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Espere mañana la crónica XIV – POR FIN BRASIL

(Esta travesía no podría hacerse sin el patrocinio de Gótica Eventos, Damovo y Hanna Estetics, Bogotá)

 

Favor hacer las donaciones para los niños con cáncer en la cuenta de ahorro exclusiva para Brasil en dos ruedas, número 0483124605-2 de Bancolombia a nombre de OPNICER (Organización de padres de niños con cáncer, Nit: 830091601-7). Con estas donaciones usted está ayudando a un niño enfermo de cáncer a tener una posibilidad de vivir.

 

 

La tarde cae sobre la ciudad. Unas nubes negras que vienen desde el sur cubren el horizonte hasta juntarse con las aguas briosas del Río de la Plata. El viento produce un aullido al chocar contra las ventanas y al poco tiempo la tempestad deja caer su furia sobre los andenes. Una vez escampa, salgo a comer algo pensando en lo doloroso que se hace el viaje en medio del desasosiego. De vuelta, me dicen que Tatiana me ha llamado dos veces. Entro a Internet y por el Chat le digo que me llame. Lo hace.

 

– Ya está muy claro todo – dice.

 

– Tu crees que esto a mi no me duele, tengo un nudo en la garganta.

 

– ¿Sabes qué? Yo no soy un personaje más de tus crónicas ni de tus cuentos. ¡Yo tengo sentimientos!

 

– Si, pero tu haces parte de mi vida y de mi travesía.

 

– ¿Qué vamos a hacer? ¿Dime?

 

– No sé. Si quieres no hablamos más, aunque yo no quisiera.

 

– No. Yo tampoco.

 

Hablamos un rato antes de recordarnos el amor que nos sentimos. Vuelvo a mi computador en medio de una amargura absoluta. Escribo hasta que Juliana y Flavia me preguntan si quiero acompañarlas a ir a ver el inicio del carnaval uruguayo. Acepto. Salimos en compañía de Juan Pedro, un chileno que se nos une. Camino por las calles como un zombi pensando en Tatiana y en el mensaje de papá. Me animo un poco al recordar lo que ella me dijo: “Puedes gozártela, puedes disfrutarlo”. Tomamos un bus que nos lleva cerca al teatro de verano. Nos bajamos y caminamos hasta allá atravesando el parque Rodó. Comemos algo y entramos. Unas luces de colores iluminan a una murga que está a punto de comenzar. Nos sentamos sobre una tribuna de concreto al aire libre, justo antes de que un reloj electrónico de números rojos inicie su cuenta regresiva. Cuando lo hace se oyen las primeras voces en tono grave, que hacen referencia a la mutación de las personas, como dos caras opuestas que todos llevamos dentro. Sus integrantes llevan puesta una vistosa fantasía de color, que se cambian a medida en que el tiempo se consume y la presentación se acaba con una salida triunfal que hacen por la mitad del pasillo del teatro.

 

– Qué me puedes decir del carnaval en Uruguay – le pregunto en el intermedio a una bella mulata de ojos color miel, que está en la entrada de nuestra tribuna con una camiseta azul del comité organizador.

 

– El carnaval forma parte de la cultura del país, aunque ahora se ha comercializado mucho. Consta de un concurso en el que hay 5 categorías, hoy se van a presentar dos murgas, que son grupos de zarzuela que antes cantaban para recaudar dinero. Hablan de lo que pasa todo el año en el país, en política y temas sociales. Tiene 3 pasos que son la presentación, el cuplé y la retirada. También se va a presentar una sociedad de negros y lubolos (blancos pintados de negros) que crean situaciones relacionadas con sus raíces ancestrales. Estas sociedades tienen una serie de instrumentos de percusión, entre ellos una cuerda de tambores y repliques que la hacen muy vistosa. Su origen proviene de los negros esclavos que se disfrazaban con la ropa de sus amos queriendo manifestar su alegría en una especie de rebelión. El carnaval es eso, descontrol, desenfreno, locura y alegría.

 

Veo a los negros y lubolos bailando una danza africana en el escenario, que luego va cambiando de cantantes, voces y ritmos que pasan por el jazz, baladas en ingles, en español y luego terminan en zamba, mucha zamba bailada por lindas mujeres con fantasías y atuendos diversos que vemos pasar a nuestro lado cuando la sociedad termina su participación en medio del pasillo del teatro, al replique constante de los tambores que resuenan con energía.

 

– Tiene mucho de brasilero todo esto – le digo a Juliana mientras esperamos la presentación de la segunda murga.

 

– Uruguay es un país fronterizo. Estuvo en disputa entre España y Portugal por mucho tiempo, por eso tiene influencia brasilera así como Rio Grande do sul también tiene influencia hispana – dice.

 

– ¡Río grande do sul debería ser independiente! – anota Flavia.

 

– ¿Por qué?

 

– Nosotros trabajamos. En el nordeste de Brasil sólo saben bailar. Está comprobado que nuestro Estado mueve al resto del país. Si estuviéramos solos estaríamos mucho mejor.

 

De vuelta en el hostal, Dahia me sugiere ir a tomar una cerveza. Vamos a un bar en el quinto piso de un edificio, en el que se puede ver el centro de la ciudad.

