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San Ysidro-California (1984), Columbine-Littleton; (1999), Red Lake-Minnesota (2005), Bart Township-Pennsylvania (2006), Omaha-Nebraska (2007), Virginia Tech (2007); North Illinois (2008), Phoenix-Cleveland (2008), Geneva y Samson-Alabama (2009), Fort Hood-Texas (2009), Binghamton-New York (2009), Tucson-Arizona (2011),  Aurora-Denver (2012); Chardon-Cleveland (2012) Newtown-Conneticut, (2012),  Boston (2013), Washington (Navy Yard, 2013), sólo para mencionar algunas y no dejando de citar a Ariel Castro, el monstruo de Cleveland (2013), y un largo etcétera hacia atrás y otro desafortunado y desconocido etcétera de lo que vendrá hacia delante. Cada vez más frecuentemente se presenta este destape terrible de alcantarillas cerebrales que se revientan y vierten toda  su podredumbre criminal sobre una sociedad indefensa.

Se siguen vendiendo armas en todo el país, al alcance de todos los bolsillos y apetencias, sobre todo de las mentes enfermas que tienen la enorme facilidad de ponerlas en acción contra los inocentes. El Congreso no aprueba nada sobre la restricción. Luego viene toda la parafernalia de la policía, del FBI y del gobierno para decir que se hará implacable justicia, pero no pasa nada porque los intereses creados terminan favoreciendo a los vendedores de armas. De nada valen los muertos ni las lágrimas de sus familiares, ni los despliegues noticiosos en torno a esos demenciales crímenes.

Ningún país está exento de esa plaga pero, paradójicamente, el país símbolo del capitalismo, del consumismo y de la libertad individualista, padece como ninguno una “locura colectiva” sin precedentes; como si se estuviera enviando un mensaje al mundo sobre los extremos a los que puede llegar cuando una sociedad entera se enferma de un mal difícil de detectar y de curar.   Los psicólogos se devanan los sesos por averiguar las causas y los sociólogos analizan sus caras por todos los lados y no encuentran explicación que valga la pena. Pero si hay una muy clara: esos asesinos surgen de una sociedad concreta, y en la historia de cada uno hay anomalías que revelan anticipos de lo que pasa después.

El relato es casi siempre el mismo. El loco se prepara a base de descontrol emocional más o menos patente en medio de su familia; alimenta su locura progresivamente; elabora su sueño criminal; se pertrecha bien de las armas que necesita; busca la ocasión, normalmente un centro educativo, en el que las posibilidades de indefensión son mayores; e irrumpe en forma inesperada, comete los crímenes y luego se suicida.  Enseguida el despliegue de los medios y la ira colectiva. Luego las series de televisión se encargan de reforzar el imaginario colectivo con los crímenes de ficción, tipo CSI y Criminal Minds, que alimentan a las audiencias en las horas de mayor sintonía en Estados Unidos y en muchos países del mundo que sintonizan la señal de los canales norteamericanos. Es la globalización deliberada de la enseñanza de métodos de violencia asesina, a pesar de los finales en los que el homicida termina en la cárcel.

No se trata de  levantar el dedo acusatorio señalando a la sociedad gringa ni mucho menos de pensar que es asunto ajeno a todos los demás países, sino de aprender en carne ajena alguna lección que valga la pena. Es muy significativo que el fenómeno vaya en aumento y que no se encuentren salidas razonables para prevenirlas en forma más radical. Lo único cierto es que la violencia encuentra en esa masacres una forma trágica de revelar las enfermedades mentales de unos individuos y, en alguna forma, de su sociedad. No es un problema sólo de seguridad, de represión, de vigilancia tecnológica, sino, ante todo, de buscar causas y de volcar sobre la familia y la educación las mejores fuerzas para evitar que esa sociedad siga siendo el reino de los psicópatas.

