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Gisela Matamoros

Por: GiselaMatamoros

Todos los días el horror al que pretenden someternos los cabecillas del régimen criminal y mafioso que ha contaminado y pervertido los diversos sectores de la sociedad, presidido por Maduro y la camarilla de militares y civiles que dominan Venezuela, nos muestra una tragedia cada vez  peor que la anterior. Son tantos los hechos ocurridos recientemente en nuestro país, que asquean y provocan náuseas, por la sevicia y alevosía con las cuales la tiranía del usurpador Maduro busca consolidarse en el poder a cualquier precio, son tantas las preocupaciones que sufrimos los venezolanos, que no había podido ocuparme de un panfleto en mi contra, publicado en twitter y otras redes sociales a fines de julio de 2018. Se trata de las inaceptables declaraciones de un adulante vocero de la tiranía, que busca descalificarme con calumnias y mentiras destinadas a lo que todo gobierno de vocación totalitaria pretende: causar terror y paralizar la voluntad de la gente de bien frente a los abusos y atropellos de quienes aspiran al control total sobre los ciudadanos.

Se anuncia “Matamoros en Caracas”, como si yo no tuviera pleno derecho para estar en mi ciudad natal cuantas veces me provoque, sin más limitaciones que las mías propias. No soy ni prófuga ni tengo condena alguna del poder judicial, ni estoy indiciada por ningún delito, pero ejerzo mis convicciones y principios democráticos, practico la libre expresión de mis ideas y denuncio la injusticia como mecanismo de control político por un régimen que viola sin cesar la Constitución vigente e impone sus intereses particulares por encima de la legalidad y a costa de la tragedia venezolana.

Es ridículo anunciar, a manera de reclamo: “Como perro por su casa”, como si yo no tuviera por qué estar allí, como si no fuera Caracas mi casa, mi lugar de residencia permanente, mi hogar. Por supuesto que lo es y no tengo razones para no andar y desandar en los espacios de mi patria natal, que a mí también me pertenecen por gentilicio y por arraigo, salvo el temor a las actuaciones arbitrarias e ilegales de un régimen antidemocrático y delincuencial, que perdió toda mesura, que pisotea las instituciones y arremete de manera despiadada contra cualquiera que disienta de sus prácticas personalistas o contradiga sus apetencias dictatoriales.

Uno de los derechos humanos fundamentales consagrados en la Declaración Universal promulgada por la ONU en 1948 y amparado en la Constitución venezolana es la libertad de circulación o residencia no solo en territorio propio sino en cualquier otro, siempre y cuando se cumplan los requisitos legales de visado que algunos países exigen. No hay más restricción que esa. Por consiguiente, no hay ninguna razón de reprocharme que sea una “venezolana residenciada en Bogotá”…

Se me describe como “la coordinadora de Vente Venezuela en Colombia” al anunciar que “Gisela Matamoros estuvo por tierras venezolanas”.  Sí, es mi tierra. Y sí, a mucha honra apoyo incondicionalmente a María Corina Machado, una líder valiente, respetada y admirada por su conducta ejemplar, consistente y coherente con los más altos principios de la democracia y del pensamiento liberal y verdadero progreso. Sí. Es un honor para mí estar cerca de María Corina, cuyo coraje, rectitud y honestidad indiscutibles le han ganado no solo el respeto y pasmado silencio del difunto mentor de Maduro cuando, en la Asamblea Nacional, siendo diputada electa con el mayor número de votos entre todos los candidatos, se atrevió a decir, frontalmente y sin que le temblara la voz: “Presidente Chávez, expropiar es robar, cuando no se cumple con la indemnización correspondiente…” sino que también sufrió una vil, cobarde, brutal y criminal agresión que le fracturó el tabique nasal, instigada por el silencio cómplice y actitud de espectador distante desde la tribuna, del entonces presidente de la AN, Diosdado Cabello, en la misma sede del parlamento.

Muchas otras acusaciones descabelladas y sin fundamento han sido hechas en mi contra. No las he respondido porque tengo asuntos más importantes de qué ocuparme. Pero me resulta una calumnia inaceptable que se afirme, acusándome sin prueba alguna: “…y compañera de conjura de Lorent Saleh se reunió con María Corina Machado en Caracas”. Con bajeza y cinismo se busca, por un lado, ensuciar la figura de María Corina al levantar sospechas de supuestas conspiraciones contra el régimen o su figura visible, que no son más que instrumentos para distraer la atención de los gravísimos problemas sociales, económicos y políticos del país y convertir en mártires a quienes, por acción u omisión, solo gobiernan para torturar, vejar, secuestrar y perseguir con saña asesina a sus opositores. Por otro lado,  salpicar  con vileza y hundir aún más a quien a lo mejor pudo alardear de un poder imaginario que nunca tuvo es repudiable. Saleh no fue victimario sino víctima indefensa de un crimen que socava tratados internacionales y viola de manera atroz sus derechos humanos, al ser devuelto a Venezuela a pesar de ser refugiado y entregado a sus verdugos, negándosele el debido proceso y torturado sin tregua en la tenebrosa Tumba del SEBIN por la conveniencia pragmática  del expresidente Santos.

Como no tengo nada que esconder y sí, en cambio, mucho que aportar, me alegra estar en comunicación con figuras muy honorables de la política colombiana y con María Corina Machado, cuyos méritos, preparación, calidad humana y solidez profesional la hacen dignísima aspirante a ser la Presidente de una Venezuela nuevamente libre y democrática para poner en obra, con el concurso de los mejores, los planes de reconstrucción de las instituciones, ética pública, valores  y economía devastados por el siniestro proyecto de dominación llamado socialismo del siglo XXI.

Por último, pregunto al supuesto inquisidor de la verdad y la decencia de las que carece a pesar de sus ínfulas ¿por qué tendrían que levantar la alerta organismos de seguridad por mi llegada a mi país como si yo fuera una delincuente? ¿qué importa si yo ingresé por aire, mar o tierra? No olvidemos que la envidia carcome el alma y “El ladrón juzga por su condición”, como dice el sabio adagio popular.

 Vente Venezuela es un movimiento político que surge de la convicción de que la democracia no es solo un sistema político sino un modo de vida ético y la mejor forma de convivencia, para garantizar la coexistencia pacífica, la civilidad y la  La democracia es indispensable para una vida digna y próspera mediante la práctica de valores como el respeto por los otros, la tolerancia a las diferencias, la transparencia, la rectitud, la solidaridad, el pluralismo, la igualdad de oportunidades, las  libertades civiles, económicas y políticas y la defensa irrestricta de los derechos humanos. Con mucho orgullo y con la frente en alto, soy la coordinadora de Vente Venezuela en Colombia. 

Twitter: @GiselaMatamoros 

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Son un grupo de jóvenes que dan su visión particular sobre el acontecer político, cultural y social ante todo tratando de generar una reflexión critica.

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