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¿Qué significa que un colegio católico honre a una ex alumna que ha alcanzado reconocimiento internacional gracias a su papel en una serie que retrata, entre otras situaciones, los ires y venires de una pareja gay que acaba de adoptar a una niña?

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En días recientes, la que es hoy la actriz mejor pagada de la televisión estadounidense, la colombiana Sofía Vergara, visitó las instalaciones del colegio Marymount de Barranquilla, su alma mater. La noticia fue registrada por la prensa local y nacional: El Heraldo escribió que, “con una calle de honor, los chiquitines de preescolar y primaria recibieron a quien, hasta ese momento, era la lejana estrella de Modern Family”. El Espectador, por su parte, destacó que “a pesar de que no todo fueron alegrías en su etapa escolar, la dirección del Marymount y varios de sus profesores decidieron organizar un acto de homenaje a quien se erige como la estudiante más internacional de la institución”. Ambos periódicos resaltaron que Vergara “recibió de sus antiguos mentores una medalla de plata por su talento artístico”.

La noticia me llamó la atención por dos motivos: porque soy gay, primero, y me interesa estudiar la manera como los gays y las familias no tradicionales están siendo representadas en la televisión (es decir, ante el público masivo); en ese sentido, sigo de cerca programas como el que Sofía Vergara protagoniza y la posición que tienen los actores de dichos programas frente a las minorías. Y segundo, porque yo estudié y me gradué del Marymount de Barranquilla, y conozco a fondo la educación católica y el pensamiento conservador de la institución; también la idea de mujer, hombre y familia que el colegio tiene (o que al menos tuvo mientras fui estudiante).

Hasta 1999, año en el que me gradué, cualquier atisbo de amaneramiento que tuviera un joven, cualquier movimiento de manos o expresión que pudiera considerarse propio de las mujeres, era abordado por profesores y directivos con preocupación, burla, o con una actitud violenta y escandalizada. En una ocasión, por ejemplo, la encargada de la disciplina me gritó furiosa, al frente de todo mi curso: “Pareces una mujer”, mientras yo conversaba con un compañero (para ella, entonces, parecerse a una mujer es, o era, abominable, y sus palabras ahora me parecen no sólo homofóbicas y machistas sino misóginas). En otro momento, uno de los profesores más distinguidos de la institución pronunció en una clase exactamente estas palabras: “Benditos sean los padres que no permiten que sus niños se afeminen”, y pasó a contar, orgulloso, que apenas notó que uno de sus hijos estaba caminando con “un movimiento de caderas sospechoso”, decidió llevarlo a una cancha de fútbol con sus hermanos mayores: lo pusieron de arquero y entre todos le lanzaron “balonazos” para que “aprendiera a ser fuerte” (y vale anotar que, en ese momento, el niño tenía seis años, según el docente; y vale resaltar, de nuevo, que los representantes del colegio estaban viendo lo femenino como un defecto). Una y otra vez, los profesores empañaron mi excelencia académica diciendo: “Lástima que sea así”.  Y aunque no pretendo instalarme en lo personal ni en lo anecdótico, sí quiero valerme de ello para ilustrar la posición del Marymount frente a los gays y exponer su pensamiento binario, rústico, con respecto a los asuntos de género.

Por otro lado, el colegio exigía a sus alumnas usar la falda del uniforme por debajo de las rodillas. Sentarse siempre cruzando las piernas, o con las piernas ladeadas -juntas las rodillas, y las manos sobre los muslos, una encima de la otra. Les prohibía usar candongas, teñirse el pelo y pintarse las uñas. Alumna que quedara embarazada, alumna que era expulsada. Ex alumna que quedara embarazada sin estar casada, ex alumna que entraba en desgracia, según los estándares del instituto, y se volvía el antiejemplo de la Marymount girl. “Femenina y tierna” tiene que ser la mujer, de acuerdo con el ideario del colegio, y cualquier rasgo propiamente masculino que alguna estudiante manifestara, cualquier comportamiento que indicara que la alumna tenía una relación sana y tranquila con su cuerpo -una relación que no pasara por la vergüenza, la culpa o el remilgo- era atacado con la misma vehemencia con que atacaban a los jóvenes que “parecían mujeres”.

 En cuanto a la idea de familia del Marymount, valga decir que hasta 1999 era tradicional: la familia, en resumen, debía estar compuesta por un padre y una madre, y por los hijos que quisieran o pudieran tener. No importaba que la inmensa mayoría de los estudiantes del colegio tuviera una o dos niñeras -es decir, más de dos referentes maternos durante su crecimiento-, o que cantáramos en misa que “yo tengo una madre en la Tierra y otra en el cielo, y su nombre es María”, o que, según el catolicismo, Jesús tenga dos padres -Dios y José-, la familia, para el Marymount, sólo era tal cuando un hombre y una mujer tenían hijos luego de casarse.

