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Gran casa, La_135X220La gran casa (Salamandra)  

Parte de la trama de esta novela collage, es jalonada por un antiguo, pesado y obsoleto escritorio que un poeta chileno (posiblemente encarcelado, torturado y ejecutado por el ejército durante el régimen de Pinochet) le deja en custodia a la también escritora y narradora de la historia. Sin embargo, la obra desarrolla varias vertientes cuyos escenarios son Budapest, Londres, Nueva York, y, principalmente Jerusalén. Cada capítulo es como una novela corta que le aporta al tejido de la narración que la contiene. Así por ejemplo, la parte titulada Bondad verdadera, es la historia de una familia judía, que recae en el monólogo del padre después de enterrar a su esposa. La que lleva por título, Mentiras que cuentan los niños, es una memorable historia de amor narrada de forma insuperable, mientras que Todos en pie, es una historia de desamor, en la que una mujer termina atropellando con coche ajeno al joven judío que la rechazó.

El misterioso escritorio que aparece como un comodín literario en las ocho historias o capítulos que conforman el libro, pudo haber pertenecido a García Lorca; pero fue a parar a manos de un judío que fue asesinado por los nazis. Después lo recuperó su hijo judío-húngaro, quien a su vez se lo dio a una escritora alemana que terminó cediéndolo al malogrado poeta chileno Daniel Varsky. El motivo para este último traspaso del escritorio, constituye la mayor sorpresa de la novela.

 

Historia del amor, La_152X230La historia del amor (Salamandra)
Esta es una novela compleja y literaria donde las haya, en cuyas páginas, tal como ocurre en La gran casa, todo gira alrededor de un objeto. En esta oportunidad, se trata de un libro titulado ‘La historia del amor’, que un supuesto Jacob Marcus pide que le traduzcan. En realidad se trata de Isaac Moritz, escritor famoso, hijo de Leo Gorsky, el judío polaco autor del libro y quien nunca tuvo contacto con su hijo (y este nunca supo que aquél era su padre). Cuando Moritz muere, Gorsky asiste a su funeral, tras del cual busca la manera de seguir las huellas dejadas por su hijo, en una especie de telemaquiada al revés.

El personaje que más tiene voz en la novela de Krauss, se llama Alma (en honor a la protagonista de ‘La historia del amor’). Como la novela es una historia de búsquedas, ella también busca a su padre, quien, para mayor dificultad, ha sobrevivido con otros nombres. Al final, Alma lo encuentra, pero ¿sabrá cada uno, quién es el otro?

Screen Shot 2020-03-20 at 11.44.32La entrevista: No fue fácil entrevistar a la autora. Ella sí que es una autora consciente de su celebridad. Pero tiene de dónde: fue elegida por el ‘New York Times’ como uno de los escritores más importantes de los Estados Unidos, y figura en la selección de la revista ‘Granta’ de su país. Logré entablar conversación con ella, gracias a la gestión del jefe de prensa de Random, pero sobre todo a que le extendí el artículo que sobre ella tenía escrito. Creo que la mejor manera de llamar la atención de un escritor, es darle evidencias de que uno lo ha leído (con atención y respeto). Por ello el diálogo fue tan fructífero, se extendió en las respuestas y me concedió más tiempo del que yo esperaba (aunque no aceptó tomarse fotos):

—Yo pienso que usted utiliza una especie de objetos mágicos en cada libro. Por ejemplo, en este (señalando La gran casa) es un escritorio, que al parecer era de García Lorca.

Krauss: Sí, en inglés utilizamos la expresión red herring (pista falsa), que sugiere que una cosa parece ser algo pero resulta significar algo distinto.

—Sí, descubrí eso sobre la marcha. Y en este libro (señalando La historia del amor), se trata de un libro. Un libro escrito por un joven escritor. Pienso que es bastante difícil trabajar de esta manera, porque tiene que escribir dos libros: el que escribe usted misma, y el que escribe uno de los personajes, uno al interior del otro, como si fuera una matrioska o caja china.

