pues ya es un fenómeno internacional que afecta a Estados, empresas y organizaciones en general. Se identificaron tres problemáticas principales como la vulneración de la privacidad de las personas, el espionaje comercial e industrial y la seguridad de los Estados.

Alineado con lo anterior, el tema de la resistencia al riesgo como promotor del pensamiento sistémico que ejercen muchas sociedades, hace que sus economías se estanquen y por lo tanto, declinen en el tiempo. Esto también incluye tanto a empresas como a Estados y representa un serio problema al terminar en posiciones proteccionistas y en nacionalismos.

Un caso sería Estados Unidos, país que pasó de defender el libre mercado y la competitividad, al proteccionismo. De ese modo, las acciones estadounidenses no solo se basan en imponer barreras de entrada a nuevos competidores y en favorecer su industria con impuestos a productos foráneos, sino en re-negociar tratados comerciales en los cuales exista una balanza desfavorable. Algo que el FEM le cuestionó a ese país por no respetar las reglas de juego y por poner en riesgo la economía mundial.

La máxima preocupación que despierta la posición estadounidense es que se desencadene una guerra comercial con China, lo que no solo perjudicaría a estas dos naciones sino que desencadenaría un efecto negativo internacional. Y es que, aunque por el momento Estados Unidos se haya beneficiado de sus acciones proteccionistas, con el paso del tiempo, estas se pondrán en su contra ya que los demás países también le impondrán barreras de entrada a las mercancías estadounidenses. Por lo tanto, la economía norteamericana se está auto-condenando a decrecer.

En cuanto al capital humano y la sociedad, en el foro se discutió, al menos teóricamente, la importancia de las personas en la sociedad y su prevalencia sobre el capital financiero. Los países del mundo tienen un enorme desafío ya que no es ningún secreto que la brecha entre ricos y pobres cada vez es más grande. La organización Oxfam reveló que a la fecha una élite que escasamente conforma el 1% de la demografía internacional, posee la misma riqueza que la mitad de la población mundial, unos 3.600 millones de personas.

Y es que es inaceptable que existan millonarios que prefieran esconder sus fortunas en cuentas bancarias de paraísos fiscales a invertirlas en el desarrollo, en el bienestar y en el progreso de la humanidad; más cuando se trata de su propio país. U otros a los que sólo les interesa figurar en los rankings de los más ricos del mundo cuando la inmensa mayoría de personas no tienen satisfechas sus necesidades básicas. Esto demuestra que los principales problemas de nuestra era son la avaricia y el egoísmo.

Sin embargo, solucionar la desigualdad económica no solo implica aumentarle los impuestos a las personas más pudientes, controlar la evasión fiscal y velar para que las distintas organizaciones cumplan con la responsabilidad social y ecológica a la que están obligadas. También se hace necesario incrementar la oferta de empleos, pagar salarios más justos y bajar los precios de los distintos productos. Asimismo, se necesita realizar una inversión social holística que abarque temas de salud, educación, vivienda, recreación y emprendimiento.

De allí la importancia de que los países se esfuercen por tener un perfecto equilibrio entre lo público y lo privado. Cuando todo es público, se frena el emprendimiento y por tanto la innovación y el progreso. Cuando todo es privado, se frena la inversión social y todo lo que dependa de ella en cuanto a educación, salud, vivienda y demás.

Es por ello que las potencias del mundo están procurando equilibrar sus economías de modo que el sector privado y el estatal coexistan y se beneficien mutuamente. Un ejemplo serían las empresas de economía mixta, las alianzas empresariales público-privadas y los diferentes programas de responsabilidad social compartida.

Por lo anterior, es un error entrar en una discusión para determinar si todo debe ser privado o público ya que los efectos nocivos del neoliberalismo están comprobados al igual que los efectos negativos de la estatificación del 100% de la economía. En la actualidad, los países más prósperos son una mezcla de los dos modelos.

No obstante, un factor clave para disminuir la desigualdad económica es mediante la estandarización de los derechos y deberes ciudadanos. Esto quiere decir que un trabajador pueda ganar un buen salario sin importar el país donde se encuentre, más si se trata de la misma compañía. Lo mismo a la hora de adquirir los diferentes bienes y servicios ya que estos deberían tener un precio similar independientemente donde se compren. Igualmente, con los impuestos que se tributan y con los derechos a la salud, educación y vivienda. Todo debería estandarizarse en cuanto a calidad, precio y distribución con el fin de garantizar su acceso a todos los habitantes de la tierra.

Debemos entender que la globalización no sólo se limita al libre tránsito de mercancías, en realidad es un proceso mucho más complejo que involucra al ser humano como eje fundamental. Una de sus principales características es que los medios de transporte modernos y adelantos tecnológicos como el internet, hacen que las personas se movilicen de un país a otro con mayor facilidad y que se comuniquen en tiempo real. Esto conlleva a que los problemas dejen de ser locales para ser globales y por tanto sus soluciones, lo que infiere que los derechos y deberes también deben serlo.

