Cerrar Menú Blogs
Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.
Profile image

Ingresa o regístrate acá para seguir este blog.

Seguir este blog

César Melgarejo / EL TIEMPO

Respecto a la Minga, lo primero que debemos entender es que siempre será bienvenida en Bogotá porque las comunidades indígenas hacen parte de Colombia, porque los indígenas son ciudadanos colombianos y porque esta ciudad es la capital del país.

Así que quienes pretenden que los indígenas sean tratados como ciudadanos de segunda están equivocados, ya que tienen exactamente los mismos derechos que cualquier otra persona. Por consiguiente, quienes los discriminan, quienes los asocian con la ilegalidad y quienes sin ningún fundamento los acusan de afectar el comercio y hasta de propagar el coronavirus; con seguridad están cometiendo graves delitos por los que en algún momento tendrán que responder.

Urge que los organismos internacionales hagan presencia en Colombia para acompañar a las comunidades indígenas en los procesos democráticos que están adelantando. Asimismo, la ciudadanía colombiana debe rodearlas para garantizar el respeto hacia sus vidas, hacia su cultura y hacia sus derechos. Esto ya que los indígenas no sólo están luchando por sus propios intereses, sino por los de toda la ciudadanía.

Es impresentable que algunos gremios afirmen que la presencia de la Minga afectará negativamente el comercio y por esto, exhorten a las autoridades a aumentar su pie de fuerza equiparando a los indígenas con delincuentes. Esto no sólo es un acto discriminatorio sino un completo descaro, pues todos fuimos testigos de verdaderas irresponsabilidades como fue la realización del día sin IVA, la reapertura del comercio en pleno pico de la pandemia e, incluso, la habilitación del transporte masivo incluyendo los aeropuertos.

Resulta curioso que los gremios no se indignen de igual forma respecto a los inmensos giros que le ha hecho el Gobierno a las empresas más grandes del país y del exterior, como es el caso de Avianca. Resulta curioso que los gremios no reclamen con igual vehemencia apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas. Resulta curioso que los gremios no digan nada sobre la negativa del Gobierno y del Congreso a establecer una renta básica que le ofrezca capacidad de consumo a los ciudadanos. Resulta curioso que los gremios no digan nada sobre el aumento exponencial del desempleo y de la pobreza extrema que está generando el actual Gobierno.

Así que la posición de estos gremios no es más que una canallada, un descaro y una clara discriminación hacia una importante parte de la población colombiana. Gremios que, por cierto, no representan al total del empresariado del país, sino a una pequeña élite que se está apropiando de los recursos de los colombianos mediante los inmensos recursos que les gira el Gobierno, recursos que son públicos y que deberían estar destinados al bienestar común y no al particular.

De manera ignominiosa, tres miembros del partido de Gobierno interpusieron una acción de tutela en contra de la minga indígena por el supuesto peligro que representa para el comercio y la salud pública de Bogotá. Lo paradójico es que dichos politiqueros no son oriundos de la capital colombiana, uno es representante de Bolívar, otro de Antioquia y el otro de Caldas. Claramente, no les interesa la suerte de esta ciudad sino frenar los movimientos sociales para que no afecten a su cuestionable colectividad, ni al terrible régimen que impusieron en el país. 

Olvidan los congresistas que no pueden discriminar a los colombianos de otras regiones. Olvidan que fueron elegidos para ayudar a sus respectivos departamentos en los cuales también hay indígenas. Olvidan que no pueden utilizar los procesos democráticos para perjudicar a la propia democracia. Olvidan que los intereses de su partido no están por encima de los intereses de los demás colombianos.

Pretender socavar los reclamos de la ciudadanía, no es democrático. Equiparar a la población indígena con vándalos o terroristas, no es democrático. Acusar a los indígenas de ser narcotraficantes, no es democrático. Llamar a los indígenas incivilizados, no es democrático. Despreciar a los indígenas por su cultura ancestral, no es democrático. Pretender frenar las libertades civiles mediante acciones populares, no es democrático.

Sin embargo, el gobierno de Iván Duque es el verdadero causante de esta problemática. Fue él quien de manera arrogante se negó a reunirse con las comunidades indígenas que reclamaban su presencia en el departamento del Cauca, para encontrar soluciones a la violencia de la que son víctimas y que abarca el asesinato de lideres sociales, la reanudación de las masacres paramilitares, el desplazamiento forzoso, la usurpación de tierras por parte de terratenientes, el incremento de la pobreza extrema y el abandono estatal.

