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@NataliaGnecco

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El conflictivo ambiente que reinó durante el segundo debate presidencial entre los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump definitivamente dejó a unos prendidos del televisor y a otros los mandó directo a los brazos de Morfeo, porque prefirieron evitar el intercambio de ataques personales. Sin duda, lo más rescatable del cara a cara fue la manera como Hillary ignoró un elemento tan perturbador como tener en primera fila de la audiencia a las tres mujeres que acusan o a su ex marido Bill de acoso sexual, para concentrarse en sus respuestas y propinarle un par de “golpes bajos” a su contrincante.

Después de ver este cuasi reality show, una pregunta merodeaba mi cabeza: ¿cómo lidiar con personas como Donald Trump en nuestro diario vivir? Este político americano es tan toxico que hasta los mismos miembros del Partido Republicano prefieren votar por la candidata demócrata, antes de darle apoyo para que llegue a la Casa Blanca. A veces lo que sucede en la arena política es un reflejo de lo que muchos tenemos que afrontar en la oficina cuando interactuamos con personajes que caminan con una nube negra en la cabeza y son unos vampiros energéticos en potencia: nos chupan la energía y disminuyen nuestra capacidad de reacción.

Republican presidential candidate Donald Trump addresses an audience at The Fox Theatre in Atlanta, Georgia, June 15, 2016. REUTERS/Chris Aluka Berry

Para Juliana, psiquiatra, una persona tóxica es aquella que te produce ansiedad, te critica constantemente, te hace sentir insegura, te llena de miedos, te culpa de todo, te amarga la vida, no te reconoce lo bueno, es imposible darle gusto, te hace sentir dependiente o bruta; o poco linda o temerosa. Alguien que en lugar de hacerte la vida más feliz y más leve te la hace más difícil, en otras palabras, te complica la vida.

Por su parte Raquel, quien afirma que psicología no es solo su profesión, sino su vida y pasión es enfática en afirmar que “estas personas conflictivas no saben respetar ni considerar a los demás, a los que utilizan como marionetas de su mal carácter y como dianas de sus conflictos externos e internos. No viven, ni dejan vivir y, como consecuencia, frenan el desarrollo y crecimiento personal de los que les rodean”.

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Al conocer la tesis de ambas expertas Andrés, abogado, de inmediato agrega “una persona tóxica te envenena y el veneno mata…. Toca detectarla rápido antes que el veneno te haga efecto… Y cuando además son radiactivas, el veneno se esparce y los envenenados son todos en tu entorno, por eso cuando detectas una persona tóxica a tu alrededor: ¡HUYE! Su amiga Amanda, jefe de ventas de un operador celular, reflexiona por unos minutos sobre el consejo del abogado y confiesa: “tuve una pareja así en algún momento de mi vida, tenía que haberlo vivido para poder opinar en este blog. Estuve al pie del cañón, al principio mediando y tratando que Fernando  viera la vida desde otra perspectiva, pero me volví contestataria, amargada, descalificativa mejor dicho peor que mi pareja. Afortunadamente, volví a ser “yo”, a tiempo. Entendí que hay personas en la vida que te enseñan, como dicen por ahí, “a no ser como ellas “ y por supuesto a no seguir en esa relación!

Del otro lado de la ciudad, en medio de un animado cappuccino, Pilar, ingeniera considera que encontró la fórmula para desarmar a estas personas tóxicas: “primero hay que comenzar con la práctica diaria y permanente de vigilar las intenciones, los pensamientos, las palabras y las acciones de uno mismo. Así vamos limpiando y librándonos de elementos igualmente dañinos para nosotros mismos, encontrando paz y armonía en nuestro interior. No importa cuáles sean las circunstancias, la idea es mantener la calma y respirar cuando las cosas parecen adversas. Uno va haciéndose más sensible a los ambientes o personas tóxicas, al punto que se vuelve un reto. Yo respiro, me dispongo a estar en paz, aunque me cueste, y ¡me cuesta mucho! Pero. entiendo que esa persona está librando una batalla consigo misma”.

