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¿Se acabó la telenovela colombiana? ¡Claro que sí! Mencionarlo da cierto repelús en el ambiente, como si se hablara de un trabajo que produce mucha vergüenza. Ahora, en una curiosa moda, se recurren a otras fórmulas (biográficas, de narcos y humorísticas primordialmente) evitando en lo posible el término.
Con el reciente estreno (y decepcionante resultado) de la nueva versión de La Maldición del Paraíso me entró la nostalgia por las producciones de antaño, particularmente por las telenovelas, apelando fundamentalmente a aquellas que, llana y simplemente, cuentan una historia de amor ciñéndome a su espíritu más formal, su estructura dramática y su resolución.
La discusión que dio origen a este listado nació del video del comunicador Mauricio Varela, colaborador en el pequeño homenaje a Julio Jiménez del mes del octubre, quien elaboró este pequeño video en el que reúne (a su juicio) las 200 mejores telenovelas colombianas

El debate se animó aún más cuando descubrí el trabajo del periodista barranquillero Fernando Sarmiento Ranauro, quién condensa desde su perspectiva los principales hitos de la Historia de la Televisión Colombiana en un libro con este título, coincidiendo con la conmemoración de los 60 años de esta industria. Si bien es un número significativo ¿sí representan verdaderamente ese espíritu formal de la telenovela? ¿Realmente hablamos de 200 éxitos?

Si es complicado establecer criterios de forma y contenido solo por el hecho de no haber visto telenovelas de los años 60 y 70, y apelando únicamente a la memoria de papás o abuelos o algunos archivos periodísticos, no resultaría justo armar una lista de “las mejores”, y resulta desproporcionado hablar de 200 que sean consideradas buenas midiéndolas por criterios como rating (por la incredulidad de los datos arrojados por sistemas de medición como Nielsen en su momento y posteriormente IBOPE) o impacto (la cultura popular absorbe los fenómenos como esponja como también los desdeña o los etiqueta de bodrios para la risa y el morbo de los curiosos) Ni los premios creados por diversas entidades sirven para configurar un panorama más real por la inconstancia de la categoría, los intereses manifiestos de las productoras o canales o la justicia de las decisiones cuando se convocan jurados dispares y en algunos casos poco idóneos.

En ese orden de ideas decidí crear una lista personal, pensando en que existen historias que no solo cumplieron con el esquivo requisito del triunfo, sino que también causaron gran impresión incluso a nivel internacional (sobre todo en épocas recientes) y hacen parte de la memoria colectiva por representar el aspiracional de un amor verdadero o la fantasía de un romance intenso.
¿Cuáles son mis criterios para llegar al primer lugar? Inicialmente en las treinta que voy a mencionar tengo que advertir que apelé a una mezcla de investigación y sentimiento, pero fundamentalmente el primero de ellos es que las vi en su mayoría o encontré suficiente información de ellas como para hacerme una idea de ellas. En segundo lugar el umbral de tiempo: muchas de estas historias se produjeron en los 80 y 90, etapas prolíficas de la industria nacional, sin demeritar el hecho que en décadas anteriores se hicieran melodramas que calaran en el gusto popular. En tercer lugar decidí rastrear en estas historias las características más innatas de la telenovela (sobre todo su emisión diaria en un horario fijo, con una extensión que promediara 50 capítulos) sin que importara si se trataba estrictamente de un melodrama clásico, de ruptura o si representaba un género en específico (suspenso, comedia) Aspectos como su internacionalización, los premios que haya recibido, si fue una adaptación literaria, tuvo segundas partes, remakes (colombianos o en otros países) o versiones para cine hacen parte de los criterios pero en un segundo plano pues no resulta equiparable una historia de los setenta como Lejos del Nido con Juegos Prohibidos por los contextos particulares de ambas historias. Y finalmente, el gusto.
A manera de información general, en el tema de los premios cabe mencionar que en 1989 los India Catalina premiaron el mejor dramatizado, una definición bastante amplia y ambigua, resultando ganadora Amar y Vivir, que corresponde más a una serie de emisión semanal (y a las que dedicaremos tiempo en otro post) En 1990 no aparece la categoría Mejor Telenovela. En 1991 vuelve la categoría Mejor Dramatizado pero no figura la de mejor telenovela así como en 1992, regresando en 1993 con el premio a Sangre de Lobos. En 1996 no se entregó el premio así como en 1999.

