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Daniel Ospina Celis*

Esta columna se basa en el libro ‘Rendición de cuentas de Google y otros negocios en Colombia’ y en una investigación derivada del mismo que pronto será publicada

EFE, SASCHA STEINBACH

Crédito: SASCHA STEINBACH. EFE

Hoy en día, los datos son un recurso valioso del que dependen múltiples empresas, a estas se les conoce como Empresas con Modelos de Negocio Basados en Datos. Esta situación se debe, en parte, al rol preponderante que tienen las tecnologías digitales en la economía del siglo XXI. Según el sector empresarial, con los datos se puede hacer análisis de mercado, determinar qué productos o servicios tienen mayor demanda, segmentar a las personas de acuerdo a sus gustos, ofrecer publicidad personalizada que responda a dichos gustos y muchas otras que benefician al mercado al ofrecer un producto ajustado a los deseos del consumidor. En ese sentido, gracias al análisis de datos los clientes/usuarios reciben un trato más personalizado, evitan gastar tiempo buscando los productos que desean y, en general, tienen mayor facilidad para usar servicios digitales.

Lo anterior parece indicar que el uso y análisis de datos que hacen las empresas se enmarca en una lógica gana-gana: el usuario/cliente gana en tanto obtiene un mejor (o más eficiente) servicio y las empresas ganan en tanto le sacan provecho económico a los datos que recolectan, analizan y comercializan. Sin embargo, no es tan sencillo. La recolección masiva de datos supone riesgos para nuestros derechos. De manera ilustrativa, la recolección de información a través del monitoreo de nuestra actividad en internet entra en tensión con el derecho a la intimidad porque hace que comportamientos privados como la navegación o el historial de búsqueda (incluso en modo privado o incógnito) sean conocidos por las empresas. No es claro, mejor dicho, que la recolección de datos en internet respete la esfera íntima del individuo.

A pesar de las tensiones y riesgos para los derechos humanos que pueden surgir de la recolección de datos, me centraré en mostrar cómo las empresas recolectan información. Tener claro cómo funciona la recolección es el primer paso para comprender las implicaciones que el mercado de datos puede tener en el goce efectivo de derechos como la protección de datos, la intimidad y la igualdad.

Cómo las empresas recolectan datos

Las compañías en la era digital disponen principalmente de tres formas de obtener datos: 1) a través de la entrega directa; 2) recolectándolos a través de medios tecnológicos; y 3) obteniéndolos de otras compañías que los recolectaron previamente a través de las modalidades anteriores.

Es usual que se nos pida información básica para registrarnos en la página web o en la aplicación móvil de determinada empresa. Tomemos como ejemplo el caso de una red social hipotética. Para crear una cuenta se nos pide que entreguemos como mínimo el nombre, un correo, la edad y otros datos personales. Una vez creamos la cuenta, tenemos opción de seguir añadiendo información como la ciudad en la que vivimos, la institución en la que estudiamos, nuestros gustos musicales y demás. Todos estos datos, que en parte entregamos para que los otros nos identifiquen, probablemente se los estamos también entregando a la empresa dueña de la red social.

Como segunda medida para obtener datos, las empresas hacen uso de herramientas tecnológicas que recolectan información de nuestros dispositivos y de nuestra actividad en la página web o en la aplicación móvil, el denominado web tracking. Para hacer web tracking las empresas pueden usar archivos de texto (cookies) o verificar las configuraciones y capacidades del dispositivo (fingerprint). Estas técnicas permiten saber cuál es nuestro historial de búsqueda, cuánto tiempo permanecemos en la aplicación, cuál es la dirección IP del dispositivo desde el que nos conectamos y cuál es nuestra geolocalización, entre muchas otras cosas. Esto es lo que permite, por ejemplo, que cuando buscamos un producto en diferentes páginas web, posteriormente veamos publicidad de productos similares.

Por último, las empresas compran datos o suscriben acuerdos de intercambio de información con otras compañías. Hay gran cantidad de compañías de datos que ofrecen servicios de marketing y publicidad. Esta situación ha llevado a que algunos consideren que los datos son el nuevo petróleo, en tanto es posible obtener valor directamente de su comercialización.

Estas formas de recolección de datos deben estar indicadas en la política de privacidad de cada empresa. Por eso, al suscribirnos a un servicio web o al descargar una aplicación sería deseable leer los términos de servicio y no aceptar a ciegas. El problema, como demostraremos en una investigación que saldrá en los próximos meses, es que las políticas de privacidad no siempre son transparentes al respecto. La recomendación, por ahora, es conocer cuáles son las formas en las que se puede dar la recolección de datos y saber que esta información debe estar consignada en la política de privacidad de cada uno de los productos o servicios que usamos.

* Investigador en Dejusticia

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Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad / Center for the Study of Law, Justice and Society. We work to promote human rights in the Global South.

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