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En vista de la situación, me siento en la obligación vergonzosa de contarles esta historia.

Catalina era mi sueño más romántico y húmedo, soñaba seguido con ella en situaciones donde nos besábamos con pasión infinita, soñaba con ella en el mar, en escenarios dispersos, en mi casa, en la casa de mi abuelita y cada vez que soñaba con ella, despertaba lleno de valor para llegar a clase a decirle que me gustaba; pero cuando tenía la oportunidad, simplemente quedaba paralizado, sin palabras. Puros sueños calientes y nada más.

Me formaron para ser respetuoso con las mujeres, en mi familia son mayoría y siempre me decían esa frase célebre, que no sé de quién es y que a la letra dice: “A las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa” Y esa frase era ley para mí. Pero nadie, NADIE me había preparado para lo que tendría que vivir en esos días.

Lo cierto es que yo adoraba a Catalina, pero no era capaz de dar el paso y hacer algo al respecto, sin embargo, ella sí lo hizo.

Aún tengo guardada la nota que me alegró ese día, escrita en una hoja de cuaderno y que decía: “Me gustas”.
Esa tarde hablamos por horas, hasta que se hizo de noche y caminando la acompañé a su casa, allí se hizo realidad mi sueño de besarla antes de irme. Ese ha sido el viaje en buseta más hermoso de mi vida.

Según mis amigos, Catalina no era tan bonita, pero para mí no había nadie más bonita en todo el mundo.

Pasábamos los días juntos, caminábamos a su casa y ahí nos quedábamos toda la tarde, calentando el ambiente pero sin consumar el amor que le tenía a sus ojos negros y su pelo hasta las mejillas.

Pero ya saben cómo es el tema de las hormonas en la juventud, las cosas se van dando de a poco y se va llenando el ambiente de calentura empaña vidrios descontrolada, y una tarde, en su casa, en su habitación, la hormona nos hizo perder el control de nuestros actos y cuando nos dimos cuenta estábamos desnudos y ardiendo; ella sobre mí, yo sobre ella.

La hormona nos hizo perder el control de nuestros actos y cuando nos dimos cuenta estábamos desnudos y ardiendo. Ella sobre mí, yo sobre ella.

Recuerdo muy bien que de repente ella se detuvo, yo pensé que había pasado algo y comencé a pensar a toda velocidad, mientras estaba en ese proceso, reaccioné ante los ojos negros de Catalina quien con una sonrisa me dijo “Pégame”.

Entré en conflicto, en pánico, no entendía qué quería ella; traté de besarla como para embolatar la situación pero ella insistió y me detuvo diciendo de nuevo y con firmeza… “Pégame”. Entonces todo se detuvo, no sabía qué decir y lo único que pude hacer fue preguntar “¿Pegarte? “ – Sí, dijo ella. En la cola, ¡pégame!

En mi mente apareció mi abuelo diciéndome “A las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa”. Entiendo que traer al abuelo como imagen mental en medio de un polvo es enfermizo y todo, pero así pasó, de verdad no entendía la situación, sin embargo, Catalina, evidentemente más madura y más caliente, me explicó que le gustaba esa práctica completamente nueva para mí a mis escasos 16 años.

Entonces le di una palmada tímida, pendeja. – ¡Más duro! Y jálame el pelo – dijo ella. Volví a quedar frío y hasta la consideré pervertida, sin embargo, en ese momento pensé, que estaba siendo “autorizado” para hacerlo y solté otra palmada que pareció gustarle… De ahí en adelante dejamos que las cosas fluyeran y entre nalgadas y jalones de pelo dejamos que el amor hiciera lo suyo.

Fueron unos meses maravillosos con Catalina, sabía con tristeza que su padre sería trasladado a otro país y que no duraría mucho nuestra relación, pero le sacamos el jugo y hoy tengo recuerdos inolvidables y tristes, como ese día cuando nos dijimos adiós en el aeropuerto.

No volví a saber de Catalina en años, la busqué por redes sociales sin éxito y simplemente la vida hizo lo suyo y el tiempo se llevó las intenciones.

Hasta hace unos años mientras estaba en un centro comercial dispuesto a almorzar, me encontré con una amiga de esa época, hablamos de todo y llegamos al tema de Catalina… No pude almorzar ese día.

Catalina se casó y tuvo un hijo con un hombre que también le pegaba, pero no precisamente como a ella le gustaba, estuvo en el hospital 3 veces por agresiones diferentes, la última vez tuvo varias fracturas y estuvo 18 días int.ernada

Sus amigos y familiares denunciaron… Nunca pasó nada.

Catalina se suicidó en 2006.

Para Cata <3

Gracias por leer.

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Profesional en Medios Audiovisuales. Social Media y contador de historias tratando de dar a conocer mi versión de los hechos.

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