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No sé si pueda superarlo ¿Otra vez forramos la parrilla de TV nacional de concursos “cazatalentos”? ¿Más carrusel de audiciones miserables, jueces déspotas y el triunfo de la peor tragedia humana por encima de las habilidades artísticas?

Muy pronto tendremos en pantalla Idol Colombia y Yo me llamo 3 ¡Qué maravilla! ¡De aplaudir el esfuerzo creativo para generar contenidos “familiares” y “blancos” en un país saturado de grandes voces que deben ser encontradas y premiadas! Por favor, ¿es en serio que RCN compra la franquicia de un concurso, sí muy bueno por momentos, pero que ya viene de capa caída, y cuya versión latina fue un desastre de audiencia? El concurso de imitadores tampoco se salva de la hoguera. Si bien imitar a un famoso tiene su chiste, ¿cómo estiramos ese chicle? ¿Con la acritud de la Grisales? ¿Con mechoneadas entre ella y Jairo?

Por esa razón le traigo cinco razones por las cuales los concursos de este estilo deben pasar a una colonoscopia urgente, pues ya hiede esa formulita de burla-lágrima-show que nos hacen tragar como el respiro emocional que une corazones en un “surimi” de alegría.

1. ¿Qué pasa con los ganadores?

No nos digamos mentiras. La gran mayoría de los finalistas y triunfadores caen en el ostracismo, pasado el furor del concurso. Otros pocos logran destacarse, alejados de las promesas del canal que los “lanzó a la fama”, como le pasó al grupo SIAM. Si bien los 15 minutos de fama hay que aprovecharlos, el resultado final es más de lo mismo: mucho ruido y pocas nueces. Ni hablemos de maldiciones como la que le achacan a La Voz México, cuyos egresados han protagonizado toda clase de escándalos que van desde actuaciones poco decorosas hasta el homicidio de uno de sus finalistas. ¿También nos dirán que ese es el precio a pagar por algo de reconocimiento?

2. ¿Jurados vs Concursantes?

Llámelos como quiera: Coaches, expertos, asesores… figuras reconocidas en diversos campos y géneros musicales. La pregunta es ¿deben convertirse en el centro de atención? Hay personalidades que cautivan, pero el libreto se nota y ya no pueden convencernos con el manido truco de roces delante y detrás de cámaras. Miren lo que pasó con Paulina Rubio en X Factor EEUU: no sirvió. Bajos índices de audiencia y su poca conexión con el público fueron suficientes para que Cowell y compañía decidieran darle el adiós junto con sus otras compañeras, Kelly Rowland y Demi Lovato. ¿Y los concursantes? Bien, gracias.
http://www.youtube.com/watch?v=TFZ6P_xATwY

3. Idoneidad de los jurados

Una polémica interesante la acaba de propinar la selección de jurados para Idol Colombia, cuya preproducción parece hecha con las patas. ¿Qué características debe tener un jurado, expresamente para esta marca? Recordemos en su versión americana: Randy Jackson, Paula Abdul, Steven Tyler, Simon Cowell. Productores y músicos hasta la médula. ¿Qué tenemos acá? Rosario, Peter Manjarréz, Eddy Herrera y ¿Alejandro Marín? O nadie del gremio musical colombiano se quiso arriesgar o fue lo poquito que encontraron. Sumémosle a esto que Rosario, (me encanta) venía de trabajar en La Voz España ¡Todo un problema de marca, como lo afirma Pink Sauce en su crítica a este desfile de luminarias! Ahora se viene otra controversia con la abrupta sustitución de Alejandro Marín por Alejandro Villalobos -muy de la casa RCN él-  en una clara falta de respeto con el primero. Si bien ambos son locutores y directores de emisoras prestigiosas, están lejos de representar el poder y la influencia de figuras reconocidas metidas en el negocio de hacer estrellas, que es lo que se necesita en una franquicia de este tipo.

4. El poder del público ¿para qué?

Una de las grandes contradicciones de estos formatos es la supuesta democracia que exhiben. Y la frontera entre el premio justo y la pornomiseria es borrosa. Independientemente de las historias de vida de los concursantes, debe primar un criterio artístico libre de consideraciones asociadas a la discriminación por pobreza, discapacidad o género. El que gana es el que mejor canta, punto. Si el público tiene que decidir, entonces ¡que tenga sentido su participación! pues siendo altamente influenciable es evidente que favorecerá los intereses del canal con la compra de los famosos paquetes de votos.

5. No más efecto espejo

Este mal no sé cómo combatirlo: ¿tendremos dos concursos prácticamente similares en contenido durante 3 o 4 meses? Vuelve el tema de la “variedad” y la “originalidad” de los canales. Desde ya no tengo interés en saber de ellos.

Para finalizar esta post pues los invito a recorrer el túnel de tiempo. Hace diez años tuve un fabuloso proyecto a mi cargo y rescato de sus inicios este documental. Les juro que sí tenía cabello en ese entonces. Si se aguantan los 25 minutos que dura, espero sus opiniones. Grandes ideas que se hacen con grandes amigos.

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com 
 

 

 

 

 

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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