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Esta semana dedicaremos el post a hablar de tres series muy diferentes entre sí, que comparten una característica en común: su excentricidad. Una pandilla de creaciones marginadas, un exluchador de karate y un clan vampírico poco convencional.

‘Doom Patrol’

Siempre queda la pregunta sobre lo que falta por hacer en el género de superhéroes tanto en el cine como en la televisión. Aparentemente las posibilidades han quedado cubiertas. Y en ese artificio de crear universos, distopías y realidades alternas surge esta obra de DC Cómics creada por Arnold Drake, Bob Haney y Bruno Premiani a inicios de la década de 1960. Si les encuentran parecido con otra pandilla de extraños con superpoderes, los X-Men, esa es una disputa que dejo a los expertos. En el entretenimiento las ideas propias se convierten en préstamos.

El caso es que el cómic alcanzó un estatus de culto y con los años se desarrolló en diversas etapas para la complacencia de sus fanáticos, identificados con la premisa de “peces fuera del agua”, rechazados por todos y llevando como pueden su situación. Incluye a un mentor en silla de ruedas, Niles Caulder, Jane, la mujer que desarrolla un trastorno de identidad disociativo, Larry o el Hombre Negativo, cargado de una misteriosa energía, Cliff Steele, un antiguo competidor de carreras automovilísticas quien tras un terrible accidente recupera su cerebro para trasplantarlo al cuerpo de un curioso robot, y Rita Parr, una actriz con el poder de estirar a voluntad cualquier parte de su cuerpo. Al singular grupo se une Victor Stone, mejor conocido como ‘Cyborg’.

Doom Patrol - Imagen: Cortesía HBO Press Latinoamérica

Doom Patrol – Imagen: Cortesía HBO Press Latinoamérica

El origen de esta patrulla y los acontecimientos que unen a los personajes fueron presentados en la primera temporada, suficiente para una inmediata renovación, que logró articularse con el universo de series planteado por DC. Su tono oscuro, lleno de humor negro y cierta violencia gráfica agradará a los que buscan una característica distintiva entre la amplia oferta de series similares. En esta temporada retomarán el cliffhanger en el que casi todo el grupo fue reducido de tamaño e introducen a Dorothy, una siniestra reimaginación de la heroína del Mago de Oz, dueña de una peligrosa habilidad. Doom Patrol supo rodearse de un elenco de reconocidas figuras como Timothy Dalton, Matt Boomer o Brendan Fraser, a la que se añade la participación de la actriz de origen colombiano Diane Guerrero, que interpreta a Jane. Cada viernes podrán ver esta producción en HBO y HBO GO, así como revivir la primera tanda de episodios.

La vuelta de tuerca de ‘Cobra Kai’

Los ‘revivals’ están a la orden del día, y con ello, la nostalgia continúa siendo rentable. Si la leyenda es cierta, la indiscreta observación de Barney Stinson, el petulante personaje de How I met your Mother, sembró la inquietud para alargar la sombra de la saga de películas Karate Kid con un giro que despierta inquietudes: ¿Y si Daniel Larusso siempre ha sido el villano? ¿La historia de superación de lavadas y enceradas o poses de grullas se nos viene al piso? ¿Nos podemos imaginar esa reinvención de la fórmula con ¿Depredador, Rambo o Ferris Bueller?

La arriesgada propuesta dosifica su planteamiento en dos temporadas de 10 capítulos cada una que hizo parte de la oferta de You Tube Originals en el 2018. Ralph Macchio y William Zabka retoman sus personajes con 40 años de más encima, aumentando la locura al traer a buena parte del reparto original, algunas nuevas incorporaciones y una banda sonora envidiable, todo para establecer sus reglas: si bien parte del arquetipo de entrenar a jóvenes problemáticos o indefensos, esta es una revancha aplazada ¿Lograremos estar de parte de Johnny Lawrence? Solo hay que tomarla con mucho sentido del humor, sin esperar un mensaje aleccionador. Detrás de la producción se encuentra el mismo Will Smith, quien produjo el olvidado reinicio de hace una década protagonizado por su hijo Jaden. Su estreno en Netflix ha superado todas las expectativas, y desde luego, también encuentran los capítulos en YouTube. Ya se anuncia una tercera temporada.

‘What We Do in the Shadows’ o documentales retorcidos

What We Do in the Shadows - Cortesía Fox Premium

La época de los ‘mockumentarys’ o falsos documentales ha encontrado un filón en la comedia televisiva. Lo hemos visto en The Office o Modern Family por dar un par de ejemplos. En este caso, la creación de Jemaine Clement y el oscarizado Taika Waititi (Jojo Rabbit), que inició como un cortometraje en el 2005 y se convirtió en película en el 2014, no desaprovechó su potencial para dar el salto a la televisión en el 2019. Es así que llega a las pantallas una propuesta audiovisual en esta categoría que retrata las andanzas sobrenaturales de un clan vampírico bastante peculiar que reside en Staten Island.

