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En el Ypsilon Divadlo, Praga, República Checa, antes de la lectura de su libro más reciente, Intercourse, 2008, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Robert Olen Butler, ganador del premio Pulitzer por A Good Scent from a Strange Mountain, 1993, un libro de cuentos de inmigrantes vietnamitas viviendo en Lousiana.
 
Butler, quien sirvió como traductor para el ejército americano en la guerra de Vietnam, asevera en su libro From Where you Dream From, (Desde donde sueñas), que la ficción debe venir del inconciente. El proceso que él mismo describe como el de: “mirar hacia el caliente centro blanco”, implica alejarse del racionamiento al momento de escribir.
 
Confiesa haber escrito cinco novelas, cuarenta cuentos y doce obras de teatro mediocres antes de escribir su primer buen libro The Alleys of Eden, rechazado por veintiún editoriales antes de ser publicado finalmente por Horizon Press en 1981. Cuentos de Olen Butler han sido publicados en The New Yorker, Esquire y Harper’s, entre otras revistas literarias, y ha sido incluido en varias antologías de cuentos norteamericanos. En la actualidad es profesor de la Universidad Estatal de la Florida.
 
Robert recuesta su espalda en el asiento de terciopelo del teatro, entrelaza los dedos de sus manos y espera la primera pregunta.
 
E.B.N.: ¿Cuándo se dio cuenta de que si uno quiere escribir ficción que se considere arte esta debe venir desde donde uno sueña y no de la cabeza?
 
R.O.B.: Esa revelación no me llegó como un ‘flash’. No puedo decir con exactitud cuando fue. Si algo, fue cuando escribí la primera línea de mi primera novela buena, que es The Alleys of Eden, la cual empecé a escribir en 1979. Necesitas olvidar tus experiencias de vida un poco, para que el sitio del que tienes que escribir se llene de contenido. Por eso es que los escritores dicen que deben distanciarse lo suficiente del evento para poder escribir de él. Las experiencias de vida se deben disolver en el inconsciente. Pero básicamente fue cuando escribí The Dogs at Fled que es la primera historia de The Alleys of Eden.
 
E.B.N.: En el libro Desde donde sueñas, usted asevera que la mente es el enemigo. ¿Por qué?
 
R.O.B.: Si eres una persona educada, si eres una persona que ha leído mucha literatura pero has sido guiado por profesores, si has tomado clases de escritura creativa, y si eres un ser humano y tienes los mecanismos de defensa necesarios para mantenerte cuerdo en un mundo en el que es muy fácil ver caos en todo, entonces eres demasiado dependiente de tus capacidades racionales y analíticas. Ahí es en donde nos escondemos, así es como nos protegemos, de esa forma es que aprendemos a leer, convirtiendo los libros en ideas, y es de esa forma en que nos enseñan a escribir, incluso a escribir de forma creativa, porque toda la pedagogía de la escritura creativa está enfocada en el oficio y la técnica. Pero la realidad es que un objeto de arte es sensual. Nunca dudamos de ello cuando escuchamos una sinfonía, vemos ballet, un cuadro o incluso una película. Lo que vemos en la pantalla no es pensamiento analítico; no vemos abstracciones. Estamos totalmente cautivados por el objeto en nuestros propios sentidos. No importa lo que hagamos con él en nuestra propia consciencia, el objeto seguirá siendo sensual. Bueno, una obra literaria es arte y tiene las mismas características fundamentales que la sinfonía, el ballet, la pintura o el cine. De modo que para crear ese objeto que es sensual desde un medio que para el escritor es la lengua -utilizada con tanta frecuencia de forma analítica y racional-, la mente estará peleando al artista que hay en ti, como un método de defensa para su propia sanidad.
 
E.B.N.: ¿Qué significa escribir ficción desde el inconsciente?
 
