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La historia de hoy empieza trece años atrás. Recuerdo muy bien que faltaban unos pocos días para que se terminara el mes de octubre y ese día fui a la universidad con el propósito de matricularme para el siguiente semestre. Estaba muy cerca de terminar mi carrera, sin embargo, tres años y medio de aventuras como estudiante internacional en Londres me habían mantenido bastante ocupada y fuera de las aulas.

¡Ese día desperté sin imaginar lo que la vida me traería!

De regreso a casa caminé hasta la parada del bus, esa que está ubicada en la treinta y nueve con séptima, pues era ahí, donde debía esperar el bus azul que me llevaría a mi destino. Eran alrededor de las cuatro de la tarde, no había mucha gente alrededor, pero note que otro estudiante a unos metros de distancia mía se disponía a hacer lo mismo que yo. Vi también a lo lejos un señor en situación de indigencia que venía con su costal al hombro caminando lentamente en la dirección que va hacia el Parque Nacional. Se acercó a mí y me pidió algunas monedas, le dije con tranquilidad que no tenía nada, pero incrédulo y no muy feliz con mi respuesta decidió quedarse he insistir de nuevo.

Ya un poco intranquila, entre la risa y el miedo, lo primero que se me ocurrió decirle era que “mi novio”, con seguridad tenía algunas monedas para darle. Seguido de esto señalé con mucha propiedad al chico desconocido que estaba en el paradero conmigo. ¡De repente yo tenía novio y él, sin saberlo, me había salvado de que me quitaran algunas monedas! Aún recuerdo la cara de desconcierto de ambos, el señor continuó su camino y el chico y yo, sin cruzar ni una palabra, ahí nos quedamos. Pasaron los minutos y con ellos dos buses azules repletos de gente, así que los conductores hicieron caso omiso de nuestra presencia y no pararon. Nos miramos, nos reímos y supimos exactamente lo que ambos estábamos esperando.

Un año y dos meses después, en la última semana de diciembre, ese chico se convertiría en mi esposo, el amor de mi vida.

Toda esta historia es para decirte que la vida nos sorprende en los lugares menos esperados y esos momentos buenos o malos, fáciles o difíciles nos transforman, traen cambios, así que ¡déjate sorprender! Tómate la vida con menos seriedad, experimenta cosas que nunca hayas hecho, arriésgate, preocúpate menos y vive más.

Estamos a puertas de cerrar este 2020 y quiero compartir algunos de mis deseos para ti.

Deseo que para el año nuevo seas coherente contigo mismo, que aprendas a reconocer tus miedos, pero no les permitas tomar decisiones por ti. Que, de una vez por todas, no pospongas más tus proyectos y literalmente te aventures a vivir esa vida con la que sueñas. Dile a la gente que te importa cuánto los quieres, ríete más y, por último, agradece. ¡Agradece por los pequeños milagros de todos los días!

Gracias por estar acá y por acompañarme en la distancia, a través de la lectura de mis historias.

¡Todo lo mejor para el 2021!

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Caro Monroy es empresaria, migrante, psicóloga y coach. Colombiana con experiencias de vida en diversos países, incluidos Australia, Argentina, Colombia e Inglaterra. Ha experimentado de primera mano los desafíos, incertidumbre, la presión, los logros, la alegría, el crecimiento y todas las demás emociones posibles, que experimentan los migrantes al embarcarse en la aventura de descubrir y conquistar nuevos mundos. Es Psicóloga, completó un MBA, está certificada en Programación Neuro Lingüística y actualmente está terminando una especialización en Counselling.

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