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Respetando lo que dice Pilar, Luis, quien es administrador y trabaja en una entidad estatal siente que ya “votó el chupo” con una de sus colegas porque está cansado de su actitud, con fastidio asegura: “no sé cómo pueden durar tantos años estos esperpentos en una entidad, sin la intervención del área de Recursos Humanos. Mi compañera se “enferma” todos los meses, vive enfadada todo el tiempo, un día saluda otro nos ignora, todo le molesta, nunca se integra y cuando lo hace es para hacernos sentir miserables. Para rematar, se enchufa en su computador, con severos audífonos y si tenemos una reunión saca su celular se pone a chatear y nos hace cara de FO a todos… Al comienzo uno se ríe, no le hace caso, pero ya pedí cambio, ¡no me la soporto más!

Pilar entiende el desespero de Luis porque ella misma lo ha padecido, pero insiste: “si es en una reunión de trabajo, la prueba es aún más exigente. He aprendido a hablar y argumentar lo menos posible, máxime en mi caso, que tengo dificultades con la autoridad irracional, o con los jefes y compañeros que viven en la medianía (esos que atomizan las nuevas ideas o la innovación, los que banalizan lo que evidentemente es una crisis o una situación que requiere cuidado) Entonces, respiro, respiro, respiro….

 

Hay que fijar límites

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Hablar de este tema se puede convertir en una catarsis para muchos, es por eso que decidí llamar a Canadá a mi amiga Inés Elvira, socióloga con gran experiencia en resolución de conflictos, quien encontró un espacio para aportarnos su valiosa opinión: “una persona tóxica describe de manera coloquial todo tipo de personalidad problemática. Por lo general se refiere a aquellas personas cuyas percepciones y reacciones tienen tendencia hacia lo negativo, pareciera que el cerebro se acostumbra a transitar caminos conocidos y genera respuestas parecidas, basadas repetidamente en las percepciones negativas de los demás, pero nunca de sí mismos”.

Inés Elvira considera que hay distintos estilos de toxicidad y esa toxicidad es una mezcla entre dos personajes ficticios que ella presenta así: Narciso Bello y Pedro Malo. Narciso Bello necesita una audiencia, busca aprobación y admiración, se impone, se vale del poder y la fuerza para someter a los demás. Por lo general las personas que exhiben este estilo de toxicidad pueden tener mucho éxito en sus carreras o financieramente, pero en el fondo de sí mismos, desprecian a los demás y cultivan odio hacia aquellos que son más fuertes, exitosos o poderosos y se sirven de quienes se lo permitan. Se podría decir que llevan una pantalla enorme detrás de la cual esconden su pequeñez. Estas personas también sufren la angustia de hacerse opacar y en el fondo lo único que cuenta para ellas es el engrandecimiento de su ego, a sus ojos y a los ojos de los demás.

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El caso de Pedro el Malo es algo distinto. Pedro el Malo está convencido de su superioridad que le permite empujar y maltratar, porque tiene toda la razón. Es arrogante y cree que jamás se equivoca, por eso tiene que señalar las faltas y los errores de los demás, con nombre y apellido. Pedro el Malo no se verá jamás haciendo fila, sino colándose. Pero Pedro el Malo tiene buena memoria y no perdona jamás, cualquier desaire u ofensa tiene que encontrar retribución. Pedro el Malo no podrá jamás pedir perdón puesto que nunca se ha equivocado. Son los demás los que no han entendido. Pedro el Malo rompe fácilmente todas las convenciones sociales y se indigna cuando es confrontado pues siente que su grandeza no ha sido reconocida. Cualquier diferencia de opinión con Pedro el Malo es interpretada como infidelidad digna de castigo y esta es una de las razones por las cuales no se puede negociar con él, quien es solamente capaz de imponer. Tampoco puede formular claramente ideas, puesto que el fin es imponer sus intereses.