Nandor, el autodenominado líder de este grupo, secundado por el atorrante Laszlo, la seductora Nadja y el impredecible Colin, enfrentarán nuevas aventuras con la compañía del vilipendiado familiar Guillermo, que añora convertirse en vampiro como su amo. La farsa está al límite en sus diez episodios, por lo que las carcajadas están absolutamente garantizadas.

El éxito de público y crítica, que les alcanzó para tener 8 nominaciones a los premios Emmy, les ha asegurado sucesivas renovaciones. El próximo 8 de septiembre esta serie de FX Productions estrena en Fox Premium su segunda temporada, por lo que si quedaron gratamente sorprendidos por su colección de protagonistas absurdos, situaciones hilarantes e invitados especiales (el del primer episodio de este martes es para no creer el nivel de parodia al que quieren llegar), verán recompensada la larga espera.

juanchopara@gmail.com

Twitter: @juanchoparada

Sitio web: www.juanchoparada.com

 

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PERFIL
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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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Esa composición de cotilleo con intriga política hace irresistible el conjunto, casi al nivel de un placer culpable, pues no interesa si sentimos empatía por alguno de sus protagonistas. Los ricos también sufren y acá la pasamos bomba entre tanta maledicencia e intromisiones de los monarcas en la vida de sus familiares. Ni siquiera lástima: los hechos verídicos que tantos periódicos vendieron en su momento lucían tan superficiales que se devoraban como si se tratasen de una revista de chismes. Así que el riesgo que toma The Crown en esta temporada es no convertirse en un relato de pasillo, y el resultado ya se ve con la abierta incomodidad de la familia real y varios de los biógrafos que califican como una falta de respeto y un completo despropósito tanta rienda suelta en los diez capítulos que conforman esta entrega, los cuales abarcan el período de 1979 a 1990. Puede que la adaptación de los hechos sea cuestionable, y en esto no hay quien se salve. 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Los invito a conocer su experiencia de vida en el siguiente audio.   Pueden seguir en Instagram como @Mauriciorg8. Charlando con Pachoman Para cerrar este post, les comparto una interesante charla que anticipa algo de mi acostumbrada lista de lo mejor del año 2020 en cuanto a series y películas que pude ver. Gracias a la invitación de Francisco Córdoba, Pachoman, por compartir con su audiencia mis percepciones al respecto. Lo pueden seguir en @pachoman en todas las redes sociales y seguir sus lives en Facebook, Twitter y YouTube de lunes a viernes a las 7:00 p. m. juanchopara@gmail.com @juanchoparada www.juanchoparada.com 

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    Sobre el fin de una era periodística y documentales sobre videojuegos

