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Imagen: Tomada de AntMan3001 - Flickr (https://www.flickr.com/photos/antdude3001/44136053684)

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Twitter: @jeroriveracine

 

Gran sorpresa causó en el círculo cinéfilo el León de Oro recibido por la película Joker de Todd Phillips en el pasado festival de cine de Venecia, y mucho más al ser otorgado por un  jurado presidido por la cineasta argentina Lucrecia Martel, quien se ha declarado contraria al llamado “cine de superhéroes”. El gran éxito de las películas de esta temática con el público contrasta abiertamente con la opinión de un amplio sector de la crítica y los festivales.
El prestigioso director Martin Scorsese ha dicho hace poco que las películas de Marvel “no son cine” y que se asemejan más a un parque de diversiones. Yo concuerdo con él en que la experiencia lamentablemente ha desplazado a la narrativa y que pensar las películas como una simple feria de atracciones es retroceder hasta los primeros años del cine, aunque creo que también tienen grandes méritos. ¿Por qué entonces escribo un artículo sobre la más reciente película del universo cinematográfico de DC comics? Porque, sin ser fan ni experto del mundo de los comics, sostengo que esta película se parece muy poco al tipo de filmes a los que Hollywood nos ha acostumbrado recientemente, con enormes inversiones en efectos especiales y parafernalia efectista.
*Si aún no la has visto, te aclaro que este texto contiene algunos spoilers.

 

Imagen tomada de Pinterest (https://www.pinterest.ch/pin/669417932089819050/)

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No entraré en la inútil discusión de si Joker es la mejor película de los últimos tiempos, ni me interesa cuestionar si se trata de una incitación a la violencia. Siento que se trata de una cinta que representa con gran tino el nacimiento de un monstruo, protagonizada por un actor que lleva más de la mitad del peso de la narración, con un guion convencional pero que funciona bien, técnica y estéticamente sobresaliente y con una importante crítica hacia muchas cosas que andan mal en la sociedad sin llegar a ser una apología a la violencia.
Mucho se ha hablado de la actuación de Joaquin Phoenix y debo decir que cualquier calificativo se queda corto. Phoenix se reafirma como uno de los mejores actores de la actualidad por su grado de compromiso con sus personajes, su seriedad al interpretar un papel y su inmenso trabajo de caracterización que lo ha llevado a construir sus roles desde adentro hacia afuera. En Joker es evidente que el actor no “hace como si”, sino que logra realmente fusionarse con el personaje. Su gestualidad no está construida por muecas sino que es un reflejo de su experiencia sensorial, por eso su actuación es digna de todos los elogios y su personaje entra a engrosar la lista de otros memorables, algunos incluso mejores, como los que ha hecho en películas como Walk the line, Gladiator, I´m still here, Inherent vice, Irrational man y Her, entre otros.