Pedro el Malo, tampoco es capaz de negociar puesto que recurre a la mentira, el engaño, la confusión y la pretensión para acceder a sus fines. La fachada de Pedro el Malo esconde su gran inseguridad. Tanto Narciso Bello como Pedro el Malo valoran los resultados más que los medios para obtenerlos y en ello reside gran parte de su toxicidad. Ahora, ¿cómo lidiar con Narciso Bello y Pedro el Malo? Fijando límites, poniendo distancia y si es posible alejándose de ellos y evitando todo tipo de acercamiento o negociación.

Fotos: Management Journal- http://blog.zonacitas.com- huffingtonpost.com

Agradecimientos: Juliana Villate- Inés Elvira Marchand

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PERFIL
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Periodista Comunicadora Social. Personaje del año 2010 en Montreal- Canadá por Le Conseil interculturel de Montréal (CIM). Ganadora Premio Literario y Periodístico Cesar Vallejo 2011- Caracas Venezuela. Reconocida por calidad de trabajo Superintendencia de Industria y Comercio Colombia 2017. Autora de "Son mis huellas y hay camino" 2018. www.nataliagnecco.com

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7 Comentarios
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  1. claudia488152

    NATY buenisimo, realmente hay demasiadas personas tóxicas en los ambientes laborales, fraternales y familiares y su misión definitivamente es torturar a su entorno, creo que la estrategia para neutralizarlas, es ignorarlos totalmente, lo difícil es lograr no dejarse afectar porque son intensas, pero que toxicidad la que respiran, ayyy Dios

  2. Hola gandolfo gracias por dar su opinión. en realidad no sólo yo considero que Trump sea tóxico, el debate como tal también lo fue, por eso lo mencioné. Además no abogo por ninguno de los dos candidatos en mi blog, simplemente di un ejemplo de una persona tóxica, así que si está en desacuerdo. ¡Bienvenido siempre su respetuoso punto de vista!. Saludos

  3. No.mbe Natalia que paso? Si bien reconozco Trump puede ser Pedro el Malo doña Clinton es Narciso Bello. Una cosa si hay que darle al monito es que siempre contraataca con la misma intensidad que fue atacado … el tipo no saco el papel de la monita en los problemas de su señor hasta que la campaña de la susodicha no empezo a hacerlo primero.

    Si vamos a alla, ninguno de estos dos es apto para ese puesto, me importaria un bledo si no es el resto del mundo el que se vera afectado. Pero la manera tan criminal que se ha manejado las violaciones a la ley de parte de la monita es podrida y asquerosa, so pena que me digan tambien toxico.

    Ojala nunca nadie tenga que vivir bajo la toxicidad de los Clinton’s que esa si mata, mientras que la toxicidad Trumperiana es la que vivimos en el dia a dia con jefes dictadores, compañeros narcisistas y conciudadanos vanales. No la excusa, pero no causa guerras alrededor del mundo en donde niños, mujeres y ancianos pagan mientras que la monita se reia celebrando que vino, vio y el murio. Refiriendose a Kadhafi sin importarle la estela de muerte que eso iniciaba en Libia.

    Oops, verdad, acabo de caer en cuenta que ya no se puede ser concreto pues en este mundo de lo politicamente correcto eso es ser toxico.

  4. alejandro691989

    Natalia… que tema tan dificil de agarrar…. es entendible cuando uno se vuelve tóxico en momentos ,…. lo realmente preocupante es que esa sea nuestra portada,,,, nuestra carta de presentación….. ahi cerramos todas las puertas,,,,

  5. alfonso700660

    Wow, que tema tan complejo! la cruda realidad es que este tipo de personas toxicas se pueden encontrar en muchos ambientes laborales. Es imperativo que se creen leyes para proteger a los trabajadores de esta clase de abusos y mayor supervision por parte de las oficinas de recursos humanos.

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