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Aunque la psicología se ha escrito desde la tinta de los hombres, se ha vivido desde la experiencia femenina. Mientras los libros citan a los grandes teóricos de sexo masculino, las facultades de psicología y los consultorios parecen un mundo en el que las mujeres mandan y deciden a qué miembro del sexo opuesto van a invitar.

Esto tiene muchas razones, una de las más importantes tiene que ver con el sentido de la masculinidad y con los roles tradicionales de género. Un hombre, al que se le ha asignado la labor de proveer y proteger, estaría faltando a su mandato si muestra la vulnerabilidad que requiere saberse necesitado de ayuda. Mucho más si ese apoyo viene de una desconocida, y que promete desentrañar sus pensamientos más profundos. 

También es posible que esto se deba a que el mundo del bienestar emocional es uno de los pocos que no están pensados para los hombres. Con el tiempo, el feminismo y la reivindicación del cuidado personal ha generado múltiples modelos en los que las mujeres podemos acceder a procesos de salud mental diseñados a las necesidades de cada una: hay programas en línea, círculos de mujeres, cuentas en todas las redes sociales llenas de imágenes en colores pastel y flores blancas. Para los hombres, no hay nada.

El mundo está cambiando y estas novedades están llegando a los espacios más íntimos: los recién casados no tendrán esposas como sus mamás y su rol en la casa no será el decorativo que tuvieron sus papás, sus hijos requerirán de ellos un ejercicio activo de la paternidad y su comunidad esperará que participen de formas que vayan más allá de la ingesta desmesurada de licor y un recital de chistes sin enfoque diferencial.

Según algunos postulados de la antropología feminista, esta falta de recursos para asumir los cambios de la sociedad se pueden convertir en representaciones violentas. Así las cosas, la violencia contra las mujeres se convierte en un mensaje: mostrar a la comunidad que el poder masculino todavía no se ha perdido.

En este sentido, ir a terapia es una herramienta fundamental para tomar las riendas de la vida y los sentimientos propios, y me parece importante que así como las mujeres estamos cada vez más cerca de normalizar la rutina de ir a el o la psicóloga, los hombres también deberían poder hacerlo sin que esto represente un tabú. 

Un paso importante para la equidad de género es que los hombres den un paso a la autoreflexión y a revisar lo que tienen adentro. De nada sirve esta lucha si la contraparte no sabe de dónde viene la violencia. Ser un aliado en esta causa implica un ejercicio de revisión y deconstrucción de los esquemas propios que no son fáciles para nadie. Pero una vez que se logra, será muy fácil darse cuenta que una habitabilidad activa del mundo por parte de los hombres nos termina haciendo mucho bien a todos.

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Psicóloga de la Universidad El Bosque y máster en Políticas Sociales y Acción Comunitaria de la Universidad Autónoma de Barcelona. He trabajado en temas de participación ciudadana y Derechos Humanos.

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