R.O.B.: Significa tomar la inspiración y la esencia del personaje, y enfocarse en lo que este desea desde el fondo de su corazón. Yo me refiero a ello como anhelo profundo (yearning en ingles). Debes tomar esos elementos, no de las ideas que representan, sino de los elementos mismos que viven en tu inconciente. Si prefieres llamarlo imaginación es un término alternativo razonable. Yo no lo prefiero, porque esta palabra ha sido usada en formas que invitan a la invención de cosas que no necesariamente vienen del inconsciente. El lugar más preciso para mi es el inconsciente porque es el lugar desde el que sueñas. Es un lugar muy parecido al de la noche cuando duermes, y tu yo profundo ensambla todos los materiales de un trabajo artístico visual y oral. Con frecuencia tienes sensaciones en tu piel, las hueles y las saboreas en tus sueños. El lugar en el que sueñas es muy parecido al lugar al que debes ir para crear un objeto de arte. Es por esto que uso el inconciente como un concepto focal para sugerir el lugar al que deben apuntar los aspirantes a escritores.
 
E.B.N.: ¿Por qué es tan difícil encontrar un camino al inconsciente?
 
R.O.B.: Hay varias razones. Una que ya mencioné, es que el medio que se usa para traer las cosas es la lengua, y la lengua es el único medio artístico que es conceptual. El movimiento y la danza, el sonido y la música, el color, la forma y la pintura, las imágenes que se mueven en el cine, esos medios en general son sensuales, pero el lenguaje no lo es. De forma que el artista literario tiene eso en contra de él, por eso éste concepto es importante. También, porque los mecanismos de defensa lo han mantenido fuera del inconsciente. Es un lugar en el que no podemos permanecer. Para entrar a él debes tener valentía. Cuando lo haces te estás enfrentando a las cosas que te hacen daño. Eso es muy difícil, es un desafío y genera mucho miedo. Y como no estás recluido en un asilo de locos, porque eres una persona razonable tratando de llevar una vida como escritor, significa que necesitas defensas que te mantengan afuera de ella la mayoría del tiempo. Es anormal entrar ahí. Es como un gran atleta que le exige a su cuerpo cosas que generalmente no haría caminando en las calles. Tienes que desarrollar tus músculos y hacer movimientos que en una vida normal tu cuerpo jamás tendrías que hacer. Y si los hicieras en una vida normal te dolerían. Pero el atleta necesita desarrollar esos músculos para poder hacer movimientos extremos. Lo mismo sucede con el artista. En tu vida normal no harías esas cosas y hay razones para ello, te va a doler, pero como un artista debes hacerlo.
 
E.B.N.: ¿Cómo define ‘trance’ y cómo se compara a los deportes?
 
R.O.B.: Para entrar al inconsciente el artista necesita estar en un estado de trance, en el que su mente analítica y su consciencia se ha movido por fuera del proceso creativo. Es muy parecido a lo que los deportistas llaman estar en ‘la zona’. Hablas con cualquier deportista en cualquier deporte y te dirá que cuando se está desempeñando bien -su equivalente es lo que ellos llaman memoria muscular-, el cuerpo sabe que la mente no es lo suficientemente capaz de analizar la milésima de segundo cuando el balón de fútbol es pateado desde el tiro de esquina, vuela entre el grupo de defensas y el futbolista debe extender su pie justo en el momento preciso para desviar el balón al punto exacto donde los dedos del aquero no lleguen. Si tienes una milésima de segundo de consciencia analítica acerca de ello, no anotarás el gol, fallarás. Eso es ‘la zona’. Para el artista también, el trance artístico requiere el mismo tipo de foco exclusivo en el contenido sensual de tu inconsciente. Cuando la mente empieza a pensar en ello, tu capacidad para desempeñarte se verá afectada en gran medida.
 
E.B.N.: Usted asegura en su libro que uno no debe forzar el trabajo. Que uno no debe escribir a menos de que venga del inconsciente. ¿Cómo relaciona esto con la frase de Pablo Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando?”
 
R.O.B.: Es una frase increíble de Picasso. Si tan sólo pudiéramos desconectar nuestro cerebro y ver sólo con los ojos. Esa es la frase de Picasso que cito en mi libro para mostrar dónde se encuentra el foco artístico del que hablo. En los ojos, no en la mente.
 