    Cuando Jeff Bezos, el multimillonario presidente de Amazon, compró The Washington Post en el 2013, todos imaginaron que el legendario periódico estadounidense que –entre otros hitos- destapó el sonado caso Watergate que dio al traste con la presidencia de Richard Nixon, se diluiría en su paso al entorno digital y vería menoscabada su independencia editorial. En una carta de su puño y letra que envió a los empleados del diario, divulgada posteriormente, varios medios extrajeron una frase que hoy aún navega entre ser una oportuna visión o una astuta justificación: “Necesitaremos inventar, lo que significa que necesitaremos experimentar”. Desde entonces TWP mantiene su prestigio y reconocimiento que, en principio, poco se ha visto alterado por la alargada sombra de su dueño. Y es un escenario ideal, si bien no guste mucho la concentración de los medios en manos de empresarios poderosos. Pero esa no es la cuestión principal. El anuncio de Bezos partió, como ha ocurrido con otras adquisiciones de conglomerados en la industria de la comunicación, tanto de satisfacer alguna vanidad personal como de encontrar la fórmula de la rentabilidad que haga frente a los desafíos impuestos por el avance desaforado del mundo virtual. Traigo este caso a colación pues el caso de la revista Semana, medio que seguí durante mucho tiempo, abre múltiples cuestionamientos no solo sobre esa alquimia para elaborar la fórmula perfecta para gestionar medios de comunicación comprometidos con la divulgación de contenidos de calidad con un modelo de negocio que les permita solvencia. Traslada y aumenta la preocupación sobre la dignificación del oficio periodístico que tanto se proclama en la academia, pero que en la vida real se traduce en convertir la banalidad como cebo, el protagonismo de los comunicadores como bastión por encima de la credibilidad y la dictadura del clic como referente de calidad. Si ese es el destino de los medios de comunicación, si esa es la frecuencia en la que deben sintonizarse para aumentar unos cuantos ceros a sus cuentas bancarias, pues no vale la pena formar futuros periodistas a los que se les despierte una auténtica vocación. Si el afán por el show o la firme intención de polarizar con información escasamente analizada son los propósitos que guían ahora las empresas periodísticas, entonces que cada quien arme su tribuna en la plataforma que desee y, si tiene éxito, termine cooptado por alguien que encuentre atractivo su mensaje para servir a sus propios intereses. Al carajo la verdad, el servicio ciudadano, la investigación, los rostros de las tragedias que importan o de las acciones que cambian para bien su realidad. Bienvenida la calumnia disfrazada de valentía, los puntos de vista con personajes irrelevantes y la obsesión por alimentar las redes sociales con el veneno de ser la tendencia número uno a costa de la manipulación de los sentimientos de algunos que circundan por allí con ganas de cargarse lo que sea. No niego que estamos viviendo un cambio. Que aun resulte incierto el rumbo para los valientes que intentan apalancarse en la virtualidad para ser portavoces de distintas historias es también un hecho innegable. Pero que ese escenario digital no se convierta en una excusa para sacrificar convicciones o que estimule cambiar posiciones porque el que pone el billete manda. Lamento de verdad el fin de la era que brindó una casa periodística a la que he respetado desde que la conozco, así como a los cientos de colegas que han pasado por allí y los que acaban de dejarla como si se les hubiera venido encima. Si sus nuevos propietarios reflexionan sobre cada uno de estos aspectos, tal vez, su nueva cara no resulte tan chocante, pero si sus reacciones inmediatas son cada vez más erráticas, terminarán por enterrar inmerecidamente todo un legado y su permanencia se verá altamente comprometida. Qué triste es sobrevivir a una situación tan extrema como esta pandemia y ver cómo quedan atrás las cosas que admirábamos, o se transforman en algo irreconocible. Peor aún si nos queda la sensación de un periodismo agonizante, conectado a un respirador artificial de click bait, videos de Tik Tok o los gritos de ‘influencers’. El 2020 nos cambió, pero no pensé que se le iría la mano. ¿Qué recuerda sobre la era de los videojuegos? Aunque reconozco que mi destreza con los videojuegos es muy limitada, me ha resultado apasionante revisar el impacto en la cultura popular de esta industria creativa, que particularmente en Estados Unidos y Japón vivió un crecimiento exponencial en sus orígenes, consolidó emporios rivales y definió a los líderes en la carrera por atraer la mirada de los consumidores. Dos producciones que recomiendo ampliamente para analizar dicho impacto se encuentran vigentes en HBO y Netflix respectivamente. Les hablo de Console Wars y High Score, un documental y una serie que nos sumergen en los intríngulis que se tejieron alrededor de juegos de gran recordación, compartiendo en común entrevistas con sus creadores, dueños del negocio y, en contados casos, a verdaderos competidores. La primera, producida por Seth Rogen y Evan Goldberg, pesos pesados de la comedia americana en la actualidad, revisa con bastante sentido del humor, como se podía esperar, la confrontación entre Nintendo y SEGA en la última década del siglo XX. Un amplio material y entrevistas a todos los implicados revelan no pocos secretos corporativos, estrategias osadas de mercadeo y el precio que pagaron por decisiones que cambiaron el rumbo del negocio. De verdad es de lo mejor que he visto este año, así que la pueden ver en HBO GO o en algunas de las repeticiones del canal. Por su lado, High Score no solo revisa ese episodio, sino que se da el lujo de ir más atrás y golpear la nostalgia ochentera al contactar y entrevistar a creadores de juegos como Space Invaders, Pac-Man, o los pioneros de los juegos de rol. En esa medida se convierte en un complemento ideal del documental de HBO para armar un viaje de casi cuarenta años de desafíos galácticos, torpezas creativas e incomprensibles disposiciones que sepultaron algunas buenas iniciativas. Capítulos de 40 minutos en promedio que se devoran de una sentada en Netflix. Tonny Pro 7, el productor audiovisual de los famosos Radicado en Miami, este joven realizador venezolano ha construido un nombre alrededor de su propuesta audiovisual. Antonio Chávez, su nombre de pila, ha sido consultado por diversas personalidades del ambiente artístico, deportivo o digital para retratar algunos de sus mejores momentos, por lo que lleva su vida profesional en medio de eventos o actividades donde captura la esencia de cada personaje que lo contacta. Mientras espera venir a Colombia pueden conocer su trabajo en su cuenta de Instagram: @tonypro7, seguirlo en Facebook en @tonypro7 o escucharlo a través de Spotify https://www.instagram.com/p/B6w7crBHlPN/

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