 

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PERFIL
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Soy filósofo de formación, fui profesor universitario y me dediqué al periodismo una larga época, primero en proyectos de educación, y luego en medios, sobre todo en prensa: fundé y dirigí una agencia de noticias, dirigí una revista cultural y fui productor y director de programas de televisión. Ahora dirijo una empresa de consultoría en liderazgo y me dedicó a escribir libros y a dar conferencias sobre los temas en los que he trabajado.

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  1. Un psicópata es un depredador que no va con la victima depredada por gusto de ir nada más, si no para obtener algo que tiene esta y que quiere obtener. Analiza a la victima y la entra a relacionarse, en el mejor momento que cree ideal, y el perfil de la víctima debe ser una persona dispuesta a colaborar. Eso facilita la tarea, de gente que confía mucho en los demás, de gente jóven, ingenua y positiva porque no ven la maldad y el peligro por ningún lado. De alguien que esté desorientada en la vida, y no sepa qué hacer en su futuro, que esté sola, que tengan necesidades emocionales, afectivas y sexuales que suplir. Osea, el objetivo fundamental del psicópata es depredar emocionalmente.

    El mundo está lleno de vendedores de humo que se aprovechan de las necesidades ajenas, por eso hay que tener cuidado a quien le cuentas tus problemas, de quien confías, porque luego eso lo van utilizar para controlarte. El piscópata utiliza tus carencias, debilidades y necesidades para venderte la solución, o darte un alivio a tus carencias… El psicópata te genera una necesidad que al principio te la da sin nada, pero que después te pide un alto precio por ella, muy superior a lo que te dió anteriormente.

    El psicópata te conoce mucho antes que tú a él, te ha estudiado muy bien previamente. Las personas con problemas sentimentales, emocionales, y sexuales, con problemas de reafirmación personal, de identidad, por sus debilidades, son las presas predilectas del psicópata que va a parasitarte. Y los pasos que va a ejecutar sistemáticamente para atraparte, en una cárcel emocional que va a ser muy complicado que escapes, te genera un gran apego que te hace perder tu sentido de realidad y tus intereses, desde que se te acerca por primera vez, hasta que te tiene envuelto en sus redes, son los siguientes…

    En primer lugar, empieza el psicópata con la seducción, que es encaminar a la victima hacia un beneficio propio, para eso necesita llamar la atención, se presenta como una persona encantadora, que se convierte en alguien fenomenal para ti, sabe previamente lo que te gusta y precisas, halagándote, con risas y buenas palabras, juega con tu ego, se hace una persona dulce con tus familiares y amigos para darles buena impresión, y va a valorarte todo lo que piensas, haces y digas. Los psicópatas son gente muy falsa e hipócrita.

    Luego va ser alguien el psicópata que se va a entregar a ti sin medida, despegado y generoso, haciéndote regalos continuamente, sin venir a cuento, diciéndote que te quiere, teniendo sexo contigo sin restricciones para cuando lo desees, por que posteriormente te va sacar algo superior. Por eso, no vale recibir nada gratis de nadie, todo tiene un precio, ya que si alguien te da algo aparentemente a cambio de nada, es porque más adelante te lo va a cobrar bien caro.

    Posteriormente el piscópata se va a interesar y le va a gustar temas que a ti te gustan, si te encandila determinado deporte, te dirá que le gusta igual, o la lectura, o el senderismo, o el ajedrez… es la técnica de conexión, que te hace creer que es tu media naranja, la persona de tus sueños, te hace pensar que es la mejor persona que pasa y pasará por tu vida. Para que se sienta segura y confianda la víctima, porque está con alguien igual. Es como si te adoctrinara sin darte cuenta. Está invirtiendo en ti, pero va a hacer que la victima invierta en él, porque te sientes en deuda. Va generándote una sensación de pertenencia, de que esta integrada en tu mundo, que es imprescindible para ti, que no la puedes perder bajo ningún concepto, para tenerte en sus garras pillado.