Phoenix construye un personaje incómodo que, aunque es digno de compasión, no genera identificación ni empatía en el público. Arthur Fleck es un ser patético que vive detrás de una máscara social que ha sido impuesta por su madre y por los medios de comunicación y que puede evidenciarse desde el nombre y el legado que su madre le ha asignado al apodarlo Happy (feliz) y encargarle la misión de “hacer feliz a los demás, poniendo una sonrisa en su rostro”. Él es un hijo devoto de su inestable madre y siente un gran vacío por su padre que intenta llenar artificialmente con las figuras de Murray, el conductor de televisión; y Thomas Wayne, el magnate de Ciudad Gótica. No obstante, Arthur es hijo de una sociedad que no lo quiere y de unos medios que solo lo reconocerán cuando convierta su violencia en espectáculo, como queda claro con uno de los planos finales en el que se ve al Joker como un producto más del show business. La película critica aquí la imposición implícita de la felicidad (o la simulación de la felicidad) en el mundo actual y la intromisión de los medios de comunicación en la vida privada de las personas.
Arthur tiene ataques de risa por una condición patológica que le ocasiona dolor y sufrimiento. Son estridentes carcajadas que incomodan y ocasionan rechazo social. Al ver que no logra triunfar como cómico y que a nadie le importa lo que le pasa, descubre que no se trata de que los demás disfruten si no de disfrutar con el dolor de los demás. La sonrisa que no logra aparecer espontáneamente en su rostro en la primera escena, pero que logra simular cuando está pintado de payaso, esa que intenta poner en el rostro del joven Bruce Wayne, solo es sincera al final cuando la completa con su propia sangre.
Mucho se ha hablado de las múltiples referencias en esta película, y las que han generado más interés son las que se relacionan con las películas de Martin Scorsese, especialmente aquellas que hacen alusión a la ciudad de Nueva York, un gran conglomerado urbano en donde el vértigo y la indiferencia impiden la empatía entre sus habitantes y en la que la suciedad, el crimen y las injusticias son un coctel potencialmente peligroso para los sociópatas. Así, la ciudad Gótica del comic tiene muchas similitudes con esa Nueva York de los años setenta que la película representa y que es escenificada en Taxi Driver y King of comedy, protagonizadas por un desquiciado taxista vengador y un desequilibrado comediante frustrado (ambos interpretados por Robert De Niro, quien está en este film).
Más allá de esas obvias similitudes, podemos encontrar rasgos de otras películas como El hombre que ríe (Leni, 1928), Un día de furia (Shumacher, 1993), 15 minutos (Herzfeld, 2001) y parte de la filmografía de autores como Paul Schrader, Takeshi Kitano y Kim Ki Duk, entre otros.  Esto no significa que sea necesario ver estas películas para entender la actual, pero sí da claridad sobre la propuesta del director que, no obstante, ha sido capaz de articular bien esta cinta con The dark knight de Cristopher Nolan, en la que vemos a un Joker consolidado que ha aprendido a disfrutar ocasionando dolor.  Es significativo, por tanto, que la frase de batalla del Joker de Phoenix hable de poner risas en las caras y la de Ledger sea “¿Por qué tan serio?”; pues mientras el primero aun intenta encajar, el segundo ya solo quiere disfrutar el espectáculo de ver al mundo arder.
Una clave de la película es entender, bajo sus propios códigos narrativos, que la historia está sesgada por el punto de vista particular, y retorcido, de su protagonista. Entender esto nos permite descubrir que vemos los personajes y las situaciones desde los ojos de Arthur y que permanentemente estamos entrando y saliendo de su cabeza. Desde esta lógica, cobra sentido la teatralidad de sus gestos y la forma como disfruta de sus pasos de baile, los de una persona que rechaza su realidad para vivir plenamente dentro de sus propias ficciones.

La banda sonora también cumple un papel fundamental y allí las notas de Sinatra, The Who y Cream se combinan con el chelo inquietante y perturbador de Hildur Guðnadóttirm, quien logra (como en su anterior trabajo, Chernobyl) incrementar en la película la sensación de incomodidad y la ansiedad de saber que todo es susceptible de empeorar. La rutina de Arthur Fleck implica subir diariamente una fatigante escalera que lo lleva hasta su casa y le recuerda su vida miserable, pero al final baila entre escalones, como protagonista de su propio musical, mientras repite, con That’s you de Sinatra: “He sido marioneta, indigente, pirata, poeta, peón y rey. He estado arriba y abajo, enfrente y afuera, y hay algo que sé, cada vez que descubro que he caído de bruces me levanto y me reincorporo rápidamente”.

Imagenes tomadas de Pinterest.

Imagenes tomadas de Pinterest.

Arthur Fleck debe morir para transformarse en Joker y la película es particularmente rica al mostrar este proceso. El personaje sufre una transformación de adentro hacia afuera que inicia en sus repentinos e incontrolables ataques de risa, continúa con sus esfuerzos por encajar, sigue con su cuerpo contrahecho y continuamente apaleado, y culmina con su atuendo característico, su capacidad para hacer el mal sin remordimientos y su nueva personalidad como Joker. El apelativo de Happy dado con humor negro por su madre es reemplazado por el de Joker, impuesto burlonamente por Murray, y al que Arthur se aferra con orgullo.  En una de las mejores escenas del film, el protagonista emerge de una accidentada patrulla de policía y es llevado en brazos por otros payasos que lo vitorean. El nuevo villano ha nacido para lograr que sus locas y destructivas fantasías se conviertan en realidad.

 

En Amigos del cine hablamos también de actores, como Joaquin Phoenix, que se han destacado interpretando héroes y villanos de comics en el cine. Aquí lo puedes ver:

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Jerónimo Rivera Betancur: Doctor en comunicación. Profesor universitario, autor de seis libros sobre cine, investigador en temas de imagen y cultura y fundador de la Red Iberoamericana de Investigadores Audiovisuales pero, antes que nada, cinéfilo. Web: www.jeronimorivera.com Canal de Youtube: Amigos del Cine.

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