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Mediante el anterior tweet difundido el pasado 26 de octubre de 2020, la embajada de los Estados Unidos en Colombia le solicitó a los políticos colombianos y, particularmente, al “Centro Democrático”, no inmiscuirse en las elecciones presidenciales que se realizaron el 03 de noviembre de 2020. Algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo ya que, siempre debe primar el respeto hacia los procesos democráticos de otras naciones.

Sin embargo, ¿ese respeto no debería ser mutuo? Es decir, ¿Estados Unidos no debería respetar de igual manera los procesos democráticos de Colombia y de los demás países de América Latina? ¿Acaso se están sobreponiendo las elecciones estadounidenses sobre las de otras naciones del continente? Sin duda, son preguntas difíciles de contestar, pero dadas las circunstancias, debemos intentar responderlas.

En teoría, los procesos democráticos de todos los países deben ser respetados por parte de las demás naciones del mundo. Es un principio básico de la convivencia internacional. Obviamente que también se debe garantizar el derecho a opinar sobre un determinado tema como pueden ser las elecciones de otro país, pues la libertad de expresión hace parte esencial de la democracia.

Tal vez el problema empieza cuando se traspasa la barrera de la libre expresión para inmiscuirse de manera directa o indirecta en los procesos democráticos de otro país con la intención de obtener beneficios particulares y/o réditos políticos. Barrera que suelen traspasar sin ninguna vergüenza los gobiernos, los políticos, las empresas y hasta personajes de farándula.

Lamentablemente, este es un fenómeno propio de la globalización que aprovechan las diferentes corrientes políticas para influir en las elecciones. Desde las élites que conforman la ultraderecha internacional que utilizan casos como el de Venezuela para sembrar miedo con falsas premisas como el “castrochavismo”, hasta movimientos retardatarios que se autodenominan de centro o alternativos, pero que en realidad son élites conservadoras que impiden el cambio. En contraposición, vemos a los pueblos de nuestros países luchando por sus derechos bajo lo que conocemos como fuerzas progresistas.

Paulatinamente, la humanidad ha entendido que todo lo que suceda en un determinado país, terminará afectando al resto del mundo. Situación que ha sido propiciada por las relaciones internacionales, por las migraciones, por las actividades comerciales, por los medios de comunicación, por las redes sociales y hasta por la pandemia del coronavirus. De esta manera, tanto los problemas como las soluciones, se han hecho globales. No obstante, siempre debe primar el respeto hacia la soberanía de las naciones.

Uno de los ejes de esta coyuntura se evidencia en que los movimientos de ultraderecha se están radicalizando para no perder el poder que siempre han ostentado. Por eso, vemos a unos partidos políticos en decadencia y desesperados por no perder las elecciones. Inclusive, al punto de traspasar las fronteras de sus propios países afectando los procesos electorales de otras naciones. Como ejemplo está el Vox y el PP de España, el Partido Republicano de los Estados Unidos y el Centro Democrático de Colombia más los demás partidos adeptos al régimen uribista.

El caso al que hace alusión la embajada de los Estados Unidos en Colombia involucra al partido extremista “Centro Democrático”. El cual, generó una enorme polémica por haber realizado actividades proselitistas a favor de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos tanto en territorio colombiano como en territorio estadounidense, particularmente, a favor de Donald Trump. Actividades en las que, incluso, se evidenció la participación directa del entonces embajador colombiano Francisco Santos. Un caso que ha sido ampliamente difundido por la prensa y por senadores de ambas naciones.

De hecho, el pasado 24 de octubre de 2020, los congresistas demócratas Gregory Meeks y Rubén Gallego, manifestaron en una columna de opinión su rechazo a que varios miembros del partido extremista “Centro Democrático”, hayan abusando de su rol para influir en las elecciones estadounidenses. Una situación sin precedentes en las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos y que denota la gravedad de que el régimen uribista, haya ostentado el poder por tanto tiempo en complicidad con otros gobiernos del mundo, incluyendo las diferentes administraciones de los Estados Unidos.

