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A propósito del onomástico 280 del municipio que me vio nacer, crecer, partir y volver, Santa Cruz de Lorica, celebrado el pasado 3 de Mayo, hoy quiero hablar sobre la colonización de esta maravillosa tierra y de una mujer pionera que ha quedado relegada de la historia.

A partir de la fundación de Cartagena de Indias en 1533 se inició la colonización de la región del Sinú y el conocimiento y despojo de sus riquezas. Los cronistas Juan de Castellanos (1534), Fray Pedro de Aguado y más tarde Fray Pedro Simón, recogieron noticias acerca de esta comarca, pero fue el Bachiller Martín Fernández de Enciso quien por primera vez habló del “Cenú” y sus pobladores en su célebre Summa de Geografía[1].

El territorio fue descubierto y reconocido, por Pedro de Heredia, Francisco César y Juan de Vadillo, quienes en repetidas ocasiones lo recorrieron entre 1533 y 1536, impulsados por la riqueza de las sepulturas allí ubicadas[2].

Cabe decir que las zonas del bajo sinú, actuales municipios de Lorica, Cereté, Purísima, para el periodo comprendido desde el año de 1690 estaban bajo el dominio y mando de una mujer española; Francisca Baptista de Bohórquez.

Doña Francisca impulsó la primera colonización del Sinú muy distinta a la emprendida por los hermanos Heredia que se dedicaron al saqueo de túmulos y a la apropiación de la riqueza de los naturales. Ella no fundó ningún pueblo, su labor consistió en organizar y agrupar a sus indígenas.

“[…] Organizó la explotación experimental de sus riquezas naturales con ganadería menor, maderas, artesanías y transportes; exportó productos a Quito; hizo aparcerías con sus compatriotas y vecinos pobres; instaló en sus tierras una colonia completa de judíos conversos; y ayudó a fundar hacia 1700, con el cura Agustín Sánchez Alvarado y el cacique Juan Antonio López, el pueblo de San Sebastián de Urabá, cerca de Lorica.”[3]

Esta mujer de mando, obtuvo por parte del rey, hacia 1690, el rango de Pacificadora de la Provincia de Urabá (del Sinú hasta el Darién), luego de enviar una solicitud para que se le otorgara dicho título.

Folio 4
5
“Doña francisca Baptista vecina de la ciudad de Cartagena viuda del capitán don Thomas Bazan.

Sobre

Que declare ser pacificadora y conquistadora de los indios que a reducido en el rió del Sinú dándole despahcho para que se le guarden las preeminencias que le tocan.

 En 28 de marzo de 1692

Por parte de doña francisca baptista se dio memorial en la cámara en que represento que había 17 o poco más o menos que empezado a salir a una estancia y hacienda que tiene en el río del Sinú, algunos infeudes que residen en diferentes sitios que están desde Urabá en cordillera hasta el Darién, los empezó a agasajar con dádivas y regalos para que saliesen los demás y se redujesen a nuestra  santa fe católica para lo cual preso un sacerdote a su costa que los doctrinase y tuviese agregados bautizándolos, y les dio tierra para que hiciesen sus labranzas sin más interés que hacer esta buena obra y para tener presente la obligación de su defensa y amparo y educación ocurrió al consejo pidiendo se le encomendasen estos naturales.”[4]

Doña Francisca Baptista viajó a Cartagena para plantear al gobierno provincial las posibilidades de la nueva conquista de Urabá. Convenció entonces al gobernador; Rafael Capsir y Sanz, quien aprobó el proyecto de conquista para el consentimiento del Consejo de Indias en Madrid.

Reinaba don Carlos II “el Hechizado”, las autoridades de la península no notaron ningún elemento censurable en el propósito de doña Francisca, y lo aprobaron hacia 1690, concediéndole el título de “Conquistadora y Pacificadora de la Provincia de Urabá”. Esta nueva provincia comprendía desde las bocas del Sinú hasta las del Atrato. De allí, la nueva Conquistadora debía echar a los enemigos de España, calmar los ánimos de los indios revoltosos y llenar las otras obligaciones del cargo.

Así, en 1691 llevó a esas tierras al misionero franciscano Agustín Sánchez, quien les enseñó español, catecismo y canto llano a los indios.

Lo anterior estuvo en marcha hasta que le delimitaron su resguardo de tierras en 1733 frente a la Ciénaga hasta el costado del río Sinú en la boca de Cotocá abajo.