Lo anterior evitaría muchos desafíos actuales como es la inmigración ilegal, las guerras, el desplazamiento, la devastación ecológica y otros tantos ya que, si se garantiza un buen estándar de vida al total de la población mundial, esta no tendrá que verse en la necesidad de buscar de forma desesperada su supervivencia en otro país como es su derecho natural. Finalmente, las fronteras son líneas invisibles e imaginarias pues todos somos pobladores del mismo planeta y por lo tanto, debemos tener las mismas garantías.

La reforma institucional global va en el mismo sentido del punto anterior ya que en un mundo globalizado, tanto los problemas como las soluciones deben ser globalizadas. Esto conlleva a la necesidad de la cooperación de los Estados en temas que nos afectan a todos como es el cambio climático, el terrorismo, la evasión de impuestos, la desigualdad económica y la corrupción.

De hecho, una de las preocupaciones que se discutieron internamente en el FEM pero que salieron a la luz pública, es el hecho de que muchas multinacionales tienen más poder económico y político que ciertos Estados. Algo que pone en grave riesgo la estabilidad del mundo y de allí la necesidad de establecer leyes globales.

No obstante, es claro que los desmedidos intereses individuales de algunos países como Estados Unidos, hacen que sea difícil llegar a consenso global en el que todos los Estados trabajen en sinergia y en igualdad de condiciones. Un reto que evidentemente tiene la humanidad y que irá logrando poco a poco.

El tema principal del Foro Económico Mundial fue la cuarta revolución industrial. Este fue un concepto emitido por Klaus Schwab-Director del Organismo el cual se refiere al impacto que las nuevas tecnologías tienen en los sectores empresariales tradicionales.

A finales del siglo XVIII la revolución la ocasionaron las máquinas a vapor. En el XIX, la electricidad. A finales del siglo XX y principios del XXI, la automatización de las fábricas, la aparición de los computadores y el internet. Ahora, en la ‘cuarta revolución’ se hablará de economía compartida, computación cognitiva, inteligencia artificial, robótica, Internet de las cosas, vehículos autónomos, impresión 3D, nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, almacenamiento de energía, computación cuántica y muchos conceptos más.

Este proceso indica que los Estados y las empresas del mundo tendrán que adaptarse a los cambios disruptivos que afectarán sus modelos de negocio tradicionales o inevitablemente, desaparecerán. Y lo anterior no se hace frenando la innovación con legislaciones retrógradas sino adoptando la tecnología y por qué no, creando nuevos avances que les diferencie y que les ofrezca una ventaja competitiva en el mercado.

En esto Colombia puede estar orgullosa pues sin duda alguna, ha realizado una buena labor al invertir grandes rubros en el sector TIC y de ese modo, ha enriquecido su ecosistema digital. Igualmente, Colombia ha sabido tener apertura hacia las grandes empresas de tecnología de manera que Bogotá D.C. se consolida como la Silicon Valley latinoamericana.

Hoy en día, la capital colombiana es sede de compañías como Google, Facebook, Twitter, IBM, Microsoft, Huawei, Samsung, Sony, LG, Amazon, Rappi, Siemens… (entre muchas más). Más un número indeterminado de startups nacionales y extranjeras y empresas de telecomunicaciones que saben que esta ciudad se perfila como un importante jugador tecnológico a nivel mundial.

Adicionalmente, el FEM eligió a Medellín como la ciudad que tendrá el primer Centro para la Cuarta Revolución Industrial (C4IR) en América Latina. Este C4IR se encargará de realizar investigación relacionada con la Cuarta Revolución Industrial y estará afiliado a otros cuatro que funcionan en India, China, Japón y Estados Unidos.

A lo anterior se suman proyectos como el que presentó hace algunos años la ciudad de Cali en el que planea la construcción de una gigantesca zona franca de servicios de tecnología. En un terreno de aproximado a las 38 hectáreas ubicado al sur de esa ciudad, se piensa construir este importante complejo tecnológico con una inversión inicial de 350 millones de dólares.

Sin embargo, en Colombia ya se hace necesario empezar a ver los frutos de las inversiones público-privadas que se han realizado en el Sector TIC en los últimos años. Estos frutos deben reflejarse en el ROI de las empresas y más que en eso; en el PIB del país, en nuevos puestos de trabajo directo, en la disminución de la pobreza y en la solución de los problemas reales de la población.

Para concluir, el FEM sirvió para socializar estos y otros asuntos que representan en su conjunto un enorme desafío global. Sin embargo, serán los países que se adapten a los cambios los que saldrán beneficiados y los que se posicionarán como las nuevas economías del mundo. Países que no se basarán en la hegemonía política o militar sino en la innovación, disrupción y diferenciación tecnológica.

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