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«¡Ven, Andresito, te presento a mis amigas!», le gritó Marcela desde la mesa en que estaban todos, «te serví una cerveza». Sí, había que aceptarlo: La sonrisa de esa mujer desarmaba a cualquiera. «Mira, te presento a Caro y Andre. Les he hablado un montón de ti”.

En nuestro capítulo anterior: Andrés conoció a Marcela, quien trabaja como comercial, y quedó encantado con ella. Empezaron a salir, sobre todo a almorzar; lo curioso es que nunca se habían besado. La cosa no pasaba de un par de picos inocentes. Hasta que un viernes ella fue a visitarlo con sus amigas a la oficina.

Si te perdiste la primera parte, la puedes leer acá.

Ellas fueron muy amables con él, comentarios tipo “me encanta tu oficina” y “oye, pero te va muy bien con tu empresa” fueron comunes. Para Andrés fue bueno, sabiendo que ganarse a las amigas le daba puntos para caerle a Marcela. Aunque tanto ella como sus amigas eran un poco festivas para el lugar; o sea, había música, había cerveza, pero eso no era un bar, eran oficinas. Como era de temerse, luego de un rato ellas ya estaban borrachas. Afortunadamente no hubo show ni nada de qué arrepentirse. Cuando se fueron Andrés las acompañó a la salida del edificio, como dictan las normas de cortesía. Y del edificio. Marcela se fue para su casa, como todos los viernes, a cuidar a su hijo. Al parecer sus amigas siguieron el plan rumba; invitaron a Andrés pero él no aceptó. Sin Marcela no le veía mucha gracia al plan.

Ese fin de semana no se vieron; Marcela debía estar con su hijo, naturalmente. Pero a la semana siguiente ella le propuso a Andrés que se vieran, aprovechando que ella estaría cerca visitando a un cliente, por Unicentro. A eso del medio día, tipo 12:30, entra llamada de Marcela.

– ¡Hoooola Andresito! Ya casi termino por acá. ¿Ya almorzaste?

– ¡Hola Marce! No, estaba por cocinar alguna cosa.

– Ah, pues aprovechemos y almorzamos juntos, ¿no te parece? Veámonos en Unicentro en media hora.

54 minutos después se vieron, porque ella no pudo salir a la hora prevista. El punto de encuentro fue frente a la entrada principal, en la calle. Abrazo apretado y pico en la mejilla de saludo. Ella traía un sombrero (le gusta usar sombreros) y un pantalón negro ceñido que resaltaba muy bien sus piernas. Tras discutirlo un rato, terminaron en una cervecería sobre la 127, abajo de la 15. Pidieron una picada doble y cerveza envenenada: una copa de tequila entre la cerveza.

Como siempre fue un buen almuerzo, buena conversación, televisores con partido de la Champions, mucha risa y mucho coqueteo. Hubo tocada de pierna y un par de piquitos, más inocentes de lo que Andrés hubiese querido, pero qué carajos, piquito es piquito. Además con esas cervezas recargadas la conversación fluyó y se puso picante. Eso iba viento en popa. Por fin.

Con esos tragos encima Andrés se animó y le propuso a Marcela que se fueran para su apartamento, que no era muy lejos. Ella le dijo que no, por aquello de ir a cuidar a su hijo y esas cosas. Y ahí no hay nada que hacer. Además ya eran como las 5 de la tarde; el tiempo y las cervezas pasaron rapidísimo. Pidieron la cuenta y Andrés pagó, obvio.

Andrés se quedó pensando en que ella no hizo ni la más mínima seña de querer pagar, no hubo medio comentario tipo “la próxima yo invito” o algo por el estilo, como a veces hacen las mujeres que defienden la igualdad de género. Andrés nunca ha sido tacaño, pero tampoco le parece mal que de vez en cuando se compartan los gastos.

– Andresito, hagamos una cosa. Te cambio la ida hoy a tu apartamento por ida a cine el sábado. Vamos tardecito y luego la seguimos. ¿Te suena?

– Claaaro, Marce. ¡De una!

«Hasta que se me hizo», pensó Andrés. «El sábado corono como sea, ya va siendo hora».

Fuente: https://www.pinterest.ca/pin/167336942389576004/

Como a las 6 de la tarde Andrés ya se estaba arreglando. Iba a dejar todo en la cancha y a aprovechar todas las ventajas que le diera el rival. Mejor dicho, ahora sí le iba a cobrar todos los almuerzos pasados y futuros. Por la de oro.

Además porque Marcela, como buena princesa, le pidió a Andrés que la recogiera en su casa. En Cajicá. Así que para ir a cine de 9 él debía ir a recogerla a las 7, contando trancón, entrada al centro comercial, etc.

– Marica, ¿y por qué no compró las entradas de una vez? -le pregunté mientras tomábamos cerveza el día que me contó-. Así no le toca llegar tan temprano. La vieja confiable.

– Güevón, eso hacía antes. Hasta que empecé a quedarme encartado con las boletas cuando la susodicha de turno cancela sobre el tiempo. No tiene idea la cantidad de faltonas que me han tocado. Prefiero que alguien más ocupe esas sillas y no malgastar la plata.

– No veo fallas en su lógica -le respondí chocando mi botella con la suya-. Salud por las no faltonas.

