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Esta es una parte de Ciudad Alsacia, declarada en alerta naranja por encontrarse en la localidad de Kennedy, con más casos de covid-19 en Bogotá.

Esta es una parte de Ciudad Alsacia, declarada en alerta naranja por encontrarse en la localidad de Kennedy, con más casos de covid-19 en Bogotá.

El asunto se pone muy serio. Nos informaron que somos uno de los barrios más peligrosos por el covid-19 en Bogotá. Lo dijo la alcaldesa y ordenó que nadie salga de sus casas. Apenas vi en la pantalla del televisor el nombre de mi barrio quedé estupefacto.

Ya sabíamos que nuestra localidad era una de las más afectadas por el covid-19 y habíamos visto en un mapa que nos afectaba hasta cierta parte el barrio. Pero nos tomó por sorpresa cuando la alcaldesa dijo ‘Villa Alsacia’. Hasta ahí había un momento de duda. Podría ser el barrio Villa Alsacia, que queda abajo de la Avenida Boyacá de Bogotá. Pero cuando dijo la UPZ Bavaria supimos que era Ciudad Alsacia. La nuestra. La que queremos tanto. De la que nos enorgullecemos. La que ha estado absolutamente disciplinada, porque hasta hay gente que se ocupa de gritar por las ventanas cuando ve a alguien en la calle.

Sí. La alcaldesa dijo que incluso nadie podía salir a trabajar, aunque su sector fuera uno de los habilitados para laborar. Ningún empleador podrá pedirle a un habitante de esta zona que vaya a trabajar, anunció.

Me recorrió un frío por todo el cuerpo. Quedé atónito. Si bien estoy en trabajo en casa y no salgo del apartamento, de inmediato llegaron a mi corazón mi hijo, que vive con su mamá a cuadra y media; mi otro hijo, que vive conmigo y debe salir a cumplir tareas periodísticas; mi esposa, que le encanta ir a hacer mercado; mi suegra, que es feliz saliendo a escoger la carne en las famas para que no le metan gato por liebre, y los niños del barrio, que ya no podrán disfrutar de esos 30 minutos que el Gobierno Nacional les dio para que tomaran aire y jugaran en un parque.

Al día siguiente Llegaron el Ejército, la Policía, los gestores de convivencia, la Defensa Civil, los bomberos, la propia alcaldesa con  megáfono pidiéndole a todos usar el tapabocas, lavarse las manos cada dos horas, mantener el aislamiento entre personas y no salir sino a lo más estrictamente necesario.

Aquí es donde comprendo que sí, es cierto, el mundo y nuestro país, cambiaron. Y no volveremos a ser los mismos. Cuando venzamos a este engendro invisible que nos ataca por donde quiera sin que nos demos cuenta, seremos más fuertes, entenderemos que todos somos iguales, que ricos y pobres sufrimos lo mismo, que no vale la pena pelear por bobadas, que el amor es más grande, que la solidaridad es la razón de ser de todos nosotros.

No puedo negarlo: se me escurrieron las lágrimas al saber que tenemos dos semanas más en una cuarentena superior a la de toda la ciudad. Gracias a Dios que mi hijo, que vive a dos cuadras, se apareció esa semana en mi puerta. Me estaba afeitando, salí a abrir y lo vi. Que me perdonen todas las autoridades, que me perdonen las medidas sanitarias, pero lo abracé con el alma, se me aguaron los ojos y lo dejé manchado de crema de afeitar. No lo veía desde que se inició la cuarentena.

Nos sentamos en la sala, hablamos, pero me paré y lo volví a abrazar, una y otra vez. Estaba seguro de que no le trasladaría el virus, porque no he salido del apartamento. Pero es que el corazón es el que manda.

Hoy doy gracias a Dios por ese momento, porque tras el anuncio de la alcaldesa, tendremos por lo menos otros 15 días sin vernos siquiera.

Hoy estoy muy, pero muy triste. Me golpeó mucho ese anuncio de que somos los más vulnerables. No temo por mi vida y pido a Dios que no pase nada con mis hijos y mi esposa. Pero me pongo a pensar cómo fue que, de un momento a otro, en marzo, se nos cambió la vida a todos.

Estamos viviendo el peor momento de nuestra historia, pero eso no significa que nos debemos sentir derrotados. Todo lo contrario. Vamos a triunfar. ¿Cómo? Cada uno de nosotros lo tiene que hacer. No hay nadie más que pueda ayudarnos en el momento en que tomamos la decisión de salir de casa. En ese momento estamos solos, y somos cada uno de nosotros los que debemos tomar todas las precauciones. Lavarnos las manos, guardar la distancia, estar en aislamiento cuando lo debemos estar y seguir todas las medidas sanitarias que nos dijeron para cuando entremos a nuestra casa. De esa manera, derrotaremos al covid-19.

Unámonos. Todos como uno solo. Hagamos lo que nos dicen las autoridades sanitarias y triunfaremos. Nuestros nietos dirán después que fuimos unos héroes, porque soportamos este infame ataque y vencimos al enemigo. ¡Todos, unidos, lo haremos!

Twitter: @VargasGalvis

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PERFIL
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Egresado de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Hizo un curso de agencias de prensa en la Agencia Dpa, en Hamburgo (Alemania). Jefe de prensa y Director de Divulgación de Promec Televisión. Redactor de espectáculos, editor nocturno, redactor político, Jefe de Redacción y director de la Agencia Colombiana de Noticias Colprensa. Trabajó en la Casa Editorial El Tiempo como Editor de Actualidad, jefe de Redacción y Editor General del Periódico HOY. Fue Editor General del periódico Q'hubo de Cúcuta (Colombia). Twitter: @VargasGalvis

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2 Comentarios
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  1. Lo que pasa en este barrio es prueba fehaciente de la improvisación y oportunismo de nuestra alcalde. Al ver los bloques de apartamentos, todos ellos prácticamente nuevos, habitados por típicas familias de clase media, no hay ninguna clase de hacinamiento o condiciones de vida materialnente precarias. Igualmente, en las calles el orden y respeto a los protocolos sanitarios es evidente. De dónde entonces la peligrosidad del vecindario? Todo viene de una clínica donde se presentó un elevado número de contagiados, que geográficamente está en la localidad, pero que está aislada del resto del barrio por inexistencia de vías, a la que ni siquiera se puede acceder. Nos castigan pues, por un vecino que ni siquiera socializa con nosotros.

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