Es una burla que el presidente no haya querido reunirse con las comunidades indígenas en sus territorios provocando que viajen a Bogotá, para luego, y de forma cínica, diga que acepta reunirse con ellos siempre y cuando sea en el Cauca. Esto no es más que un irrespeto hacia el pueblo colombiano. Queda claro que al presidente sólo le interesó reunirse con los indígenas cuando buscaba su voto y que ahora les desprecia con total desfachatez.

Los medios, por su parte, no hacen más que sacar provecho del grotesco show mediático que suelen hacer con los temas sociales del país sin ahondar en las causas que llevaron a los indígenas a realizar la minga. Prefieren hablar de las posibles afectaciones a la movilidad, de lo que dejará de vender el comercio y de los supuestos casos de coronavirus que podrían generar las marchas.

Además, es muy lamentable que los medios no visibilicen la discriminación que se está ejerciendo contra los pueblos indígenas por parte del Gobierno, de los gremios y de algunos ciudadanos. En Colombia hay racismo, en Colombia hay xenofobia, en Colombia hay clasismo, en Colombia hay corrupción, en Colombia hay violencia, en Colombia hay injusticia social… de eso deberían hablar los medios.

Sin embargo, los medios prefieren limitarse a decir que en Colombia hay polarización cuando en realidad hay una radicalización de la extrema derecha que se quiere perpetuar en el poder. Los medios están actuando como agencia de propaganda gubernamental sin ejercer un verdadero periodismo. En la actualidad, la voz de los medios no es la voz del pueblo, es la voz del Gobierno y de los gremios a los que pertenecen y eso es muy grave para la democracia.

Todo esta infamia debe llevar a la ciudadanía colombiana a rodear a las comunidades indígenas, a acompañarlas en sus justos reclamos, a entender que somos un solo país y un solo pueblo. No importa nuestro color de piel, no importa nuestra cultura o religión, no importa nuestra región, no importa nuestro acento, no importa nuestro apellido ni nuestra procedencia, todos hacemos parte de este país. Es hora de valorar nuestra diversidad y de entender que todos somos hermanos. 

Los reclamos de la minga deben hacerse al unísono con los reclamos de los demás sectores de la sociedad. El pueblo colombiano debe acompañar a las comunidades indígenas en sus justas causas y aprovechar su presencia en la capital del país para reclamar los derechos de la ciudadanía en general. Es momento de la unión por el bien común, es momento de unirnos como hermanos para luchar por lo que merecemos y por lo que nos pertenece recordando siempre que “el pueblo es superior a sus dirigentes”.

(Visited 310 times, 1 visits today)
PERFIL
Profile image

Profesional en Mercadeo & Publicidad. Magíster en Marketing Digital. Bogotá D.C. / Colombia / LATAM

Más posts de este Blog

  • Bogotá

    Conozca la grave conspiración que se fraguó contra la paz en Colombia

    [caption id="attachment_7159" align="aligncenter" width="950"] El Ex-fiscal Néstor Humberto Martínez Neira y el Presidente Iván Duque. Foto: Claudia Rubio /(...)