 Por todo esto pienso que el homenaje a Sofía Vergara -una actriz y modelo que se ha construido alejándose casi que enteramente de la idea de mujer del Marymount; una celebridad que apoya abiertamente las luchas de las minorías y que, de esa forma, se aleja aún más del discurso oficial de la Iglesia y los centros católicos tiene una importancia simbólica innegable. Pero como ya han pasado casi 14 años desde que me gradué del colegio y desconozco qué tanto haya renovado su pensamiento (intuyo que poco, la verdad, si consideramos que es una institución fervientemente católica y que el Vaticano sigue pronunciándose en contra de los gays y del matrimonio igualitario), me he estado preguntando qué significa exactamente el reconocimiento que le hicieron a “La Toty”.

Se me han ocurrido dos posibilidades:

 1.    Cuando el colegio decidió rendirle un homenaje a Vergara y reconocer los logros de su trayectoria, la dirección tuvo presente los papeles que constituyen esa trayectoria y el hecho de que Vergara ha escogido interpretar esos papeles. El Marymount, entonces, entiende que el papel que le ha dado a “La Toty” el reconocimiento internacional que tiene es el de Gloria, en Modern Family, una serie que retrata, entre otras situaciones, los ires y venires de una pareja gay que acaba de adoptar a una niña. Y en ese sentido, la institución abraza y apoya a los gays y a las familias no tradicionales representadas en el programa. Si éste es el caso, celebro el giro que ha dado esta institución católica en los últimos catorce años y aplaudo con entusiasmo la iniciativa del evento. 

2.    Pero, si al decidir rendir el homenaje, el colegio ignoró o decidió pasar por alto no sólo los papeles que constituyen la carrera de la actriz sino el hecho de que la actriz ha escogido interpretar esos papeles, tengo que decir que el acto me parece oportunista, hipócrita, frívolo, presuntuoso y de doble moral. Porque el Marymount no puede obviar que el papel que le ha dado a Vergara reconocimiento internacional es el de Gloria, en Modern Family, una serie que -insisto- retrata los ires y venires de una pareja gay que acaba de adoptar a una niña. Creer que es posible honrar una carrera pero no los papeles que constituyen la carrera es una ingenuidad. Honrar el “talento artístico” sin fijarse en los roles que le han permitido a Vergara desarrollar ese talento es absurdo. Honrarla sólo porque es famosa es oportunista, frívolo y presuntuoso.

Mi pregunta es, pues, por la coherencia del instituto. No tiene sentido que el plantel ponga a “los chiquitines de preescolar y primaria” a hacerle una calle de honor a “La Toty”, ondeando banderas, si a los cinco minutos los profesores y directivos van a estar machacándoles la cabeza con ideas machistas y homofóbicas; es decir, ideas de las que Sofía Vergara se alejó para poder construirse como modelo y actriz. Y es que prácticamente “La Toty” tiene el reconocimiento internacional que hoy tiene a pesar de la educación católica del Marymount, no gracias a ella. Escribo esto a sabiendas de que Vergara pidió a los alumnos valorar las enseñanzas del colegio durante el homenaje: lo cierto es que su biografía y filmografía hablan por sí solas.

Mi generación ha empezado a tener hijos. Amigos y ex compañeros están decidiendo en este momento en qué colegio van a matricular a sus niños y niñas. Que sea éste un momento para recordarles que tienen amigos y ex compañeros -y que ahora hay alumnos en el plantel- que no tienen los mismos derechos que ustedes tienen justamente por el pensamiento retrógrado y castrante que colegios como el Marymount han perpetuado. Que sus hijos e hijas merecen tener una educación que haya incorporado las luchas de las mujeres y minorías, y los movimientos sociales y culturales de las últimas décadas.

Invito al Marymount, como el ex alumno que soy y el estudiante notable que fui, a aclarar su discurso oficial. A tener un pensamiento crítico frente a sus gestos y a entender la importancia simbólica de los mismos. 

El homenaje a Vergara esun gesto. Y sólo la dirección del colegio puede determinar qué tipo de gesto es: si uno de apertura a la diferencia, o pura doble moral. Creo que ésta es una oportunidad de oro para que el Marymount aclare la idea que tiene de mujer, hombre y familia, y presente su posición frente a la búsqueda de los derechos que venimos emprendiendo los gays desde hace años. Y es, también, una oportunidad de oro para que el colegio demuestre si ha tenido la voluntad y la capacidad de actualizar su pensamiento en catorce años, ver si le ha hecho honor a uno de los versos de su ideario: “”  “Vivir es renovarse”.

 

En Twitter@GiuseppeCaputoC

 

Todas las entradas del blog Monstruos, aquí.

 

Fotografía: Tomada de El Heraldo. Al lado de Sofía Vergara aparece Susan Kumnick, rectora
del colegio Marymount de Barranquilla.  

    

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PERFIL
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Giuseppe Caputo (Barranquilla, 1982) estudió Periodismo en la Universidad de la Sabana y luego Literatura en la Universidad de Barcelona. En mayo de 2012 se graduó de la Maestría en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York. Su primera novela, aún inédita, se llama "Mundo huérfano". Tiene dos poemarios: "Jardín de carne" y "El hombre jaula". Entre el 2007 y el 2010 trabajó como director de comunicaciones de editorial Alfaguara. Actualmente colabora con diferentes publicaciones colombianas como Arcadia y Diners, con la línea de libros electrónicos de Prisa Ediciones y con la agencia literaria Indent.

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