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“Es mejor comer mierda gringa que la mierda de aquí”. Es la leyenda de Marlon, uno de los dos jóvenes obsesionados con irse del país en la novela Paraíso Travel (ya casi en cartelera su versión cinematográfica)

Y se van a la brava, como sea, sin importar planes, familias, caminos y consecuencias. Lo importante es irse de este país, bien sea porque les dio poquito o definitivamente les quedó grande.

Cuando tenía como cinco años tenía aviones de juguete y los territorios lejanos eran producto de la imaginación. El plan era volar a cualquier parte, con la idea de volver a la realidad. Ya volé y ya volví (no precisamente a punta e’ porro)…y siempre he regresado. Otros no han vuelto. Algunos gracias a la suerte de una beca, la intercesión de Cupido o la fortuna de tener padres pudientes. Y los demás, gran parte de los que están afuera y siguen allí, persiguieron su sueño dejaron un mundo de deudas y el credo en la boca de sus familiares que apenas saben de su suerte.

Me atrevo a asegurar que esta generación ochentera es la generación del nuevo éxodo. Eso sí, no alcanza proporciones bíblicas, pero las razones que muchos aducen sí parecen apocalípticas: “aquí ya no hay nada”, “el país se jodió”, “el país se va a joder”, “el futuro no está acá” y otras por el estilo. Tres o cuatro millones de nuestros compatriotas se fueron con esas y otras ideas desobligantes en la cabeza

¡¡¡Y vaya que se fueron!!! Un buen porcentaje de ellos sí que están comiendo mierda, no solo gringa, sino venezolana, ecuatoriana, española o panameña. Basta con recordar que cerca de 20 mil nacionales se encuentran presos en cárceles de 50 países y lo peor de todo, por la mala. 

Me martillea en la cabeza el hecho de que la tan sobrevalorada verraquera colombiana se entienda como la que nos hace aguantar cualquier cosa con  tal de malvivir en una ciudad extraña, con calles anchas, olor a tacos, catres podridos, automóviles de lujo y remolques familiares. La obsesión de emigrar no es precisamente el impulso revelador sino la venda en los ojos que nos hace dar tumbos en el intento de abandonar el lugar donde nacimos.

Que hay gente “de buenas”, camelladora y suertuda, ¡pero por supuesto! No todo es melodrama, pero el cuento es lo que pasa por las mentes de los que deseamos huir: el origen de la idea, el modo de conseguirlo y la incertidumbre de lo que vendrá después, factores incidentes en la toma de decisiones apresuradas sin una verdadera reflexión o en la vivacidad de otros para hacer ofertas engañosas.

Eso les pregunto a los que me leen ¿Por qué se irían de país?  O si ya se fueron ¿cuál fue el motivo y a hacer qué? ¿Les tocó comer mucha mierda? ¿Quisieran volver?

juanchopara@gmail.com

BOCADILLO: “si aquí no tienes los medios que reclamas, si aquí tu genio y talento no da fama, si tu apellido no es Gonzales ni Tapia ¿por qué no te vas?” Por qué no te vas del país…Los Prisioneros… un poco predecible para el post, pero es un bocadillo adecuado…

Foto: Imagen de Paraíso Travel, la película

 

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Periodista y filósofo. Social Media Manager. Cronista de TV, Cine, Cultura y Espectáculos. Calvo.

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  1. Yo salí de Colombia para California a los 17 años, estuve a punto de devolverme. Muchos en Colombia me dijeron que no desperdiciara la oportunidad de estar en un país que ofrecía más oportunidades y me quedé. Me vine por petición de mi madre quien sí tuvo que comer mierda trabajando en restaurantes y en los campos agricolas de California central. Gracias al esfuerzo de mi madre no me tocó comer mierda (aunque el proceso de adaptación a las múltiples culturas del país californiano y al idioma fue un mierdero). ¡Pero no hay peor mierdero que vivir en un lugar añorando volver al terruño!

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