En el 2004 se crea la categoría Mejor Producción en la que gana Pasión de Gavilanes y mejor telenovela Amor a la Plancha, una decisión muy discutible y bastante complaciente.

Por su parte los premios Simón Bolívar entregaron reconocimientos a la televisión entre 1987 y 1998, desconozco la razón de suspender esta entrega, pero también muestran coincidencias con los India Catalina al eliminar la categoría de telenovela en algunos años. En 1990 no aparece y en 1995 se fusionó con la categoría de serie ganando La Otra Mitad del Sol. Y acá encuentran un buen resumen de los Tv y Novelas. 

 

30. El 0597 está ocupado (considerada como la primera telenovela colombiana) Desde luego tiene que estar en el listado al menos como homenaje. Su libreto original argentino se ha llevado varias veces a la pantalla chica. Con la imponente belleza de Raquel Ércole.
29. Daniela Tiene que estar en esta lista al menos una historia de Jorge Barón ¿La razón? Tenía que ver algo mientras almorzaba antes de ir al colegio a estudiar en la tarde. Protagonizada por Nelly Moreno y Guillermo Gálvez. Ese fue el inicio de mi digestión televisiva.
28. Calamar. Guri Guri vivirá para siempre en la infancia de muchos treintañeros como yo. Es nuestro Alf. Por eso la veía.
27. La mujer doble. A ratos era monótona pero la premisa de una mujer con doble personalidad y el atractivo de una novela de época fueron atrayentes para mí. Cuando Ruddy Rodríguez hizo La Ex imagino que experimentó un déja vú
26. La madre. Una de las primeras novelas de la era de los canales privados. El sello de Mónica Agudelo es indeleble aunque la historia de amor se cuece demasiado a fuego lento.
25. Pedro El Escamoso. Está en la lista más por su proyección internacional y reconocimientos que por ser una historia que me muriese por ver. Pudo no haberse hecho y todo seguiría igual.
24. La Abuela. Es de esos casos sui generis de la televisión nacional. Una antagonista llevando la batuta en una familia disfuncional. Que haya tenido su versión para cine habla mucho de la conmoción que generó.
23. Lola Calamidades. Su versión tropical telemundesca dista mucho del ambiente oscuro de su original. La recuerdo de aquellas remotas tardes de finales de los ochenta.
22. La Venganza. Sin echar tanto lápiz en desenrollar un argumento conocido, diré que fue de las últimas telenovelas colombianas con las que me divertí adivinando los retorcidos planes de la loca de Grazzia Fontana.
21. L.P Loca Pasión. No fui asiduo de esta novela hasta que descubrí su potencial como promotora del rock en español y ser una clara referencia de telenovela juvenil.
20. Pecados Capitales. Es de mi categoría de novela relajo, entretenida, sin mayores aspavientos y que no se toma en serio para nada, lo cual la hace más fresca.
19. Amándote. Es de las telenovelas de la extinta Punch con la que conocí a Carlos Muñoz, aún sin haber visto Pero Sigo Siendo el Rey.
18. Rasputín. Un personaje tan intrigante tuvo una versión televisiva también alejada de ser un absoluto melodrama, pero muchos de mis allegados ya entraditos en años la incluyen en su lista.