    La ingratitud e irresponsabilidad del psicópata, es su pan de cada día, su seña de identidad, ante cualquier consideración especial que se tenga, ya sea de generosidad, de bondad o de confianza, hagas lo que hagas, y le des lo que le des, considera que se lo merece y le corresponde, y es como si lo tiraras a la basura, un completo desagradecido, porque nunca lo tendrá en cuenta para devolverte algo que le has dado, aunque sea mínimamente… Es irresponsable el psicópata porque toma decisiones inviables que luego vas a tener que cargar tú con ellas. Y sobre todo, en el psicópata sus acciones no concuerdan con sus palabras.

    Una de las características fundamentales de los psicópatas es que son muy promiscuos, es decir, que tienen muchas relaciones distintas, multiples y en el mismo tiempo, y normalmente sus parejas desconocen que tiene relaciones sexuales con otras persona, son profundamente infieles, son actores impresionantes, actúan de tal manera que no sabes sus verdaderas intenciones y su vida íntima secreta. Te manipulan a través de la dependencia sexual para complacerte y tenerte enganchado.

    El psicópata parasita a su victima para vivir económica, emocional, socialmente de ella, hasta dañar su realidad, y hacerle dudar de su valía. Le separa de su gente cercana y querida, de familiares y amigos, para tenerle en exclusiva, le hace sentir culpable por no lograr algo aunque no le ha dado posibilidades para ello, hace que esté en deuda permanente la víctima, le tiene con una dependencia emocional enorme de la que no puede separars aunque quiera.

    Las discusiones con una psicópata careceran de lógica y razón, te montará pollos sin motivo… como no entienden la empatía, son expertas en llevar conversaciones conflictivas y liarla cada dos por tres, sobre algo que han hecho mal, y lo justican con los razonamientos de lo más tontos, que no tienen sentido, que te van a desgastar emocionalmente para nada. Y aunque busques todas las formas de explicarle que lo que hizo está mal, no lo querrá entender nunca, no va a dar su brazo a torcer, y se va a justificar de una y mil maneras absurdas. Una psicópata no tiene sentimiento de culpabilidad, raramente se disculpa… Te habrá causado un daño muy grande y no te lo va a aceptar que lo ha hecho, y no sólo te lo hará una vez, si no muchas. Y si es tu pareja, va a destruir tu vida y se quedara tan campante, como si no te hubiera hecho nada…

    El psicópata toma de decisiones sobre tu vida, tu dinero y tu futuro sin consultarte, como por ejemplo, tener un hijo, comprarse un piso, adquirir un vehiculo, casarse… y al final el que pagas el pato eres tú, porque luego te deja colgado, y no quiere saber nada sobre lo que decidió sin contar contigo. Por eso jamás hay que cargar con las decisiones de otros, aunque te las vendan como un regalo, porque en realidad te están haciendo responsable a ti en el futuro sobre ello, y tendrás que pagarlo de una forma u otra.

    Por último el psicópata te manipula, es decir te trata como si fueras un objeto del que dispone a su capricho, sin tener en cuenta tu dignidad, tus sentimientos, intereses y futuro, le da igual lo que te pase, solamente le importa la razón de su bienestar, todo vale, es profundamente egoísta, porque va por encima de todo código moral, por encima de la salud e integridad mental de la victima, que él va a elegir, y en muchos casos es narcisistia y ególatra.

    En definitiva, los psicópatas integrados no tienen porque ser asesinos en masa ni criminales que roban y secuestran, como mucha gente cree, son gentes aparentemente normales, que trabajan, que consumen, que conducen, que pagan impuestos, que se casan y tienen hijos, que se comunican en sociedad, pero luego son verdaderos depredadores de los demás, para sacar de ellos todo lo que pueden, para echarles de su lado en sus peores momentos, para dejarles tirados sin remisión, y destrozar las vidas de sus víctimas, sin empatía, sin conciencia, ni remordimientos. Siempre pretenden la destrucción emocional de sus víctimas.

    ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

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