E.B.N.: ¿Por qué son tan importantes los eventos e impresiones logradas a través de descripciones sensuales de momento a momento?
 
R.O.B.: Porque esto es a la literatura el equivalente a los violines, las trompas y los oboes moviéndose en una línea melódica juntos, o las piernas de los soldados bajando en fila las escaleras en Odesa, donde luego se muestra el coche del bebé rodando en El Acorazado Potemkin de Serguéi Eisenstein. Es el equivalente a la cabeza cubista de una mujer de Pablo Picasso que puede ser vista desde tres ángulos al mismo tiempo. La experiencia sensual en literatura se construye momento a momento, así como esos otros elementos son la experiencia primaria en las otras formas de arte.
 
E.B.N.: Puede describir el anhelo profundo (yearning) y su función dentro de la literatura.
 
R.O.B.: La literatura es una forma de arte que tiene ciertas características de las que no puedes escapar. Todos entendemos que es de los seres humanos y sus emociones, pero la literatura es también una forma de arte que tiene que existir en el tiempo, incluso el inicio de los cuentos de hadas comienzan con: “Érase una vez”. El movimiento hacia delante del tiempo es inescapable en ficción, y si tu eres un ser humano con sentimientos y estás atrapado en el tiempo, esas son características ineludibles de la ficción. Cualquier budista te diría -esta es una de las grandes verdades de su religión-, que un ser humano no existe por quince segundos en éste planeta sin desear alguna cosa. Dados los elementos fundamentales en una obra de ficción, la forma artística es acerca del anhelo humano, de modo que éste elemento debe estar en el centro de la obra.
 
E.B.N.: Si el anhelo es el corazón de la historia ¿qué conforma el resto de su cuerpo?
 
R.O.B.: La forma en que yo explico la trama con relación al anhelo profundo es que la trama es anhelo desafiado y frustrado. En éste mundo -esta es la condición humana-, es difícil conseguir lo que queremos. Lo que hace a las tramas e historias interesantes es que los personajes quieren cosas con las que nos identificamos, porque son las clases de cosas que nosotros también queremos. Creamos identidad con el personaje de la historia, pero cuando el personaje intenta conseguir estas cosas el mundo le tira obstáculos, retos y oposiciones, de forma que tiene que responder a ello y moverse alrededor o a través de ellos, lo que puede generar nuevas complicaciones y así sucesivamente. Ese es el corazón de la historia, el resto del cuerpo es la forma en que el personaje continúa luchando por lo que quiere a pesar del conflicto.
 
E.B.N.: ¿Cómo sabe que una historia tiene anhelo profundo?
 
R.O.B.: Tienes que encontrarlo incrustado en cada decisión artística de la obra. La forma en que un personaje mira alrededor del cuarto o sale a la calle. La obra de arte es orgánica, de forma que cada pequeño detalle tiene que resonar con el resto. Tiene que estar en el ADN de cada frase, tiene que estar ahí en la forma en que el personaje descifra el terreno a su alrededor. El terreno de Henry James es el carácter, eso quiere decir que todos experimentamos el mundo a nuestro alrededor a través del filtro de nuestras emociones, y la emoción primaria especialmente en ficción, es lo que sea que anhelamos profundamente. Uno sabe que hay anhelo profundo como un lector sintonizado con los aspectos de la condición humana. Uno responde a cada pequeño detalle que está encajando de forma precisa.
 
E.B.N.: ¿Cómo emerge el deseo profundo del inconsciente y cómo se traslada a la forma de arte escrita?
 
