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La iconografía precolombina puede mirarse como expresión social de lo que Lacan, el psicoanalista Francés llamó “El estadio del Espejo”, etapa necesaria en la formación de identidad, en la proyección del “yo” que si ampliamos a la historia colectiva lo llamamos Nación, sentimiento que nos genera la pregunta ¿Qué es ser Colombiano?, cuya respuesta más conocida, aunque difusa, es quizá la de Jorge Luis Borges: “ser Colombiano es un acto de fe”.

En apenas cinco siglos hemos tenido varios nombres, muestra del difícil trasegar hacia una  identidad: a la llegada de los europeos fuimos con toda la América precolombina, las Indias Orientales, porque creyeron haber llegado a Asia. Luego nos bautizaron la Nueva Granada, para ser como la vieja España; más adelante, queriendo desprendernos de los españoles peninsulares intentamos ser la Gran Colombia, después hasta soñamos ser los Estados Unidos de Colombia en la segunda mitad del siglo xix, para finalmente llamarnos como país solo Colombia, los nacidos aquí colombianos, los antepasados nativos indios y los artefactos arqueológicos como las piezas y  figuras de barro, precolombinos.
 
Resultado de lo anterior, tendríamos solo 200 años, los del Bicentenario, para quienes identifican Nación con República, noción jurídica que junto con el espíritu legalista parece haber heredado también el “se obedece pero no se cumple”; para otros, en un sentido más sociológico que jurídico, como Nación tendríamos algo más de 500 años, los que han pasado después que Europa nos “descubriera”. Pero si vamos más atrás, en un sentido antropológico que no nos separe del  patrimonio ancestral e inamovible que es la geografía, la Nación Colombiana tendría quizá más de los 12 mil años que la academia tradicional  considera como el principio del poblamiento de América a través del estrecho de Bering, fecha que parece superada tras los últimos estudios de lingüística y arqueología molecular basada en análisis de ADN.
 
Huellas tan lejanas no encontramos sino en el lenguaje o en el mapa genético, pero son intangibles. Para observar evidencias materiales debemos buscarlas tras el estadio del espejo, que sería la huella psíquica que marca la diferencia entre el mono y el Homo Sapiens Sapiens. Jacques Lacan introdujo en sus Escritos hacia mediados del siglo xx,  su concepción del estadio del espejo como formador de la función del “yo”: un bebé, entre los seis y los diez y ocho meses, apenas superado en inteligencia instrumental por el chimpancé, reconoce sinembargo su imagen en el espejo… en una serie de gestos en los que experimenta lúdicamente la relación de los movimientos asumidos de la imagen con su medio ambiente reflejado, con su propio cuerpo, con las personas y objetos que están junto a él.
 
Desarrollando ese principio psíquico expuesto por Lacan, es entonces a partir de imágenes como nos proyectamos hacia nosotros mismos y cada grupo social en su época escoge la forma de mirarse y reflejarse, y va proyectando su imagen que llega o no a perdurar en el tiempo. Así la iconografía precolombina también fue presente, espejo de sociedades que escogieron cómo verse a sí mismos, a través de la estatuaria, el oro y la cerámica, con identidad cultural y autoestima proyectando su imagen más allá de su Historia.
Porque siempre ha existido íntima relación entre imagen y cultura. La cultura Agustiniana unos cinco mil años atrás, no sabemos por qué, escogió la escultura monumental para representarse y no lo hizo en cerámica. Sus más de 300 estatuas en piedra tallada, inauguran rasgos iconográficos que inician una larga tradición que se difundió por toda la América tropical precolombina.
 
Recordemos que para el Profesor  Reichel Dolmatoff (Colcultura: 1978) los orígenes de las culturas más avanzadas de América se encuentran en el noroeste de Suramérica, en las tierras tropicales colombianas al oeste de la cordillera oriental y en la región costanera del Ecuador. En su teoría, el profesor plantea que la agricultura intensiva, así como la vida aldeana, se desarrollaron primero en las selvas amazónicas y estos modos de vida se difundieron luego, hace unos cuatro mil años a. de C., hacia las tierras bajas de la costa Atlántica de Colombia y la costa del Pacífico en Ecuador. El poblamiento de San Agustín, se remontaría a la mitad del segundo milenio antes de Cristo, coetáneo y algo anterior a los primeros desarrollos de la cultura Olmeca en México y la cultura Chavín en Perú. Entonces se extendía entre meso América y los Andes Centrales, un modo de vida básico con elementos en común, en plantas domesticadas, usos tecnológicos y conceptos  religiosos.