 

– Este es uno de los puntos que más me gustan de Montevideo. El fin de semana toda la peatonal sarandí se llena de gente y de fiesta – dice. Yo estuve ahí con Tatiana la última noche. La imagen se me viene a la cabeza; me quedo mirando las luces de las grúas en el puerto.

 

– ¿Tienen mucho de brasil ustedes? – pregunto.

 

– Uruguay es un punto intermedio. Lo ves en las personas. Las  uruguayas por ejemplo, no somos ni tan histéricas como las argentinas, ni tan lanzadas como las brasileras.

 

Terminamos la cerveza y luego caminamos por la silenciosa ciudad en la noche. Al día siguiente desayuno con una pareja de brasileros.

 

Voy en busca del carnaval ¿a dónde me recomiendan ir? – les pregunto.

 

– Vete a Capao de Canoa.

 

– Me han recomendado ir a Laguna y ayer me hablaron de Torres – digo.

 

– Vete un día a Torres, otro a Capoa y otro a Laguna. Así puedes ver diferentes ciudades en carnaval – me dice.

 

Me suena razonable. Saco el mapa y miro la ubicación de cada uno de los sitios. Trabajo todo el día en el hostal, hasta que conozco unas brasileras de Sao Paulo con las que me pongo a hablar.

 

– Podrías tomar un avión mañana e irte a Río de Janeiro. El pasaje cuesta 350 US desde aquí. Claro que Río es caro y los precios en carnaval se multiplican.

 

Más tarde hablo por teléfono con mamá: – Vete a Río; yo aún tengo una amiga allá.

 

– Me han dicho que el carnaval perdió su autenticidad.

 

– Entonces vete a Bahía.

 

– No sé, tengo la plata contada. Además no quiero tomar ningún avión. Todo esto perdería significado. Quiero ir a un sitio en el que sólo haya brasileros – le digo.

 

Escucharla por teléfono me llena de añoranza. Vuelvo a la reunión con tristeza.

 

– No sé a dónde ir – le digo a uno de los empleados del hostal.

 

– El litoral uruguayo también es muy lindo. En Punta del diablo podés ver los leones marinos sobre las rocas con el fondo azul del mar. Es una linda foto – me dice.

 

Me voy a dormir sin la certeza de tener el camino trazado, aunque el hecho de sentir a Brasil cerca me anima. A la mañana siguiente monto la crónica en El Tiempo, empaco mis cosas en la mochila y pido un taxi que me va a recoger al hostal.

 

– ¿Te gustó Montevideo? – me pregunta el taxista de ida a la Terminal de buses.

 

– Mucho. Es muy tranquila. Uruguay es muy bonito y apacible. Lo único que no entiendo es por qué se empeñan en contaminar al Río de la Plata con las papeleras de Botnia.

                                                                                                     

– Bueno, las personas tienen que comer ¿no? Cada quien ve las cosas a su manera. Mirá voz, Argentina argumenta la polución del río, cuando ellos tienen 4 viejas papeleras que botan toneladas de residuos al río. No es un tema ambiental sino social. ¿Sabés cuantos uruguayos se van a emplear en las nuevas papeleras?

 

– No.

 

– Miles.

 

– ¿Y sabés cuentos argentinos se van a quedar sin empleo cuando allá se quiebren las viejas papeleras?

 

– ¿Miles?

 

– Bueno, ahí está el asunto. ¿Vuelves para Argentina?

 

– No, voy para Brasil.

 

– Lindo país, aunque no vas a encontrar en ningún lado gente que te trate mejor que acá.

 

Esta historia queda en continuará…, porque el mundo es mejor verlo con los propios ojos que por el Discovery Channel. (Las publicaciones se harán los martes y jueves aunque su periodicidad no puede garantizarse dada la naturaleza del viaje). Para ver más fotos del viaje diríjase a las páginas www.eduardobecharanavratilova.blogspot.com y www.brasilendosruedas.blogspot.com Agradecemos a los siguientes colaboradores: Embajada brasilera en Colombia, Ibraco (Instituto cultural de Brasil en Colombia), Casa editorial El Tiempo, eltiempo.com, Avianca, Gimnasio Sports Gym y la revista Go “Guía del ocio”.

 

 

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PERFIL
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Mi nombre es Eduardo Bechara Navratilova. Escribo como acto liberador que me ayuda a escapar del mundo, así termine volviendo a él. Me sirve para entender mis propios actos, aunque admito que acabo con más preguntas que respuestas. Tengo defectos despreciables, que dejaré al lector descubrir por si mismo. Detesto los trancones, las modelos y hacer fila en los bancos. Me gusta el fútbol y la rumba, me gusta la gente que persiste. Tengo los títulos de derecho (1999) y literatura (2005) en la Universidad de los Andes. La novia del torero, Editorial La Serpiente Emplumada (2002) y Unos duermen, otros no, Editorial Escarabajo (2006), son mis dos novelas publicadas. No tengo un peso en el banco, pero me he recorrido medio mundo en viajes. El ser humano y su comportamiento son mi tema de fondo.

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2 Comentarios
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  1. ¿Brasil en dos ruedas? Por el momento no he visto que pedalee ni media cuadra, sea serio hermano, si dice que va a recolectar plata pedaleando, pues pedalee!!!! Y deje de narrar sus peleas con su novia que eso solo le interesa a uster y a ella

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