Krauss: Sí, es difícil pero también es muy placentero. Cuando tú eres un escritor y tienes una novela, por cada elección que hagas, estás anulando una infinidad de otras elecciones y estilos con los que pudiste haber escrito la novela; personajes que podrías haber vivido; tiempos y periodos que podrías haber ocupado. Entonces, en La historia del amor sentí que estaba jugando, y me gustaba la idea de que no tenía que escoger una sola vida, o un solo estilo, o un libro. De esta manera, cada vez que me sintiera cansada de una manera de pensar o de una voz, tenía la posibilidad de cambiar a otra. El libro que está dentro del libro es tan distinto en todos los aspectos, que encontré muy placentera la experiencia de escribirlos ambos. Es como si pudiera ejercer otra parte de mi imaginación.

—¿Conoce el libro Tres noches (Tony and Susan) de Austin Wright?

Krauss: No, no lo conozco.

—Ese es otro ejemplo de una novela dentro de otra. Otro autor que utiliza esa técnica narrativa, es Paul Auster, quien gusta de escribir una historia dentro de otra. Pueden ser hasta tres novelas en un solo libro. Cuando  yo estaba leyendo  La historia del amor, pensé: «Nicole debe de disfrutar mucho haciendo este trabajo».

Krauss: Muchísimo. Pero esa es mi primera regla: cuando creas algo, tienes que poder disfrutarlo también. Sin embargo hay momentos de mi vida en los que olvido esto, porque a menudo piensas que el trabajo de un artista es arduo más que nada, pero tienes que recordarte que puede ser juguetón. A veces el trabajo de un autor viene del sufrimiento y puede ser muy difícil, pero también debería venir de la alegría y del placer. Entonces, con cada libro aprendo a encontrar nuevas maneras de placer; cosas nuevas que me traigan alegría cuando esté trabajando.

—¿Usted es muy consciente de que está haciendo un juego?

Krauss: No, no es un juego. Yo lo siento mucho más serio que un juego. Siento que soy consciente de que voy a pedirle al lector que vaya a algunos lugares complejos o difíciles. Estoy pidiéndole al lector que vaya a lugares que son emocionalmente desafiantes. Y es una manera de hacerlos reconsiderar lo que crean, porque yo también estoy reconsiderando lo que creo mientras escribo. Entonces, sobre la marcha, también quiero dar placer y también quiero reír, si es posible. Quiero encontrar belleza, y no solo esas cosas. Es un balance entre cosas difíciles que valgan la pena, no solo por hacer cosas difíciles. Los viajes emocionalmente, y a veces intelectualmente, difíciles también pueden proveernos de placer.

—Veo un gran interés en usted por el pueblo judío.

Krauss: Pues es mi material. Es mi historial. Creo que todos escribimos desde nuestro mundo inmediato.

—¿Tiene familia judía?

Krauss: Sí, todos mis abuelos eran de Europa, y todos mis abuelos sobrevivieron al Holocausto. Se marcharon de Europa. Algunos familiares no lo hicieron, pero mis abuelos sí. Mi familia era mi vida, mi nacimiento. Mi nacimiento depende de alguna manera de este extraño intervalo de historia, porque mis abuelos tuvieron que huir, tuvieron que estar en distintos países, luego se conocieron, y después mis padres se conocieron. Entonces, esta es la historia de mi propia vida. Pero más que eso, no es solo la historia. Ser judío significa muchas otras cosas. Es toda una manera de aprender, de pensar, nuestra posición en la vida, las cosas culturales, el humor, costumbres familiares, psicología. Y todo eso es mi material. Pero cada autor tiene su vecindario, su mundo, con los que trabaja. Y a lo que aspiras con este material es alcanzar un lugar que sea universal. Quieres tender un puente a cada uno de los lectores. Pero, henos aquí, en Cartagena, en el Hay Festival, pensando sobre Gabriel García Márquez. Él pudo escribir sobre un mundo tan específico, y tan familiar para él, pero esa especificidad no cancela la oportunidad para millones de lectores de ser conmovidos, de sentir que conocen ese mundo, y que incluso ese lugar es de ellos también.

—La tumba de Gabo está acá mismo, al lado del Teatro Heredia. Puede visitarla si quiere.

