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Foto: El Tiempo / Por: Juan Carlos Martínez Castro.

Además de la Presidencia de la República, el uribismo tiene bajo su control al Congreso, a la Fiscalía, a la Procuraduría, a la Contraloría y a la Defensoría del Pueblo. También a las Fuerzas Armadas y a los medios. Lo anterior nos indica claramente, que en Colombia no hay equilibrio de poderes y por tanto, que no hay una democracia verdadera.

Asimismo, los partidos políticos han demostrado que no representan al pueblo sino a las élites corruptas que dominan al país. Élites que están compuestas principalmente por grupos económicos, grandes terratenientes, banqueros, multinacionales, burócratas, gobiernos extranjeros y hasta organizaciones delincuenciales.

En otras palabras, el sistema electoral colombiano se está utilizando para validar la permanencia en el poder de quienes por siglos, han sumido al pueblo en la más absoluta miseria. Un sistema que, aunque realiza elecciones, no permite que la ciudadanía elija de manera libre a sus gobernantes pues estos son impuestos a través de colectividades cerradas, de la criminalidad y de la violencia.

Colombia no le pertenece al uribismo. Colombia no le pertenece al Centro Democrático. Colombia no le pertenece a los gremios. Colombia no le pertenece a ninguna élite. Colombia no le pertenece a los Estados Unidos. Colombia le pertenece al pueblo colombiano. Esa es la consigna que todos debemos gritar a los cuatro vientos, ese es el principio de nuestra libertad e independencia el cual no debe ser incumplido por absolutamente nadie.

El Estado de Opinión es otro gran problema para la democracia colombiana ya que pretende reemplazar al Estado de Derecho y es la antesala al Estado de Conmoción Interior. Esto quiere decir que en Colombia hay toda una estrategia de comunicación desplegada para frenar los procesos populares y que, de no dar resultado, se impondrá con más fuerza la represión estatal.

Prácticamente, Colombia está sometida por un régimen dictatorial que ha secuestrado la democracia durante dos siglos y que se ha acentuado en las dos últimas décadas. Régimen que ha logrado que algunas familias se pasen el poder de generación en generación como si fueran una especie de monarquía criolla. Régimen que ha enriquecido descomunalmente a una minoría a costa de la miseria de las mayorías. Régimen que se ha mantenido de manera impune en el poder gracias al letargo ciudadano y a la indiferencia de la comunidad internacional.

Por lo anterior, es sensato comprender que Colombia debe pasar de una democracia representativa a una democracia participativa. La historia y las actuales circunstancias demuestran que no se puede confiar totalmente en el poder Ejecutivo, ni en el Poder Legislativo, ni en el Poder Judicial. Tampoco en los partidos, ni en los organismos de control y ni siquiera en las Fuerzas Armadas. Por ello, el pueblo colombiano debe tomar las riendas del país y determinar su propio destino.

El Paro Nacional denota con creces la importancia que tiene la participación ciudadana en la toma de decisiones. Esto ya que se logró impedir que se impusiera la cuestionada reforma tributaria y la posterior reforma a la salud, así como se logró que el nefasto exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, renunciara junto a otros polémicos funcionarios como la excanciller Claudia Blum.

Sin embargo, los logros de la ciudadanía deben ir mucho más allá en el sentido de exigir la renuncia de otros miembros de uribismo que perjudican a la sociedad como es el caso del ministro de Defensa Diego Molano, quien pasó de dirigir al ICBF, a ordenar bombardeos y llamar a los niños “máquinas de guerra”. De hecho, Iván Duque y todo su gabinete, incluyendo a Marta Lucía Ramírez, debería renunciar en pleno pues su administración carece de legitimidad, de apoyo popular y de credibilidad internacional.

Es claro que la ciudadanía colombiana no se siente representada por el actual gobierno, ni por el Congreso, ni por los partidos políticos, ni por los organismos de control, ni por las Fuerzas Armadas, ni por los medios, ni por los gremios. Es más, el tal “Comité del Paro”, no representa al total de quienes ejercen el derecho constitucional a la protesta. Por ello, la situación amerita una amplia discusión con miras a realizar un nuevo pacto social.

En aras de solucionar la grave crisis por la que atraviesa Colombia, urge convocar al pueblo a expresarse en las urnas y a través de consultas masivas en formatos digitales. También mediante debates en distintos escenarios, todos deben participar. Para empezar, los ciudadanos deberían exigir planes de choque que podrían incluir la inmediata desmilitarización del país, la vacunación masiva contra el coronavirus y la renta básica universal. Esto sería la antesala a otras discusiones más profundas y que requieren de amplios consensos, pero que en ningún momento deben volverse a hacer a espaldas de la opinión pública.

El diálogo debe ser extenso y permanente de manera que participen todos los colombianos y se tomen decisiones en asuntos como el acceso a la educación, a la salud, a la vivienda y al empleo. Asimismo, en temas como el aumento del SMLV, los impuestos justos que deben pagar los más ricos y las regalías que deben cancelar las multinacionales. El pueblo también debe decidir en asuntos como la aspersión aérea con glifosato, el fracking y la minería a cielo abierto. Igualmente, los colombianos tienen derecho a rechazar la evidente pérdida de soberanía ante los Estados Unidos. El pueblo colombiano anhela dignidad y tiene todo el derecho a tenerla.

Mediante la democracia participativa, la ciudadanía podrá tomar las decisiones más importantes del país y no ser un simple espectador al delegar de manera ingenua ese deber a quienes obedecen a intereses particulares. La democracia representativa sólo ha servido para que las élites engañen al pueblo a través de políticos corruptos. Por tanto, la democracia participativa debe procurar disminuir el número de congresistas e imponer una nueva Rama del Poder que esté regida por el voto directo del ciudadano en los asuntos más importantes de la nación. El facultar semejantes responsabilidades a un presidente y a unos congresistas, es lo que ha ocasionado la ruina del país.

Es sensato aceptar que Colombia cambió a partir del Paro Nacional y que su futuro dependerá de lo que se pacte con el pueblo que está en las calles, no con las élites corruptas de siempre. Sin ser totalmente consciente de ello, la ciudadanía colombiana tomó la sabia decisión de recuperar su dignidad a través de la participación directa en la democracia.

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2 Comentarios
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  1. Totalmente de acuerdo con lo que dice y plantea, porque de nada van a servir tantas marchas, y el pueblo exigiendo y manifestándose en las calles si no nos quitamos el yugo de los que han ostentado el poder siempre y no lo quieren, ni lo querrán soltar, porque las leyes se hacen es en el congreso, no en la calle, y para eso toca sacar todos esos corruptos del congreso, o sino de nada va a servir todo esto, no ha notado algo? todos los congresistas están calladitos, no dicen ni mu, dirán…ya se calmarán, que protesten todo lo que quieran que nosotros seguiremos aquí. Y los pocos que se pronuncian son los y las congresistas del centro democrático pero únicamente para decir que las marchas y las protestas son de gente de la guerrilla, de desocupados, de desadaptados, et, etc, etc, esa es su manera de defender los privilegios que tienen y no quieren soltar, desacreditando todo lo que les huela a cambio.

  2. ricardo614215

    su apreciación de la vida colombiana ,es acertiva y el pueblo que desperto es el unico que puede llegar a conformar un gobierno participativo y solidario,donde todo sea para todos

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