Desde aquellos milenios antes de Cristo, el simbolismo mágico religioso del jaguar, la serpiente, el águila y el mono reflejado en la estatuaria Agustiniana, se recrea en su comunión con la naturaleza, y hacia el primer milenio a. de C. renovados encontramos los símbolos en la sorprendente y refinada cerámica de la costa del Pacífico Colombiano y Ecuatoriano, el enigmático arte figurativo  de la cultura Tumaco-La Chorrera, con indicadores de haber conocido y practicado la trepanación y hasta con retratos que nos recuerdan personajes Egipcios.
 
Así como en la América precolombina los retratos en cerámica acompañaron su revolución agrícola, en la Europa del siglo xviii la revolución fotográfica fue en ascenso con la revolución industrial, y con ella el buen burgués encontró una forma mecánica,  a partir de un principio físico-químico,  para reflejar su imagen en un papel y poder “verse a sí mismo” lo que antes sólo lograban los reyes y señores de la nobleza sobre el lienzo del pintor oficial. Coinciden el nacimiento de la fotografía ( no del retrato ) en Europa, con el nacimiento de nosotros como Nación a principios del siglo xix, cuando se consolidan en Europa las posibilidades comerciales, técnicas y científicas de la reproducción de imágenes fijas, uno de los pilares de la cultura occidental.

La imprenta se había inventado en Alemania hacia 1492, por la misma época en que se rumoraba en Europa que un tal “Colomba” había arribado a un país extranjero “desde donde no se aperciben ni el Polo Norte ni el Polo Sur, y poblado de salvajes que no conocían el hierro”.  Aunque la imprenta existía dos siglos antes, la prensa Europea solo hasta la mitad del siglo xix se  convierte  en un medio de masas, cuando entra en escena la fotografía inaugurando los medios visuales. A finales de ese siglo estalla en Colombia la Guerra de los Mil Días, de la que da cuenta la prensa francesa explicando al lado de un fotograbado, que después de la euforia inicial de los gritos de independencia de España,  durante el siglo xix los distintos estados y las dos facciones políticas de Colombia se han enfrentado en continuas guerras civiles.
 
El conflicto se ilustra con una fotografía en L’Illustration de París: son tres niños combatientes, uno blanco, otro negro y un mestizo, con fusiles y bayonetas que los sobrepasan en altura. Se refleja en las caras de estos “voluntarios”, el dolor de la Nación que se estaba formando. El reclutamiento de niños para la guerra es pues en Colombia, una tradición decimonónica, parte de eso que la historia recuerda como la Patria Boba, que no parece del todo haber terminado.
  
Así como en el siglo xix y principios del siglo xx la cultura occidental empezó a reflejarse en el “espejo” que revelaba su imagen fotográfica, ahora en el siglo xxi, con la revolución electrónica digital, el espejo de la cultura es la pantalla del televisor, que refleja información y entretenimiento audiovisual. En verdad  nuestra era electrónica audiovisual tiene en la televisión, semejanza con la sociedad ritual prehistórica cuando el Shaman en la ceremonia que antecedía la caza, tras un repertorio de palabras mágicas sumergía al clan en la fascinación de sus imágenes, trazando sobre la presa en la pared de la cueva, la lanza que atraparía al animal, la trampa donde tendría que caer, la trampa con el animal capturado ya, eran el deseo y la satisfacción del deseo a la vez.
 
La televisión y el arte arqueológico se parecen en su magia, pero el productor de televisión no es un shaman,  porque a diferencia de aquel no busca con su público la misma presa, ahora él es el cazador y el público su presa que con el anzuelo electrónico ofrece al mercado. El productor de televisión es un mago que maneja otro truco, sabe que frente a la pantalla es difícil distinguir entre acontecimientos y comentarios, entre información y opinión, entre representación de la realidad y valoración de la misma, sabe que la realidad en los medios se “construye” todos los días y no con imágenes de archivo, sino con la lógica de la post-producción y así le apuesta a que los espectadores puedan parecerse por un rato a El Capo con sus Muñecas y a ellas intenta convencerlas de que sin Tetas no hay Paraíso. Es la nueva imagen que hacia nosotros mismos y hacia el exterior proyectamos desde el moderno espejo electrónico que es la Televisión.
 
