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Estoy perdidamente enamorada de mi peluquera porque, después de buscar durante años a alguien que no interpretara “solo las puntas” como “10 centímetros”, ella ha sido la única que me ha prestado atención y ha hecho exactamente lo que quiero. Y como es natural cuando se está enamorado, hablo de ella con todas las mujeres que me preguntan cómo hago para tener el pelo tan largo; casi todas me han hecho caso y es ahí donde empieza el misterio.

El 70% de las que van a mi peluquería recomendadas por mí, siempre quedan contentas con el resultado. A veces “contentas” no es la palabra para describirlas cuando salen de allá, a veces es “dichosas”. Muchas incluso empiezan a recomendarle a sus mamás, hermanas y amigas que empiecen a ir. Pero el 30% restante de personas que creyeron en mi consejo salen decepcionadas. 

Cuando me cuentan que mi peluquera les cortó de más o que se tomó muchas libertades y experimentó con ellas, empiezo mi labor de detective. Me meto en mi papel de Sherlock Holmes (aunque creo que me ayudaría mucho más tener a un Watson como Jude Law al lado): miro el tipo de pelo de la damnificada, analizo el corte con el que quedó, le pregunto por su estadía en la peluquería y finalmente resuelvo el misterio. Siete años de investigaciones exhaustivas me permiten concluir con autoridad que en el 90% de los casos reportados por amigas que salieron descontentas de mi peluquería el problema fue de comunicación. 

Lo primero que se tienen que meter en la cabeza el día que van a ir a la peluquería (no solo a la mía, a cualquiera) es que están a punto de comenzar un ritual que demanda transparencia y confianza. Hay que ser lo más claro posible para poder confiar en la persona que está sosteniendo un objeto cortopunzante cerca a sus cabezas.

Cuando fui por primera vez a donde mi peluquera estaba cansada de haber lidiado con dos cortes terribles consecutivos y cuando me senté en su silla le dije: “mira, yo sé que tengo el pelo terrible y que estas capas están mal hechas pero ten un poco de piedad”. Ella me preguntó por mis dos experiencias anteriores, se las conté y me dio a escoger entre cortar el problema de raíz (o sea, emparejar las capas) o ir resolviéndolo con el tiempo. Yo, que no soy muy amiga de tener el pelo corto, escogí la segunda opción. Le prometí que iba a ir cada mes y medio para que ella lo arreglara poco a poco y en ese momento nació nuestro romance capilar. Fui clara respecto a mis miedos, le dije qué cosas no quería y con el tiempo fui confiando en ella.

Ese es el problema que detecté después de mis investigaciones, que las clientes no habían sido capaces de hacer eso que yo hice. Muchas veces, las mujeres vamos a la peluquería sin tener idea de qué es lo que queremos pero sí tenemos claro qué cosas no nos dejaríamos hacer ni locas y son esas las que hay que dejar claras. Tienen que olvidarse de la pena de darle una orden a una persona desconocida porque lo que está en juego es su pelo. Sí, pueden sentirse un poco incómodas al negarse a algo que el peluquero les sugiere pero recuerden que finalmente ustedes son quienes están pagando y pagar por algo que a uno no le gustó es una de las cosas que más fastidia en esta vida. 

Entonces, a menos que usted sea capaz de decirle a su peluquero “hazme lo que quieras”, sea lo más honesta posible, ayúdese con fotos que ejemplifiquen qué le gustaría, oiga lo que el peluquero tenga por decirle y lleguen a un acuerdo claro entre los dos. Solo así, siendo tajante pero oyendo los consejos del profesional, podrán crear un lazo que los haga sentir cómodos. 

En últimas, si ustedes son tan prevenidas como yo en los asuntos del pelo, pueden usar la amenaza como último recurso. Siempre que voy a donde mi peluquera le digo “mira, yo te amo pero si me cortas más de un centímetro no te pago” y santo remedio. 

Si se preguntan quién hizo esa ilustración tan linda, fue (una vez más) Camila Villegas. Pueden entrar a ver su trabajo acá: http://www.flickr.com/photos/camilayya/ o pueden entrar a su fan page en Facebook: http://www.facebook.com/CamilaAlreves

Y mi cuenta de twitter: @JulianaAbaunza

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PERFIL
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Soy estudiante de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana. Estoy obsesionada con el pelo y con la ropa; generalmente le ayudo a mis amigos a escoger cómo cortarse el pelo y qué ropa comprar, por eso creo que puedo servirle a usted si no tiene idea de qué hacerse en la cabeza, qué ponerse encima o cómo arreglar algo de su clóset que haya dañado.

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