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Lo vimos en las protestas (civilizadas y, lastimosamente, algunas no tan civilizadas) que precedieron, acompañaron y despidieron la visita del Presidente Bush a varios países latinoamericanos. Los movimientos de izquierda en la región no solo son anti-imperialistas, anti-Bush o anti-Americanos. Además de eso, son anti-libre comercio y anti-globalización. Esto parece ser el estándar no solo en América Latina sino en el mundo. Los grupos de izquierda del partido demócrata en los EEUU son, por razones diferentes, férreos opositores a los tratados de libre comercio, la globalización y el “outsourcing” de empleos americanos a otras partes del mundo. Los movimientos de izquierda europeos protestan de igual manera contra la globalización y sus más claras expresiones en China, India, El sudeste asiático y todos los otros países donde la mano de obra barata esta reemplazando la mano de obra Europea y Americana.
Sin embargo, la ideología defendida por gran parte de la izquierda latinoamericana tiene algunos contrastes importantes. Para comenzar, el nacionalismo es un elemento fundamental. La justificación para apelar a este argumento es siempre la idea de que los recursos, economías y sociedades de nuestros países esta siendo explotados para satisfacer los intereses de las superpotencias. La única manera de recuperar el honor de la nación es cerrar las puertas a toda aquella influencia “imperialista” que pretenda usurpar a la patria. Esto incluye obviamente un rechazo total a la globalización, apertura económica e integración con el mundo desarrollado. Muchos analistas hablan de las alianzas en la izquierda latinoamericana como “el club de los pobres”.
Ahora bien, si miramos la realidad, mucho de lo que se predica se queda en las palabras. Venezuela, el líder de la nueva izquierda latinoamericana, vende más del 80% de sus productos al mundo desarrollado. Brasil y Argentina se han abierto a la inversión extranjera y están buscando la manera de integrar sus economías aun mas al mundo, a través de Alianzas entre MERCOSUR, la Unión Europea e incluso los Estados Unidos.
 
Otro elemento que la izquierda latinoamericana enfatiza es la igualdad y justicia social como fundamental para el desarrollo de los pueblos latinoamericanos, culpando de las diferencias, corrupción, injusticia y subdesarrollo, a los diferentes imperios que han dominado la política y economías mundiales. La globalización se ve como una herramienta de los poderosos para hacer a los pobres aun más pobres; y para enriquecer aun más a los ricos. Sin embargo, basta mirar los países que se han convertido en estándares de la globalización: China, India, México, El sudeste Asiático, Irlanda e incluso Chile en nuestra región. Estas naciones han sacado millones de personas de la pobreza, tienen las tasas de desempleo mas bajas en sus respectivos continentes y los sectores industriales y de servicios más amplios, que han permitido crear clases medias mas estables y expandidas. Es cierto que los ingresos, niveles de vida y desarrollo tecnológico no se pueden comparar con los de los países desarrollados, y que ciertamente estos últimos se benefician de este proceso global; pero el simple hecho de sacar gente de la miseria, abrir nuevos mercados para los productos locales y promover la creación de una clase media que permita un crecimiento sostenido, así sea lento, de los niveles de vida, deberían ser suficientes razones para que la izquierda se comprometa con los aspectos benéficos de la globalización. Es un hecho que muchos aspectos sociales de este proceso deben revisarse, y que la izquierda podría estar llamada a liderar los movimientos que promuevan dichos cambios; pero impedir y buscar entorpecer algo como la globalización, que ha permitido lograr avances importantes en los países que la han convertido en parte de su estrategia para el desarrollo, realmente deja mucho que pensar sobre las alternativas propuestas por los movimientos de izquierda.
Finalmente, esta el elemento de la integración económica y política de los pueblos. La izquierda ha predicado que la integración se debe hacer entre las naciones latinoamericanas que comparten los mismos ideales de justicia social, que no se “arrodillan” a las exigencias de los países desarrollados o el FMI y que promueven un control más fuerte del estado en sus economías. Si bien la integración regional es un elemento fundamental para el desarrollo, necesario para ganar una mejor posición a nivel internacional, la integración con la economía mundial es el elemento clave para que ese proceso fracase o sea un éxito. La unión Europea se ha convertido en la potencia económica mundial que es hoy, no cerrando sus puertas a la economía mundial, sino todo lo contrario. Esos avances que ha logrado en 40 años han permitido que Europa desarrolle un conjunto de leyes sociales que protegen hasta cierto nivel a su población contra los vaivenes de la economía mundial, pero para llegar a algo así sus economías se integraron al mundo y solo así pudieron llegar a la posición de liderazgo que hoy tienen. Cerrar las puertas a la integración es cerrar las puertas del desarrollo. Europa del este ha logrado inmensos progresos en su nivel de desarrollo, crecimiento económico y otros aspectos, buscando la unión y la integración con la Europa desarrollada. No cayeron en la tentación de crear su “club de los pobres” que seguramente los hubiera mantenido exactamente así: pobres.
 
La izquierda en Latinoamérica aun se aferra a las ideas que hicieron de estos movimientos algo importante para la región hace 50 o 60 años. El mundo de hoy no tiene cabida para ideologías nacionalistas y de aislamiento frente a la comunidad internacional, que es precisamente con quien hay que trabajar para lograr mejores niveles de desarrollo. Lo paradójico es que, a pesar de sus continuas protestas frente a los modelos económicos y políticos de hoy, la izquierda pareciera estar de acuerdo en lo básico con ellos. Solo falta que tenga el suficiente valor y decisión de reconocer los cambios que el mundo ha experimentado en los últimos años y se transforme en una fuerza más útil para las naciones con las que supuestamente esta comprometida. Todavía hay muchas luchas sociales y culturales que necesitan un líder que de la pelea, de manera civilizada e inteligente, por ellas. Falta que algunos de los líderes de la izquierda Colombiana y latinoamericana entiendan que ir contra la corriente basados en ideas obsoletas para nuestro tiempo, no es la mejor manera de hacerlo.

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Mi nombre es Adolfo Ramírez. Soy consultor y tengo un master en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Me apasiona la politica internacional, latinoamerica y Colombia. Convencido de la necesidad de abrir siempre el dialogo a todas las opiniones.

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