  • Bogotá

    Los políticos estadounidenses también deben respetar la democracia colombiana

    Mediante el anterior mensaje difundido a través de un tweet, la embajada de los Estados Unidos en Colombia le ha solicitado a los políticos, y particularmente al partido de gobierno, no inmiscuirse en las elecciones presidenciales que se realizarán este 03 de noviembre de 2020. Algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo ya que siempre debe primar el respeto hacia los procesos democráticos de otras naciones. Sin embargo, ¿ese respeto no debería ser mutuo? Es decir, ¿Estados Unidos no debería respetar de igual manera los procesos democráticos de Colombia y de los demás países de América Latina? ¿Acaso se están sobreponiendo las elecciones estadounidenses sobre las de otras naciones del continente? Sin duda, son preguntas difíciles de contestar, pero dadas las circunstancias deberíamos intentar responderlas. En teoría, los procesos democráticos de todos los países deben ser respetados por parte de las demás naciones del mundo. Es un principio básico de la convivencia internacional. Obviamente que también se debe garantizar el derecho a opinar sobre un determinado tema como pueden ser las elecciones de otro país, pues la libertad de expresión es parte esencial de la democracia. Tal vez el problema empieza cuando se traspasa la barrera de la libre expresión para inmiscuirse de manera directa o indirecta en los procesos democráticos de otro país con la intención de obtener beneficios particulares y/o réditos políticos. Barrera que suelen traspasar sin ninguna vergüenza los gobiernos, los políticos, las empresas y hasta personajes de farándula. Lamentablemente, este es un fenómeno propio de la globalización que utilizan las diferentes corrientes políticas para influir en las elecciones. Desde las élites que conforman la ultraderecha internacional que aprovechan casos como el de Venezuela para sembrar miedo con falsas premisas como el “castrochavismo”, hasta movimientos retardatarios que se autodenominan de centro o alternativos, pero que en realidad son élites conservadoras que impiden el cambio. Asimismo, vemos a los pueblos de nuestros países luchando por sus derechos bajo lo que conocemos como fuerzas progresistas. Paulatinamente, la humanidad ha entendido que todo lo que suceda en un determinado país terminará afectando al resto del mundo. Situación que ha sido propiciada por las relaciones internacionales, por las migraciones, por las actividades comerciales, por los medios de comunicación, por las redes sociales y hasta por la actual pandemia. De esta manera, tanto los problemas como las soluciones se han hecho globales. No obstante, siempre debe primar el respeto hacia la soberanía de los demás países. Uno de los ejes de esta coyuntura se evidencia en que los movimientos hegemónicos de ultraderecha se están radicalizando para no perder el poder que siempre han ostentado. Por eso, vemos a unos partidos políticos en decadencia desesperados por no perder las elecciones. Inclusive, al punto de traspasar las fronteras de su propio país afectando los procesos electorales de otras naciones. Una muestra más de que el poder no lo tiene la ciudadanía sino las élites, lo que es muy grave para la democracia. El caso más reciente y al que hace alusión la embajada de los Estados Unidos en Colombia involucra al partido de gobierno. El cual, ha generado una enorme polémica por, presuntamente, haber realizado actividades proselitistas a favor de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos tanto en territorio colombiano como en territorio estadounidense. Actividades en las que, incluso, se presume la participación directa del actual embajador colombiano. Un caso que ha sido ampliamente difundido por la prensa y socializado por senadores de ambas naciones. De hecho, el pasado 24 de octubre los congresistas demócratas Gregory Meeks y Rubén Gallego manifestaron en una columna de opinión su rechazo a que varios políticos colombianos, que a su vez son miembros del partido de gobierno, estén abusando de su rol para influir en las elecciones estadounidenses. Una situación sin precedentes en las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos y que denota la gravedad de que el partido de gobierno que preside Colombia ostente el poder desde hace tanto tiempo con la complacencia de los gobiernos de otros países, incluyendo el de los Estados Unidos. Si profundizamos en el tema, entenderemos que este caso es muy grave para la democracia ya que los políticos colombianos no fueron elegidos para realizar actividades proselitistas a favor de candidatos extranjeros ni para interferir en los procesos electorales extranjeros. Asimismo, sería muy grave que el actual embajador colombiano esté ejerciendo un descarado proselitismo a favor de un candidato estadounidense ya que esas no son sus funciones. Además, porque esto se puede interpretar como una interferencia directa del gobierno colombiano en las elecciones estadounidenses. No obstante, el problema es de doble vía ya que el propio presidente de los Estados Unidos y actual candidato a la reelección ha utilizado la estrategia del "castrochavismo" con la intención de captar el voto latino en estados como el de la Florida. De esa manera, ha asociado sin ningún fundamento a su contrincante con el socialismo mediante imágenes descontextualizadas de archivo con personajes como Nicolás Maduro. Asimismo, lo ha señalado de ser socialista por las opiniones que en el pasado manifestó a su favor el también candidato a la presidencia de Colombia Gustavo Petro, quien respondió al señalamiento y quien recibió una nueva respuesta atizando el asunto:     En otras palabras, la campaña reeleccionista del actual presidente de los Estados Unidos también se está inmiscuyendo en los procesos democráticos internos de Colombia al descalificar de forma irresponsable a un candidato presidencial como lo es Gustavo Petro. Del mismo modo, esa campaña está irrespetando a la justicia colombiana al felicitar al señor Uribe y calificarlo como “héroe” cuando salió de su detención domiciliaria en la cual estuvo por, presuntamente, haber cometido una serie de delitos de los cuáles aún no ha sido eximido. "Felicitaciones al expresidente Álvaro Uribe, un héroe, un exgalardonado con la Medalla Presidencial de la Libertad y un aliado de nuestro País en la lucha contra el CASTRO-CHAVISMO. ¡Siempre estaré con nuestros amigos colombianos!", escribió Trump en su cuenta de Twitter: Otro caso que también valdría la pena recordar es el del senador estadounidense Marco Rubio, quien tuvo el descaro de viajar a la frontera colombo-venezolana para hacer política a costa del tema venezolano. Situación que afecta gravemente al hermano país, pero que también afecta a Colombia. Sin embargo, al populista de Rubio no le importó utilizar el sufrimiento de nuestras gentes para ganar votos en los Estados Unidos mediante un espectáculo deplorable. Además de lo anterior, hay casos que ya se pasan del oportunismo político al fanatismo como es la afirmación que hizo el congresista republicano Mario Díaz Balart a una emisora colombiana donde dijo que el expresidente Álvaro Uribe Vélez es como Abraham Lincoln, pero al estilo colombiano. Claramente, esa afirmación irrespeta tanto a los Estados Unidos como a Colombia al comparar a un personaje histórico como lo fue Lincoln con un personaje tan cuestionable como lo es el señor Uribe. Entonces, a la vez que la embajada estadounidense le solicita a los políticos de ultraderecha de Colombia no interferir en sus elecciones, permite que los políticos de ultraderecha de Estados Unidos interfirieran en los procesos democráticos colombianos. Asimismo, observamos que aunque la embajada estadounidense resalta la relación bipartidista que existe con Colombia, ha centrado esa relación en el partido de gobierno colombiano dejando a un lado a la oposición y a la ciudadanía. Algo que tiene como resultado el abuso de poder dentro de Colombia y la interferencia en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es importante que en Estados Unidos se entienda que no está bien apoyar desmedidamente los intereses del partido de gobierno colombiano el cual además de ser extremista, está generando unos niveles de violencia, de corrupción y de pobreza nunca antes vistos. Además, no está bien ignorar a la oposición ni a la ciudadanía colombiana que está desamparada y que carece de garantías democráticas. Del mismo modo, en Estados Unidos deben comprender que quienes realizan lobby político en estados como el de la Florida, no representan al total de los colombianos, sólo a unas élites que buscan su propio beneficio. También sería bueno que los políticos de los Estados Unidos dejen de utilizar el tema de Venezuela para ganar adeptos ya que esa es una práctica propia de los populistas. Asimismo, deberían limitar sus campañas al territorio estadounidense sin inmiscuirse en los asuntos internos de países como Colombia. Del mismo modo, tanto el gobierno estadounidense como sus políticos y su embajada, deben dejar de usar los visados como herramienta de manipulación política, más cuando diversos organismos internacionales tienen sede en ese país. De hecho, los procesos de visado hacia los Estados Unidos deben ser modificados con el fin de que sean más democráticos e incluyentes. Estados Unidos es una gran nación, pero debe recuperar sus valores democráticos. Los estadounidenses necesitan volver a las aulas de clase para recordar que no son dueños del mundo y que deben respetar la cultura, el idioma y la soberanía de los demás países. Asimismo, deben entender que la democracia no consiste en satisfacer a toda costa los intereses de las élites, sino en buscar el beneficio de las mayorías. De igual forma, deben entender que la democracia no consiste en que todos piensen igual o sean iguales, sino en valorar y defender la diversidad y en realizar acuerdos en medio de las diferencias. Independientemente de quien gane las elecciones en los Estados Unidos, es claro que ese país deberá trabajar por optimizar su democracia. Esto incluye desde modificar el lenguaje violento de los partidos, hasta elevar el nivel ético de los medios. Asimismo, es claro que Estados Unidos deberá revisar su relación con Colombia de modo tal que se deje de priorizar la relación con el partido de gobierno, para también interactuar con la oposición y la ciudadanía.  