R.O.B.: El personaje principal es lo primero que uno escucha. Uno visualiza a los personajes, los oye hablar, los ve en una situación y luego hay que esperar a que te llegue de forma intuitiva lo que desean. Tiene que salir en algo de lo que dicen o hacen. El subtexto de éste personaje sale de tu inconsciente y tú lo debes leer. No hay una fórmula sencilla para descifrarlo. Uno debe estar totalmente abierto. Si uno ha estado enamorado alguna vez o está con la persona a la que ama, desde que entra al cuarto sabe que algo le pasa, uno puede sentir que algo no anda bien, que está ansiosa o que hay alguna cosa que ella quiere aunque no te lo haya dicho. Uno debe ser tan sensible con sus personajes así como lo es con la persona a la que se ama. Hay que leerlos, pero leerlos en el cuerpo.
 
E.B.N.: ¿Cómo es que los escritores siempre han sido cineastas?
 
R.O.B.: Esa pregunta va al corazón de lo que es la experiencia literaria. Para y considera qué es lo que está pasando al interior de tu consciencia a medida en que lees una obra de ficción. Uno ve la historia y los personajes. Los oye. Esas imágenes en nuestra consciencia tienen una vida en el tiempo igual a la del movimiento del ‘film’ en una película. Las escenas empiezan, se desarrollan y terminan. En un libro te mueves de una escena a otra, las técnicas que los cineastas usan, tienen equivalencias en el mundo literario. D. W. Griffith -el cineasta quien al principio del siglo XX es acreditado como la persona que inventó las técnicas del cine moderno-, le dio crédito a un hombre de haberle enseñado todo lo que sabía de cine. Ese hombre es Charles Dickens quien murió varias décadas antes de que el cine se inventara. Griffith sabía lo que es la experiencia interna de la literatura, y el cine, entonces, se volvió una especie de proyección externa de la experiencia interna de los libros.
 
E.B.N.: Aparte del sueño que usted mencionó, en el que el presidente Nixon está llorando en una banca porque sus medias se le bajaron a los tobillos, lo que le mostró que si uno va a jugar a ser Dios, al ser un escritor, tiene que hacerlo con compasión: ¿Qué proceso o evento lo llevó a descubrir el deseo profundo como corazón de la ficción?
 
R.O.B.: No lo sé. Vamos a esa primera pregunta. Se me hizo que era perfectamente obvio, pero es un concepto resbaloso para los aspirantes a escritores. Una cosa que finalmente me golpeó fue que todos los libros de escritores de género y entretenimiento tienen su equivalente, un poco menos profundo, son como metas u objetivos, pero todos tienen un personaje que desea algo. Quiero resolver el misterio, quiero escapar o destruir al monstruo, quiero salvar a la tierra de la invasión de los extraterrestres, quiero ganar la guerra, me quiero acostar con ese hombre o esa mujer, quiero defender al hombre inocente en la corte y probar que es inocente. Todos los escritores de género, todas esas formas populares de ficción, nunca perdieron de vista las metas, y lo que yo finalmente comprendí, es que el personaje literario tiene un nivel más profundo de deseo, pero es la misma cosa.
 
E.B.N.: Usted ha sido profesor de escritura creativa por más de veinte años. Como algunos de sus estudiantes lo han podido experimentar, usted debe ser severo y decirles que sus historias no tienen anhelo profundo. Usted cree que algunos de sus estudiantes que nunca lograron incorporarlo en sus escritos claudicaron en su intención de ser escritores debido a eso y si es así, ¿cuál es su opinión como profesor acerca de ello?
 
R.O.B.: Si ellos claudicaron en su intensión de ser escritores porque no podían incorporar el deseo profundo a sus escritos, de cualquier forma son mejores escritores por haber pasado por el curso. Son mejores lectores y se vuelven mejores profesores. Pero mire, hablando de forma realista, ¿cuántos grandes artistas hay ahí afuera en el mundo? ¿Cuál es la probabilidad de que en un grupo de doce personas en un taller de literatura, una de ellas se convierta en un gran artista? Si uno enseña un arte con honestidad, uno terminará, así suene irónico, enseñándoles que sencillamente no se pueden dedicar a esto. Así es como son las cosas. La otra alternativa es irrespetarlos, elogiarlos y no decirles lo que en realidad necesitan saber. Yo enseño para pocas personas -no sé quienes son-, porque jamás lo habría alcanzado a predecir para mi mismo, de haber visto el trabajo que hacía yo en la etapa inicial en la que recibo a los estudiantes. Yo no sé quién se va a convertir en un gran artista, ellos tampoco lo saben. Lo único que sé, es que si ellos no se concilian con esto de una forma u otra, no pueden estar en éste arte. Por eso les digo la verdad y dejo que el mundo se encargue del resto.
 