17. El Cacique y la Diosa. Una novela hecha aprovechando el furor de Lucho Herrera y el mundo del ciclismo así como el de los reinados. No fue propiamente un éxito pero fueron memorables sus escenas de competencia.
16. Café con Aroma de Mujer. No la seguí y no me trasnochó, no obstante fue un suceso en su momento y a eso se le abona su papel de promotora del país en un aspecto radicalmente diferente al de la violencia, algo que ahora les cuesta trabajo hacer.
15. Caballo Viejo. Mi personaje favorito: la Tía Cena. Las escenas con ella eran de antología. Del resto, un imposible el amor entre un viejo cascarrabias y una joven. Difícil de tragar al inicio pero se logró.
14. La Mala Hierba. Las dimensiones de un proyecto de esta naturaleza en los albores de la televisión a color y la controversia que generó la ponen en un contexto complicado para afirmar que era una historia romántica, pero vale la pena incluirla justamente por lo ambicioso de su producción.
13. En Cuerpo Ajeno. Mis flores por el esfuerzo que supuso entretener a los colombianos en un momento aciago de nuestra historia contemporánea como lo fue el apagón, pero podían más las hormonas al querer ver a Amparo Grisales en sus escenas calientes, un verdadero deporte nacional instaurado desde las Hinojosas.
12. Pasiones Secretas. Las vueltas de esta historia fueron la comidilla durante su emisión, así como el excesivo sufrimiento de la protagonista, también en la piel de Ruddy Rodríguez.
11. Sangre de Lobos. Una digna rival, una escandalosa premisa, un final imprevisto. ¿Resistiría una actualización en épocas de tanta corrección moral?
10. Perro Amor. Fue la novela relajo cuando salí del colegio…todo el mundo se la veía por las guachadas del Perro Brando y compañía.
9. El Caballero de Rauzán. Para fanáticos de lo sobrenatural como yo, fue un asomo medio friki la idea de contar una historia amorosa en circunstancias tan extremas como el que tu pareja de golpe y porrazo le dé un ataque cataléptico. Como para llevarle la idea a Marvel.
8. Allá te Espero. Novelas como esta no sabemos si se vuelvan a hacer, y ya en otros post he manifestado el papelazo de Valentina Rendón. Muy descarados los del RCN por su trasteo de horarios que afectaron su desempeño en el gusto popular.
7. Pero Sigo Siendo el Rey. Toda una revolución del género y pionera en eso de mezclar drama con situaciones hilarantes.

6. La Potra Zaina. Cuando observé a mi mamá y hermana llorar en una escena clave de la novela (la muerte de Claudio, el personaje de Alberto Valdirí) entendí el impacto logrado por Bernardo Romero Pereiro.
5. La Viuda de Blanco. Triunfadora en su momento, arrasó con todos los premios, los gemelos una sensación, pero muy edulcorada para mi gusto. Por tanto es una de esas historias que toda la familia podía ver sin problema.
4. La Maldición del Paraíso. Un lujo de argumento absolutamente mal interpretado en la actualidad.
3. Yo soy Betty, La Fea. Es el ejemplo de una historia rosa que parecía más una comedia gringa, y eso lo ha confesado el propio Gaitán. Supo llevarla hasta donde pudo y convertirla en un fenómeno en todo el sentido de la palabra. Eso la hace admirable, además que fue redonda como negocio.

2. La Hija del Mariachi. Para mí esta es la obra de despedida de Mónica Agudelo. Su impacto internacional es lo que más me impresiona, que lo diga mi estimada Diana. Los capítulos iniciales, con el mexicano dando vueltas en Bogotá y su acoplamiento a su nueva vida es de lo mejor.

1. Luzbel está de visita. De esta telenovela, que me la devoré enterita y repito cuando puedo, lo tiene todo: amor, suspenso, psicópatas, giros inesperados…una vuelta de tuerca al género que no traiciona su esencia y lo enriquece. Sin ser la más popular y reconocida de Julio Jiménez pienso que es una obra cumbre que rompe con muchos paradigmas y deja satisfecho al que busca romance como el que quiere algo de sangre. De Julio Jiménez, naturalmente.

Después de ver esta lista ¿aún cree que hacemos telenovelas en Colombia? ¿Hay futuro para ellas o le seguirán haciendo el feo? ¿Cuáles son las suyas?

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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