Convendría entonces volver a mirarnos en la historia, desde el aula escolar hasta la televisión de cada día,  reflexionando sobre nuestras frustraciones históricas que el profesor López de Mesa en su “Escrutinio Sociológico de la Historia de Colombia” (1970), resumía en seis: i) cuando la indescifrable cultura megalítica de San Agustín se interrumpe; ii) cuando los cacicazgos y federaciones precolombinas sucumben ante la conquista española; iii) cuando la Expedición Botánica organizada por el sabio español don José Celestino Mutis, a fines del siglo xviii y principios del xix, se rompe en las guerras y los patíbulos de la “emancipación”; iv) cuando en 1830 se disuelve la Gran Colombia, principio de unidad Americana con las hermanas Repúblicas de Venezuela y Ecuador; v) cuando la Guerra de los Mil Días y la consecuente separación de Panamá a comienzos del pasado milenio, y vi) …desde la violencia política que se reinicia a mediados del siglo xx,  tras el asesinato de Gaitán (López de Mesa:1970,p62), guerra que aún no termina.

Tal vez sea nuestra diversidad étnica o quizá nuestra riqueza geográfica la que nos enfrenta y no ha permitido que atravesemos el Estadio del Espejo, como Nación, quedándonos anclados en la dolorosa etapa de formación de identidad. Todavía no sabemos definirnos como colombianos, apenas acertamos a recordar la frase aquella de Borges, el escritor Argentino, sin conocer bien su origen que se remonta a un cuento suyo, “Ulrika” en el que nos hace el honor de presentarse como colombiano al narrar su encuentro con ella en la ciudad de York.
 
Ante Ulrika, ella “de furioso oro” y con “aire de tranquilo misterio”, el personaje de su relato se presenta como Javier Otálora, profesor de la universidad de Los Andes, en Bogotá, aclarando que es colombiano, a lo que ella pregunta de un modo pensativo: ¿Qué es ser colombiano?,
 
No sé – responde él- Es un acto de fe.

 -Como ser noruega -asiente ella.

Antes Ulrika ha recordado que “Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse”. En su charla, enamorándose, el profesor dice que todo eso es como un sueño y él no está acostumbrado a soñar, “Yo querría que este momento durara siempre” -murmura, tras lo que Ulrika afirma: “Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres”.

Esta historia sería intrascendente para este ensayo sin su final por fuera del cuento que hace parte de la serie El Libro de Arena (1975). Borges muere en Ginebra en la mañana del sábado 14 de junio.  Es enterrado en el cementerio Plain Palais. El 26 de abril anterior, Borges de 86 años, se había casado por poder en Paraguay con María Kodama de 49, quien encarga para su tumba una obra inspirada en las tallas del arte nórdico. La lápida  muestra un barco vikingo y sus tripulantes, E incluye textos en ambas caras, uno en anglosajón, al frente, y en el reverso, trazos en escandinavo antiguo donde además debajo se lee: “De ULRIKA a JAVIER OTÁLORA”.

……………………..

Si quiere apreciar en alta resolución piezas de cerámica (el estadio del espejo) de las proyecciones de Arte Arqueológico que auspicia Somec (www.somec.coop) en las Universidades de Bogotá, abra la página  http://www.scribd.com/Archaeological%20Colombia%20  despliegue la galería de imágenes a la derecha haciendo clik sobre “see all” en la parte inferior y abra cada imagen para detallarla ampliada con el zoom.

Si quiere la fotografía del “PensadorMuisca”, símbolo de los Conversatorios de SOMEC, como fondo de pantalla en su computador, solicítela a  precolumbian.america@gmail.com

Si desea leer en Inglés el texto The Voices of Silence, que resume el significado y sentido de los Conversatorios, entre a  http://www.scribd.com/doc/20231345/The-Voices-of-Silence-Summary-for-Scribd

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PERFIL
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Alejandro Triana es Abogado de la Universidad del Rosario. Realizó la documentación visual del Museo Arqueológico de Bogotá y la fotografía de la colección Arte de la Tierra (9 vols. 1988/1992). En la facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional dictó la cátedra “Derecho y Comunicación” entre 1994 y 1999, cuyo recuento se publicó en el No.6 de su Revista de Teoría del derecho y Análisis Jurídico. Actualmente es miembro de la Cooperativa SOMEC y se encuentra desarrollando, con la psicóloga y ceramista Sara Urazán, el proyecto COLOMBIA ARQUEOLÓGICA para ilustrar acerca del significado y sentido de la cerámica en la América tropical antes del siglo XVI.

