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Durante todo Octubre, Distractor dedicará el post y el programa en Stereo Joint Radio a abordar diferentes perspectivas de una serie de temas ligados con el crimen, el terror y el humor negro en diferentes corrientes artísticas, que van de lo audiovisual a lo literario, del villano más oscuro a los mensajes virales que ruedan constantemente por las redes sociales. Pero quise realizar una introducción a este especial denominado #BlackHappyDistractor para cuestionar precisamente la dificultad de plantear verdaderas historias que exploren nuestros límites como seres humanos. No obstante, acá hay que observar la realidad desde una máxima bastante manoseada pero efectiva: nada es lo que parece.

Nos comportamos con mucha ambigüedad ante diversas noticias que involucran un hecho criminal. Mientras unos expresan indignación por la condena interpuesta a la prestigiosa doctora Ana María González otros ponen en duda su integridad: no interesa cuántos títulos posea, qué investigaciones haya liderado o cuánto prestigio haya acumulado, es perfectamente posible que se haya dejado dominar por sus pasiones y decidiera dar una lección a la persona con la que compartía sábanas. En otra orilla podemos ubicar el crimen no resuelto de Luis Andrés Colmenares. Cuatro años de enfrentamientos judiciales de todos los calibres no han arrojado luz sobre lo sucedido aquél Halloween del 2010. Sin embargo nos cuesta creer que los principales señalados estén ahí tan campantes. Laura Moreno, Jessy Quintero y Carlos Cárdenas se toman sus traguitos o leen revistas al calor de una chimenea con la tranquilidad de quién ya no tiene nada más por decir ¿O sí?

En medio de estos extremos nos enfrentamos día a día con una realidad cada vez más dolorosa que pone a prueba nuestra capacidad de asombro ante el horror de cada suceso, de lo cotidiano que se nos ha vuelto la violencia y la maldad. De la infamia cometida contra Rosa Elvira Cely a los ataques con ácido que han convertido a la joven Natalia Ponce de León en emblema de una sociedad enferma y rebosante de obsesiones. Las muertes aberrantes de niños y niñas a manos de padres celosos o madres vengativas. La consternación que ha tocado las puertas de instituciones como la Iglesia (no basta sino recordar la doble muerte de los sacerdotes Rafael Reátiga y Richard Piffano con el sorprendente desenlace que reveló un acuerdo impensable) o el mismo Ejército.

En todas estas historias y en muchas más hay mezclados sentimientos de toda índole. Nos mostramos como seres a merced de nuestros deseos incumplidos, seres que pierden el control ante el desespero de una situación económica o la inutilidad del perdón ante una infidelidad. Seres que maquinan complejos planes para sacar a alguien del camino y son capaces de tender un manto de sospecha sobre inocentes. En varios de ellos el común denominador reside en la inoperancia de la justicia o en sus extrañas actuaciones conforme a ley que se enredan unas a otras en su aplicación, por lo que la respuesta a los mismos se ajusta a interpretaciones o a tiempos que no siempre dejan satisfechos a todos.

Aún así, estas realidades particulares se vieron superadas por  los sambenitos del conflicto armado y el narcotráfico. Muchas atrocidades relacionadas con estos submundos de la criminalidad y el dinero fácil acapararon pantalla, se volvieron un negocio en la industria editorial y televisiva. Es así que nos vemos inundados de personajes a los que tratan de “justificar” su camino por la delincuencia al contar su vida desde que nacieron , todo edulcorado con supuestos fines aleccionadores. Ante esto solo me atrevo a decir que, respetando el dolor de las víctimas de estos flagelos, ya me harté de tanta bala, teta y perico. Ahora les contagiamos el vicio a los gringos y los tenemos a punta de Señoras de Acero o Señores de los Cielos, a ver si el vientecito de la Rosa de Guadalupe les roza la cara cuando son capturados.

Durante este especial que inicia el próximo 8 de octubre con el tema de Novela Negra, espero compartir las reflexiones acerca de cómo percibimos nuestra humanidad, ese lado del que nadie quiere hablar pero con el que convive a diario. Nos pondremos serios, pero también habrá tiempo para relajarnos con esa adicción que generan los zombies o las películas de series B y algunos embajadores del humor más ácido que podamos encontrar en las redes sociales.

Les recuerdo que si quieren participar de estos especiales me contacten a @juanchoparada en Twitter o juanchopara@gmail.com tanto para compartir su experiencia como novelista, cineasta, blogger, etc, como para decirlo en vivo en los programas de radio que emitiremos cada miércoles de este mes a las 6:00 de la tarde.

Para calentar bujías inicio con esta reflexión del escritor antioqueño Andrés Burgos, quién participó en la jornada del 2013 de Medellín Negro, muy acertada para nuestro tema 1 sobre la novela de crimen en Colombia ¿Nos falta decir las cosas que de verdad pensamos en nuestras novelas de crimen?


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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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