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Es claro que uno no leería un libro infinito. Por pereza, o por la llegada de la muerte, la lectura completa de un libro sin final sería imposible. Aún así, Borges compuso (entre todo lo que compuso) un par de relatos en los que, para variar, se da de puñetazos con el infinito, y, de paso, nos da la oportunidad de devanarnos los sesos buscando dar cabida en nuestras mentes a ciertos objetos maravillosos. Aquí va un pequeño comentario sobre el primero.

La biblioteca de Babel

“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.


La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos.


Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante. (sigue…)”

Matemáticamente hablando, este primer párrafo del relato lleva a resultados maravillosos. La biblioteca de Babel es un lugar inmenso en el que, posiblemente, están presentes todos los textos escritos posibles, con o sin sentido para nosotros, existentes o por crear. Eso incluye todas las novelas que alguna vez fueron o serán escritas, todos los poemas (aunque me vienen a la mente justo ahora ciertos caligramas que son, en pocas palabras, dibujos hechos con palabras) y muchas, pero muchas páginas totalmente incomprensibles.

¿Cuántos libros hay en la biblioteca? Borges da ciertas especificaciones acerca de cómo son los libros; aquí hay un enlace a cierta página en la que se realizan los cálculos necesarios para conocer (aunque no para imaginar) la cantidad de volúmenes que ocupan la biblioteca, de la que aún tengo la duda de si es o no realmente infinita (se supone que es cíclica…).
¿Qué es lo verdaderamente sobrecogedor acerca de la biblioteca? Diría que lo más impactante de la biblioteca fue, para mí, su tamaño, su inmensidad. Luego de intentar imaginarla (y a decir verdad éste es un ejercicio interesante), siento algo de miedo situándome en ella. Quizás la semioscuridad, o el ambiente abarrotado de anaqueles, presentan desde el comienzo una imagen oscura y misteriosa del lugar. O puede ser también el hecho de saber que, en algún libro de algún anaquel de uno de los tantos hexágonos, se encuentra escrita la historia de mi vida.
Y la de ustedes también.
PD: Acabo de encontrar una frase que me recuerda a todo esto: “Cada número de teléfono del mundo aparece entre los decimales de π”.

dancastell89@gmail.com

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8 Comentarios
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  1. Gracias, amesap.

    Con respecto a lo que dice sobre la academia sueca, recuerdo que una profesora de Español (se llama Mercedes) decía con respecto a León de Greiff algo que quizás pueda aplicarse en parte a Borges; es difícil de traducir. El caso de León de Greiff es extremo, pues usaba palabras que hoy en día es difícil encontrar en un diccionario, y cuyos oscuros significados no permiten a los extranjeros entenderlo siquiera en parte.

    Es posible que con Borges suceda algo parecido; he encontrado algunas palabras muy particulares en su escitura.

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