“Los indios entraron mayormente en concertaje con doña Francisca. Debían sembrar seis fanegas de maíz por año para el cura, dos para el mayordomo y 18 en dos cosechas para la Conquistadora, lo cual se calculó en 200 pesos anuales libres para ésta… Los indios hacían rozas, sacaban maderas y hacían canoas a cambio de lo cual les pagaban con coleta (tela) y machetes.” [5]  Aún así, encontraron tiempo y energía para sostener su propia producción artesanal de alfarería que, producida hasta hoy, se considera de las mejores de Córdoba. La Pacificadora hizo tratos y acuerdos en cuanto a la repartición de la ganancia con sus mayordomos sobre los trabajos de los indios, una vez pagados los tributos al rey (cuatro pesos al año por tributario hábil).

Además, Baptista acogió en sus tierras la venida de una colonia de judíos, a quienes llevó a su estancia en Pablos y Chuchurubí, (Actual Cereté).  “Los conversos hicieron labranzas de panllevar y cortaron maderas finas. Estas tierras pudieron quedar frente a Flamencos y detrás de los resguardos de San Sebastián y San Nicolás de Bari, cerca de la isla de Gayta y adyacentes que aparentemente estaban sin indios, donde a poco surgió el nuevo pueblo libre de Lorica.”[6]

Doña Francisca murió en Cereté, ya entrada en los 80 años. Y junto con sus indígenas y colonos españoles dejó los legados de la cultura del valle del Sinú. Aunque la historia de esta tierra y de sus mujeres no empieza con la pacificadora, pues aquí se conocían cacicas, como la Tota “señora de muchos pueblos”, de la que me gustaría hablar en otra ocasión.

Para concluir cabe recordar que a partir de las ordenanzas infundidas por el rey Felipe II, en 1573 se expresaba como debían ser fundadas, gobernadas y administradas las ciudades. En esta linea de ideas, las ordenanzas poseen el término de “pacificación” y no el de conquista, por lo tanto se funda una estructura elitista, de fundadores-pacificadores y no conquistadores, esto ocurre con el ánimo de romper con el panorama de contienda que se venía implementando.

Durante las legislaciones se resalta el hecho de que la “pacificación” era con el fin de evangelizar y “no la obtención de riqueza”. Es por esto que vemos en el título de Doña Francisca Baptista el término de “pacificadora”, y el afán por tener la ayuda de un sacerdote que adoctrinara a los naturales de las tierras bajas del Sinú. Además, en El Nuevo Reino de Granada se llamó resguardos a los pueblos de indígenas organizados una vez abolido el sistema de las encomiendas. Su creación data del tránsito entre los siglos XVI y XVII cuando se suprimieron las encomiendas, debido a la reducción de la población tributaria y a las continuas quejas de varios sectores por los abusos cometidos por los encomenderos y los mayordomos-administradores. Así, las reducciones hechas en el Valle del Sinú entran en el marco institucional de estancias, haciendas y territorio otorgado a los indígenas para el trabajo como resguardo, este a su vez no representaba la cultura india originaria, pues los indios reacondicionaron sus relaciones sociales, la cultura, sus vínculos con el poder y con otros grupos sociales.

Por ultimo, el complejo impacto de la dominación colonial y la marginalidad republicana,  ambas formas de imposición cultural no acabaron con las tradiciones precolombinas que independiente de todos los procesos de transculturación y explotación se mantienen en los descendientes de esos pueblos. Preservando así muchas de las costumbres que iniciaron sus antecesores.

FUENTES:

[1] FERNÁNDEZ DE ENCISO Martín, Summa de Geografía, vol. 55, Biblioteca Banco Popular, 1.974.

[2] DUQUE GÓMEZ  Luis, “Prehistoria”, Historia Extensa de Colombia, pág. 191, Bogotá, Lerner. 1.967.

[3] FALS BORDA Orlando, Historia Doble de la Costa,  Tomo IV, Retorno a la Tierra, Carlos Valencia Editores, 1.986. pág. 32.

[4] ARCHIVO GENERAL DE INDIA (AGI), Audiencia de Santa Fe, solicitud de Francisca Baptista, Expediente sobre la solicitud del título de pacificadora y repobladora de los indios de la reducción de Rio Sinú hecha por Francisca Bautista. Resuelto.1692, 184, N.11 Folio 3R.

[5] FALS BORDA Orlando, Historia Doble de la Costa,  Tomo IV, Retorno a la Tierra, Carlos Valencia Editores, 1.986. Pag.42.

[6] Ibíd. pag. 43

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Historiadora. Lectora empedernida, apasionada. Me muevo a través del arte. Como diría Pizarnik: "Soy yo y todas las que fui".

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2 Comentarios
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  1. Entonces el bajo Sinú, fue “Pacificado” por doña Francisca, interesante personaje. No deja de llamarme la atención la entrega de tierras para cultivo, su propia tierra, además de las 18 fanegas que debían cultivar para la PACIFICADORA, y, les quedaba tiempo para hacer cerámica. Otra forma de conquista, menos violenta, pero igual de explotadora. Muchas gracias, soy del Sinú y se muy poco de su historia.

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