  • Bogotá

    ¿Cómo mejorar la seguridad vial?

    [caption id="attachment_7142" align="aligncenter" width="950"] Foto: Milton Díaz / EL TIEMPO.[/caption] La seguridad vial es cada vez más importante para(...)

  • Bogotá

    Minga: El pueblo es superior a sus dirigentes

    [caption id="attachment_7132" align="alignnone" width="950"] César Melgarejo / EL TIEMPO[/caption] Respecto a la Minga, lo primero que debemos entender es(...)

Ver más

Lo más leído en Blogs

1

Apreciado señor: Son muchas las voces que le piden que se(...)

2

Han pasado ya más de dos semanas desde la llegada a(...)

3

Dios nos habla por medio de nuestros sueños. Esta es una(...)

0 Comentarios
Ingresa aquí para que puedas comentar este post
Reglamento de comentarios

ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje. En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:

  1. Promuevan mensajes tipo spam.
  2. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad.
  3. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos.
  4. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad.

Además, tenga en cuenta que:

  • - El usuario registrado solo podrá hacer un voto y veto por comentario.
Aceptar
¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.


Debes escribir el comentario
¡Gracias! Tu comentario ha sido guardado
Tu calificación ha sido registrada
Tu participación ya fue registrada
Haz tu reporte
Cerrar
Debes escribir tu reporte
Tu reporte ha sido enviado con éxito
Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario. Cerrar