E.B.N.: ¿Cómo es un día en la vida de Robert Olen Butler de vuelta en la Florida?
 
R.O.B.: Me levanto temprano, paso por el ritual de moler los granos de café y prepararlo, voy a mi cuarto de trabajo y escribo hasta que tengo por lo menos cuatrocientas palabras en limpio. Si debo investigar alguna cosa para el día siguiente, lo haré después de escribir. Luego juego con mis perros, eso hago últimamente porque vivo sólo en éste momento. Veo una película en Netflix -adoro Netflix-, leo mis mensajes por Internet y me adelanto en mis cosas. Enseño una noche a la semana en la Universidad Estatal de la Florida.
 
E.B.N.: Cómo se siente Robert Olen Butler consigo mismo ahora que se gano el premio Pulitzer, pero cuando estaba comenzando escribió cinco novelas malas, cuarenta cuentos malos y doce obras de teatro malas.
 
R.O.B.: Bueno, eso nunca se publicó y estoy muy agradecido por ello. Lo interesante es cuando estaba escribiendo bien y a nadie parecía importarle. Ese momento es más interesante bajo la perspectiva de ser un premio Pulitzer hoy en día. Antes de ganarme el premio era tan desconocido que me dije: bueno, al diablo con todo, nadie me va a publicar de forma que voy a escribir sólo los libros que yo quiero escribir. Luego me gané el Pulitzer y me dije: bueno, ya no tengo nada más que probarle a nadie, de forma que al diablo con todo, voy a escribir sólo los libros que yo quiero escribir. De forma que escribo los mismos libros pero de una forma mucho más agradable.
 
E.B.N.: ¿Cree usted que todos esos libros malos que escribió le mostraron el camino para ser el gran escritor de ficción que es hoy en día?
 
R.O.B.: Claro, tuve que escribir todas esas cosas para ir buscando mi camino hacia mi inconsciente, incluso si sabía lo que se ahora, si yo me tuviera a mi mismo para hablarme en un punto inicial de mi carrera, y no hubiera tenido que arrastrarme y encontrarlo yo mismo, igual habría tenido que escribir mucha literatura mala antes de atravesar el sendero hacia mi inconsciente.
 
E.B.N.: ¿Qué le aconsejaría a los escritores jóvenes?
 
R.O.B.: Que sean pacientes consigo mismos. Si lo que yo digo tiene sentido no se va a dar de forma instantánea. Deben tener paciencia y ser valientes. Recuerden que Akira Kurosawa, el gran escritor de cine japonés dijo que ser un artista significa jamás alejar la mirada, y eso no es fácil, de forma que necesitan paciencia, coraje y perseverancia; y necesitan leer todos mis libros.
 
Por: Eduardo Bechara Navratilova
escararabjomayor@gmail.com
www.eduardobechara.com

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Mi nombre es Eduardo Bechara Navratilova. Escribo como acto liberador que me ayuda a escapar del mundo, así termine volviendo a él. Me sirve para entender mis propios actos, aunque admito que acabo con más preguntas que respuestas. Tengo defectos despreciables, que dejaré al lector descubrir por si mismo. Detesto los trancones, las modelos y hacer fila en los bancos. Me gusta el fútbol y la rumba, me gusta la gente que persiste. Tengo los títulos de derecho (1999) y literatura (2005) en la Universidad de los Andes. La novia del torero, Editorial La Serpiente Emplumada (2002) y Unos duermen, otros no, Editorial Escarabajo (2006), son mis dos novelas publicadas. No tengo un peso en el banco, pero me he recorrido medio mundo en viajes. El ser humano y su comportamiento son mi tema de fondo.

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