Krauss: La primera vez que lo leí, tenía catorce años y tenía un profesor que era mi profesor de inglés y de literatura, y nos asignó Cien años de soledad. Nos preguntó si sabíamos de qué se trataba el libro, de qué realmente se trataba. Dimos varias opiniones y dijimos muchas ideas. Y nos dijo: «creo que este libro es sobre la nostalgia». Y él estaba hablando a un grupo de chicos de catorce años, entonces todos preguntamos qué era la nostalgia. Ninguno sabía lo que era. Ninguno había vivido lo suficiente para saber lo que era la nostalgia. Pero el momento en el que nos explicó lo que era —la añoranza por un tiempo perdido—, pensé: «finalmente me dan una palabra para lo que he sentido toda mi vida». Entonces, en un sentido, ese libro me dio lenguaje, literalmente, para los sentimientos. Quiero decir, esta es la manera en que la literatura opera, pero fue una revelación tan importante para mí poder tener un lenguaje o una atmósfera que se relacionara con algo que yo sentía que no podía explicar, porque, como ya dije, mi familia vino de lugares que ya no eran accesibles, que estaban perdidos. Y por eso nunca pude estar allá. Crecí con la sensación de un hogar ya pasado, que no estaba allí. Esto es un ejemplo de cómo puedes cruzar una cultura y de cómo la literatura puede cruzar culturas para llegar a las personas de una forma tan cercana.

—¿Ha leído a otros autores latinoamericanos?

Krauss: Muchos, muchos. Borges, Bolaño… También trato de leer a todos los que mis amigos me recomiendan.

—Creo que usted tiene un manera especial de trabajar las oraciones y los párrafos. Trata las palabras con cuidado. Entonces pienso que lee bastante poesía.

Krauss: Sí. Cuando era adolescente, cuando tenía más o menos catorce o quince años, solo pensaba en que quería ser poeta, y es lo único que quise durante diez años. Y entonces escribí mi primera novela cuando tenía veinticinco años. Publiqué muchos poemas también cuando era joven, pero nunca en un libro. Estaba convencida de que esa iba a ser mi vida: escribir poesía. Y nunca se me ocurrió que fuera a ser novelista, o escribir novelas. Y cuando tenía dieciocho años conocí a alguien que se volvió mi mentor. Era el poeta ruso, Joseph Brodsky. Por varios años fue mi mentor, hasta que murió.

—¿Él fue su profesor?

Krauss: Sí, pero nunca formalmente. Él normalmente reescribía mis poemas. Yo le enviaba mis poemas, él los revisaba y me los enviaba de vuelta. Él estaba muy dedicado a los escritores jóvenes. Era un hombre muy generoso, y fue una gran influencia. Entonces, cuando me gradué del colegio tuve que decidir entre mundos, y qué camino iba a tomar mi vida. Y en un momento sentí que había llegado a un callejón sin salida con mi poesía, y sentí que no tenía la libertad que sé que un escritor necesita. Entonces pensé que tal vez podía encontrar esa libertad de nuevo si lo intentaba de otra forma. Así que me senté e intenté escribir una novela, que terminó siendo mi primer libro. Y al seguir escribiendo me di cuenta de que estaba muy cómoda en la Novela, porque es muy imperfecta. Pero cada vez que escribes una, estás invitado a reinventarla. ¿Qué es? ¿Qué significa? No lo sabemos. Es suelta. Es una historia con un inicio y un final, pero dentro de ella puedes hacer muchas innovaciones. Entonces me sentí como en casa y me quedé y no miré hacia atrás. Nunca volví a escribir poesía.

—¿Qué hay de otros géneros como el relato?

Krauss: Sí, tengo un nuevo libro que está siendo publicado en EE.UU., y está siendo traducido también al español.

—Bien, Nicole, eso era todo. Muchas gracias por su tiempo.

Krauss: Gracias a usted por pensar en los libros.

Apoyo en la transcripción de la entrevista: Alejandro Parra Guzmán

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PERFIL
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Profesor en la Maestría de Estudios Literarios y en la licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás; profesor de Producción de textos en la Universidad Distrital. Articulista y columnista de El Tiempo y comentarista de libros en Lecturas dominicales desde 2003. Autor de Cien remedios para la soledad y Crónica contra el olvido.

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