Si profundizamos en el tema, entenderemos que este caso es muy grave para la democracia ya que, los políticos colombianos no fueron elegidos para realizar actividades proselitistas a favor de candidatos de otros países ni para interferir en los procesos electorales extranjeros. Asimismo, es muy grave que el ex-embajador colombiano Franco Santos, haya ejercido un descarado proselitismo a favor de un candidato presidencial estadounidense ya que, esas no son sus funciones. Además, porque estas acciones constituyeron una interferencia directa del régimen uribista en los procesos electorales de los Estados Unidos.

No obstante, el problema es de doble vía, ya que el propio Ex-presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, utilizó la burda estrategia del “castrochavismo” con la intención de captar el voto latino en estados como el de la Florida. De esa manera, asoció sin ningún fundamento a su contrincante Joe Biden con el comunismo mediante imágenes descontextualizadas de archivo con el presidente de Venezuela. Asimismo, lo señaló de ser socialista por las opiniones que en el pasado manifestó a su favor el entonces candidato presidencial Gustavo Petro, quien respondió al señalamiento y quien recibió una nueva respuesta atizando el asunto:

En otras palabras, la campaña reeleccionista de un presidente de los Estados Unidos se inmiscuyó en los procesos democráticos internos de Colombia al descalificar de forma irresponsable a un candidato presidencial como lo era en su momento Gustavo Petro. Del mismo modo, esa campaña irrespetó a la justicia colombiana al felicitar al señor Uribe y calificarlo como “héroe” cuando salió de su detención domiciliaria en la cual estuvo por, presuntamente, haber cometido una serie de delitos de los cuáles aún no ha sido eximido.

“Felicitaciones al expresidente Álvaro Uribe, un héroe, un exgalardonado con la Medalla Presidencial de la Libertad y un aliado de nuestro País en la lucha contra el CASTRO-CHAVISMO. ¡Siempre estaré con nuestros amigos colombianos!”, escribió Trump en su cuenta de Twitter:

Otro caso que también valdría la pena recordar es el del senador estadounidenses por el partido republicano-Marco Rubio, un politiquero populista que tuvo el descaro de viajar a la frontera colombo-venezolana para obtener votos a costa del sufrimiento del hermano país, situación que también afecta a Colombia. Sin embargo, al desvergonzado de Marco Rubio no le importó utilizar el sufrimiento de nuestras gentes para ganar votos en los Estados Unidos mediante un espectáculo deplorable.

Además de lo anterior, hay casos que ya se pasan del oportunismo político al fanatismo, como los demuestra la afirmación que hizo el congresista republicano Mario Díaz Balart a una emisora colombiana donde dijo que el expresidente Álvaro Uribe Vélez es como Abraham Lincoln, pero al estilo colombiano. Claramente, esa afirmación irrespeta tanto a los Estados Unidos como a Colombia al comparar a un personaje histórico como lo fue Lincoln, con un personaje tan cuestionable como lo es el señor Uribe.

Otro caso de fanatismo político por parte del régimen uribista en complicidad con algunos sectores populistas del Estado de la Florida, fue protagonizado por politiqueros de ambas naciones que están obsesionados por ponerle el nombre de su máximo líder a las calles de Miami, tal como lo enseña Noticias Uno a través de esta nota: Otra calle Álvaro Uribe en Florida.

Otro caso a recordar fue protagonizado por la congresista republicana María Elvira Salazar, una populista de ultraderecha que además, fue elegida mediante las actividades proselitistas ilegales que el régimen uribista realizó en el Estado de la Florida. Entre otros adjetivos descalificativos hacia el entonces candidato presidencial Gustavo Petro, la señora Salazar dijo sin ningún fundamento ni prueba ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos: “es un ladrón, un socialista, un marxista, un terrorista y está liderando las encuestas a la Presidencia de Colombia”.

