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Carlos-Ossa-300x300Por: Carlos Ossa

Hace pocas semanas se estrenó en la plataforma de streaming de Netflix la polémica película Cuties o como aparece traducida al español Guapis (se hace referencia a chicas muy atractivas -guapas- y referencia a que tienen corta edad). La serie se hacía auto propaganda con la siguiente descripción:

“Amy, de 11 años, quedó fascinada con un grupo de baile de ‘twerking’  y con la esperanza de unirse a ellas. Empieza a explorar su feminidad desafiando las tradiciones de su conservadora familia”.

En la película, a la protagonista (Fathia Youssouf), quien vive en el seno de una familia ultraconservadora, perteneciente al Islam, le dicen constantemente que las mujeres con poca ropa se irán al infierno, si es que no son la representación del demonio mismo, y que tiene que rezar para que Dios (Alá) las bendiga para merecer un buen marido y sabiduría para hacerles caso.

Todo margen al cual se refieren a la familia de la protagonista es para poder mostrar lo que es el “conservadurismo”. La película lleva al extremo todo lo que haga su familia para para poder justificar sus acciones, y tienen un propósito: tratar a todo el que se oponga a la sexualización de menores como “vieja escuela”, “opresores” o “coartadores de libertades”.

En esta película, la niña conoce a Angélica (Medina El Aidi), una chica de su misma edad en el edificio y quien hace bailes sensuales. (Las cámaras enfocan la cola de la chica mientras baila desde el primer momento…)

Posteriormente, se ve a la antes mencionada con Yasmine (Myriam Hamma), Coumba (Esther Gohourou) y Jess (Ilanah Cami-Goursolas), todas chicas de 10 a 11 años, vestidas con minifalda y exceso de maquillaje, siendo regañadas por la coordinadora de disciplina del colegio, a lo que ellas alegan “libertad” para vestir como quieran.

En la producción, Amy y sus amigas ven cómo baila la competencia y en un video observan que una de las chicas del otro grupo muestra uno de sus pechos, por lo cual Amy entiende que deben ser mucho más sensuales para ganar el concurso. El mensaje que queda es: “entre más sexy seas más ganarás”.

Después de mucha práctica, nuestra protagonista crea una coreografía apta para un público adulto. Estas escenas abarcan la mayoría de la película. Otro ejemplo es cuando el grupo de amigas intenta entrar a un establecimiento sin pagar la entrada y, para lograrlo, Amy le baila de manera sensual al guardia que tiene alrededor de 40 años. En esta escena le enfocan a la actriz el cuerpo y su ombliguera mientras baila.

Esta acción no tiene ninguna crítica por parte de la película, por el contrario, y sin consecuencia alguna, el guardia, con cara de maravillado, las deja continuar con su camino mandando un mensaje siniestro a los espectadores.

Al final, después de incontables barridas de cuerpo a las menores, sexualizándolas con poses y maquillaje extravagante, Amy es expulsada del grupo de baile por haber publicado la foto de su vagina en lo que en la película sería “Facebook” (y además mata a una compañera para volver al grupo de baile que luego abandona).

El punto en cuestión es que, al parecer, no está mal sexualizar a niñas de baja edad, lo malo es que a usted le guste. Mariangela Urbina, de la sección ‘Las Igualadas’ del diario El Espectador, justificó todo lo antes mencionado y, junto a una ‘experta’, afirmó lo siguiente: “la película no sexualiza, tú lo haces”, y lo justificaban porque la película ganó un premio en Francia (típica justificación colombiana) y porque la directora era de color, nacida en Senegal (como si eso justificara la sexualización de las niñas).

Claramente lo que se busca es que exista aceptación con menores sexualizadas, que mayores disfruten de ver niñas haciendo poses sugestivas y, eso sí, el del problema es aquel que ‘sexualizó’ a la menor de edad, que de manera libre y empedrada manda selfies de sus pechos, todo un absurdo.

Twitter: @Carlossa_B 

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Son un grupo de jóvenes que dan su visión particular sobre el acontecer político, cultural y social ante todo tratando de generar una reflexión critica.

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Su nuevo álbum Takk... ("Gracias..."), ha salido hace poco. A mí me parece una maravilla, mucho mejor que ( ), que no me ha gustado tanto (...). No sé que opináis, pero para mí, el hopelandic nunca ha funcionado, es demasiado pretencioso y un poco tonto. A lo mejor no fastidia tanto a extranjeros que quizás no oigan la diferencia entre islandés y hopelandic, pero a mí me fastidia tanto que casi no lo aguanto.


Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

En ese orden.


dancastell89@gmail.com
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Quizás no conozcan a Sigur rós. Esta puede ser una buena introducción a ellos, según lo que yo creo. Lo que sigue se llama Inní mér syngur vitleysingur, lo que significa algo así como "junto a mí canta un loco":




Sigur rós es una banda islandesa que existe desde hace casi catorce años (desde 1994). Los oí por primera vez en el cine, pues se utilizó su música en el trailer de la película Children of men (2006) - lo que suena es Hoppípolla ("saltando charcos"). Luego de eso me he enterado de lo reticentes que son sus integrantes a comercializar su producción, y he desarrollado un gusto inmenso por su trabajo. También tengo una afición irracional por Islandia, y no sé muy bien por qué.

Pero eso es otro asunto; vamos al grano.

Esta es la dirección de ojos de mosca, un blog sobre música islandesa escrito en castellano por un islandés. Hace un tiempo leía allí mismo una pequeña reseña que hacía el autor acerca de Takk..., el tercer álbum de estudio de Sigur rós. Y me pareció muy interesante la opinión que presenta la entrada. A ver si esta vez sí me puedo explicar.

El segundo álbum de Sigur rós se llama ( ). Sí, así se llama. Le debe su nombre tanto al hecho de que ninguno de los cortes que lo componen posee título (las ocho pistas se llaman Untitled 1, Untitled 2 y así sucesivamente - aunque luego del lanzamiento del álbum, los seguidores del grupo contribuyeron a nombrar las pistas una a una) como a una particularidad característica de Jónsi, el cantante; quisiera que trataran de descubrirla ustedes primero. Para eso, otro video; lo que sigue se llama Untitled 4, o Njósnavélin (la máquina espía):




¿Lo notaron?

Yo tuve que leerlo para caer en cuenta; no sólo usan un arco de chelo para tocar la guitarra eléctrica (lo que produce ese sonido tan intenso de vez en cuando), sino que Jónsi no canta en un idioma en particular. Lo que dice no está dicho en islandés; ninguna de las canciones que componen el disco lo está. Han llegado a llamarlo un lenguaje aparte (que no lo es): "vonlenska", o "hopelandic". Y esa es sólo una de las interesantes particularidades de este grupo.

Vuelvo al blog del islandés. Luego de tener un poco de idea acerca del grupo, transcribo (con estilo corregido, porque el hombre escribe ligeramente mal el español) su opinión sobre el disco que siguió a ( ):

Su nuevo álbum Takk... ("Gracias..."), ha salido hace poco. A mí me parece una maravilla, mucho mejor que ( ), que no me ha gustado tanto (...). No sé que opináis, pero para mí, el hopelandic nunca ha funcionado, es demasiado pretencioso y un poco tonto. A lo mejor no fastidia tanto a extranjeros que quizás no oigan la diferencia entre islandés y hopelandic, pero a mí me fastidia tanto que casi no lo aguanto.


Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

En ese orden.


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