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8 Comentarios
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  1. Andresmejias

    Espectacular el articulo. El significado del qué es ser Colombiano, lo han tratado de hacer unos señores de la television que los llaman estrellas. Esos señores que se crean unas telenovelas exitosas de las que no me atrevo a decir el nombre y que por esto se ganan premios y esto y lo otro. Espectacular para ellos porque se creen Dioses únicos que no creen en ninguno otro. Pero bueno ya todos sabemos o bueno algunos, que las masas y la farandula son cosa jodida. Tengan Cuidado!. Claro que no son solo ellos…Bueno, ojala algún día pueda yo entender que lo que mas importa en este mundo soy yo y que tengo muchas cosas que solucionar y que alcanzar para estar estresandome inutilmente. Gracias Alejandro Triana, gran articulo.

  2. LatinoamericanoNuncaAmericanoSIEMPRE

    Delicioso, inteligente y agraciado.

    De hecho sí el Sr López, (pudiese) hiciese una revisión a su obra “Escrutinio Sociológico de la Historia de Colombia” , me gustaría “el país-estado-nación que nunca fué, por el trafico de estupefacientes”

    De acuerdo con “garzónmoros”, V-e-r-g-ü-e-n-z-a.

    Gracioso el comentario de “hgomezgo”, lo del tubérculo nacionalista; pero este, tambien hace parte de nuestra gastronomía nacional. Desde San Andrés a Leticia e intermedias.

  3. VicenteFoster

    Primero, aclarar que este artículo nada tiene que ver con nacionalismos trasnochados ni cuestión que se le parezca. Segundo, felicitar y agradecer a Alejandro Triana por aproximarnos, con maestría en el saber y elegancia en las letras, a un tema que es muy difícil abordarlo en tan poco espacio y tiempo. Ha recorrido el autor en este artículo, grandes hitos humanos con algunas pocas palabras simples, pero exactas y concisas, dejando huella indeleble en el apetito del conocimiento profundamente humano y profusamente histórico; porque hombre e historia son indisolubles. Apela, pues, al estudio de la historia para identificar la huella humana. Relaciona magistralmente hechos históricos con el reflejo del hombre que en ellos se proyecta. Una canción popular argentina, dice así: “Hay un montón de espejos en la feria de la ciudad, se ríen de los reflejos, nadie ve en ellos realidad. Si alguien de forma quisiera cambiar, es muy, es muy fácil, es muy fácil, sólo en otro espejo, tendrá que mirar”. Colombia sufrida, si de forma quieres cambiar, sólo en otro espejo tendrás que mirar.

  4. Se me adormecen las piernas y las manos, me da un no se que cuando leo a estos informados profesores ahondando en nacionalismos y otras hierbas. Aunque respete las inquietudes de quienes como yo nacieron en el mismo pais, no me trasnocha mucho esto de buscar raices y desollar tuberculos nacionalistas. Claro, no ‘me siento especialmente orgulloso de ser un buen colombiano’, diferente de ser chino, frances, armenio, indio, … sin q pase por alto las singularidades culturales y otras hierbas. Pero como dijo alguien, ‘mi patria y mi guitarra las llevo en mi’.

  5. garzonmoros

    Excelente artículo; es cierto, no hemos podido atravesar el espejo de Lacan. Pero le recomiendo el libro escrito por nuestro genetista Yunis ” Por qué somos así………. las subculturas ” Ser colombiano es un acto de fe, pero ahora con la narconovelas de los canales de TV, de gran aceptación tanto interna como externa, estamos comenzando a atravesarlo; verguenza.

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  7. ElCaquetense

    No sabría por dónde iniciar; habría tanto por decir y hacer, cuando me parece lo más rápido y sencillo es iniciar un movimiento académico con ejercicios culturales para proponernos la reivindicación de lo mal interpretado por CULTURA, si por esta la ligamos a las labores bucólicas desde plantar la semilla y “cultivarla” hasta su producto final.Ya se dijo:los monopolios periodísticos (incluyendo este) en todas sus modalidades son los culpables de la denegación de identidad nacional. Tántos Min-cultura,Min-Educación,Min-ambiente,CN de T.V.de todos los pelambres ¿y qué? Se nos dice al Sr. Pirry ya lo postulan los medios como PREMIO NOBEL .¡Suerte CULTURA!

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