Algo a lo que el entonces senador Gustavo Petro contestó mediante el siguiente tweet: “Uribe intervino ilegalmente en EEUU para elegir esta congresista y ahora ella interviene en la decisión libre de la ciudadanía colombiana. Soy senador de la República de Colombia, gracias al voto de ocho millones de ciudadanos y ciudadanas. ¡Respete!

Como consecuencia de la deplorable intervención de la congresista estadounidense, se presentó un rechazo generalizado por parte de la sociedad colombiana:

Por fortuna, las groseras declaraciones de la congresista republicana María Elvira Salazar, también fueron rechazadas por otros congresistas estadounidenses como es el caso del Representante Jim McGovern quien escribió: “Esto es absolutamente absurdo. Los políticos estadounidenses no deberían interferir en las elecciones de Colombia y los políticos colombianos no deberían interferir en las elecciones estadounidenses. Debemos respetar la voluntad del pueblo”:

Lamentablemente, la señora Salazar no entendió el rechazo del pueblo colombiano hacia sus declaraciones ni el llamado de atención de sus propios colegas y volvió a irrespetar a Colombia mediante una serie de tweets como este:

 

Las declaraciones  y mensajes de la señora Salazar irrespetan al pueblo colombiano y representan una clara intromisión en los asuntos internos de Colombia. El Congreso colombiano debe rechazar y condenar enérgicamente el atrevimiento de la congresista republicana y exigir que se respete la soberanía colombiana y la dignidad del Presidente Gustavo Petro. Asimismo, si tiene algo de coherencia, el Congreso de los Estados Unidos y su actual gobierno, también deben rechazar las aseveraciones y mensajes de la señora Salazar así como deben pedirle disculpas a Colombia.

Otro ejemplo de la grosera injerencia de los políticos estadounidenses en los asuntos internos de Colombia, es protagonizado por el senador republicano Ted Cruz, otro pupulista que a falta de aceptación, busca subir su baja popularidad mediante todo tipo de declaraciones desatinadas y abusivas hacia Colombia y otros países de la región. El señor Cruz olvida que su jurisdicción se restringe al Estado de Texas y que no es vocero oficial del gobierno de los Estados Unidos. Asimismo, el señor Cruz olvida que Colombia no pertenece a los Estados Unidos y que es un país independiente y soberano.

De hecho, el señor Ted Cruz debería dejar de promover el porte y uso de armas que tanto daño le han causado al mundo, incluyendo a los propios ciudadanos estadounidenses quienes han sido víctimas de masacres y de todo tipo de violencia. Asimismo, el señor Cruz debería dejar de recibir financiamiento de los fabricantes de armas y dejar de ejercer la política de la muerte.

Los políticos estadounidenses deben comprender que su campo de acción se restringe al territorio de los Estados Unidos y que no pueden interferir en los asuntos internos de otros países como Colombia. Entre otras cosas, porque Colombia no pertenece a los Estados Unidos. Asimismo, los políticos estadounidenses deben aprender a respetar la soberanía de otros países como Colombia evitando emitir pronunciamientos que van en contra de la posición oficial del propio gobierno de los Estados Unidos. Unas clases de diplomacia no le vendrían mal a los políticos estadounidenses, tampoco unas de derechos humanos y de geografía.

Entonces, a la vez que la embajada estadounidense le solicita a los políticos colombianos de ultraderecha no interferir en sus elecciones ni en los asuntos internos de los Estados Unidos, permite que los políticos estadounidenses de ultraderecha interfirieran de forma desvergonzada en las elecciones colombianas y en los asuntos internos de Colombia. Por ello, es urgente que los estadounidenses comprendan que antes de exigir respeto, deberían aprender a respetar.

Por otro lado, los colombianos tenemos el deber y el derecho de hacer respetar a nuestro Presidente Gustavo Petro así como debemos hacer respetar nuestra democracia y nuestra soberanía. Del mismo modo, los colombianos debemos comprender que tenemos derecho a elegir a nuestros mandatarios sin la intromisión de absolutamente nadie. Si nos falta esa garantía, simplemente carecemos de democracia, de soberanía y de libertad.

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