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¡Y llegó la versión colombiana de Catfish! El reality de MTV que nació de un documental del 2010 en el cual su protagonista, Nev Schulman, relató su experiencia de conocer pareja a través de Facebook. Para resumir la historia: se enamoró del perfil virtual de una fabulosa chica y en la vida real resultó un completo engaño. Posteriormente llevan la idea a televisión y Nev, junto con su hermano Ariel, recorren Estados Unidos buscando “bagres” y desenmascarándolos para bien o para mal de los compungidos (e ingenuos) cibernautas.

Acá les comparto el enlace al documental.

Que si fue real o no, e incluso, que los casos llevados al programa de televisión, estrenado en el 2012, son una versión de primer mundo de los fakes impulsados por Laura Bozzo, es un asunto que dejo en el terreno de la especulación. Lo que sí da en el clavo tanto el documental como la serie es en dos aspectos sobre los cuales aún no hay una plena concientización: la identidad y la reputación digital.

Esta bien, estamos solos, y si así lo queremos, podemos elegir la soledad como una opción, pero no podemos negar que somos seres sociales e inevitablemente alguien tocará a la puerta. Tampoco vamos a ceder a la presión de correr contra el reloj para enamorarse, casarse y hacer familia como la receta mágica de la vida perfecta que nos venden los comerciales de mayonesa y cremas dentales. Pero ahí está internet: ofreciéndonos la alternativa para expresar toda clase de sentimientos y construir alrededor de ellos toda una imagen de alguien que no somos en favor de atraer la atención que no recibimos en el día a día.

La desesperación tiene cifras: según un informe divulgado por la revista Semana 25 millones de personas visitan mensualmente internet con el fin de encontrar una cita bien ser por páginas de contactos, redes como Facebook o chats, pero el mercado de las aplicaciones digitales es la verdadera caldera del infierno. Tinder es el mejor ejemplo de ese boom, con más de 800 millones de calificaciones de perfiles diarios. Para buscar “acostones” y llevarlo por todos lados a ver quién anda cerca que “haga el favorcito” la aplicación se pinta sola. Ahora sí quedó atrás la época en que los amigos o papás le presentaban a uno prospectos de todo tipo. Hasta se ve anticuado quedarse mirando en la calle o en el transporte público a una persona: basta un click para descubrir si alguien hace “match” con uno y si surge la “química” (aborrecible término donde lo hay)  a ver hasta donde se llega.

Si podemos ser cualquier persona, es lógico que aumentamos posibilidades para ligar. Pero ojo: las herramientas digitales son lo que queremos que sean. Es allí donde comienzan los problemas. Crear un mundo ideal de nuestra personalidad con el fin de obtener de alguien sexo express quizás no sea un atentado (si no buscamos iniciar algo no hay qué obligarse a ello) pero sí que lo es llevar las intenciones más lejos y utilizar apps o redes sociales para atropellar la dignidad de alguien, extorsionarla o cometer delitos.

Es ahí donde Catfish Colombia debe hacer un llamado de atención. Los jóvenes ya no están propiamente en Facebook. En sus celulares inteligentes, que llevan a todas partes y que por lo general no están al alcance de sus padres, encuentran toda clase de puentes para conocer a cualquier persona. En Colombia, donde actuamos antes de pensar con una velocidad pasmosa, le vamos entregando toda clase de información a desconocidos de los cuales apenas podemos suponer que su smartphone es propio (si no es que lo han robado) y vivir toda suerte de historias: desde conversaciones anodinas sobre el clima o la hora hasta “cómo son tus tetas” o “cuánto te mide la verga”, invitaciones a fotos a diestra y siniestra y todo esto con el aderezo de que ya saben donde buscarnos pues las apps de citas tienen como principio funcionar por geolocalización ¿Quién está más cerca para mí? porque qué mamera que la tiniebla de turno viva en Roma cuando uno está en Villa del Prado.

Un extremo de esas relaciones fáciles que no tuvieron final feliz es el renombrado caso de Amanda Todd, cuyo video estremeció el mundo hace dos años. Ella conoció a alguien en internet, sostuvo un encuentro virtual y el resultado de eso: un acosador que la desprestigió por todos lados. El ciberbullying está inmerso en esta jungla del amor virtual. Amanda se quitó la vida y se convirtió en un símbolo de los peligrosos límites a los que llegan otras personas con las que supuestamente “no va a pasar nada” (otro mito a desmontar)

La confianza es un valor despreciado en la actualidad, y si bien no deseo pecar de mojigato o peligrosista, es importante recordar qué información subimos a las redes sociales y transferimos desde las aplicaciones, es importante leer las condiciones de uso de las mismas. Adicional a ello, valiosísismo contar con personas de confianza que sepan cómo estamos conociendo a los demás y quiénes son, en lo posible. No se trata de convertir nuestra vida íntima de dominio público, simplemente de que nos sigan la pista en caso de que seamos clientes frecuentes de las citas virtuales.

Aunque no todo el mundo es un psicópata  y se pueden topar con agradables sorpresas, hay que ser claros sobre lo que buscamos y hacérselo saber a los demás, así como leer muy bien lo que otros buscan. La comunicación humana existe para eso. Ah y relativizar ese “veremos que pasa”, expresiones como esa deben tener un complemento desde el momento en que recurrimos a esta estrategia para conocer personas. Si buscan sexo hay que pronunciarlo o escribirlo con todas sus letras. Si solo es un rato, es un rato. Si es amistad, tomen un café en sitios públicos. Desde luego, siempre será mejor que la vida le ponga a uno las oportunidades en vivo y en directo, ojalá del modo tropezón telenovelero. Igualmente, no se avergüence de que dure una época buscando por este medio, no tiene nada de malo. Está en usted y solo en usted sobreponerse si las cosas no le salen bien así como saber cuándo parar e intentarlo nuevamente.

Internet nos facilitó las cosas, pero desafortunadamente también acortó las distancias para aquellas mentes retorcidas que desean sacar ventaja de la situación. No sobrevaloremos nuestra malicia porque siempre habrá alguien más inteligente que nosotros. Podemos disfrutar de estas opciones pero conociendo plenamente los riesgos y tomando precauciones para evitar tragos amargos. Ya si el problema es que justo a uno le tocan siempre desgraciados(as) entonces el asunto no lo resuelve Catfish sino el indio amazónico.

Si desean reportar una historia de relaciones virtuales puede enviarlo para el casting de Catfish Colombia, que se hará en alianza con el canal regional Telecafé en una estrategia que apoya el Ministerio TIC Este es el formulario 

En esta época ¿cómo le ha ido buscando el amor (o el sexo) virtual? Coménteme su experiencia

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com 

 

 

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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