– Lo que no debí hacer fue reservar en Unicentro. Con lo que me demoré yendo, esperándola (porque nunca salen a tiempo) y volviendo hasta Bogotá, habría podido ir a Girardot a visitar a una amiga y calentarme un rato.

– Por el clima.

– Sí, por el clima.

Por supuesto las entradas a cine y la comida las pagó él. «No importa, no importa. Es una inversión», se decía Andrés cada vez que pasaba la tarjeta.

Cuando se acabó la película, saliendo del cinema, Andrés se fue directo a la yugular.

– Bueno, Marce. ¿Ahora sí vas a conocer mi apartamento? Vamos y la pasamos bien rico.

– Ay, Andresito. No me mates –le dijo mientras le ponía una mano en la cara y le hacía cara de pingüino sufrido–, te iba a decir antes y se me pasó. No pude dejar a mi hijo con nadie, entonces me toca volver a la casa esta noche.

– Ah, veo –le respondió visiblemente disgustado–. ¿Entonces te llevo a tu casa de una vez?

– Noooo, me da mucha pena contigo.

«Bueno, al menos no me va a poner a ir hasta allá», pensó él. «¿Será que pide un UBER? Si se va ya, alcanzo a armar algún otro plan y no irme a dormir tan temprano.»

– Te propongo esto, Andresito, para que no se acabe la noche tan rápido. Además que quiero estar contigo más tiempo. Vamos a un bar que conozco, nos tomamos algo, la pasamos deli. Y si algo pues te quedas en mi apartamento. ¿Te suena?
– Este… bueno, dale. Vamos.

Ya untada la mano, untado el codo. Andrés nunca ha sido muy de quedarse en una casa totalmente desconocida, menos con hijo a bordo. Pero imposible que con todo lo caballero que ha sido con ella, con todo lo que ha hecho, no le vaya a soltar ni media. Eso sí, donde le dé papaya, Andrés se la come. Mejor dicho, como a cajón que no cierra. Como a sello de notaría.

Se subieron al carro, Andrés le robó medio beso y salieron para el bar en Cajicá. Esta noche sí, carajo. ¡Esta noche sí!

Continúa acá.

¿Será que Andrés corona? ¿Será que pasa de largo en Cajicá? ¿Será que los domicilios del día del Padre sí llegan a tiempo? 

La respuesta a estas preguntas y más… en nuestro próximo episodio deeeee… ¡Le pasó a un amigo! Próximamente en un blog cerca a usted.

@OmarGamboa

La banda sonora de la semana:


No sé a ustedes, pero a mí la cuarentena se me ha pasado despacio mirando hacia adelante, pero rápido mirando hacia atrás. A ratos no creo que hayan pasado dos meses. No sé si les ha rendido con el trabajo, o si han aprovechado mucho el tiempo. Yo ando con altibajos, supongo que como todos. Pero en mis momentos de creatividad me he puesto a pensar en cómo adaptarme a todo esto y, de paso, ayudar a los demás en el proceso.

Extraño las asesorías a emprendedores que hacía todas las semanas con el CESA, por lo que decidí traer las asesorías a mí. Si Mahoma no va a la montaña… Así que ando trabajando en un esquema intensivo de mentorías, un plan de 7 semanas para emprendimientos en el que se aumenten las ventas y/o se cumplan los objetivos que nos trazamos el día 1. Acá implemento todo lo que he aprendido en estos años emprendiendo, estudiando, enseñando y, sobretodo, poniendo en práctica.

Ya les contaré bien los detalles. De cualquier forma, si alguno está interesado en mentorías y asesorías, cuénteme. Más abajo les dejo mis redes sociales, o en mi sitio web encuentran toda mi información: OmarGamboa.com 

Por otro lado, todos los martes estoy haciendo unos En Vivo por Instagram (@OmarGamboa) hablando de emprendimiento y marketing. Hemos tenido invitados de España, México y Colombia. Charlamos de cómo adaptarse al cambio, cómo será el consumidor después de la crisis, cómo hacer marketing durante la crisis… en fin. Han sido súper interesantes estas charlas. Me pueden seguir en Instagram, o si quieren ver los anteriores, los estoy dejando en mi canal de YouTube (acá el enlace).

Eso es todo por hoy. Muchas gracias a todos, especialmente las damas. Nos leemos la próxima semana, o antes si algo extraordinario ocurre.

¡Chau!

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Algunas entradas anteriores: “La verdad de vivir solo“, “Le pasó a un amigo: La cuchi barbie“,”Le pasó a un amigo: La tenista“.

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PERFIL
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Soy un consultor apasionado por el Social Media y los contenidos digitales. Trabajo mejorando la Reputación Digital de marcas y personas. Conferencista y profesor universitario. Director de los Premios TW, a lo mejor de las Redes Sociales en Colombia, emprendedor en los ratos ocupados, melómano y escritor en los ratos libres. Bogotano por nacimiento, ingeniero de sistemas por educación (Universidad Nacional) y tuitero por gusto.

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8 Comentarios
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  1. freddiemercury

    Va bien, como siempre. Pero, por lo corto de esta entrega, me parece que desaprovechó una “veta narrativa” que era la presencia de dos tipos ese viernes con Marcela y las amigas. Tensión había.

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